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revista de cultura # 33 - fortaleza, são paulo - março de 2003 |
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El teatro de Enrique Buenaventura y la afirmación popular Carlos Vázquez-Zawadzki
Contestar
a esta pregunta -desde espacios escenográficos determinados por la
historia política, económica y cultural de Colombia, y concretamente,
desde una historiografía regional de la ciudad de Santiago de Cali y del
Departamento del Valle del Cauca- nos llevará a formular nuevas hipótesis
que son problemas permanentes del trabajo teatral de Buenaventura. No
hablaremos del teatro -en singular- sino más bien de ‘los teatros de
Enrique Buenaventura’. Esto quiere decir que teorizaríamos formas
significantes, o etapas diferentes, diferenciables, en su saber-hacer artístico. El
mismo E. Buenaventura, desde el espacio del Teatro Experimental de Cali
-espacio caracterizado por su ‘independencia’ en cuanto se refiere a
la producción artística, política, económica, etc…, del espectáculo
escénico- ha teorizado esas formas (significantes) o etapas en su
trabajo. Esa teorización señalaría dos grandes periodos: 1ro.
El del teatro oficial, realizado
al interior de la Escuela Departamental de Teatro y del Teatro Escuela de
Cali, entre 1955 y 1967; 2do.
El del teatro independiente, de
1967 hasta la fecha, realizado por el Teatro Experimental de Cali, T.E.C. En
esta exposición nos centraremos en la primera forma o etapa del trabajo
teatral de Buenaventura, denominada teatro
oficial. En
todas las manifestaciones artístico-teatrales de Buenaventura las
respuestas al interrogante ¿Qué tipo de teatro debemos hacer? intentarían: una
afirmación popular: todo nuevo teatro exigiría una nueva relación
escenográfica con un nuevo público; producir
un saber-hacer teatral que se apoye en la tradición (y más explícitamente,
en un concepto de tradición, concepto que posibilite a su vez una teoría
de la lectura -desde dónde lee Buenaventura- y una teoría del trabajo
escenográfico -desde qué lenguajes específicos pero diferenciables
se produce la práctica teatral de Buenaventura); posibilitar
y realizar una práctica significante artística -representativa y/o
esceno-gráfica- que se inscriba en la historia del país y en el contexto
económico, político y cultural de países dependientes y colonizados: se
trataría de una práctica teatral orientada -al menos en su primera
etapa- hacia el conocer y dar a conocer la alienación del hombre moderno
a causa del capitalismo y del imperialismo, conocimiento cuyo correlato
posibilitaría la dialéctica de la consciencia y la liberación; Intentar
en consecuencia un trabajo artístico que produzca una síntesis nueva,
inscrita en la matriz del teatro contemporáneo, entre ‘autor’,
‘director’ y ‘actor’. En
definitiva, un trabajo teatral que, al decir de Buenaventura, desentrañe
nuestra propia realidad: nuevas formas culturales, en un viaje a las
fuentes -o mejor- como lo significara Alejo Carpentier, un viaje a la
semilla de la historia latinoamericana. El
número 21 de la revista MITO, correspondiente a los meses de
septiembre-octubre 1953, está consagrado -casi totalmente- a Bertolt
Brecht, quien desde esa fecha estará entronizado, textual y
transtextualmente, teórica y prácticamente, en el hacer y saber cultural
del país. De Brecht se publican tres textos importantes: Cinco dificultades para quien escribe la verdad, La
excepción y la regla. (pieza didáctica) y Los
siete pecados capitales. De
manera breve transcribimos el contexto social y cultural en el que se
publica MITO (y los textos de Brecht): Baste
recordar -escriben sus editores-que MITO no surgió apenas como reacción
contra una dictadura y que desde el primer número nos pareció
deleznable, sino también como signo de malestar ante el conformismo de la
cultura colombiana y, en general, de nuetra sociedad. En
este contexto (que en nuestra ponencia nos limitaremos a tematizar),
publicar el número 21 de la revista significó (lo verificaremos con
Buenaventura) tomar posición frente al conjunto de la vida sociocultural
del país. 1.1.
