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revista de cultura # 24 - fortaleza, são paulo - maio de 2002 |
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Eduardo Chillida: el ritmo y la forma Miguel Ángel Muñoz
Las abstracciones que crea Chillida exploran las posibilidades de encontrar rasgos caligráficos, del doblez de signos y del sentido textual. Estos dibujos construyen espacios "pictóricos" que son abstracciones de murmullos en los que las figuras y los fuerzos trazos emergen de la propia fantasía poética. Así, vemos cómo el dominio de la imaginación es única; su origen se remonta al origen de lo desconocido... La dimensión espacial de sus collages, gravitaciones y dibujos, definen una geografía fantástica que traza un mapa estético maravilloso (en parte) como crónicas de viajes, como memorioas tempranas. Imágenes que se disuelven entre la realidad y el ensueño, entre la travesía y el asombro.
Como en el poema de Mallarmé, la línea juega con contundencia y autoridad por los pequeños horizontes del dibujo: transfiguraciones que se cierran y se abren, ante un espectador asombrado, por la visión de un artista. Misterio que encierra destinos, admite lenguajes, simboliza sentidos: contradicción y aceptación poética del espacio. Lo inusual de buscar y encontrar estos dibujos, y descubrirlos retrospectivamente, no es sólo la ambición de observar una cantidad significatiova de obras sino también el sentido cronológico de cada una de ellas. Es completa, sin duda, pero es justa. La forma gráfica en Chillida es moderna, es negación de la tradición. Exige cambio. Precede la historia y la consagra: es signo que sirve y guarda transformaciones. Lenguaje excelsional. En Picasso encontré divagaciones de la figura; en Balthus, el sentido de la vista y la fábula; en Chillida, el instante temporal, la significación de los objetos, la destrucción de los sentidos y la presencia de la metamorfosis. Klee era el poema; Giacometti, la esencia del tiempo; Chillida, el nacimiento del estilo. En fin, Chillida es, sin duda, el más interesante e influyente escultor vanguardista de la segunda mitad del siglo XX, lo cual me reafirma que mi encuentro con él le otorga un matiz, a mi juicio, revelante en todos los aspectos para analizar y comprender la obra de un artista universal. El peine de los vientos es un sorprendente
aprovechamiento del espacio, no sólo evocado hacia la escultura formal sino hacia la
búsqueda de una expresión oculta entre la materia y el cosmos. En todo caso, estas tres
piezas escultóricas conservan el gestualismo expresionista. Su preocupación era realizar
un proyecto íntimo, pero más que eso, desarrollar y producir algo que permitiera y
asegurara el futuro de la escultura. Esta convicción explica el proceso admirable de su
obra, su intento por construir universos propios.
Por otra parte, Chillida demuestra constantemente su potencial creativo, proporcionando novedosas soluciones, como la utilización de los espacios, que, como cualquier fragmento real empleado por él, jamás deja de tener un uso exclusivo en cada escultura, cuyos ejes son físicos o abstracciones simbólicas. Es cierto que estos recursos ya habían sido anunciados por otro gran escultor español, Jorge Oteiza, pero eso me lleva a entender que El peine de los vientos es una aportación brillante al arte mundial.
Las tres piezas están ahí, frente a mí, desplazadas como sueños en el malecón de San Sebastián. Vibración de sensaciones, espacio vivo, abanico de formas. Rotación y gravitación, apetito visual. Cada escultura de Chillida es fruto incandescente, acto de ver y desvanecer la experiencia poética del espacio. Mito momentáneo, sucesión temporal de imágenes que muestran la complecidad entre precisión e invención. Chillida trabaja con la abstracción y, gracias a ella, la forma recupera su estado natural. Es decir, su intención es purificar el lenguaje plástico y sonoro de la escultura. La concepción escultórica es un idioma petrificado; dispersión de mil formas: frase que me lleva a otra. Diálogo entre la materia y la mirada. Es ahí, a mi mado de ver, donde las piezas ofrecen su dimensión más seductora. Cada escultura descubre la verdadera talla estética de Eduardo Chillida, pero, sobre todo, quedamos deslumbrados ante este magnífico artista vasco y universal. |
Miguel Angel Muñoz (México, 1972). Poeta, historiador y crítico de arte. Es autor de los libros de ensayo: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos; La imaginación del instante. Signos de José Luis Cuevas; Ricardo Martínez: una poética de la figura. Además de los libros de poesía: Gravitaciones, El abaco de los laberintos, Ritual de signos, Líneas paralelas. Es director de la revista literaria de México Tinta Seca. Contato: miguelangelmunoz@prodigy.net.mx. Página ilustrada com obras de Eduardo Chillida (Espanha). |
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