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revista de cultura # 2/3 - fortaleza, são paulo - setembro de 2000 |
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¿Quién es Ferreira Gullar? José Ángel Leyva
I
En el vértigo del
día, traducido por Alma
Velasco - quien obtuvo el Premio Nacional de Traducción de Poesía 1995,
convocado por CONACULTA, Bellas Artes y el Instituto Veracruzano de
Cultura- , fue presentado en la Casa del Lago y el Palacio de Minería,
los días 14 y 15 de marzo respectivamente, de 1998. Alma Velasco es también
conocida por su voz, ya como intérprete de canciones antiguas o como
cantante de ópera. Ella cuenta cómo descubrió a este poeta tan poco leído
en México. Su pareja, el escritor Eduardo Casar, trabajaba en la revista Plural,
dirigida por Jaime Labastida, cuando éste realizó un viaje a Brasil y
regresó con un libro, en portugués, de Ferreira Gullar. Eduardo se quedó
prendado del autor, y en un arrebato pasional decomisó el volumen al
también director de Siglo XXI Editores. Fue así como ella, quien conoce
dicho idioma desde hace varios decenios, entró en el mundo de un poeta
fundamental en la literatura y en la historia brasileñas. El poeta José Vicente
Anaya, uno de los presentadores de Ferreira Gullar en Casa del Lago,
cuenta una anécdota. El gobierno brasileño le pidió a Ferreira que
representara a las letras de su país en la Feria del Libro de Frankfort,
pero éste se negó rotundamente. Ante las insistencias la resistencia era
mayor. El Ministro de Cultura lo buscó y le dijo: "Gullar, tú eres
parte de la cultura y de la historia de este pueblo y de este país, eres
un poeta que simboliza algo más que convicciones ideológicas y lucha política.
Ferreira Gullar es un poeta que ya no le pertenece sólo a José Ribamar
Ferreira, sino a los brasileños". Aceptó entonces asistir a
Francfort. Como sea, difícilmente el poeta se arrepentiría de su cambio
de decisión, pues tuvo uno de sus más recientes y deslumbrantes
encuentros. Allí conoció a la corresponsal de una revista literaria, a
una joven poeta brasileña que admiraba su persona y su obra, a la mujer
que hoy en día comparte las impresiones del viaje y los misterios de su
poesía: Claudia Ahimsa. [JAL] JAL - Pero ¿Quién es
Ferreira Gullar? FG - Es un poeta que
establece una conversación permanente con su alter ego: José Ribamar
Ferreira, nacido en Sâo Luis de Maranhâo, en 1930, y que se dedicó en
su juventud al periodismo y fue locutor en Radio Timbiras, hasta 1950,
cuando ganó un premio nacional de poesía y abandonó su pueblo natal
para afincarse en Río de Janeiro. Desde entonces, José Ribamar se
trasmuta de vez en vez en Ferreira Gullar, cuando su estado anímico y
existencial es propicio para darle cauce al surgimiento de la poesía.
Pero si Ferreira Gullar está frío, si no es capaz de escribir poemas,
deja que su lugar lo ocupe el hombre común, José Ribamar. Si éste
percibe que la temperatura sube y que es tiempo de escribir le cede paso
al poeta; así nace con frecuencia Ferreira Gullar. JAL - Qué poetas han
marcado la vida de Ferreira
JAL - Después de la
llamada revolución de 1964 comenzó tu exilió en París y Argentina. ¿Cuáles
fueron los motivos de tu salida de Brasil? FG - En 1962 comencé a
participar en la lucha política por las reformas. Hasta allí mi
actividad política era mínima, mis preocupaciones estaban centradas en
las cuestiones estéticas de vanguardia. Después de que fui uno de los
creadores del movimiento de la poesía concreta, formé parte de otro
grupo de poetas y artistas plásticos que se llamó movimiento
neoconcreto, el cual fue un intento de volver menos cerebral el arte
concreto, surgido en 1956-1957. Cuando consideré agotada
mi experiencia de vanguardia con los poemas espaciales, tuve que
reconsiderar que esos poemas no carecían de valor, pero que teóricamente
era muy limitado su alcance, sus posibilidades de extraer toda una
experiencia de vida. Di por terminada esa etapa. Coincidió con que Brasil
vivía una fase de intensidad política como consecuencia de la Revolución
Cubana. La sociedad brasileña se vio animada hacia una transformación.