El número se abre con un texto introductorio, muy corto de Georg Lukács:
Bertolt
Brecht supo provocar saludables crisis.
La tesis principal del articulo sería la siguiente; “Escritores
notables que nos han precedido -Ibsen, Tchejov- pensaban que la literatura
tenía como única misión la de hacer preguntas razonables a la realidad
contemporánea, a su tiempo, y a los hombres de su tiempo” -escribe Lukács. La
literatura habría “desterrado de su lenguaje, de su forma, se podría
decir de sus categorias, todo interés de respuesta. La pregunta sola, abstracta, convertida
en fin mismo, (habría) atomizado el universo poético, y (habría) hecho
un confuso juego de moléculas imponderables, sin relación entre ellas” Este
método -según Lukács- esconde un peligro: el objeto en sí… Pero
Brecht habría encontrado un equilibrio (y Buenaventura, en la producción
de su primer teatro intentará -sin encontrarlo- un equilibrio similar).
Sus textos “harían preguntas con todo el rigor necesario”, preguntas
de intensidad desconcertante a problemas actuales; no obstante, y aquí
estaría la diferencia con Ibsen o Tchejov, siempre se perfilaría “la
certidumbre estremecida de la respuesta final, la de la verdadera
perspectiva”: “Todas
las preguntas que él hace -afirma Lukács- y las respuestas que las
justifican, nacerían de esa necesidad permanente de la humanidad, de
liberarse de la indignidad en la cual ha tenido que edificar, en la vida
social, una patria a la medida del hombre”. Entonces
Brecht, según el pensar de Lukács, es un verdadero dramaturgo: “Su
deseo más profundo es el de transformar las masas, los espectadores, el
auditorio de sus piezas. Cuando estos abandonan el teatro no solo deben
estar conmovidos sino trnsformados: orientados practicamente hacia el
bien, la lucidez consciente, la acción, el progreso. El
efecto estético tiene la función de producir una conversión moral,
social”. 1.2.
A continuación, los editores de MITO publican un artículo de Enrique
Buenaventura: De Stanislavski a Bert
Brecht. Y más adelante, una reflexión de John Hans Winge sobre Brecht
y el Cine. Nosotros
nos detendremos en el texto de Buenaventura para explicitar, en sus nuevas
perspectivas pero también en sus límites esa primera forma o etapa de su
trabajo artístico, el teatro oficial. Es de anotar -sin que la hipótesis se pueda
verificar en esta breve exposición- que esas ‘perspectivas’ y esos
‘limites’ que intentamos delinear aquí serían similares para el
conjunto del teatro colombiano y latinoamericano contemporáneo: el nuevo
teatro estaría anclado en las coordenadas que señalará Buenaventura -de
Stanislavski a Brecht-, y con Brecht intentará responder
a interrogantes sobre realidades contemporáneas latinoamericanas…
Entonces, se producirán ‘impases’, puntos muertos, grados cero en el
quehacer teatral. 1.3.
De Stanislavski a Brecht, artículo
fechado y publicado en 1958 -como queda dicho- sería por una parte, la
primera reflexión sistemá-tica (que conozcamos) de Buenaventura sobre esta primera
etapa de producción significante, escénica, representativa o teatral.
Pero, posteriormente, Buenaventura regresará de manera reiterada sobre
este período. En este sentido se podrían consultar ensayos como El Arte no es un lujo, Teatro
y Cultura, etc., que posibilitarán un conocimiento más amplio y
riguroso de esta etapa importante y fundadora de lo que se conoce como
Nuevo Teatro Colombiano.
1.4.
