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revista de cultura # 29 - fortaleza, são paulo - outubro de 2002 |
| artista convidado - juan bernal ponce |
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Juan Bernal Ponce: un chileno en Costa Rica Carlos Guillermo Montero ... La vida continúa, como toda
vida, pero bajo la sordina constante de haber perdido parte de la identidad y todo el
pasado. Juan Bernal Ponce ha encontrado asiento en Escazú (como otros
muchos artistas), desde allí añora Valparaíso y la evoca constantemente... ciudad de su
juventud. Su nombre aparece citado entre los concurrentes al Taller 99 de la Universidad
Católica que fundó Nemesio Antúnez y que según Enrique Solanich fue un émulo, del de
William Stanley Hayter, inglés afincado a orillas del Sena. Ponce nace en 1938 y además
de participar en el taller fundado por Antúnez, llegará a ser discipulo del inglés en
la Academia Ranson de París. Así la describe:
"Hayter recibía estudiantes becados de todas nacionalidades, había americanos, japoneses, chilenos y también franceses. El taller era una barraca sombría trepidante de actividades, el maestro pasaba en la tarde a supervisar el trabajo, el resto del tiempo funcionaba bajo la tutela del "massier" Eugenio Tellez". A los cincuenta y cuatro años Juan Bernal evoca con precisión su biografía, llega a San José el 4 de febrero de 1974, inaugurando así esta etapa que el denomina "exilio". Es bien sabido, sin embargo, que nunca los artistas tienen tanta conciencia de si mismos como cuando se separan del medio que aman. Si bien el grabador evoca en su obra indirectamente su propia biografía y el amor a las multitudes urbanas, su centro se encuentra enclavado aún en Chile, así lo demuestran sus composiciones geométricas que recuerdan a Torres García y la acumulación piramidal de las viviendas del puerto. Aunque puede afirmarse que su constructivismo es intuitivo. El barroquismo de su obra se explica en la exhuberancia del mundo infantil del autor y la variedad de su propuesta, en la conciencia de la estratificación humana; el carácter anecdótico de su obra hoy es una virtud, no un defecto, su sensibilidad requiere de mil detalles que no se pueden apreciar como una generalidad. Poco queda hoy de lo que fue su grabado de acento surrealista en los años sesentas, pero el aguafuerte y el aguatinta aún son sus medios preferidos.
El grabado en metal en Costa Rica adquirió en la década de los setenta, una especial importancia; dicha especialidad se incluyó en el plan de estudios de la Universidad de Costa Rica y ésta se convirtió en la sede del proyecto CREAGRAF, con apoyo de la Organización de Estados Americanos. Debemos señalar, sin embargo, que paralelamente, al crearse la Escuela de Arquitectura, se concibió como formación integral y complementaria la relación con las artes plásticas, así nació un taller independiente. Mientras en Bellas Artes predominó la figura del artista Juan Luis Rodríguez, en arquitectura lo fue Juan Bernal Ponce; en lo que se refiere a grabado. Costa Rica recibió en esta misma década, gran cantidad de artistas suramericanos que se integraron a diferentes áreas del quehacer cultural, principalmente en el teatro, pues el campo era fértil y ya había sido preparado. Cuando Juan Bernal Ponce se integró a la Escuela, dominaban la institución arquitectos costarricenses cuyos nexos con el arte eran directos, Rafael (Felo) García quien en los años sesenta participó en el movimiento abstracto y Jorge Bertheau quien había sido profesor de diseño en Bellas Artes e hijo de la pintora Margarita Bertheau, quien formó una escuela de rescate de la casa de adobe, centrada alrededor de su taller en Escazú y hasta hoy una de las zonas urbanas preferidas de los artistas. Probablemente, la participación de extranjeros constituyó ante todo una experiencia enriquecedora y en el caso concreto de Juan Bernal Ponce, contribuyó a la formación de un profesional interesado en el arte. Además, no debemos olvidar que estas personas llegaron al país, a la búsqueda de una mejor alternativa, cuando los acontecimientos de la dictadura chilena obligaron a muchos intelectuales a buscar nuevos horizontes; Costa Rica recibió a muchos que hoy son uno más de los nuestros.
Técnicamente Juan Bernal Ponce parece complacerse en el dibujo, la línea es predominante en el concepto de su grabado y el ambiente cromático que complementa esta sensación, es delicado y transparente, claroscuro en ciertas circunstancias cuando así lo exige el ambiente que inspira su obra, nunca la línea deja de ser el referente visual; variedad de grosores e intensidades, pero el control de la acción del ácido sobre la plancha define sus calidades como perspectivas atmosféricas plena de transparencias. Este detalle es importante, porque en general el grabado en metal costarricense se ha caracterizado por un carácter incisivo y acentuadamente expresionista. Si bien lo grotesco y el contraste caricaturesco de los tipos humanos aflora constantemente en la obra de Juan Bernal, la poesía del espacio continúa siendo más importante y supedita a cualquier protagonista a plegarse a sus condiciones ambientales. Así, el conquistador geométrico y metálico cede ante la armonía de las piedras silenciosas del mundo precolombino y Neruda aparece ubicado en el loco ambiente de un café, como si la movilidad fuera posible sólo en la mente del hombre. Siempre he creído que para comprender a plenitud la obra de Juan Bernal Ponce, será necesario alguna vez que se publique su obra en forma de libro, quizás esta imagen debiera acompañar su estudio sobre el urbanismo y así permitirnos conocer las sensaciones complementarias. Esta naturaleza íntima que sugiere el libro, está dada además por una valoración del detalle que no es propia de lo costarricense, aunque desde mediados de los años setenta se incluyeron en los Salones Nacionales obras de tratamiento primitivista, la valoración de lo minucioso parece contrastar con la sensibilidad local; es probable que se trate en Juan Bernal de un factor cultural.
En los últimos años la actividad del artista ha sido intensa, participó por Costa Rica en la Bienal de Valparaíso dedicada al Grabado en 1991, esto como consecuencia del Certamen "Encuentro de Culturas" que patrocinó la Comisión del V Centenario ese mismo año. Su obra es parte de la exposición "Grafik aus Costa Rica" que en 1990 se inauguró en Bonn y que se mantiene como exposición itinerante, quizás esto explica que más recientemente expuso en la sede del Instituto Goethe en San José (1992); también el Museo de Arte Costarricense le envitó la exponer sus Bocetos" en el Vestíbulo del Teatro Melico Salazar - Esta febril actividad nos dice del potencial que aún resta por desarrollar el hombre, escondido en Escazú, graba intensamente, reteniendo para si lo que el tiempo destruye y celebrando lo que crea el hombre. Conquistadores, La noche triste, El dorado, son títulos sugerentes; ahora retoma la mitología de la conquista, haciendo obvio el conflicto cultural y generando relaciones espacio-simbólicas. Su reciente meditación siempre raya en lo onírico y es en el grabado donde logra sutileza en el color y una calidad cromática que lo identifica; el aguafuerte sigue siendo su lenguaje más controlado. |
Carlos Guillermo Montero é crítico de arte. Nossos agradecimentos a Alfonso Peña pela curadoria da mostra de Juan Bernal Ponce (Costa Rica) neste número de Agulha. |