revista de cultura # 26 - fortaleza, são paulo - julho de 2002

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Cultura, información e integración en nuestra América

Carlos Véjar Pérez-Rubio

___ 1 La cultura
Carlos Véjar Pérez-Rubio
La cultura, el "alma de los pueblos" decía Martí, tiene según los antropólogos dos aspectos: uno objetivo y otro subjetivo [1]. Las maneras tradicionales de pensar, sentir, creer y actuar de un grupo humano constituyen el aspecto subjetivo de la cultura, su cosmovisión. Los productos finales del pensamiento, del sentimiento, de las creencias y de la acción humanas son ya, en sí mismos, concreciones, es decir, objetivaciones de la cultura: una rueda, un alfabeto, un sistema numérico, una danza, una ley, una casa, un templo religioso, una poesía, un cuadro, una plegaria, un vestido, una canción, un guiso, en tanto realizaciones concretas del espíritu humano, son formas objetivas de la cultura. Los valores y sentimientos que asociamos a esos "objetos", el conocimiento que sobre ellos logramos acumular, las ideas del bien y el mal, de lo bello y lo feo, lo correcto y lo incorrecto, lo natural y lo sobrenatural, son manifestaciones subjetivas de esa misma cultura. Entre los aspectos objetivos y subjetivos, es decir, entre el espíritu y su producto, hay una relación dialéctica, cuya expresión es la acción misma del hombre. De ahí que éste sea siempre el agente responsable, o causa eficiente, de la historia.

Herbert Marcuse, en sus Notas para una nueva definición de la cultura, dice que observando los objetivos declarados de la civilización occidental y su pretensión de realizarlos, podríamos definir la cultura como un proceso de humanización, caracterizado por el esfuerzo colectivo por proteger la vida humana, por apaciguar la lucha por la existencia manteniéndola dentro de límites gobernables, por estabilizar una organización productiva de la sociedad, por desarrollar las facultades intelectuales del hombre, y por reducir y sublimar las agresiones, la violencia y la miseria [2].

Los valores culturales, y su objetivación en instituciones y políticas de una sociedad, rara vez se hallan en armonía, aseveración que este principio de siglo testimonia fielmente. Producto de este hecho es la distinción que suele hacerse entre cultura y civilización, según la cual "cultura" se refiere a cierta dimensión superior de autonomía y realización humana, mientras que "civilización" designa el reino de la necesidad, del trabajo y del comportamiento socialmente necesario.

La tensión entre estas dos categorías ha llegado en nuestro tiempo a niveles insospechados. El pragmatismo, el eficientismo, el utilitarismo, la banalización, han creado un abismo creciente entre la civilización material y la cultura intelectual, entre el reino de la necesidad y el de la libertad. Difícilmente pueden hoy la literatura, las artes, la ciencia y el pensamiento comunicar verdades que no sean de inmediato negadas y reprimidas, o bien, asimiladas y convertidas en conceptos socialmente útiles, o mejor dicho, utilitarios. Aunque Marcuse afirma que la cultura superior existe todavía (su ensayo, aclaremos, se remonta a 1965), hace notar ya que, a pesar de que dicha cultura es más asequible que nunca; a pesar de que se lee, se contempla y se escucha más ampliamente que nunca; la sociedad ha estado clausurando el espacio espiritual y físico en el que es posible comprender esta cultura en su exacta verdad. Y enseguida, tras estas observaciones, expresa que sólo la integración de los valores culturales en la sociedad establecida (el establishment) invalidaría la alienación entre cultura y civilización, allanando en consecuencia la tensión entre el "deber ser" y el "ser", entre lo posible y lo actual, entre el futuro y el presente, entre la libertad y la necesidad.