Vino entonces la renuncia del presidente Jânio Quadros y la difícil toma
de posesión de Joâo Goulart, que los militares trataron de impedir. Fue
un periodo de lucha intensa y consideré que la vanguardia estaba alejada
de la realidad brasileña, de la vida real. Entré a una organización de
jóvenes intelectuales, el Centro Popular de Cultura. Poco años después
vino el golpe militar como consecuencia de esta ascensión de lucha de
masas. El Centro Popular de Cultura fue cerrado por los militares y sus
miembros fueron procesados. Teníamos un grupo teatral llamado Opinión.
Retomamos la lucha en otro nivel, buscando una manera más sutil y
defendiendo nuestras ideas. Hasta que el ejército comenzó a prohibir
nuestras presentaciones y a perseguirnos. En 1968, la dictadura se tornó
más rígida, más dura. Fui llevado a la cárcel. Cuando salí de prisión
el país había cambiado, ya no era permitido hacer ninguna crítica al régimen.
La dictadura estaba sin máscara. Desde entonces me afilié al Partido
Comunista de Brasil (PCB) y pertenecí al comité estatal. Mediante tortura fueron
descubiertas las identidades de los miembros del Partido, que de inmediato
fueron aprehendidos. La Dirección Nacional me aconsejó que me ocultara
porque sobre mí pesaba amenaza de muerte. Viví un año en la
clandestinidad. Cuando ya no tenía lugares seguros donde ocultarme porque
el cerco se iba cerrando, decidí salir del país hacia la URSS, donde duré
dos años. Allí estuve haciendo un curso en el Instituto Marxista
Leninista, en la escuela del Partido Comunista de la Unión Soviética
(PCUS), en Moscú. Como no podía permanecer demasiado tiempo allá porque
los partidos tenían un numero determinado de becas para sus miembros,
tuve que salir. Era imposible regresar a mi país, así que me fui a
Santiago de Chile durante el gobierno de Salvador Allende. Chile estaba ya
sumido en un caos. El transporte generaba una crisis de abasto, la derecha intensificaba los atentados, la crisis económica iba en ascenso. En septiembre fue el golpe militar. Muchos compañeros y amigos buscaron protección en las embajadas. Yo no quise salir de mi apartamento, pues significaba regresar de nuevo a Europa y me sentía ya muy cerca de mi patria. Dos veces la policía invadió mi casa. Tenía una credencial de periodista que mis amigos chilenos me consiguieron con las dos sociedades de periodistas más importantes de allí. Opté por trabajar para uno de los medios de la derecha. Los compañeros no entendían mi decisión, pero yo sabía que era una acción muy sana. Cuando la policía llegó a mi casa intentaron aprehenderme, pero yo me identifiqué con mi credencial. No me creyeron, sólo era un comunista brasileño, un terrorista que se había infiltrado en Chile para alterar la paz. Insistí en que estaba registrado por la Sociedad de Periodistas de Chile. Telefonearon a la sede y les respondieron que el documento era legítimo, que en efecto estaba registrado en dicha organización. Uno de los oficiales me dijo: "usted sabe que no tiene derecho a pertenecer a la Sociedad, es usted muy vivo, pero ya veremos más adelante". JAL - ¿Conociste a
Luis Carlos Prestes, El Caballero de la Esperanza, como se le llamaba en
tu país? FG - Sí, lo conocí en
Brasil, y luego, cuando él vivía en Moscú, frecuentaba su casa. Era una
persona muy gentil, muy delicada en su trato personal. Durante ese periodo
estuvimos muy próximos el uno del otro. Después, cuando terminó la
dictadura, él regresó al país. Yo ya me encontraba en Brasil. La
dirección del Partido Comunista tomó una decisión distinta a la posición
que Prestes defendía, pues el partido entendió que era necesaria una
actitud más flexible a la anterior de la dictadura. Prestes insistía en
la necesidad de hacerla más rígida y se rebeló contra la dirección
ejecutiva del PCB. Así rompió con el Partido. Cuando fui a verlo me
preguntó de qué lado estaba. Le respondí que le daba la razón al
