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revista de cultura # 32 - fortaleza, são paulo - janeiro de 2003 |
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Los poemas-objeto de Franklin Fernández: dos visiones críticas Carlos Yusti y Ramón Hernández
Carlos Yusti El poema-objeto
trata de encontrar una imagen que se puede leer desde la creatividad sensible. El lector
visual del poema-objeto es un creador activo, su lectura (o su manera de mirar) no sólo
se limita a encontrar la belleza simbólica y metafórica del objeto intervenido, sino que
a su vez participa con su sensibilidad al darle una lectura inusitada a dicho objeto; el
cual, por otra parte, pierde sus contornos reales y cotidianos para devenir en una
propuesta estética renovada, en un mensaje que desarticula el discurso. Expresar una
poética con instrumentos distintos de las palabras, propone una lectura del mundo
cotidiano que nos rodea. El espectador crea a su vez el objeto desde su lectura personal,
le da nuevos significados y la poesia adquiere de igual modo una plataforma expresiva
inusual.
Algunos poemas-objeto de André Bretón, combinaban palabras y objetos en una simbiosis más o menos armónica. Sin tanta parafernalia retórica Octavio Paz, lo definió como una criatura anfibia que vive entre dos elementos a saber: el signo y la imagen. Con el poeta catalán Joan Brossa, el poema objeto se fue decantando. Adquirió visos de simplificada estructura. Franklin Fernández retoma desde la pasión el poema-objeto, busca nuevos derroteros y lo concibe desde una óptica constructivista a saltos entre la escultura y los objetos esculturas propuestos por Marcel Duchamp. Este poeta, pintor y escritor lo define así: "El poema-objeto (aquello que se podría escribir, pero por suerte no todo hay que decirlo con palabras), nos dice algo. Posee sentido y significación. Es un lenguaje: emite poesia. Son esculturas moldeadas, apenas modificadas. Mitad escritura, mitad pintura. Mitad escultura, mitad imagen: una especie de centauro mitológico y, a la vez, moderno. El poema-objeto o poema-corpóreo, incorpora una serie de elementos ajenos a los cánones de la poesia tradicional y propios de otras formas de expresión. No se limita solo a lo verbal y, en este sentido, representa una ruptura, un desafío que provoca alteraciones cruciales en los códigos de emisión y recepción del poema. Se caracteriza por su necesaria independencia de la palabra tanto como su lucha por trascenderla." Los poemas-objetos de Franklin Fernández arañan lo estético sin prurito alguno y en cada uno de ellos visualizamos/leemos el ritual del artesano. Sus poemas-objetos son exploraciones simbióticas de gran exquisitez, son tratamientos anárquicos del ensamblaje. Para explicarlo de alguna manera, participan del síndrome Frankestein; es decir que utiliza objetos comunes que se van acomodando a otros objetos, especie de injertos, y van creando una estructura discordante como si se tratara de un rompecabezas. El resultado es un objeto extravagante, nuevo y cuya característica primordial es su sentido antiutilitario. Lo peculiar de estos objetos es lo que enuncian, lo que trasmiten al espectador. Su combinación abrupta encierra una metáfora, comprende un sin número de significados que pueden leerse de muchas maneras posibles. ¿Y este no es también el secreto del poema?, que tiene tanto significados posibles como lectores tiene. En estos poemas es significativo lo lúdico, el puzzle como esencia plástica. Un juego que trata de reordenar el objeto, que intenta reorientar la imagen que se tiene de dicho objeto, para presentarlo desde una perspectiva inusitada e incluso sublevada. Johan Huizinga escribió: "Lo que el lenguaje poético hace con las imágenes es juego. Las ordena en series estilizadas, encierra un secreto en ellas, de suerte que cada imagen ofrece, jugando, una respuesta a un enigma". Franklin explora los objetos y los combina tratando de examinar todas las posibilidades plásticas o como el mismo lo ha escrito: "La yuxtaposición de elementos contrapuestos ensancha nuestro concepto de poesía. Nos brinda, en última instancia, esa otra visión poética de las cosas". Así mismo poseen estos poemas-objetos de Franklin un humor sutil, una ironía barajada con sentenciosa sensibilidad.
