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revista de cultura # 2/3 - fortaleza, são paulo - setembro de 2000 |
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José Lezama Lima: en fragmentos a su íman Ricardo Alberto Pérez
Leer nuevamente a Lezama
no escapa de ser un gesto signado por esta dialéctica dentro de la cual
las poéticas fluyen, y se aposentan.
Lezama es una superficie
con legitimidad planetaria; como todo planeta es acompañado de una
costra, o escama que dificulta el encuentro con la verdadera sustancia de
su centro. En especial su poesía cuenta con una coraza metálica; entre
esa coraza y el centro, estan los entrepisos que configuran anillos
barrocos. Es una sustancia extraída de la sobreabundancia, cópula entre
el concepto y la imagen. Escribir sobre Lezama no
representa para mí la pretensión de aclarar sus intenciones como poeta,
sino un punto de referencia para aclarar las mías; por eso motivo estas
reflexiones estaran siempre quebradas por rompimientos abruptos. Entre los pocos
contemporaneos de Lezama a disposición de mi generación literaria, uno
de ellos nos contó una tarde de mesa redonda en la biblioteca nacional: "Lezama, raras veces era sorprendido por la
tristeza, cuando sus ojos se humedecían, todos comprendíamos que iba a
comenzar a hablar de José Martí". Es posible que el Barroco
Lezamiano sea de algún modo una expansión epistémica de la profundeza
intelectual de Martí, y sobre todo un reaplanteamiento lúdico de la
densidad martiana a partir de las exigencias de un relato meta-moderno; en
el poema Desembarco al mediodia, de Fragmentos a su iman,
encontramos estos versos:
Esta es la noche octosilábica Las sílabas se alzan en dos patas, Martí muere entre los dos ríos que retornan a
Lezama, sobre un caballo, tratando de avanzar hacia una fruta abstracta,
que en su imaginario era representada como la patria; de ahí proviene la
visión de que la obra de Lezama representa el diseño consciente de un
trecho de fundación.
Escritura que origina pliegues sobre pliegues, para
una dilatación del lenguaje que en su legitimidad de cápsula encierra
dentro de sí el signo que dejó rotulado para el futuro de nuestra
escritura, todo un espacio de experimentación. Lectura zurda, intento de comprender a Lezama a
partir de su ultimo libro de poemas (Fragmentos a su iman), publicado en
mil novecientos setenta y seis; es un libro al cual me acerco en momentos
que experimento visitaciones de la muerte, sus poemas disuelven esa
angustia como oraciones del sentido, la escritura que los componen,
anuncia rupturas y preserva una relación esencial con el cuerpo del
sistema lezamiano; el propio poeta se refiere a la relación de los
conjuntos con el centro:
Todas las escamas van hacia la escama.
Este libro es otra pieza que sutura la idea , de que
Lezama es una especie de límite en nuestra capacidad de producir
ficciones. El era lento y asmático, obsecionado por los dulces de
chocolate, y el quimbombo con cerdo; más sus mentes (poética y prosaica)
fueron en extremo veloces. Es en esas velocidades ontológicas que
transcurren los poemas-batallas; el ejercito del remolino ante el ejercito
del sosiego. Ellos muestran una cosmogonía que ofrece a esta escritura
legitimidad en los significados, los elementos se organizan desde el próprio
caos de su irrupción espontanea: La noche era un reloj no para el tiempo Sostenidos por un hilo metáfisico, una clave
secreta, un entrepiso barroco, los poemas muestran ahora composiciones más
calmas, que han logrado distanciarse de aquellas colisiones violentas que
provoca la contradicción alma vs cuerpo. En Lezama la presencia del
cuerpo originó un universo antagónico, teniendo como trama la
desproporción entre el deseo del cuerpo y las ofertas de la realidad;
trama que genera un desencuentro, una fluctuación perversa en la metáfora;
relación que describe con nitidez Deleuze en el Pliegue: ''Debo tener un
cuerpo porque hay algo oscuro en mí... el espiritu es oscuro, el fondo
del espiritu es sombrío, y esa naturaleza sombría es la que explica y
exige un cuerpo". Ya en Fragmentos a su iman, sospecho, que Lezama
había conseguido erguir su escritura por encima de esa batalla; y el
barroco fruto de la contradicción se había transferido hacia el barroco
hijo del concepto aspectado por la acción de la temperanza, estos poemas
son piezas filosóficas, bellas estructuras donde las metáforas se
interrelacionan a través de la magia formadora del lenguaje; diría que
ellos, casi en su totalidad, cumplen para la poesía, aquella máxima que
Fernando Botero reclamaba para la pintura: Es necesario un sentido especial en la composición
de un cuadro.