Partido. No concordamos y él me retiró su amistad. Lamenté mucho que a
partir de ese momento Prestes me haya considerado su enemigo. Prestes es
un héroe del pueblo brasileño, un hombre que cometió muchos errores,
pero nada de eso disminuye el valor de una vida dedicada en cuerpo y alma
a un ideal de transformación de la sociedad. Para mí continúa siendo
una de las figuras centrales de la historia de mi país. FG - Yo entré al partido por las Ligas Japonesas creadas por Francisco Juliâo, con quien trabé una buena amistad. En aquel tiempo yo era un intelectual, un poeta que había llegado a las últimas consecuencias de sus experiencias de vanguardia y no tenía muy clara la situación política, no tenía una formación ideológica ni política. Recuerdo que Juliâo me dijo una vez, Ferreira, tenemos 300 mil hombres organizados para levantarse en armas, ¿qué opinas de incorporarte a nuestra fuerza? Le respondí, "cuente conmigo". Luego me di cuenta de que las ligas japonesas no tenían más que 30 hombres. Se trataba de un sueño que los multiplicaba por miles. El también estuvo exiliado en México, como la hija de Prestes. JAL - ¿Cómo vive el
poeta Ferreira la actualidad, después del derrumbe de la URSS?¿Qué le
queda de esa experiencia de lucha y esos años de sacrificar la vida por
un sueño, por una utopía que terminó en un desastre histórico? FG - Es imposible negar que el socialismo real terminó en fracaso. Esto no significa que el capitalismo tenga la razón, no significa que la sociedad deba continuar por el camino de la injusticia porque se falló en el intento de cambiar las cosas favorablemente. Quienes luchamos decididamente por ese sueño nos seguimos preguntando por qué fracasó, qué razones o causas lo llevaron por un camino equivocado. No voy a hacer aquí una teorización del asunto, pues se supone que un poeta debe optar por lo sintético. Creo que el capitalismo es una cosa de la naturaleza: creativo, dinámico, vital y excluido de cualquier sentido moral. Es como un aguacero, una tempestad que arrasa con miles o millones de seres vivos de manera indiscriminada. Después del desastre la tierra comienza a florecer de nuevo, a ser habitada por los animales que han sobrevivido al acontecimiento. La cuestión es cómo encauzar esa energía vital impidiendo la injusticia, la desigualdad. Cómo hacer que la riqueza se produzca con la misma intensidad pero con equidad y justicia, sin limitar la libertad de los individuos, sin atacar sus diferencias. JAL - ¿Pero qué le
queda al poeta después de esa batalla perdida? FG - El sentido de
justicia es un sentimiento inmortal, jamás las personas aceptarán una
sociedad basada en la injusticia. Me queda eso, la esperanza de la rebeldía
contra la injusticia. II Es indudable que la
literatura de lengua portuguesa adquiere una mayor presencia en nuestro
medio, no obstante que los narradores sean, con mucho, menos ignorados que
los poetas. Jorge Amado, Joâo Guimarâes Rosa o José Saramago serán las
luminarias dentro de una cultura donde leer poesía implica mayores
esfuerzos, y Fernando Pessoa, Manuel Bandeira, Carlos Drummond de Andrade,
Joâo Crabral de Melo o Ferreira Gullar serán extrañas referencias de
personajes, de quienes se ha escuchado hablar poco y leído menos. Los
esfuerzos, de cualquier manera, son más visibles y los especialistas
crecen. Recientemente la revista Alforja de poesía publicó un
adelanto de los poemas traducidos por Alma Velasco y que conforman el
libro En el vértigo del día, de Ferreira Gullar, que publica
Aldus. Ya antes esa casa editorial había sacado a la luz una antología
de poesía brasileña, Más que carnaval, traducida y comentada por
el poeta mexicano, Miguel Angel Flores. La UNAM también puso en circulación
otra antología de poesía portuguesa coordinada y traducida por Eduardo
Langagne. Francisco Cervantes es el otro especialista en la materia, además
de poeta y traductor que mira sobre todo hacia tierras lusitanas.