Pero si bien es válido, pertinente, releer y comprender textos como De
Stanislavski a Brecht, El arte no es un lujo, Teatro y Cultura,etc.,
como también realizar una investigación sobre el conjunto de su reflexión
teórico-teatral (conjunto que, como escribimos al inicio de esta exposición,
formula un interrogante abierto y fundador: ¿qué tipo de teatro debemos
hacer?)…no es suficiente… Recordemos con el Lukács de la revista Mito,
que la pregunta sola, abstracta
sería un método de trabajo que escondería un preligro (y nosotros
estamos aquí re-formulando esos interrogantes): convertirse en fin mismo,
tal cual! En
consecuencia, so pena de falsear el contexto, los lenguajes, las formas y
las categorías… del teatro contemporáneo desde Brecht -y de Jarry,
Appia, Craig, Stanislavski a Brecht-; como también para no correr el
mismo riesgo de desconocer las
respuestas concretas que el trabajo de Buenaventura produjo en su
etapa de teatro oficial, es necesario, se haría necesario una referencia
a otros tipos de textos: aquellos que responderían en la practica del
espectáculo artístico -sobre el escenario, los escenarios de la Escuela
Departamental de Teatro y del Teatro Escuela de Cali: 1955-1967. Al teatro
hecho o realizado o producido por Buenaventura en tanto práctica
significante. Estos textos, base y complemento, pero también afirmación
y negación de los primeros, y que deberían ser leídos dialécticamente
serían: los
‘textos verbales’ o dramatúrgicos; las
‘notas de montaje’. En
el primer caso se trata de lenguajes verbales, en general, narrativos; en
el segundo, de manera (in)diferenciada, lenguajes no-verbales del espectáculo
teatral: espacio, proxemia, luz, gestualidad o kinesis, etc., estas
‘notas de montaje’ tendrían un carácter -al igual que los artículos
que hemos citado- meta-discursivo.Reflexivos, con relación a los textos o
lenguajes verbales, dramáticos o narrativos. En
consecuencia, remitimos a los estudiantes e investigadores del teatro
colombiano y latinoamericano a estos tipos de textos. 2.1.En
términos de ‘oposición’ se encuentran dos prácticas significantes
teatrales diferentes: El
teatro del individualismo burgués,
que culminaría en la teoría y en la practica stanilavskiana del teatro
realista-naturalista VERSUS El teatro popular: llevado por Brecht a una intensidad desconcertante;
en su teoría y en su práctica, en sus preguntas a ‘problemas
actuales’ y en sus respuestas a realidades concretas. 2.2..
En cuanto al teatro del ‘individualismo burgués’ Buenaventura lo
re-formula como: un
trabajo artístico que se estructura al interior de determinadas
coordenadas y problemáticas históricas con las cuales será necesario
romper: concepción comercial del espectáculo (p.e. organización de
la compañía); relación piramidal entre autor (escritor o dramaturgo),
director y actor; jerarquía y autoridad del texto o lenguaje verbal sobre
los otros lenguajes del espectáculo escenográfico; espacio escénico a
la italiana, que separa escenario y sala, etc. un
teatro que se estructura al exterior
de ciertas coordenadas y problemáticas socio-culturales; en pocas
palabras, un teatro excluyente de formas artísticas populares. 2.3.
De esta manera, dos serían las vías complementarias tanto para saber
como para criticar, y en esa
medida romper con el teatro
burgués: conocer los problemas que lo estructuran, al tiempo que
investigar sus exclusiones. Ahora
bien, ‘investigar sus exclusiones’ que, como lo anotáramos, bien podrían
incluirse dentro de una tipologia de formas artísticas y teatrales populares, en un viaje
hacia la semilla de historiografias regionales de la América Latina,
significaría investigar, significaría hacer lecturas de la tradición.
Investigar sería también llamar a cuento, tomar -o como lo llevaría a
la práctica Buenaventura- reescribir para, desde, en la escena, en una
situación histórica determinada, formas significantes que serían formas
teatrales populares producidas en todas las latitudes geográficas y
culturales. 2.4.