El filósofo español Eduardo Subirats pone el acento en esa enajenación del hombre moderno, cuando dice que

La cultura moderna, definida por el predominio de la tecnología, y de los intereses económicos y militares a ella ligados, no puede sobrevivir sin una siempre despierta imaginación crítica y utópica. Si ella pudiera ser desterrada de una vez por todas, entonces podría darse definitivamente la razón a aquellos pensadores que han declarado, con fundados motivos, el fin de la historia y de la humanidad misma. Semejante defensa de una imaginación crítica encuentra hoy a su paso grandes obstáculos y requiere un enorme esfuerzo. Significa la creación de nuevos modelos reflexivos a la altura de los conflictos de nuestro tiempo y, con ellos, nuevas formas de comunicación y solidaridad sociales (...) No se trata de una alternativa posible, sino, probablemente, de la única salida a la angustia y el escepticismo de nuestro tiempo [3].

Resuena todavía, a contrapunto con los anteriores conceptos, el eco de las palabras de Marcuse, animador de los movimientos estudiantiles contestatarios de los años sesenta desde su cátedra de la Universidad de California en Berkeley, quien concluye sus propias reflexiones con un dejo de nostalgia, al afirmar que la humanidad ha alcanzado la etapa histórica en que es técnicamente capaz de crear un mundo de paz, un mundo sin explotación, sin miseria y sin la servidumbre del trabajo. Un mundo en el que la civilización se convierte en cultura.

___ 2 El mundo actual
Años 2001 y 2002. Una nueva y sofisticada cruzada ha sido declarada unilateralmente "en el nombre del bien" por el país más poderoso de la tierra, Estados Unidos, y sus más conspicuos aliados europeos, guerra mundial en la que todos los habitantes del planeta, de una u otra manera, estamos involucrados. El enemigo puede estar en cualquier parte, incluso dentro de las propias fronteras del imperio... No, no se trata de un nuevo juego electrónico, ni de una superproducción de Hollywood, ni de un programa de radio ideado por una mente truculenta, como la de Orson Welles, quien aterrorizara al buen pueblo estadounidense con la invasión de los marcianos, allá por 1939. Esta es la cruda realidad, la paranoia del amanecer del siglo XXI.

Más allá de lo que significó para la humanidad la tragedia de los atentados en las Torres Gemelas y el Pentágono, es un hecho que este suceso lamentable se convirtió en un excelente pretexto para acelerar la conquista del mundo y ponerlo en su totalidad bajo la égida del capital, cuyo centro neurálgico militar, tecnológico y financiero se encuentra precisamente en Estados Unidos. Doce años habían transcurrido apenas de la caída del muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética y gran parte del campo socialista, acontecimientos que, si bien facilitaron la implantación mundial de la economía de mercado, con todo lo que conlleva política, social y culturalmente, contribuyeron también a la apertura de la caja de Pandora.

Mário Botas

En efecto, innumerables odios y conflictos regionales asolaban al mundo a principios de los años noventa del pasado siglo. Fenómenos tales como los nacionalismos exacerbados, el fundamentalismo religioso, las guerras locales, las migraciones forzosas, los reacomodos geopolíticos, el fanatismo, el terrorismo y el narcotráfico, desafiaban al sistema dominante y entorpecían su globalización. Una década después, los sucesos del 11 de septiembre de 2001 vinieron a facilitar su combate al legitimar estrategias en las que todo es permisible, desde afectar al derecho internacional, el medio ambiente y la ética de la información, hasta modificar los usos y costumbres de pueblos de los cinco continentes para someterlos a los valores occidentales, por ejemplo, el de la democracia representativa, que, junto al del libre mercado, se han convertido en los caballitos de batalla ideológicos del capitalismo de nuestro tiempo. (Interesante es reproducir aquí las palabras de Robert McChesney en su introducción al libro Profit Over People. Neoliberalism and Global Order, de Noam Chomsky: "Para los neoliberales, porque ganar dinero es la esencia de la democracia, un gobierno que adopta políticas contra el mercado es antidemocrático; cuando lo cierto es que el neoliberalismo es el enemigo principal y más inmediato de una genuina democracia participativa, y que lo que algunos suponen expresión de la «democracia» y el «libre comercio» es, en realidad, «resultado de la acción de poderosos gobiernos, especialmente el de Estados Unidos», que imponen a otros pueblos acuerdos comerciales para favorecer a las grandes compañías y a los ricos.")[4]