La combinación de objetos disímiles es lo que más llama mi intención en esta poesía objetual. Este ensamblaje quimérico, y en muchos casos desbordado de creatividad delirante, me parece un trabajo límite, borde, y, que induce a su creador en sus roles de pintor / escritor a combinarse también, a yuxtaponerse y así ensayar desde la palabra y desde el objeto una estética que coloca al espectador / lector del lado del asombro. Franklin en su poesía escrita (con sus palabras, puntos, comas y ritmos) de igual forma busca violentar el lenguaje, darle un viraje vehemente a las palabras y en las que muchas veces, agrandadas al máximo, pierden su sentido literario para devenir en un objeto estampado en el papel. El mundo actual pertenece a la imagen. Estamos rodeados por infinidad de imágenes las cuales nos bombardean de trivialidades y donde lo sexual parece subrayar cualquier postulado publicitario o cultural. Estos poemas se replantean la imagen desde una noción ética y estética menos trillada. Una imagen que no descarta la visión atroz del mundo, pero que destaca lo metafórico como el elemento comunicacional sin concesiones. Lo poético en función de ofrecer un puente sólido con la belleza de la imagen y de los objetos más allá de las palabras, más acá del silencio que palpita en los objetos. Los poemas-objetos son caricaturas tanto de la poesía como del objeto, no obstante esta caricatura posee un ritmo, una modulación especial, una música callada. Poseen una metáfora que no necesita palabras. Los objetos hablan en silencio y escuchan eso que no escribimos ni hablamos. 2 FRANKLIN FERNÁNDEZ: PALPAR LA POESÍA HASTA EL CANSANCIO (entrevista) Ramón Hernández RH - "Mi voz se agrega a todo y se apega a todo, como la voz de las cosas que no tienen voz, y las cosas me hablan". FF - Me gusta mucho contemplar las cosas. Respirarlas, palparlas y hablar con ellas; porque las cosas hablan, te contestan, te dicen algo... yo he leído unos cuántos libros de poesía. Muchos de ellos no me dicen nada. A veces pienso que los diccionarios, son verdaderos libros de poemas. Mira, la poesía venezolana es muy buena, pero le falta algo. Está falta de libertad. Siempre he creído que la imagen es el alma de la poesía, la esencia del poema. No la palabra. Una hoja en blanco lo confirma. Un silencio unánime. Siento una gran admiración por la obra de Juan Calzadilla y Ramón Ordaz, quienes se han atrevido a transgredir los límites impuestos. RH - ¿A qué límites te refieres? FF - A los de la literatura plana. La poesía va más allá de las palabras. Más allá de los libros. La escritura es fundamental para expresarla, pero no es el único medio. La escritura es un vehículo. La plástica otro. Soy poeta. Entonces, si no me sale por ese lado, lo busco por el otro. Me refiero a que muchas veces un poema, si no lo puedes escribir; tienes que darle la vuelta. Girar la llave. Dibujarlo, por ejemplo; como lo hace Juan Calzadilla. O pintarlo, como lo hacia Magritte con sus pinturas. No me lo impongo. Es un cambio de código simplemente. La poesía es un acto de creación. Transformación y transmutación de signos. Ya Brossa lo decía: "La poesía es un transformismo, el arte una metamorfosis". El poema no exige nada, es simplemente lo que es. Escribir y describir son dos cosas distintas. La metáfora es indispensable. Esa necesidad por expresar un poema, sea cual sea el medio utilizado, está siempre latente... RH - Pero en muchos de tus poemas, como en este caso, no has abandonado la palabra.
RH - Además de Juan Calzadilla y Ramón Ordaz ¿qué otros poetas venezolanos han influenciado tu obra?. FF - Te soy sincero. A mí me han influenciado más poetas extranjeros que venezolanos. Claro, comencé a leer poesía venezolana hace 4 o 5 años aproximadamente. Fue lo primero. Participé, por suerte, en el taller de poesía del C.E.L.A.R.G. Allí comencé a ampliar mi panorama. Pero te repito, había una falta de algo, un no sé qué. Luego, en ese mismo taller, vino la poesía extranjera. Incluso encuentros personales con poetas venezolanos y extranjeros de la talla de Eugenio Montejo, Luis Enrique Pérez Oramas, Pedro Lastra, Oscar Hahn, Darío Jaramillo Agudelo y otros tantos. Debo agregar, que también han sido fundamentales mis experiencias con artistas plásticos. En la universidad fui asistente de Victor Hugo Irazabal, en un taller extraordinario que llevaba por título "La palabra como textura". Victor me ayudó a ampliar mis conocimientos. Por otra parte, descubrir por mi cuenta la poesía experimental latinoamericana, fue primordial para mi trabajo. Aunque no es lo nuestro, también este tipo de poesía es necesaria. Es una ruptura. La poesía tiene que ser siempre una ruptura, porque sino todo poeta se repite. La lectura de los poemas de Rafael Cadenas me estremecieron. La excelente "Antología" editada por Monte