¿Qué saber, qué cuestionar y con qué romper del teatro burgués?
Enrique Buenaventura escribe que “ la burguesía ha puesto el arte al
servicio de los sentimientos del ‘individuo’”, y que “la expresión
de esos sentimientos en uno u otro sentido nutre al romanticismo, al
realismo y al naturalismo” para, en esta medida, “ponerse a tono con
todo el arte que expresa los ‘sentimientos del individuo’ y para
acomodarse al público de las ‘salas’ el teatro se vuelve confesión.
Las obras se convierten en trama y desenlace y la única preocupación del
actor es ‘vivir’ el papel. Transformada la sociedad, transformado el público,
transformado el autor (convertido en literato), se transforma (lenta y difícilmente)
la técnica del actor.” De
Antoine a Stanislavski, afirmaba Buenaventura, se intenta “la
sistematización de los nuevos principios estéticos y se adapta el
trabajo del actor a la nueva sociedad, al nuevo público, al ‘pequeño
teatro’. Los grandes autores de la antigüedad son introducidos a esta
intimidad, domesticados, y los nuevos escriben confesiones, a veces a
gritos y rabiosas como las de Ibsen, pero confesiones al fin”.
Stanislavski sistematizaría, al decir de Buenaventura, la actuación
escrupulosa hasta el absurdo… Y está a gusto con “un empequeñecimiento
social del teatro”. El
actor así formado contribuiría a esta reducción -reducción o reducto
por el carácter de las exclusiones- prestando su vida, sus sentimientos,
su experiencia, sus ‘vivencias’, al personaje, y se identifica
finalmente con él. En definitiva porque, escribe Buenaventura,
“mediante la emoción auto-provocada y controlada se consigue la
identificación personaje-actor, así como la identificación
actor-espectador o sea, la ‘comunión’ ideal para Stanislavski”. 2.5.
(Es de advertir el tono o carácter polémico del artículo de
Buenaventura: su lectura de Antoine y de Stanislavski -y en el mismo
texto, de Diderot- se haría desde una perspectiva determinada,
positivista. Pero no nos detendremos en este problema). 2.6.
De otra parte, cabe preguntarse ¿qué excluiría el teatro individualista
burgués, en términos generales? ¿Qué tipos de formas artísticas y
teatrales populares quedarían por fuera del trabajo teatral burgués, en
su práctica y en su teoría? Y en este sentido: ¿qué sería un teatro
popular? O simplemente: ¿Qué sería lo popular? Ya
en el exordio de esta exposición y con Peter Brook formulamos -a partir
del teatro tosco- un inicio de
respuesta a estos interrogantes. Y de la tradición tosca teatral no
solamente podríamos ir de Brecht a Shakespeare (camino señalado por
Brook), sino a las formas populares particulares de cada sociedad: “Esta
claro-escribe Brook- que la porquería es lo que principalmente da filo a
la rudeza; lo sucio y lo vulgar son cosas naturales, la obscenidad es
alegre, y con estos elementos el espectáculo adquiere su papel
socialmente liberador, ya que el
teatro popular es por naturaleza antiautoritario, anti-pomposo,
anti-tradicional, anti-pretencioso. Es el teatro del ruido, es el
teatro del aplauso”. Recuérdese
la frase inicial de Brook: “Siempre es el teatro popular el que salva a
una época. Etc.”.
