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revista de cultura # 20 - fortaleza, são paulo - janeiro de 2002 |
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Acerca de la literatura gay Alfredo Fressia ¿Existen estéticas gays?. Denomino "literatura gay" a la obra
producida por una especie de hipergeneración que vivió el homoerotismo en condiciones
que tienden a desaparecer (o atenuarse) desde hace algunos años. Agregaré la idea de
literatura "postgay", un nombre que considero apropiado porque también
relativiza la palabra gay.
Parece incuestionable la idea foucaultiana de la creación del personaje homosexual hacia mediados del siglo XIX. Lo que no pasaba de prácticas eróticas que no definían especialmente a un individuo, se torna, a partir de entonces, en "síntoma" externo de ese nuevo "enfermo" que es el "homosexual", un personaje que la ciencia pasa a estudiar, analizar, disecar. Casos patológicos, pero también depravados morales o criaturas endemoniadas, los homosexuales sufrieron desde entonces una persecución tanto más implacable cuanto más numerosa era la mano de obra consumidora de que la prosperidad burguesa dependía. El dispositivo ideológico justificó el crimen del que los "homosexuales" (con ese nombre "científico" desde 1869) fueron objeto (1). La historia de ese crimen merece un espacio que excede el de esta nota. Sin embargo, se debe destacar la colaboración que el psicoanálisis prestó con demasiada frecuencia a la demonización homosexual y también el genocidio practicado desde los años 30 por Hitler y Stalin. Hasta hoy, los homosexuales estigmatizados por la estrella rosada, deportados y asesinados en los campos nazistas de concentración, como los gitanos, son a menudo olvidados en la historia de los genocidios del siglo XX. La traición stalinista a los ideales de libertad sexual practicados por la revolución soviética durante los años 20 se concretó en el asesinato y el confinamiento de homosexuales en asilos psiquiátricos, emblemática alianza de la represión y la psiquiatría (2). Dominique Fernandez (3) toma las fechas de 1869 (invención de la palabra "homosexual") y 1968 ("liberalización" de costumbres) como las que encierran el peor período de persecución contra los homosexuales (4). En una nota periodística (5), denominé este período "el siglo oscuro". Aclaraba allí que "En lo literario no se trata obviamente de tomar la inmensa producción del tema homosexual previa al siglo XIX como un bloque monolítico e idílico. Es más bien un modo metafórico y sin duda práctico de deslindar el siglo en que esa literatura conoció la peor represión." La represión literaria adquirió por lo menos dos formas. La primera de ellas fue la prohibición, la manipulación y la mutilación de obras de tema homoerótico. En aquella nota citaba el verso de Miguel Angel "Resto prigionier dun cavaliere armato" deformado en "Soy prisionero de un corazón armado de virtud" (6). Las traducciones decimonónicas de la lírica griega y latina mutilaron sistemáticamente nombres y pronombres reveladores. En las primeras traducciones francesas de Walt Whitman el poeta se dirigía a una destinatario femenino, manipulación que sólo acabaría debido a las denuncias de André Gide. El segundo modo de represión literaria fue la censura y la autocensura, frente a la cual Proust transforma a Alberto en Albertina (el cambio del género de la segunda persona se volvería una práctica frecuentemente revisitada), Jean Cocteau publica Le livre blanc (1928) sin el nombre del autor, Edward-Morgan Forster no osa publicar en vida su libro Maurice (escrito sin embargo desde 1913), Herman Melville vuelve las alusiones tan sutiles en Billy Budd (comenzado en 1888, publicado por sus herederos sólo en 1924) que el lector descuidado se despista fácilmente.
Estos autores constituyen la verdadera literatura gay, una literatura creada sobre el doble juego de la culpa y la justificación, que teje una red infinita de alusiones, que trabaja sobre la máscara y el travestimiento, que se complace en remisiones al universo mítico, con frecuencia greco-romano, que "milita" explícita o implícitamente y oscurece (y a veces alegoriza) el significado para burlar a la censura pero también se sabe y se quiere decodificada por la parte del público dispuesta a entenderla. Balzac no necesitaba recurrir a estos juegos del estilo y de la sensibilidad cuando crea a Vautrin y a Lucien de Rubempré. En principio, los autores que hoy día crean literatura de tema homoerótico tampoco. Las feroces condiciones de la represión en el siglo oscuro dieron a esos productos culturales un conjunto de características que nos permite considerlos como un corpus bastante coherente. Constituyen lo que denomino la literatura gay (y sigo con esto parte de los criterios de D. Fernandez). En el caso uruguayo, más que un conjunto de obras el período gay produjo más bien el silenciamiento. Con la sola, pero ambigua excepción de Armonía Somers, el homoerotismo es un tema casi siempre ausente, o mencionado desde la perspectiva homofóbica de la ideología dominante (7).
