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revista de cultura # 26 - fortaleza, são paulo - julho de 2002 |
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Civilización y barbarie en la literatura hispanoamericana Silvia Favaretto El tema de
civilización y barbarie, atraviesa toda la historia cultural de América Latina y hunde
sus raíces en la misma acción del descubrimiento de América: la acción civilizadora de
los españoles con respecto a las poblaciones indígenas que representaban (y siguen
representando, en muchas ocasiones) la encarnación de la barbarie. Los miles de indios
exterminados o sometidos han sido llevado al masacre bajo el resplandeciente estandarte de
la evangelización civilizadora.
Los pueblos autóctonos de las regiones Latinoamericanas se enfrentaron, con la llegada de Cortés y compañía, al derrumbamiento de sus ideales, creencias y tradiciones, tachadas como "bárbara" y resplantada por las más costumbres castillanas. El choque de los dos mundos, el europeo y el indio, diò lugar a la formación de distintas y fascinantes utopías: en Europa, la tierra americana se convierte en el palco ideal para seres mitológicos (así como testimonia el rio bautizado "de las Amazonas", cuando en realidad las perturbadoras mujeres guerreras existían ya en las literaturas antiguas) y escenario perfecto para leyendas y supersticiones: las minas de oro fomentaron la creacción del mito de Eldorado, así como el de la fuente de eterna juventud o el más reciente del buen salvaje. Por su lado, las poblaciones indígenas, como los aztecas, por ejemplo, interpretaron el desembarque de Cortès y su tropa, como la llegada de un Dios salvador: la historia testimonia de cual forma se equivocaron (testimonios del tratamiento que le fue reservado a los oposidores de la civilización nos vienen de las obras de Bernal Diaz del Castillo o El Inca Garcilaso de La Vega). Emprendendo el inluminado proyecto de "civilizar a los bárbaros", los navegadores primero y los colonos luego, se adueñaron de los territorios indios, emplantando ciudedes de estilo europeo como si fueran "islas culturales" en un mar de vegetación salvaje. La ciudad se convierte en sitio y símbolo de la civilización. La cultura del centro urbano se empieza a contraponer a la ignorancia y perversidad de la vida en contacto con la naturaleza.
Toda una corriente literaria se ha ocupado de defender la figura del gaucho contra la decisión de Sarmiento de estirparlo de sus esterminadas pampas para entregarle la inmensa tierra inculta a los robustos brazos de los nuevos inmigrantes europeos. Toda la gauchesca, encabezada por José Hérnandez, pero con otros nombres importantes como Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi y Estanislao Del Campo se preocupò de rescatar la imagen de lo que vino a ser un ícono de la argentinidad, el gaucho. En él, Sarmiento, concentraba la carga simbólica de todos los males que aquejaban a la Argentina de entonces y que impedían su progresar. La civilización de Sarmiento vestía gilet, apreciaba el ejército, poblaba ciudades e iba a la escuela; los gauchos se acobijaban con un poncho, se defendían entre las filas de la montonera, vivía en el campo y estaba contento con su analfabetización. La obra que nos pinta una figura memorable y romántica del héroe-gaucho es el Don Segundo Sombra de Ricardo Güiraldes (1886-1927) donde el escritor argentino nos enseña como la identidad nacional se puede formar sólo mezclando las buenas maneras y la cultura del burgués de ciudad con la honestidad y franqueza del vaquero de la Pampa. Una solución semejante a esta, es la que propone el venezuelano Rómulo Gallegos (1884-1969) en su Doña Bárbara. La protagonista femenina de este libro ya muestra en su nobre su característica principal: la crueldad de esta "caudilla" del llano y su no respetar las leyes serán domesticado por su enamoramiento del hombre que lleva en su nombre la civilización: Santos Luzardo. En una pelea burrascosa entre amor y odio, civilidad y barbarie, ley verdadera y ley del llano, la figúra símbolo de la herencia de los dos mundos, el salvaje y el criollo, será la hija de Bárbara, Marisela, que juntandose con Santos pondrá las basis por el nuevo pueblo venezuelano, hijo de la barbarie, convertido a la civilización, pero todavía tan pegado a sus raíces. La mezcla, el mestizaje, parece ser la solución.
El escritor colombiano, como siempre, dibuja con pasión y mágia la tierna historia de amor entre un cura y una niña de 12 años, suspectada de ser poseída por el demonio y "asesinada" por sus esorcistas. En este caso, el papél de la civilización eclesiástica viene a tomar el rol opuesto: la cristianización en sus desarrollamientos violentos es lo más brutal y "bárbaro" que haya. Y los aztecas que vieron en Hernán Cortés un Dios lo experimentaron bien. |
Silvia Favaretto (Itália, 1977). Poeta e ensaísta inédita em livro. Contato: silviafava@inwind.it. Página ilustrada com obras do artista Mário Botas (Portugal). |