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revista de cultura # 27 - fortaleza, são paulo - agosto de 2002 |
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Desmontajes sobre Aldo Menéndez Carlos M. Luis
___ Desmontaje primero Ante todo ciertas aclaraciones de orden histórico. En pleno Dadaísmo varios artistas se dieron a la tarea de acometer contra un sistema de valores insostenible, gracias a que la Primera Guerra Mundial los había puesto en tela de juicio. Dentro de ese contexto algunos artistas y poetas comenzaron a crear distintas formas de reconstruir la realidad. Max Ernst, por ejemplo, crea el "collage mientras que Raoul Hausmann, Johanes Baader, John Heartfield, Erwin Blumfeld y Hannach Hoch entre otros trabajaron con el "fotomontaje. Aunque el principio sea el mismo: la superposición o el enlace de varias imágenes opuestas dentro de un mismo plano, los medios son otros. El collage emplea elementos extraídos de libros de grabados muchos de ellos de extracción romántica mientras que el fotomontaje es una manipulación de la realidad através de la fotografía. El secreto poético del collage, tal y como Max Ernst lo concibió, esta relacionado con las operaciones oníricas que busca en viejas estampas una manera de visualizarse. En cambio a los otros artistas arriba mencionados, les interesaba utilizar los productos del mundo moderno (por ejemplo los de la publicidad) para combinarlos libremente en una nueva representación. Fragmentos de fotos: desarticulación de la realidad que éstas captan para jugar con la misma. La intención de los dadaístas era obvia: crear un anarquismo de la imagen y con ello hacer una crítica corrosiva de una civilización que ellos veian como corrupta.
___ Segundo desmontaje Pasemos ahora a Aldo Menéndez. En 1974 abre en la galería de 12 y 23 una propuesta de fotorrealismo conjuntamente con Gory, César Leal y Flavio Garciandía. La muestra es anulada. Todo esto pertenece a la muy complicada y mal vista historia del proceso cultu- ral cubano que surgió después de la Revolución. Si hago mención de la misma es porque entra en juego un factor, el factor documento que va a ser esencial para el proceso de su obra. Enfrentarse a la realidad en Cuba no es lo mismo que tener que afrontarla fuera de la isla. La realidad cubana, permeada por una revolución que la sacudió en sus cimientos, se ha convertido en un escenario proclive a la burla o al tipo de crítica que los dadaístas utilizaron durante su tiempo. Los artistas cubanos de la década de los ochenta, ni cortos ni perezosos, se aprovecharon de la situación inusitada del país para revertirla en distintas manifestaciones de orden subversivo. Para ello el humor resultó ser un vehículo idóneo para expresar un desacuerdo con las estructuras establecidas desde el poder. Aldo Menéndez pasa entonces de un abstraccionismo gestual practicado hasta la década de los setenta a un realismo donde se deshilachan las distintos paradigmas de una socie- dad atrapada dentro de sus propias contradicciones. Ese realismo lo lleva a enfrentarse con La Habana, por ejemplo, una Habana destartalada convertida en un inmenso patio de solar. Sus pinturas sobre La Habana se convierten en unos documentos que bien leídos no dejan de comunicarnos un mensaje de desasosiego aunque no falte en los mismos el humor siempre presente en la obra de este pintor.
___ Tercer desmontaje Como le sucediera a muchos de los artistas de su generación, Aldo Menéndez tras estancias europeas, carena en el Miami de la nostalgia cubana, donde abundan los sueños de un paraíso perdido. Aqui en Miami profundiza su lenguaje, el lenguaje de la ironía y de la irreverencia. Para ello nada mejor que utilizar el viejo procedimiento del foromon- taje que tan bien le había servido a los dadaístas. Y es entonces donde comienza su trabajo de hallazgos arqueológicos con fotos que intercala con figuras de próceres, estampas religiosas, etc. en un Kitsch fiestero y la vez acusador. Esa búsqueda arqueoló- gica que emprende con tijeras en las manos, es el reflejo de su mirada particular sobre un pasado reciente que continua aún actuando sobre la conciencia de un época saturada de lo que el filosófo francés Jean Baudrillard ha calificado como simulacros. Aldo Menéndez crea los suyos a partir de una animación espóntanea de los elementos que lo conforman, creando de ese modo, su espectáculo transgresor. Surgen entonces monigotes, esperpen- tos, mascarones de proa o seres híbridos como los que aparecián en los tratados de demonología de la Edad Media, en situaciones desmesuradas, rabelesianas. El exceso que George Bataille ha estudiado, le sirve como una dinámica para crear su teatro de visiones teatro que va más allá de los límites donde un Alfred Jarry o Antonin Artaud podrían heberse sentido a sus anchas. Los fotomontajes de Aldo Menédez representan un proceso de dimitifación que cada vez se está haciendo más necesario entre nosotros. Las sacrosantas figuras de nuestros após- toles son sometidas, por ejemplo, a una combinatoria irreverente que abre las puertas para que penetre un aire renovador. Los títulos de sus fotos son, en ese sentido, reveladores del mensaje subversivo que esconden. De ahi