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revista de cultura # 24 - fortaleza, são paulo - maio de 2002 |
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Alberto Giacometti: un escultor Oscar González
Hay extinción de la forma y extensión de lo escriturable por la escultura. Y en él, la escultura como es escritura es también, con la misma intensión teatro. Es la escultura de Giacometti una escultura teatral. Teatro de la escultura, porque siempre proviene de ella misma, como máscara. Es lo que es y no lo que no es. Nada es lo mismo después de que ya lo he percibido y lo conozco, y como me conoce ya no es lo mismo. He ahí el drama. II De eso se trata, cuando un escultor inventa su tratado para hacerse escultor, cuando no necesita imitar a nadie, sino que se halla en sí mismo, obedeciendo a su principio y a su hilo imantado. El método de Giacometti, es matemáticamente dicho, el de la destrucción y el del exterminio de lo imitable, de lo escultórico por lo escultórico. Nada de lo que halla es imitación de la realidad sino una des/imitación, una destrucción del "objeto hallado" como se estableció en el surrealismo, para decidirse por el objeto invisible, como nos los dice Genet: "La soledad, como yo la entiendo no significa condición miserable sino más bien realeza secreta, incomunicabilidad profunda pero conocimiento más o menos obscuro de una inatacable singularidad". III El escultor es el escultor; para Giacometti, los demás hacen esculturas. La condición del escultor es la irritación que le provoca lo inimitable que hay en la escultura y que constituye la formación de un tratado sobre ella. Tratado de lo que esta por hacerse y no de lo que esta hecho. En él lo que hallamos, lo que se ilumina, como para un "iluminador de libros" es que la masa no interesa, no es lo esencial, como sí podría haberlo sido para Rodin. Lo esencial entonces es como ella misma, es prueba de nuestra inconsistencia, de nuestra incoherencia y de nuestro morir. Giacometti ha inventado la escultura-dibujo, porque ellas poseen líneas y trazos. Y sus esculturas son trazos que como lo indicaba Michel Leiris: "Fabrican el espacio". Ese es el escultor, el que no ornamenta y para el cual la escultura no es un accesorio que llena lo que esta "vacío" o más bien vaciado.
1. Genet, Jean. El objeto invisible. Escritos sobre arte, literatura y teatro. Barcelona. Editorial Thassália, 1997., p. 44. 2. Sartre, Jean Paul. Literatura y arte. Situations IV. Buenos Aires. Editorial Losada, 1966., p. 268. |
Oscar González. Ensayista, poeta y conferenciante. Ha publicado La ciudad soñada (1999) y Pincel de hierba (2001). Es Asesor Literario de los Grupo de Teatro: Matacandelas, Hora 25 y Oficina Central de los Sueños, además de Coordinador de la Ruta en Estudios Estéticos del Departamento de Humanidades de la Universidad EAFIT, Medellín. Es cercano al "Campo de Actividades Surrealistas", París. Y pertenece al Comité Editorial de la revista Punto Seguido. Contato: ojgonzal@eafit.edu.co. Foto do artista por Ernst Scheidegger. Página ilustrada com obras de Alberto Giacometti. |
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