El saldo de poco más de dos décadas de aplicación de las políticas neoliberales a la economía mundial es en extremo contradictorio y plantea a la humanidad problemas graves. Al tiempo que las estructuras del capital se internacionalizan cada vez más y se desarrollan aceleradamente la ciencia y la tecnología, la comunicación y la información, la producción agropecuaria e industrial (incluyendo a la sofisticada industria militar y a la del entretenimiento), crecen la marginación, la miseria, el hambre y la desesperación de casi tres cuartas partes de la población mundial, hacinada en los países subdesarrollados principalmente, incluidos los latinoamericanos y caribeños. No es de sorprender. En realidad, desde hace muchos años pensadores como André Gunder Frank establecieron que el desarrollo y el subdesarrollo -el centro y la periferia-, son las dos caras de una misma moneda, de una misma realidad social derivada de la expansión y concentración del capitalismo [5].

Para poner en cifras la inequidad y la desigualdad entre ambas caras, mencionemos tan sólo que, mientras en los países desarrollados la pobreza abarcaba en promedio a menos del 15% de la población, una cifra relativamente manejable según los especialistas, en América Latina comprendía para comienzos del año 2000 a casi el 50%, esto es, a 220 millones de habitantes (en Venezuela y Guatemala se estimaba entre 70 y 80%; en Ecuador, 62.5%; en Brasil, 43.5%; y en Argentina, impactada por una profunda crisis estructural desde hace varios meses, llega ya al 40%) [6].

Y mientras tanto, buena parte de los habitantes de las metrópolis industrializadas pasan de la frivolidad, el hastío, el hartazgo y la indiferencia, a un egoísmo militante y chauvinista que los predispone contra todo aquello que ponga en peligro sus conquistas materiales y sus paraísos artificiales, como lo es por ejemplo el caudal multicolor de inmigrantes proveniente de los empobrecidos territorios del sur. Han recobrado así fuerza en Estados Unidos y en Europa lacras ancestrales como el racismo, la xenofobia, la exclusión y la intolerancia, que hoy nutren ideológicamente a los partidos y corrientes políticas de extrema derecha, en continuo ascenso en esas latitudes. El sonado caso de Jean Marie Le Pen y su Frente Nacional en el proceso electoral de Francia de abril de 2002, no es más que una nueva llamada de atención.

___ 3 La integración
En este tiempo de globalización, cuando el futuro es bruma y espejismos y el pasado huella deslavada, pensar en la integración latinoamericana y caribeña puede parecer obsoleto. Las estructuras culturales cimbran y nuestra identidad se desvanece en el proyecto económico, político e ideológico de la unipolaridad, la homogeneidad y la (inter)dependencia, ese que genera entre nosotros pobreza y riqueza extremas, subordinación económica y política, desintegración social, hambre, migraciones, inseguridad, violencia, vicio, deterioro ambiental... Allí está como ejemplo Argentina, alguna vez, en palabras de Vasconcelos, "el país más fuerte y el más hermoso de América" [7], hoy saqueada, empobrecida y desmoralizada. Unos más, otros menos, todos los pueblos de América Latina que, unidos, deberían conformar según Bolívar una respetable "nación de repúblicas", sufren desunidos las consecuencias de la política impuesta por sus clases dirigentes y los centros de poder.

Lo cierto es que el proceso de integración de América Latina y el Caribe pasa actualmente por un momento extremadamente delicado. La conformación de un bloque continental basado en el proyecto secular de dominación hemisférica de Estados Unidos, revitalizado con las Cumbres de las Américas y la propuesta del ALCA, que concibe al comercio como motor fundamental del desarrollo, es inminente. El horizonte previsto es 2005, aunque hay quienes quieren acortarlo. Dicha iniciativa, que modernizará nuestra dependencia económica y política, actualizará nuestros problemas sociales y terminará por diluir nuestros valores culturales, cuenta hasta el momento con la anuencia de la mayoría de los gobiernos y las principales fuerzas económicas y políticas de la región.