Ediciones sin nombre anuncia, por su parte, la publicación de autores
como Antonio Ramos Sosa, Eugenio de Andrade y Sofía Melo Briner, en su
colección El arca de Babel. Mientras tanto, aquí seguimos preguntando al poeta brasileño Ferreira Gullar acerca de su identidad. JAL - Desde tu primer
soneto titulado El trabajo hasta las obras actuales qué permanece
y qué ha desaparecido en tu obra, en tu vida. FG - Cuando yo escribí ese soneto era un adolescente medio cretino que no sabía lo que estaba haciendo. Escribí ese texto porque mi profesora pidió a los alumnos que hiciéramos un poema al Día del Trabajo. La profesora de portugués, de gramática, me dio un nueve, la más alta calificación de la clase. No me dio el diez porque había errores gramaticales, pero mi idea le resultó muy original pues resalta el hecho de que en ese día nadie trabaja. Quedé muy contento porque vislumbré la posibilidad de convertirme en escritor y no seguir la ruta de mi padre, el comercio. Durante dos años leí libros de gramática tratando de subsanar mi deficiencia. Recuerdo que vi una foto de Vinicius de Moraes tocando la guitarra y pensé, eso es lo que yo deseo hacer, algo alegre y no un trabajo que torne la vida en algo pesado. Deseaba huir del esclavismo del trabajo. No sabía nada de la vida, pero tuve la suerte de que el periodiquito de la escuela me publicara el soneto que revelaba mi poca atracción por los asuntos laborales. JAL - ¿Consideras que
en tu ejercicio de escritor la ética ha estado supeditada a la estética
o a la inversa? FG - No vivo pensando en los problemas éticos, pero procuro comportarme de la mejor manera en la vida, no hacer nada que mi conciencia no apruebe. En 1950, cuando yo era locutor en mi ciudad natal, se desarrollaban las elecciones para presidente de la república. No sabía nada de política. Fui a trabajar en la noche, después de que había tenido lugar un tiroteo en la ciudad contra los manifestantes de oposición. En la refriega murió un obrero. Me pasaron una nota para que la leyera. Decía que los comunistas habían asesinado al manifestante, no la policía, como en realidad ocurrió. Hice la nota a un lado y continué con mi programación musical alternada con los comerciales. El director de la estación de radio me hizo una señal para que leyera el mensaje. Respondí que en un momento lo haría y continué con la música. Al rato volvió a insistir y con gestos asentí que ya la leería. Nada de eso hice. Cuando salí del estudio me llamó a su oficina y me reprendió por haber desobedecido sus órdenes. Me preguntó por qué no había cumplido la orden. Le dije que yo no leía mentiras. Insistió en que era mi obligación como empleado y que a mí no me importaba lo que el gobierno dijera, pero le contesté que mi trabajo no consistía en ser cómplice de mentiras. Obviamente me despidió. Asumí el hecho.
FG - Una cosa no tiene que
ver con la otra. Pessoa es un gran poeta independientemente de sus
posiciones políticas, de que se le pueda considerar no progresista o
reaccionario en este sentido. Naturalmente, cuando yo me encontraba
inmerso en la lucha política, ciertos poemas que evidenciaban una posición
retrógrada no dejaban de ser excelentes en sus calidad literaria, pero me
desagradaban dichos poemas, prefería hacerlos a un lado y quedarme con la
otra parte de la obra en donde esa tendencia no se hacía presente. Otro
ejemplo es Borges. Cuando viví el exilio en Buenos Aires, él asumió una
posición en favor de la dictadura, aun cuando después reconsideró su
actitud de apoyo y dijo no haberse dado cuenta de la magnitud de ese
desastre, de la crueldad de ese episodio. Borges es para mí uno de los
poetas más grandes, mejor incluso que como prosista. Lamenté que él
estuviera del lado de un sistema sanguinario, pero su obra me seguía
deslumbrando, apasionando. FG - Fui amigo de todos ellos, especialmente de Vinicius de Moraes cuando vivió y visitó Buenos Aires. Pienso que una canción no es un poema, como un dibujo no es un grabado, son lenguajes distintos, tienen propósitos diferentes. La canción requiere de la música para estar completa, el poema no. Son distintas banalidades. Si alguien musicaliza un poema y resulta bien, sólo le está prestando una nueva claridad al texto, pero el poema está completo, no requiere más atributos, tampoco los niega. La poesía nace de un lenguaje banal, del habla de la calle, de los motivos del hombre común, de las cosas aparentemente baladíes. Pero el reto es hacer de ellas y con ellas sucesos extraordinarios. "Los plátanos podridos" es un poema que nace justamente de la observación de un hecho banal. La descomposición que se apodera de ese fruto me recuerda un proceso químico que tiene lugar en la muerte de los animales y los hombres, en la desaparición o transformación de las cosas. Era este campo en el que deseaba desarrollar mi poesía. JAL - El fin de las