"Estoy en la primera
esquina de la mañana": Escribía en el primer verso del poema Estoy,
y era a la mañana que el gordo de Trocadero robaba energías, con el
estambre de la mañana iba tejiendo sus travesuras poéticas, definiendo
el don de la contemplación, que es una de las cualidades más
sobresalientes en Fragmentos a su iman, la cual alcanza un momento cumbre
en: Nuevo encuentro con Victor Manuel: Ligero y grave
como la respiración, Conjugación de lucidez y dialéctica con una alta
elaboración de la metáfora, el texto es una prueba más, de su capacidad
de desentrañar los eventos que acontecían ante su mirada, develando
claves propias de los procesos culturales. Por otro lado el barroco marítimo de su obra
anterior, en Fragmentos a su iman se disuelve en un barroco mas antropológico;
una escritura que acepta y canta zonas oscuras del ser, que llega a una
relación de intercambio con valores de la escatología. La visión es ya
menos doctrinaria; alguna decepción parece estar influyendo en la poética
que rige este libro; detrás del escenario poético parece reposar una fe
rota, la era imaginaria desligada otra vez de su imaginario: aquel Martí,
que entristecía por su onda de grandeza volvía a perder una supuesta
encarnación en la realidad, que ya había ganado a través de un relámpago
de la historia (el triunfo de la revolución). El desencuentro es aprendizaje, un hecho que
desconstruye cualquier estructura fundada en la teología,coloca al poeta
en la pose de un niño violento y sabio,que una vez más emprende el
camino:
Aquí llegamos, aquí no veníamos, En Fragmentos a su iman se descubre con facilidad
que Lezama no era un mallarmeano puro, el tenía extraños puntos de
contactos con la historia; a veces también inflaba la superficie de la
realidad com la mezcla del mundo de la elite y una actividad escatológica
(como habiamos referido anteriormente). En el poema ANTONIO Y CLEOPATRA,
se desenvuelve una trama donde predomina un exhibicionismo cultural, mas,
paradójicamente la trama se resuelve en un verso de excresión: Vean la cochinilla caminando la lechuga.
La unidad del ser, debatida entre la naturaleza del
sueño, y la naturaleza de la realidad, entre la noche, y la expansión
solar, era angustia y reflexión que una y otra vez invadían los versos
del quelonio pensante, escondiendo sus huevos incubados en la arena del
lenguaje:
Abrir los ojos es romperse por el centro.
Romperse por el centro, es de hecho perder el centro
como opción, asistir a la disolución de la gruta teológica, poder
ascender a la plenitud lúdica en la aceptación poética del fragmento. Y
hasta la noche magnífica que dona transparencia al ejercicio del
pensamiento esta compuesta de fragmentos, de imanes misteriosos que animan
el aliento prematuro de la ficción: La noche nos agarra un pie, La relación con los elementos es satifactoria,ellos
dan clareza, participan en la constitución de una imagen definidora y
convincente; Lezama tiene manía de un presocrático tardío, que danza en
la pureza de las sustancias: La luz es el
primer animal visible de lo invisible. En el poema DOS FAMILIAS,
se amplía su ya persistente noción del espacio americano a través de
una historia de enredos familiares se desborda la admiración barroca por
aquel hijo de negra esclava y arqitecto portugués, que marca la ciudad de
OURO PRETO (en Minas Gerais), con sus apariciones y desapariciones,en cima
de un mulo de relámpagos nocturnos. Aleijadinho deslumbra y brinca como
un artista de circo bajo la anecdota, donde Lezama con profundo respeto le
inaugura un homenaje: Fue al Brasil, Allí se casó com una brasileña, Sangre de américano, criollo que degustaba la
gravedad de la ceniza de su tabaco, añorando más musculos, capas,
recodos para los relatos de un hombre desmesurado, con noción del fuego
por causa de la juventud, y de la tierra por su tradición ritual, el
hombre américano.
Un Sade, que imagino no estubo muy lejos del joven
Lezama, y mucho menos del Lezama maduro, que tenía una mirada ontológica
tan amoral como el libertino de las Ciento y Veinte Jornadas de Sodoma:
que cantidad del elemento químico SADE, se comprimió dentro de Lezama en
el devenir de los años, eso no lo conoceremos nunca con exactitud; su
lenguaje prodigioso y barroco supo ocultar desde la maestría, semejante
respuesta.Lo que no le interesó a Lezama fue ocultar, en la última face
de su poesía los valores de la libertad que encontraron morada en el
ideario del Marquez.Un profundo sentido erótico marca algunos de los
poemas: El árbol y el falo El intercambio erótico como un expresión natural
del ciclo de la vida,el falo alcanzando la naturaleza del árbol,recuperando
la seducción en la armonía: Los dos cuerpos desaparecen El erotismo en la experiencia de la soledad tambien
tiene un momento protagónico, durante el texto Pañuelo y serpiente:
Empecé a golpear el pañuelo Hay una sintesis,una exaltación del momento erótico
de la autocomplacencia; personajes de su prosa, como es el caso específico
de Licario, pueden ser el protagonista secreto de la trama que se
desenvuelve entre el roce del pañuelo y la serpiente. El sentido erótico, en
Lezama, supera los límites de la seducción sexual para transferirse en
una relación de sus sentidos con el mundo: La universalidad
del roce, Y todo es gozado en una
clave , la de la antropología como expresión poética, en un espacio que
parece fundado desde la época de aquella fauna anterior a la cultura. No quería concluir sín
mencionar la eficacia del bello poema titulado María Zambrano, pieza
maestra, visitación y fiesta donde la pensadora, y mujer extraordinaria
es tan real al momento en que uno la descubre en su prosa brillante, entre
uno y otro "Claro del bosque": espacio donde Lezama aprendió a
colocar su imagen deslumbrante, metáfora dictada por el instinto de un
personaje anónimo de la Habana: Tiene los gatos frígidos Abrazos de espiritus rizomáticos, y rupturas teológicas marcan este libro, digamos que el se constituyó en una forma del paisaje, tan cubana y simbólica, como la propia muerte de José Martí. |
Ricardo Alberto Pérez. Poeta e ensaísta. Contato: rperez@st.com.br. Página ilustrada com obras do artista Cruzeiro Seixas (Portugal). |