Avila, "Realidad y literatura" y "Anotaciones". Para mí, Cadenas es principalmente un pensador. Por otro lado, está la obra de Julio Miranda. De éste último me conmovió mucho un librito de él llamado "Anotaciones de otoño". En este poemario expresa un amor y una humildad casi palpables, incluso hasta visual. De hecho, comienza con minúsculas la primera palabra de cada poema. Además de "El poeta invisible", un libro experimental excepcional y fundamental para nosotros. RH - ¿Y más allá de nuestras fronteras?. FF - Los padres del poema-objeto. Aquellos que se han atrevido a materializar el verbo, la palabra. André Bretón, Jiri Kolar y Joan Brossa. Brossa, fundamentalmente. Recientemente Gloria Bordons (amiga y ensayista de Brossa) con quién me escribo casi a diario, me respondió en uno de sus e-mails una inquietud mía con respecto a mis poemas-objetos y a mis similitudes con los objetos de Brossa. Ella me contestó lo siguiente: "Trabaja, trabaja, siempre hay un resquicio para la originalidad en este mundo de los objetos. Y las similitudes, cuando se trabaja con el mismo espíritu, son lógicas". En Latinoamérica, el chileno Nicanor Parra ha sido uno de los poetas primordiales, uno de los grandes creadores del género. Tres veces postulado al Nobel. Sus "Artefactos Visuales" no son más que un conjunto de poemas corpóreos, poesía en tercera dimensión. Objetos y palabras parlantes, engendros verbales que se funden bajo el sentido unánime de la poesía. Por otro lado, están los argentinos Antonio Porchia y Roberto Juarroz; por su percepción poliédrica y caleidoscópica de la realidad. Buscarle el revés a las cosas. El otro lado. No en vano, otro de mis textos breve dice: El revés, no es el inverso, es lo real. RH - ¿Crees que ha existido o existe una poesía de vanguardia en Venezuela? FF - No lo sé. Si de poesía experimental se trata, creo que ha existido un pequeño grupo de poetas. Sé que tuvimos a Dámaso Ogáz y Andrés Athilano, aunque no he profundizado mucho en sus obras por falta de documentación. Más recientemente Juan Calzadilla y Ramón Ordaz. Ahora, desde un punto de vista literario, Victor Valera Mora. Actualmente me gusta mucho la obra de Alfredo Herrera Salas. Es una excepción para mí. Una ruptura con lo cotidiano. Algo diferente. Su voz, su poderosa voz, cada vez que la escucho me conmueve.
RH - Háblanos un poco de tus poemas-objetos ¿Cómo nace la necesidad de buscarle una dimensión al poema?. FF - Ya te lo dije. Creo que a la poesía venezolana le hace falta algo. Hay un hueco hondo que hay que llenar. Me encantan los encuentros fortuitos. Acercar realidades distantes. Yo no busqué la poesía, ella ya estaba en mí. Ya he dicho que el poema-objeto es una especie de centauro: la unión del arte visual y el arte verbal. El resto lo hace la imagen. Dos objetos opuestos no se repelen, sino que se abrazan. ¡El trueque perfecto!. Dos elementos reales crean el imaginado. Creo que ese es el encuentro más hermoso que ha existido entre el arte y la poesía. RH - El humor y el amor están muy presentes en muchas de tus obras. Como por ejemplo, en una obra titulada Chupón (1998). Un chupón al que se le ha sustituido la mamila por un anzuelo. Objeto que al contemplarlo, casi duele en la boca... FF - Es una realidad ¿no?. El dolor, el humor y el amor son las grandes tentativas de nuestras vidas. Tanto hay amor, hay más dolor. Tanto hay humor, hay más llanto. ¿Quién comprende?. RH - ¿Cuál es tu definición de la poesía? FF - Aquello que limita con la eternidad. RH - ¿Y de poema? FF - Con respecto a esta pregunta, Alfredo Herrera Salas tiene en uno de sus poemas, una línea muy bella que dice: "Mi poema es una piedra que metí en tu casa". Entonces el poema es una piedra, como también puede ser un lápiz o un rollo de papel toalet. Un rollo de papel toalet nos puede decir más que un libro de poemas. (Risas). RH - ¿Qué recomendarías a los poetas emergentes, a las voces nuevas de nuestro país?. FF - Nada. Yo también soy un poeta emergente. ¿No lo has notado? Aprendo, aprendo, no creas. Pero si de algo sirve: que no se ahoguen de tanta literatura. Más importante que leerlo es vivirlo, convivirlo. Palpar la poesía hasta el cansancio. RH - Una última pregunta para despedirnos. ¿Es verdad que los poetas mienten porque no saben absolutamente nada de poesía?. FF - Es cierto. Ya te he mentido. |
Carlos Yusti (Valencia, 1959). Escritor y pintor. Dirige conjuntamente con José Vicente Mariño la revista tanto en papel como por Internet Rasmia Literaria. Contato: carlosyusti@cantv.net. Ramón Hernández. Poeta y artista plástico. Ha sido co-redactor de revistas de arte y literatura, así como colaborador de otras publicaciones de Caracas y el interior de Venezuela. Contato: ramhernandez6@hotmail.com. Entrevista realizada en diciembre de 2002. Página ilustrada com obras de Franklin Fernández. |