revista de cultura # 26 - fortaleza, são paulo - julho de 2002

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Una experiencia estética radical: Fernando Millán y el proceso de la tachadura

Laura López Fernández

Fernando MillánLa intensísima labor artística de Fernando Millán (1944) a lo largo de varias décadas lo hace uno de los poetas españoles experimentales más originales. Desde su participación en el grupo de vanguardia Problemática 63, pasando por la fundación del grupo N.O. en 1968 y por múltiples trabajos y proyectos individuales y colectivos posteriores hasta hoy en día, Millán se ha interesado siempre en la creación de una escritura personal, creativa, crítica y audaz en la que se animan tensiones básicas que se presentan, principalmente, a través de una lograda fusión de diferentes lenguajes artísticos y semióticos tales como la literatura, la pintura, la escultura, la arquitectura, la fotografía, la música, el periodismo, la crítica literaria...

Uno de los trabajos más significativos y originales en la obra de Millán la constituyen los "textchones" o textos tachados, poemas visuales experimentales. Sus primeros textchones datan de 1965 y 1966 pero no es hasta 1968 cuando se publica el primer textchón y es en forma de postal. Este primer textchón titulado entre paréntesis "(progresión/negativa/2)" fue reproducido para el póster del grupo N.O. en mayo de 1969. Algunas características de este grupo, como se sabe, son el simultaneismo verbal y visual, una fuerte calidad plástica, el uso de ideogramas que se deriva de la poesía concreta y la manipulación de la tipografía como valor estético. A primera vista podemos decir que el proceso que sigue el autor en los textchones es tachar textos escritos previamente de manera que el resultado final sea la visión de un bloque de líneas, totalmente o casi totalmente tachadas, en contraste con el espacio en blanco que las separa. Se forman en el proceso diversas figuras geométricas (cuadrados y rectángulos son los más comunes) que junto con las letras que a veces deja sin tachar configuran diferentes tipos de poemas visuales de gran originalidad.

Pero este proceso iniciado en 1965, como he dicho antes, es parte de un proyecto más amplio en el que se incluye la tachadura de un libro como es La depresión en España en 1980-1983 (Colmenar Viejo, 1983). En sus orígenes, según palabras del propio autor, este proceso creativo es familiar a ciertos procesos de los años sesenta. Las tachaduras parecen una imagen típica del año 1968 con su idea de protesta pero con el tiempo ganan profundidad y se convierten en una técnica capaz de producir distintos matices y tonalidades.

En la tachadura, de los textchones o de todo un libro, la fragmentación verbal y visual es sistemática. Es una constante que, como bien dice Millán, llega a convertirse en una técnica. Este proceso analítico, aunque en apariencia espontáneo, es característico de un espíritu de vanguardia. En virtud de la tachadura se están cuestionando significados fijos e inmutables en el arte y en la escritura y, de una manera derridiana, se está deconstruyendo cualquier relación unívoca entre sujeto y objeto, entre texto y lector, entre cuadro y espectador, entre un género y otro. El lenguaje escrito deja de ser representativo de una manera tradicional. Las letras, palabras, textos y en definitiva libros, a través de los que vemos el mundo y nos vemos, constituyen en la tachadura una vieja escritura que pide ser "excrita" y "reescrita". Se busca en consecuencia una nueva recepción ante la obra de arte en la que se acepten complejidades y aperturas diabólicas.

Mário BotasMillán ha elegido un radicalismo no sólo formal sino también de contenido. Ha escogido, de manera similar a Joan Miró en su última etapa pictórica quemando viejos lienzos, enfrentarse a su propia escritura para hacerla estallar y reconfigurar así un nuevo mundo. Esos viejos lienzos son textos que le sirven a Millán de pretexto para iniciar un nuevo género literario y poético, una nueva escritura para los ojos y para la mente, una partitura visual en la que se da una relación muy cercana entre arte y vida, eliminando la discursividad del lenguaje lineal. En este proceso de la tachadura la página impresa es significativa de modo contradictorio pues significa dessignificando. El proceso de atomización del verbo es innegable. Se han tachado las oraciones, las palabras, los sintagmas, las sílabas y casi todas las letras pero no se trata de una negación total de la escritura pues esta está ahí como texto primario. Se trata de una "escritura" que consta de una escritura original y una "excritura" que es la tachadura. Hay una lucha por dar una mayor libertad al verbo pero dentro de otros parámetros. Hay en este proceso una tendencia al silencio que constituye una antirretórica. La tachadura atenta contra el lujo de signos que existen en la vida moderna creando antipoemas, antilibros, antitextos y en definitiva un antiarte.

Las tachaduras, de textos individuales o de un libro, ejemplifican la práctica artística más deconstructiva de Millán. Se trata de una escritura que vive en los límites, que quiebra nuestro sistema unívoco de lectura. Nos hallamos ante una abstracción de los sentidos individuales que produce una difícil continuidad entre creación e interpretación y ataca el poder totalitario que se le ha dado a la página impresa, al mundo impreso, político y artístico. En un sentido contextual podemos decir que los textchones de los años sesenta y setenta presentan una buena denuncia al sistema represivo franquista que Millán padeció como español pero también la tachadura de un libro en los años ochenta ofrece una lectura de denuncia sociopolítica.

En las tachaduras Millán produce un trabajo de gran iconicidad y plasticidad. La depresión en España como libro tachado en su primera edición muestra un proceso creativo de gran originalidad. En este libro Millán no se cierra totalmente al sistema tradicional, lineal y progresivo de escritura (mantiene intactos la palabra "índice" y las páginas de sus diferentes secciones y subsecciones) sino que parte de ese esencial medio de comunicación para incorporar nuevos modos interartísticos de expresión en los que el lenguaje verbal y el visual se fusionan creando un objeto estético que se debe estudiar desde el ámbito de un nuevo género poético.