En
primer lugar, E. Buenaventura hace referencia a La
Commedia dell’Arte; como también al Circo y al Vaudeville: estas últimas
mantuvieron en Occidente toda una tradición que permanecería casi
intacta en los Teatros Orientales. En
esas formas artísticas, al igual que en el Music-Hall
como lo afirma O. Aslam, existirían cualidades inherentes al actor sobre
la escena: -
“ganarse al público desde el principio; entregarse
completamente, dar el máximo de sí mismo, saber llenar el escenario él
solo; actuar
de una forma clara e impecable, ser conciso; tener
capacidad de improvisación, de réplica; estar preparado para lo
imprevisto, saber jugar con el público; poseer
el sentido del ritmo, del recurso efectivo, de la comicidad; saber
cambiar velozmente de traje, de maquillaje, de personalidad; saber
cantar y bailar, adoptar los acentos locales y extranjeros, ser capaz de
imitar”. El
teatro individualista burgués asignaría un papel radicalmente diferente
al actor. Para
Buenaventura, por el contrario, “Dentro de la tradición milenaria (…)
el teatro (ha sido) una fiesta popular, un espectáculo con música, danza
y pantomima. A él acudían las gentes como acuden hoy a un mitin político.
Las obras no se construían como revelaciones ingeniosas de casos
particulares sino como debates ecuménicos de problemas conocidos por
todos”. En el texto de Buenaventura, de manera todavía implícita,
aparecerían enumerados algunos problemas a partir de los cuales - apoyándose
en Brecht y en sus antecesores, como en las tradiciones teatrales
populares de todas las latitudes geográficas, históricas y culturales-
comenzará a responderse al interrogante que formularemos al comienzo de
la ponencia: teatro
y fiesta popular, es decir, teatro y diversión; un
espectáculo en el que participarían lenguajes -también populares- como
la danza, la música y la pantomima; las
obras -o textos- plantearían problemas y debates ‘ecuménicos’ o
colectivos de problemas conocidos por todos; es decir, un trabajo que se
inscribiría en el discurso de la historia o ‘historiografias
discursivas’; al
espacio teatral -del ver y del escuchar- se acudiría como un mitin político.
En esta medida, en esa fiesta popular, habría un elemento: la participación; si
hay participación en el ver, el escuchar y el decir, es porque se
produciría una relación nueva o necesaria entre publico, actor y autor,
produciéndose la ‘síntesis’ deseada. Buenaventura,
en De Stanislavski a Brecht señalaría
en consecuencia dos coordenadas para su saber-hacer artístico y teatral: Primera:
un regreso a los clásicos (y podríamos añadir: una lectura de los clásicos
como ocurriría por ejemplo, con el montaje escénico de Edipo
Rey de Sofoclés); Segunda:
un regreso -y mejor, un deseo de regreso- al juego escénico amplio: el
espectáculo. En
este proceso -sobre la escena, en un trabajo escenográfico determinado-
se restablecería, como lo realizarán los clásicos antes del
advenimiento del teatro individualista burgués, el lenguaje teatral como un lenguaje específico; el cual agregaríamos
nosotros desde una perspectiva teórica, es un lenguaje diferenciable de otras practicas escenográficas (el
cine, la t.v., la pintura…). En
la ‘primera’ lectura que Buenaventura hace de Brecht (primera, porque
en 1960 viajará a Francia y regresará un año después habiendo conocido
el trabajo del Berliner Ensamble) este concepto del lenguaje
teatral como un lenguaje específico, se explicita y consolida. Será
una constante en su teoría y en su práctica.De otra parte, será un
concepto que las teorías contemporáneas reelaborarán de manera sistemática. 2.7.