Uno de los primeros efectos del «Área de Libre Comercio de las Américas» será sin duda el languidecimiento de todos aquellos esfuerzos integradores que se realizan al margen de Estados Unidos, como son, entre otros, las Cumbres Iberoamericanas animadas desde 1991 por España y Portugal, la Comunidad Andina, el Mercosur, el Grupo de Río, el G-3, la Asociación de Estados del Caribe (AEC), el CARICOM, el Pacto de San José... Es muy probable que las mismas relaciones con otros bloques, como la Unión Europea, que para los países del Mercosur es el primer socio comercial e inversor, se vean también afectadas.

Mário Botas¿Cómo enfrentar este escenario? Bernardo Kliksberg, sostiene que muchos latinoamericanos rechazan la falacia de que no hay otras alternativas y que, por el contrario, aparece con fuerza creciente en su imaginario la posibilidad de avanzar, como lo han hecho otros países en el mundo, salvadas sus diferencias y particularidades, hacia modelos de desarrollo con mayor equidad, en los que se busca armonizar las metas económicas y sociales. Ello implica concebir proyectos nacionales que impulsen la integración latinoamericana y caribeña, premisa indispensable para el fortalecimiento económico de la región y su reinserción adecuada en el sistema económico global. Dichos proyectos deberán alentar la pequeña y mediana empresa, la democratización del acceso al crédito, la propiedad de la tierra para los campesinos, una reforma fiscal orientada hacia una imposición más equitativa y la eliminación de la evasión, el acceso de toda la población a la tecnología informática, la universalización de la cobertura en salud, el desarrollo del sistema educativo en sus ciclos preescolar, primario y secundario, el impulso al sistema de educación superior y la investigación científica y tecnológica, el acceso de toda la población al agua potable, el alcantarillado y la electricidad, y la apertura de espacios que permitan la participación masiva en la cultura [8]. Llevar adelante esta política requiere, desde luego, revitalizar el papel del Estado como motor del desarrollo, poner un límite a la privatización de las economías de la región y replantear en bloque la relación con los organismos financieros internacionales, así como el problema de la deuda externa. Pero requiere además, y sobre todo, una amplia y consciente movilización popular, capaz de transformar las estructuras anquilosadas de la democracia electoral en una pujante, creativa e incluyente democracia participativa.

Es en este marco en el que se inserta el proceso de integración de Nuestra América, el cual a nuestro juicio debe comprender tres etapas:

- En la primera se emprenderá la construcción de la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones, con el concurso de las más diversas fuerzas económicas, políticas y culturales de los estados nacionales y una amplia participación popular.

- En la segunda se establecerán los vínculos de dicha Comunidad con España y Portugal, países con los que se conformará un sólido Bloque Iberoamericano que nos permitirá estrechar la relación con la Unión Europea.

- En una tercera etapa, la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones negociará con Estados Unidos y Canadá los acuerdos y tratados más convenientes para un desarrollo más justo, equitativo y equilibrado de las Américas, que permita cerrar gradualmente la creciente brecha que ahora las separa.

___ 4 La desintegración
Lo más importante quizás de esas diez falacias enunciadas por Kliksberg, es que presentan la visión distorsionada de los problemas sociales de América Latina que tienen los centros de poder, fuente de inspiración de las políticas públicas (y privadas), nacionales y transnacionales, que han llevado a la región a la crítica situación en la que se encuentra. En ellas se niega, por ejemplo, la gravedad y la extensión de la pobreza [9] y no se considera la irreversibilidad de los daños que produce; se argumenta que el crecimiento económico por sí solo puede resolver los problemas; se desconoce la trascendencia de la desigualdad social; se desvaloriza la función de la política social; se descalifica la acción del Estado; se desestima el rol de la sociedad civil y del capital social; se bloquea la participación comunitaria; se eluden las discusiones éticas; y se presenta al modelo reduccionista impuesto por el pensamiento único como la única alternativa posible de desarrollo.