Con el nombre de "literatura postgay" designo a los productos literarios de tema homoerótico ulteriores al siglo oscuro. Con una aclaración poco sorprendente: el siglo oscuro no está totalmente cerrado en casi ningún ámbito social. Queremos imaginar que todas las formas de represión se acaben. En América Latina queremos creer en el fin de las persecuciones contra los homosexuales en Cuba, el fin de las leyes represivas contra relaciones entre adultos en Chile, la aprobación de la hoy postergada "unión civil" entre personas del mismo sexo en Brasil (y en el resto del Continente). Desgraciadamente, la práctica demuestra que estamos bastante lejos de la realidad deseada, tanto en el nivel jurídico como en el plano socio-simbólico más vasto, lo que determina que por el momento la estética postgay oscile entre el goce de las libertades adquiridas y la reivindicación. Si por un lado esta literatura ya no necesita burlar a la censura oficial, hereda de la etapa gay la necesidad de afirmación y, con frecuencia, de militancia. Es la encrucijada exacta en la que se encuentran -para dar un ejemplo uruguayo- los relatos de El ojo en el espejo de Alvaro Fernández Pagliano (1997). Y es probable que, después del siglo oscuro, todos los productos estéticos gays lleven consigo la memoria de los crímenes sufridos. La cultura gay también es memoria de la persecución (8). Por otro lado, no todos los actores culturales vivencian del mismo modo esta etapa que debería tender a la libertad expresiva, y esto se refleja en los productos culturales. En la literatura postgay uruguaya, se debe constatar su parquedad en la narrativa, en contraste con una cierta exuberancia en la lírica. En los últimos quince años la literatura uruguaya cuenta con por lo menos una docena de poetas que abordan el tema homoerótico, mientras los relatos que tratan el tema no pasan de tres libros y sólo dos ensayos lo abordan. ¿Cómo explicarlo? ¿Adjudicarlo a una especie de oscura polisemia intrínseca de la lírica, donde los creadores se sentirían con más libertad para expresarse sin sufrir las sanciones ordinarias en una sociedad homofóbica? ¿O sería el propio carácter de gueto que tal vez caracterice la producción y el consumo de poesía en nuestras condiciones, con ediciones limitadas y destinadas a un público que con frecuencia los poetas conocen casi personalmente? Si alguna de estas hipótesis se revela adecuada, o si ambas lo son, quedará aún más patente que la literatura postgay no significa en absoluto una ruptura con los productos del siglo oscuro. El peso de la tradición gay se revela también en algunas características de la estética neobarroca -definida por Sarduy como kitsch, camp y gay- que exacerba procedimientos estéticos ya presentes en muchos productos de la etapa gay. Uruguay Cortazzo, quien ha consagrado un esfuerzo teórico considerable a este tema, resume bien el lado gay del neobarroco: " la revuelta homosexual (es) en gran parte un ataque a esta trascendencia que la niega en su especificidad, en su inmanencia y ( ) su cultura (es) de una provocante superficialidad: una irrisión de roles y actitudes, una pérdida de seriedad, una revolución carnavalesca que altera el orden de la razón social, una disolución en un ritual gratuito de máscaras y aparencias. En el neobarroco esto se traduce como un ataque a la razón poética patriarcalista. Al minimizar el significado y reduicirlo a puro significante, se está justamente invirtiendo el sistema: la carne lingüística no está al servicio de un concepto superior: la razón está en el propio cuerpo, en la piel fónica" (9).
NOTAS |
| Alfredo Fressia (Uruguai, 1948). Poeta e ensaísta. Autor de livros como Noticias extranjeras (1984), Frontera móvil (1997) e Veloz eternidad (1999). Tem sido colaborador frequente do suplemento El País Cultural (Uruguai) e da Banda Hispânica (Brasil). Contato: alfress@originet.com.br. Página ilustrada com obras do artista León Ferrari (Argentina).. |
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