entonces que una lectura patafísica (como ciencia de las soluciones posibles de acuerdo con Jarry) se imponga en cada uno de ellos para deconstruirlos . El mayor estímulo para ello me parece que reside en el uso que el artista hace del Kitsch ese ingrediente tan esencial en la mesa de nuestra historia. El desbarajuste que el Kitsch introduce dentro de la solemnidad con la cual acostumbramos tratar nuestro pasado, es un primer paso para desarticular toda una mitología acerca del mismo que amenaza con ahogarnos. Esa mitología esta siendo revitalizada en Cuba por los restos de un Origenismo representado por Cintio Vitier y sus acólitos más cercanos. Partiendo de las intuiciones poéticas de Lezama Lima y prosiguiendo por una exaltación desmesurada del siglo XIX cubano, sobre todo de la figura de Jose Martí, se está tejiendo el mito de una cubanía anclada en un pasado arcádico. Por su parte el pensamiento oficial del exilio no se ha quedado atrás: la nostalgia le ha servido de base para enlazarse curiosamente con ese mito. Desde ese punto de vista las fotomontajes de Aldo Menéndez constituyen un mensaje refrescante, por el humor y la desenvoltura con que trata algunos de nuestros más intocables íconos. Otro ingrediente que no podría faltar: el erótico. Como de fotos se trata, aqui aparecen (en obvia combinación con frutas por ejemplo) unas reproducciones realistas de la sensualidad que siempre ha formado parte de la imaginación erótica de cualquier pueblo, pero que el cubano, con su tendencia a lo hiperbólico; acentúa con más fuerza aún. Después de más de treinta años, cuando regresé a La Habana, mi di cuenta de algo que ya daba por perdido: la mirada del cubano(a) a su sexo opuesto. Esa mirada desnuda al otro, lo traspasa en sus íntimos detalles y prácticamente lo engulle. Las calles habaneras (recordemos la famosa esquina del pecado) o de cualquier centro urbano de Cuba, fueron y son escenarios de un rejuego de miradas y gestos que forman parte intrínseca de nuestra personalidad. Aldo Menédez no hace otra cosa sino incorporar esa mirada en sus propios escenarios, mirada que por lo demás no deja tambien de ser la de un observador que va remedando como un cronista hechos y situaciones que le van apareciendo en el camino. Aldo Menéndez no sale, desde luego, a la calle con su cámara de fotografiar. Las fotos que utiliza estan dadas por otros. Sacadas por lo general, de los magazines en boga, Aldo se convierte en un mago que maneja los datos que esas publicaciones le ofrecen como datos que se filtran en su laboratorio mental para recrearse en sus obras. Los efectos son otros que los que esos efímeros hijos de la moda proponen en las páginas publicitarias de los magazines de lujo. Aldo Menéndez les brinda nueva vida, devaluándolos comercial- mente al incorporarlos dentro de un espectáculo carnavalesco. Mencionar lo carnavelesco dentro del contexto de su obra es importante, porque como ya se ha repetido desde los tiempos de Mikhail Bakhtin, el carnaval sirvió para romper el orden establecido, recreando la realidad dentro de otras ceremonias, algunas de ellas de carácter grotesca. Otro elemento: lo grotesco también nos sirve para desmontar sus fotomontajes. Como estructura binaria de oposiciones lo grotesco resalta ciertos aspectos escondidos de la realidad. Al hacerlo asi puede provocar atracción o rechazo, la risa o el desagrado. El vínculo entre lo grotesco y el espíritu carnivalesco es evidente, pues es precisamente durante los carnavales cuando salen a relucir esos polos opuestos disfraza- dos de festivos y anticonvencionales. Aldo Menéndez no desperdicia medios para comunicarnos lo mismo en casi todos sus fotomontajes. Su mirada nos proporciona instantes donde al detenernos en su contemplación, nos comunica la misma sensación de encontranos dentro de uno de esos rituales que vulneran el orden de las cosas.
___ Cuarto desmontaje Para concluir, se nos ocurre que la narrativa que podemos sacar de la obra de Aldo Menéndez posee la dualidad de que lo se dice en broma pero es serio o viceversa. En ese terreno donde las fronteras estan borradas a favor de lo equívoco, el espectador necesita del apoyo de unas imágenes que le van arrojando destellos pero sin aclararle demasiado todo el terreno. Es precisamente eso: el juego del artista con nosotros lo que resulta estimulante. Dejemos que se divierta y que eche al vuelo, como gustaba decir Lezama Lima, sus balones de colores para poder divertirnos en medio de unas imágenes que retozan con nuestra imaginación desafiando el buen sentido. Entremos pues en su carnaval para participar de esos instantes descriminatorios de lo serio. Descubriremos entonces que en medio del disfraz y la algarabía otro concepto más profundo se esconde: aquel que nos hace reflexionar sobre la seriedad del humor o sobre el humor de lo serio. |
Carlos M. Luis (Cuba, 1932). Poeta e artista plástico. Dirigiu em seu país o Museo Cubano. Como ensaísta, publicou Tránsito de la mirada (1991) e El oficio de la mirada (1998). Nos anos 90, já residindo em Paris, publica juntamente com Jorge Camacho Le Bulletin de Liason Surrealiste. Contato: karmaluis@aol.com. Página ilustrada com obras de Aldo Menéndez (Cuba). |