Es conocido que América Latina es considerada como la región más desigual del planeta. Las tesis que plantean que ese fenómeno es una etapa inevitable del camino al desarrollo, han fracasado estrepitosamente. Se les olvida a los teóricos primermundistas que esta región es producto de la colonización, en cuya misma raíz está la desigualdad, la inequidad y más aún, la injusticia social. En todo proceso colonizador, los pueblos autóctonos son derrotados, sometidos, esclavizados, explotados e ideologizados por los conquistadores. Por ese proceso inmoral pasaron nuestros pueblos indígenas y los esclavos africanos y asiáticos importados a estas tierras americanas. Lamentablemente, la independencia política lograda por los latinoamericanos y caribeños en el siglo XIX, en la que los criollos jugaron el papel protagónico, y las repúblicas que emergieron de ella, no mejoraron en nada su situación (a veces, incluso, la empeoraron) [10]. Los movimientos reivindicativos de los indígenas de Chiapas y de sus hermanos de la cordillera andina, responden a ese estado de cosas.

Mário BotasLa desintegración social en América Latina y el Caribe, producto de la citada desigualdad, es preocupante y puede significar un obstáculo para la integración de nuestros pueblos si no se toman las medidas adecuadas para enfrentarla. La polarización creciente de la sociedad contemporánea conforma ya una dualidad central: incluidos y excluidos, que se manifiesta al interior de todos nuestros países (Cuba es la excepción), como se manifiesta también a escala universal.

___ 5 La información
Bolívar, el gran comunicador, el fundador de periódicos y autor de innumerables cartas, discursos y proclamas, diría que para integrarnos debemos antes conocernos. Lo mismo diría Martí, quien supo combinar siempre sus dotes literarias con su oficio de periodista y su misión de ideólogo, organizador y combatiente por la libertad, no sólo de su patria, sino de Nuestra América toda. Y para conocernos, debemos comunicarnos, tarea que cobra gran relevancia en la época actual, impregnada por la cultura del consumo y el entretenimiento, por la cultura de la información muchas veces irrelevante y banal, auspiciada en buena medida por los medios masivos de comunicación transnacionales y latinoamericanos, en su mayoría dominados por las fuerzas del mercado y fieles reproductores de su ideología.

El frustrado golpe de estado en Venezuela de hace unos meses, en el que los medios jugaron un destacado papel conspirativo, volvió a poner en el centro del debate las funciones básicas de la comunicación social: información, orientación, educación y entretención. Hay varios puntos a tratar: la propiedad de los medios; la transnacionalización de los medios; el destino de los medios; el Estado y los medios; la política de medios; la comunicación popular alternativa; el papel de los comunicadores; y la ética y la estética de la comunicación, entre otros.

No obstante, es preciso que, sin perder de vista la importancia de los mass media en la sociedad contemporánea, estemos conscientes de que la sociedad tiene muchas otras alternativas para comunicarse e informarse veraz y objetivamente de lo que tiene interés para ella.

Fruto Vivas, distinguido arquitecto venezolano, en una entrevista en la que citaba la definición de ciudad de Mario Briceño Iragori y Winston Churchill -"La ciudad son sus gentes"-, dice que "Donde la gente no se comunica, se le manipula a través de todos los medios por cualquier hecho, desde la inducción al consumo por cualquier refresco, hasta el sufragio electoral. Donde la gente se conoce, están dadas las condiciones para el más alto ejercicio electoral." [11]

Este fenómeno comunicativo tiene una clara connotación social, y se manifiesta según los hábitos de vida que se establecen en los diferentes estratos de la población, así como en su condición urbana, suburbana o rural. Es un hecho, por ejemplo, que en las zonas urbanas residenciales de la burguesía y la pequeña burguesía el aislamiento es creciente, derivado entre otras causas del problema de la inseguridad y la enajenación consumista a que este sector de la población está más expuesto. En cambio, en las humildes barriadas populares la población se encuentra mucho más comunicada, mucho más relacionada entre sí, lo que explica en parte el hecho inédito de que Hugo Chávez pudiera triunfar en tres procesos electorales seguidos teniendo en contra a la mayor parte de los medios masivos de comunicación. En este sector mayoritario de la población venezolana, sumido en la pobreza y la precariedad, pero unido por crecientes vínculos de solidaridad, de cooperación y de esperanza, está la mayor base de apoyo de la Revolución Bolivariana que propugna el presidente Chávez, lo cual debe servir de ejemplo a los países hermanos de la patria grande.