vanguardias devela un panorama un tanto desolador para los jóvenes que
anhelan una causa para iniciar movimientos de ruptura, para ondear
manifiestos. ¿Qué opinas de dicha afirmación? FG - Es cierto, la vanguardia es un fenómeno del siglo XX. Es la búsqueda de lo nuevo por lo nuevo, bajo una visión evolucionista del arte y de la literatura. Los vanguardistas piensan en formas superiores en contraposición con formas inferiores: lo nuevo siempre superior al pasado. Pero el arte no evoluciona, cambia. Lo de hoy no es ni mejor ni peor que el arte del pasado, simplemente es distinto. Al cambiar la sociedad cambian los contenidos y las formas del arte contemporáneo; son otros respecto del pasado. Las vanguardias, con su visión evolucionista, suponen que es necesario que un movimiento estético vaya siempre adelante de otro al que se le niega paso hacia el presente. En cambio, Virgilio tiene el orgullo de decir que su obra nace de Homero, Dante elige a su maestro Virgilio para recorrer los círculos del Infierno y del Purgatorio. Pero hoy todos los poetas son inventores de la poesía, creadores del arte, es a partir de ellos que nace la obra, no reconocen el pasado. JAL - ¿Ferreira, el
poeta, se juega la vida por la poesía? FG - Yo creo que todos los artistas se comprometen a ese grado con el arte. Cuando me inicié en la pintura estaba convencido de que ese era mi destino, pero luego me encaminé hacia la poesía y cambié de opinión. Aun cuando no abandoné las artes plásticas, pues las sigo cultivando a través de las letras, de la crítica de arte, e incluso pinto y dibujo, reconozco que no poseo la calidad necesaria para la obra de arte. Sé muy bien que mi entrega no es total, que mi vida no se va en la pintura. Cuando veo los cuadros de los auténticos pintores descubro la diferencia. Para transfigurar el lenguaje es necesario redimensionar, recrear la vida. JAL - ¿Puede ser
peligrosa la poesía? FG - La poesía me ayudó
a enfrentar problemas, me ayudó a vivir. Sin ella, no sé lo que sería
de mí. En mi larga experiencia en la lucha política puedo afirmar que la
poesía sostiene la capacidad de indignarse y al mismo tiempo de hacernos
dignos, de mantener la dignidad del ser humano. En ese sentido la poesía
es peligrosa para los poderosos, pero en la inmediatez de la sociedad no. Para que el poema nazca es preciso que sea en cualquier momento fundamental, insustituible. Yo vivo el poema como un viaje, en el sentido que le dan quienes se drogan, pues para mí es una especie de delirio. Hacer el poema es una experiencia excepcional de vida, como el amor, como las cosas extraordinarias de nuestras existencias. El poema es esencial en la vida del poeta, no sólo para la preparación de la obra literaria, para la elaboración del siguiente libro. De mi parte yo no planeo nada, yo voy haciendo el poema mientras vivo. Sé que hay una lógica subyacente, pues publico mis poemas en el orden cronológico en que fueron compuestos. Es como una permanente reflexión, no filosófica, sobre la vida, como una indagación explícita, que está en el poema, que indaga permanentemente la vida, que la descubre y la formula a la vez. Tal vez por eso escriba yo tan poco. No se trata de hacer sólo un poema más. Si nada nuevo nos revela, si no hay algo distinto que nos surja, entonces yo no veo la necesidad de escribir, de mi parte, abandono el intento de escribir el poema. No pretendo decir con ello que lo que nazca con esas virtudes debe ser una genialidad. Hablo de mis necesidades, de las condiciones que yo distingo para que pueda tener lugar el alumbramiento del poema. Es la vida, el ejercicio de la banalidad. Antes que del cielo, la poesía es de la tierra. Su luz nace de abajo, no desciende del cielo. Cuando yo la veo entonces intento transmitirla a los demás, pretendo recogerla y compartirla. |
José Ángel Leyva (México, 1958). Poeta, narrador e editor. Contato: jangel_leyva@yahoo.com. Página ilustrada com obras do artista Cruzeiro Seixas (Portugal). |