Mário BotasEl primer radicalismo a notar en la transformación del primer libro La depresión en España por su correspondiente tachado es el paso de un libro para leer a un libro para contemplar. El autor, sin abandonar la materia primaria verbal crea un objeto estético visual que incluye cualidades plásticas características en la pintura y la objetivización del espacio propio de la escultura y arquitectura. De esto modo el radicalismo no es total ni arbitrario, sino que responde a unas intenciones liberadoras e interartísticas en las que la palabra es atomizada hasta su elemento visual mínimo, las letras, que en muchas ocasiones deja libres sin tachar, convirtiéndose en objeto estético en sí mismas dando pie a la consideración de la caligrafía como estilo artístico. Debemos subrayar también que las múltiples formas de la tachadura en este libro se convierten en un lúdico pero, al mismo tiempo, complejo arte visual que provoca una llamada de urgencia al cambio.

Esta nueva escritura busca un acercamiento dialógico entre el texto y sus "lectores" en la que se produzcan nuevos desafíos. El mero hecho de tachar un libro y presentarlo como un nuevo objeto estético implica una rebelión contra el sistema cultural y artístico de masas que estamos viviendo. Es un atentado contra la diosa costumbre y un abrazo al magma incandescente de la escritura. Millán usa este modo de deconstrucción de manera antiinstitucional, entre otros objetivos, para poner un alto al arte conservador a través de la interacción entre las distintas artes (pintura, poesía escrita, escultura, arquitectura). Pero además del compromiso ético (incluso los dadaístas en su vertiente más radical tenían su ética) y estético, se produce una nueva manera de "ver" y de vernos. Hay, en definitiva, un desafío al lector como receptor de un sistema dado y garantizado provocando una contralectura y un arte visual sin antecedentes.

Como he dicho antes, tanto la tipografía original como la de las tachaduras varía, lo que provoca un aspecto lúdico y un tono desenfadado que evita la seriedad del arte considerado como tal. El elemento lúdico es también un aspecto integrador de las vanguardias que responde a una atracción por crear un lenguaje innovador. La tachadura con todas sus complejidades crea un objeto de arte verbo-visual muy exigente para el lector-espectador. Se pone al receptor entre la espada y la pared de sus propias alucinaciones verbales y visuales. No hay fin, no hay progresión lineal, no hay fallos ni aciertos semánticos fijados al papel, no hay distancias entre el signo y la cosa en sí pues vemos el objeto por sí mismo sin mediación verbal. Hay un desplazamiento obligado de descodificación verbal hacia el campo visual donde las letras que viven y se escapan del correspondiente proceso de tachadura se convierten junto con lo tachado en una meditación sobre el espacio y el color (en su edición original era azul en los elementos de diseño, mapas y cuadros estadísticos). El texto desplaza al lector hacia un reino arquitectónico vertical, en los bloques de texto tachados y horizontal, en la parte superior de las páginas que consta de rectángulos negros. Como vemos, ni la libertad del autor ni la del lector son absolutas, la escritura y su tachadura imponen un ritmo para el ojo. Volvemos a los radicalismos comprometidos y no totalizantes. Existe un sistema de emisión y recepción que se necesitan mutuamente. Existe un campo operativo interartístico con capacidad única de producción.

Mário BotasEn la tachadura hay un condicionamiento previo y un desafío al imperialismo de los sentidos. Hay un deseo utópico y democrático de aspirar a un lenguaje transnacional, supranacional, atemporal, universal y universalista. Guarda Millán en este intento las viejas utopías del hombre de vanguardia de todos los tiempos. La tachadura se convierte de este modo en un arma de doble filo en el que existe un rechazo a lo convencional en el arte y al poder totalizante de la palabra generando a la vez nuevas dimensiones para la experiencia visual.

Millán ha convertido un orden sistemático codificado en un campo interartístico de posibilidades varias. Ha diseñado una especie de laberinto borgiano por la vía de la renunciación que no mística sino gramatical. El verbo quizás siga simbolizando el origen de lo representable pues no lo rechaza totalmente pero el verbo en este caso no emite por sí solo un sentido, es sólo potencialmente significativo. La prensa, la letra impresa se desestabilizan y dan paso a un arte complejo con intenciones varias. El libro se convierte en objeto de arte, objeto creado y recreado con la finalidad de despertar nuevos valores estéticos en el uso de la palabra, de la pintura, de la escultura y del arte en general.

Las tachaduras como expresión artística constituyen un arte antiinstitucional y comprometido. Son una expresión única de talento creador y profundidad crítica que genera lecturas alternativas al pensar y al hacer artístico cotidiano. Continúa el autor el camino de acercamiento a "las palabras en libertad" que ahora no están en el texto sino en la mente del receptor que las interpreta. Con este proyecto experimental de la tachadura Millán ha generado un nuevo y radical género poético para el mundo y ha producido un terremoto semántico destruyendo la fe de la mirada en desafío con la luz del verbo a oscuras y en alineación con la orgía de un arte en movimiento. Millán ha generado en este proceso de la tachadura libertades de expresión artística y política para el presente y el futuro de una sociedad acostumbrada en demasía a los fenómenos de masas. 

Laura López Fernández (España, 1965) Poeta e ensaísta. Publicou Ecos en el vacío: El esencialismo en la poesía española contemporánea: 1970-1990 (2000). Contato: llopez0@georgetowncollege.edu. Página ilustrada com obras do artista Mário Botas (Portugal).
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