Negros nubarrones ensombrecen los cielos de América Latina y el Caribe, es cierto. Aislados nuestros pueblos, la tormenta será más devastadora. Es necesario y urgente por ello llevar a todos los terrenos de la comunicación el tema de la integración. El emisor, quienquiera que sea, debe estructurar un mensaje claro, atractivo y convincente, que explique a la población receptora la importancia de llevar a cabo felizmente tal empresa, que habrá de contribuir a transformar positivamente nuestra realidad social.

Luis Ramiro Beltrán, destacado comunicólogo boliviano, escribía hace unos años: "¿Quién ha de encabezar esa misión de lucha quijotesca por el cambio en este mundo internético, globalizado y neoliberal? Sin duda, tendrá que hacerlo el segmento de la juventud a la que los destellos de la mercadocracia no han podido obnubilar, aquellos comunicadores que sienten que su oficio está comprometido con el anhelo de una sociedad próspera, pero ante todo, libre, justa y verazmente democrática." Así sea.

NOTAS
1
Ver Eugenio Fernández Méndez: La identidad y la cultura, El Cemí, San Juan, Puerto Rico, 1959.
2 Herbert Marcuse, Notas para una nueva definición de la cultura, en Ensayos sobre política y cultura, Ariel, Barcelona, 1970, p. 90.
3 Metamorfosis de la cultura moderna, Anthropos, Barcelona, 1991, pp. 138-139.
4 Citado por Alonso Aguilar Monteverde en Globalización y capitalismo, Plaza Janés, México, 2002, p. 191.
5 En Horacio Cerutti Guldberg: Filosofía de la liberación latinoamericana, FCE, México, 1992, p. 81.
6 En Bernardo Kliksberg: Diez falacias sobre los problemas sociales de América Latina, Ediciones Imprenta Nacional, Caracas, 2001, pp. 14-16.
7 José Vasconcelos: La Raza Cósmica, Espasa-Calpe, México, 1948, p. 210.
8 Bernardo Kliksberg: Op. cit., p. 11.
9 Es de hacer notar que la pobreza ha alcanzado incluso a las clases medias, en las que el deterioro de sus bases económicas ha generado un estrato social denominado «los nuevos pobres». No obstante, su comportamiento social es contradictorio. Si en Argentina esas clases medias han participado activamente en los cacerolazos antigubernamentales de los últimos meses, al lado de los piqueteros, en Venezuela se han alineado con las fuerzas reaccionarias que cuestionan al régimen democrático del presidente Hugo Chávez.
10 Las cifras relativas a la pobreza de la población indígena actual son reveladoras y muestran claramente la desigualdad. En Guatemala, por ejemplo, se halla por debajo de la línea de pobreza el 86% de la población indígena, frente al 54% de los no indígenas, mestizos en su mayoría. Ver Bernardo Kliksberg: Op. cit., p. 15.
11 En Luis Buitrago Segura: Caracas La Horrible, Ateneo, Caracas, 1980.

Carlos Véjar Pérez-Rubio (México, 1943). Arquiteto e diretor da revista Archipiélago. Autor de OANIS. Crónicas y relatos de la arquitectura y la ciudad (1992) y Plaza Cuicuilco y otros cuentos de variada intención (2001). Contato: elaleph@archipielago.com.mx. Conferência lida no Seminario de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELPA): "Globalización, Comunicación e Integración Latinoamericana" (Toluca, junio 2002). Página ilustrada com obras do artista Mário Botas (Portugal).

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