Entonces en Brecht encontraría Buenaventura un regreso a la gran tradición
clásica y al oficio que muriera
con La Commedia dell’ Arte; encontraría en ese proceso artístico que
conducirá a producir sobre la escena un lenguaje teatral específico, una
concepción del conjunto del espectáculo escenográfico que rompería con
la teoría y la practica de Stanislavski: Brecht
extrae -dice Buenaventura- lo mejor del realismo, del naturalismo; Opone
al héroe romántico el anti-héroe, regresando en lo esencial al sentido
épico; Realiza
un divorcio entre actor y personaje: rompiendo con las identificaciones e
introduciendo el concepto de distancionamiento; “Coloca
la tesis a probar o la idea a plantear o la conclusión a sacar, como
objetivo y fin primordial de la representación”,
escribe Buenaventura. “No importa tanto reconstruir el hecho cuanto
representarlo de tal modo que pueda ser visto por muchas caras, que sean
sugeridas muchas causas y consecuencias, que sea, en una palabra, antes
juzgado que sentido por parte del espectador y antes presentado que vivido
por parte del actor”; Se
hará, en consecuencia, el espectáculo en una perspectiva del enseñar-deleitando; El
texto, un lenguaje ya no encrático, de poder, subordinador,
jerarquizador, ordenador, orientador -como en el teatro individualista
burgués-, no será encarado como un simple problema de emoción: a
multiplicidad de causas y efectos, la letra con reflexión entra: En esta
medida el espectador re-plica, se hace partícipe, productor: El
gestus y la elasticidad,
problemas que conducen a la Commedia dell’ Arte, al teatro oriental, serán
significantes, interrumpibles, para que se fijen como imágenes en la
memoria del espectador y puedan ser citados; Etc.
Primero:
“La lucha para desarraigar el naturalismo” -en el contexto
costumbrista colombiano y latinoamericano, con el cual rompió primero la
poesía (Huidrobo, Vallejo…) y luego en los años 40 y 50 la narrativa
(es el caso de Alejo Carpentier)- “y volver a la tradición clásica”,
enriquecida ésta última con las conquitas del realismo, del simbolismo,
del expresionismo, etc., escribe Buenaventura: “no ha sido, no es y no
será fácil.” Segundo:
con relación al público de finales de los años cincuenta (y aún de los
sesenta hasta el presente), las preguntas serán múltiples y en
apariencia todavía no se podrían producir “respuestas”: -“¿Cómo
convencer a un público saturado de verismo cinematográfico, etc., sin
juego escénico psicológico, minucioso, y sin usar la ‘emoción’ a la
manera naturalista?.” -“¿Cómo
apelar a un público que apenas está saliendo de una crisis de la razón
y que -en gran parte- está todavía embaucado en el meandro del
psicologismo, dirigiéndose fundamentalmente a su juicio, a la razón?.” Y
de otra parte, se pregunta Buenaventura en 1958: “¿Los planteamientos
de Brecht en cuanto a la interpretación, no pecarán de intelectuales, no
serán demasiado ‘alemanes’ y no será una nueva fórmula que nos
ayude solamente con su teatro?” 3.1.En
el terreno, o mejor espacio, de la práctica escénica se podrá responder
a todas estas inquietudes que convergen en el interrogante ¿qué tipo de
teatro debemos hacer? 3.2.
No obstante, Buenaventura adelantaría un esbozo de metodología
que al nivel de su sustentación teórica y de su realización práctica
se convertiría en un problema complejo, el cual tendrá que retomar
repetidas veces (y lo mismo acontecerá con la mayor parte de las
manifestaciones teatrales contemporáneas en Colombia y América latina
para los años cincuenta y sesenta). Más aún, llevada esta metodología
a la práctica -por ejemplo en el montaje de la segunda versión de A
la diestra de Dios Padre- conduciría a grandes ‘impases’, avances
y regresiones, en su trabajo artístico. Esta formulación dice así:
“para Stanislavski la justificación escénica estaba en la lógica, en
el movimiento natural, en las necesidades reales de la escena…” Para
nosotros, dice Buenaventura, es decir para la Escuela Departamental de
Teatro y para el Teatro Escuela de Cali (creado este último en 1962 con
carácter de agrupación profesional y subvencionado con auxilios
oficiales), la justificación escénica estará “en
el propósito estético y en las necesidades demostrativas de la idea que
nos proponemos establecer sobre la escena”. 3.3..
