revista de cultura # 27 - fortaleza, são paulo - agosto de 2002

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Merodear la imagen

Carlos Ardohain

Carlos Ardohain¿Es la pintura uno de los rostros que la poesía tiene, es la poesía puesta en imagen, una escena de la revelación?

O es una indagación del ser, del sentido, un camino. Un cofre que esconde un secreto. En la búsqueda del sentido está el camino hacia la develación de ese secreto que nunca es revelado del todo.

La pintura es un misterio en el corazón de otro misterio, el hombre.

Secreto, misterio, enigma, develación, ¿magia?

No, pintura.

Pinto buscando ese cofre, siguiendo las señales que se van revelando a medida que se avanza. Internándome en ese misterio que contiene otro misterio.

Carlos ArdohainEjecutando una pincelada salvaje, como una mordedura amarilla en el lienzo tatuado. Pintar con basura, con restos, con desechos, trozos, óxido, madera carcomida, pintar como marcar una piel, erosionar, dejar huellas en la roca, en la memoria, en el tiempo. Ser una marca.

La pintura también como actividad mental, como indagación y reflexión, otro de los caminos de un laberinto sin muros.

Mirarse en un espejo roto en innumerables fragmentos, mosaico polimorfo, puntos en el mapa, gotas de lluvia en la lluvia.

Pintar persiguiendo la iluminación: hipnosis paranoica de la delicia córnea, pérdida, extravío, deriva, lento desplazamiento, progresivo encuentro, espiral de mandalas.

Pintar buscando la sustancia: el dedo que señala el objeto, la mano que extiende el dedo, la mente que ordena a la mano señalar el objeto y el objeto señalado. Ser todo eso.

Hambre. Hambre de ser.

Pintura comestible.

Pintar para fabricar imágenes ingobernables. Imágenes que traicionen al fabricante. Que rompan la cadena, la condena.

Carlos ArdohainPintar con actitud ilícita, pensar como un criminal, emboscar el tema, tomar el lienzo por asalto, volcar el color a golpes de instinto, huir, dejar el tendal. Cometer delito de pintar.

Herir la piel del lienzo, avanzar, retroceder, hacer una nube, hacer llover, secar el agua, guardar el aire, enrollar el cielo, soplar la nube, subir , bajar, bailar el pincel con la muñeca, bombardear el pigmento con aceite, docilizar el swing, aprovechar el momento. Hacer silencio, zen cillamente. Merodear la imagen.

Mirar y ver.

Oscilar entre la devoción y la blasfemia.

Pinturas como fotogramas de la travesía:

Evita en crucifixión pop en trance místico evitando a los pobres que alimentan su mito.

Esperando al minotauro ebrio que la degüelle la descabece le bese los pies le lave la crin con vino del Rhin.

Barrio frágil de suburbio alimentado a yerba mate y maconha sulfurando miasmas a la orilla del riachuelo negro, casitas de cartón embetunado de residuos.

La cuchara pintada de negro, la cuchara robada en la tabla encontrada, la tabla pintada, luna turca en el cielo de la mesa, la cuchara amenaza robar la luna, matar la sopa, la luna oblicua la congela y la cuchara detenida en el tiempo amenaza para siempre sin poder morder nada.

Mirar por el buraco tapiado pintado de ó, cartel de campaña, alambre, cemento, madera y metal. Mirar por donde ya se miró, y la mirada cambia y lo mirado cambió.

Carlos Ardohain

Una mulata desnuda danzona tambora de rojo de sexo de baile de exú.

Lalo haciendo su número de circo entre las vírgenes consumidas por su propio deseo, Lalo trompa de elefante, estampa de Ganesha reo echando fuego por la boca.

Y el pez huyendo de la anoréxica que pretende comerlo en la tarde amarilla iluminada por un reflector de televisión flotando en el ojo de un tentáculo rojo.

Cambalache urbano. El humo de la pipa que no es.

Carlos Ardohain (Argentina) . Poeta e artista plástico. Autor de El ojo secreto (1988) La Hoja Bífida (1999) e Ojo x Ojo (2000). O presente depoimento foi prestado com exclusividade para a Agulha. Página ilustrada com obras de CA. Contato: carlosardohain@ciudad.com.ar.

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