|
revista de cultura # 24 - fortaleza, são paulo - maio de 2002 |
|
Egon Schiele y la radiografía de una época Víctor Sosa La modernidad. La
pujante, envolvente, serpenteante, crítica, arrolladora e insoslayable modernidad. La
fáustica -aquélla que hizo decir al judío Walter Benjamin que "todo acto de
cultura es también un acto de barbarie." La cara de Jano de la modernidad; por un
lado, su culto al progreso científico-técnico, su imperio de la razón que oblitera las
negras emanaciones mitológicas del inconsciente, sus leyes, su contrato social, su
citadino confort burgués, su higiene mental y buenas costumbres, y por otro lado, el alto
precio de ese bienestar, la explotación masiva de hombres y mujeres que ponen en
funcionamiento los engranajes del progreso, la enajenación, el desencantamiento de
un mundo que comienza a resquebrajarse allí donde se trazaban los luminosos rasgos de la
utopía. El siglo XIX fue, paradójicamente, el siglo del incontenible triunfo del
progreso científico-tecnico y también de su contra parte: anarquismo, socialismo,
búsqueda de nuevos paradigmas sociales ante los excesos de una civilización empeñada en
imponer la razón productivista como única medida para entender -y dominar- el mundo. Los
poetas malditos -continuadores del Romanticismo pero escépticos, desesperadamente
cínicos, desprovistos de la esperanza que aún subyacía en los románticos-, las fugas
literales o metafóricas de muchos artistas al Oriente, la búsqueda del paraíso original
acometida por Gauguin en los mares del sur, el auge del espiritismo y de la teosofía en
amplios sectores de la burguesía, el redescubrimiento de los mitos medievales en el
simbolismo y en los prerrafaelitas, son, de alguna manera, la otra faz del racionalismo
triunfante.
El fin de la llamada belle époque y el agotamiento del modelo liberal comienza con el siglo XX y se expresa, de manera determinante, en la Primera Guerra Mundial. Cierto: ya Nietzsche y Marx -dos duros del pensamiento germánico- habían denunciado con insólita lucidez las fallas, las hipocresías y las disfunciones del paradigma tardomoderno, pero será en las primeras décadas del siglo pasado cuando coagule el malestar cultural de Occidente y tome una expresión propia en el territorio del arte.
* * *
"Todo está muerto en vida". Esta frase de Schiele -que también podría suscribirla su compatriota Kraus- describe muy bien el estado de espíritu de la época pero también describe la singularidad de su obra. Una vez superada la influencia art-nouveau de su maestro Klimt -quien lo apoyó y reconoció tu talento artístico desde que el pintor tenía 17 años-, Schiele desarrolla un estilo que lo caracteriza: una línea sinuosa, enérgica y a veces quebrada, define sus motivos, casi siempre mujeres de largos y delgados miembros, de pálida piel y de aspecto enfermizo, pueblan sus cuadros. La lobreguez y la muerte rezuman de sus jóvenes y a veces púberes modelos. La muerte en la vida o la inminencia de aquélla -más allá de cualquier posible anécdota- es la preocupación central en la obra de Schiele. En ese sentido, su erotismo -y señalemos que fue encarcelado durante tres días en 1912 por sus dibujos supuestamente pornográficos- no está registrado como deudor del principio del placer sino como representativo de un instinto de muerte, de una pulsión tanática que raya en lo perverso, es decir, en lo no permisible por las buenas conciencias de la época -las mismas que sí permitían e incentivaban la carnicería humana acaecida en la Primera Guerra Mundial. Su erotismo es instinto, un erotismo animal desprovisto del civilizado encanto acometido por otros pintores de la época, incluyendo a su maestro Klimt y al también contemporáneo y vienés Kokoschka. Schiele no pinta cuerpos, personajes; no dibuja posibles psicologías personales; pinta, más bien, el drama de la condición humana a partir del cuerpo, a partir del nacimiento y la muerte -tiene muchos motivos de madres con hijos que no reflejan exactamente la alegría de vivir- como emblema de la inutilidad de la aventura existencial de la especie.
|
Víctor Sosa (Uruguay, 1956) é poeta, crítico e pintor. Em 1983 naturalizou-se mexicano. Entre os livros de poesia encontram-se Sujeto omitido (1983), Sunyata (1992) e Gerundio (1996). Na obra ensaística destaca-se La flecha y el bumerang (1997). Inflexiones sobre la creación (2000). Contato: adhyasa@hotmail.com. Página ilustrada com obras de Egon Schiele. |
retorno à capa desta edição |
visite também a banda hispânica (jornal de poesia) |