¿La dicotomía que aquí se formula proviene acaso de la ‘primera’
lectura que hace Buenaventura de Brecht? ¿Acaso podríamos formular en qué
consistiría la teoría y la práctica de lectura y de reescritura de
Buenaventura en 1958, y por extensión de los ‘hombres de teatro’
colombianos y latinoamericanos? ¿Qué realizaba en
efecto Buenaventura en el ‘terreno de la práctica escénica’,
como él mismo la denominaba, en la década de los años cincuenta? Más
todavía: ¿el concepto de ‘justificación escénica’ arriba formulado
(y con el visto bueno de un Lukács) posibilitaría la realización de un
teatro popular, y en esta medida, la producción de un lenguaje teatral
específico y diferenciable de otras prácticas escenográficas? Y en los
términos mismos de la ‘justificación escénica’: ¿qué propósitos
estéticos tenía Buenaventura en ese momento? ¿por qué propósitos? ¿por
qué estética? ¿qué ideas se podrían establecer sobre la escena? ¿ y
qué se entendería por necesidades demostrativas de la idea? Y de manera
global: ¿qué significaría este método para pasar de los interrogantes
a ‘problemas actuales’, a las respuestas a ‘realidades concretas’
de las cuales hablaba Lukács? 3.4.
Formular esta red de problemas o interrogantes sobre el quehacer de Enrique
Buenaventura en 1958 posibilitaría -a nuestro entender- un primer
acercamiento a su teatro (incompleto claro está), explicitándose así la
naturaleza de esos interrogantes como su procedencia: en pocas palabras
desde dónde y cómo se inquiere un hombre de teatro en 1958 (en 1990 o
2001) sobre su propia práctica artística y cómo responder al tipo
de teatro que debe hacer. Y
sin pretender ‘encerrar’ en pocas preguntas toda esa red de problemas
(teórico-prácticos), desearíamos plantear una última secuencia de
inquietudes para que, desde un punto
de vista epistémico, se instaure todo un proceso sobre/en el saber
hacer teatral y escenográfico: Cómo
formular conceptos básicos sobre el trabajo teatral, concretamente, de E.
Buenaventura; Cómo,
por ejemplo, a partir de los conceptos de prácticas teatrales específicas y diferenciables (con
relación a otras prácticas escenográficas) que estarían en el campo teórico
y práctico de las ‘Vanguardias’, formular coordenadas y problemas
-diacrónica y sincrónicamente- del quehacer teatral de E. Buenaventura,
como también del quehacer teatral en el país y en América Latina; Cómo
reformula -críticamente- los conceptos desde los cuales -de forma
tradicional- se habría posibilitado u obstaculizado (epistémicamente
hablando) un conocimiento determinado del teatro; Cómo
construir una historia - en el
caso de ‘los teatros de Enrique Buenaventura’ y del teatro colombiano
y por extensión latinoamericano- de los conceptos sobre trabajo teatral y
formas teatrales producidas; Finalmente,
en este contexto, cómo contribuir en la misma medida a reformular y a
responder al interrogante qué tipo de teatro debemos hacer… 3.5. Nuestro interés a lo largo de esta exposición no sería otro que, a través del estudio de un trabajo teatral reconocido por su importancia y trascendencia a nivel nacional e internacional, mismo realizado por el Maestro Enrique Buenaventura desde 1955 hasta la fecha, intentar acercarse teórica y prácticamente -es decir, analíticamente-, escogiendo de manera estratégica un modo de producción artístico importante, el teatro oficial. Buenaventura rompería radicalmente con ese modo de producción artístico en 1967. Y de esa ‘ruptura’ se habría producido el denominado Nuevo Teatro Colombiano. |
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Carlos Vásquez-Zawadzki. Poeta e editor colombiano. Autor de livros como La oreja erótica de Van Gogh (1999), El placer de los tres e Tercer laberinto (ambos de 2000). Ensaio originalmente publicado em Cartografías Culturales (Ediciones Dadá, Colombia, 2001). Gentilmente cedido pelo autor. Contato: cvasquez_z@cable.net.co. Página ilustrada com obras do artista Enrique Lechuga (México). |