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revista de cultura # 33 - fortaleza, são paulo - março de 2003 |
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Escribir en Haití Louis-Philippe Dalembert
Ni
tampoco aligera el "peso" del espacio, o del lugar. Pero el
hecho de tomar conciencia permite relativizar ciertos excesos vinculados
al lugar, al espacio, como crispaciones identitarias, reflejos xenófobos,
etc. Asimismo convendría hablar, según el narrador del Crayon du bon
Dieu..., del tiempo natal. De ahí el concepto de país-tiempo
desarrollado a modo de epílogo en la novela, porque en el fondo, es el
tiempo, tanto o incluso más que el espacio, el que determina la
existencia. De ahí también que acepte la idea de una vida errante; es más,
él la vive en un intento, de todos modos destinado al fracaso -y en esta
ocasión sí podemos hablar de fracaso-, de vencer el tiempo. De
derribarlo. Errar, para no verlo (o verse) pasar. Si
hablamos de espacio, podríamos decir: errar, para seguir fieles a un
lugar lejano. Para no traicionarlo con otro lugar. Como el hombre -ya lo
he escrito en alguna parte, en L' Autre Face de la mer, si no me equivoco-
que cambia de amante como de camisa para no traicionar la memoria de la
mujer a la que él quiere. Lo más importante, lo esencial, sigue siendo
la relación con el tiempo. Ahora bien, el tiempo perdido, aparte de en
Proust, nunca se encuentra. Pero podemos sublimarlo. Entonces, como se
dice de los paraísos, podríamos incluso llegar a afirmar que los tiempos
perdidos son los mejores. Yo he vivido tiempos pasados que fueron pura
felicidad. Es la gran ventaja y el gran sufrimiento de los artistas. ¿Representa
esto el estatus del escritor en el exilio? Depende de lo que entendamos
por exilio. Nadie, hoy en día, me prohíbe volver a Haití. Pero ¿puedo
hacerlo? ¿Me apetece hacerlo? Eso es otro tema. Viajar por la vida, para
un escritor, puede ser también una elección, tanto estética como real.
No se tiene que confundir viaje y vida errante. Es
un tema que está presente en mi poesía desde el principio. En Ces îles
de plein sel, el aedo dirá: "Sobre todo, no detenerse en el sueño múltiple
-humo demasiado azul- de las pestañas... cada abrazo bebido es una cadena
atada a los pies del tiempo." El narrador de mi próxima novela, L'île
du bout des rêves, utiliza más o menos los mismos términos. "Sobre
todo no detenerse. A pesar de los ardides del tiempo, siempre al acecho. Y
luego, ¿dónde habré echado el ancla? El amor es un puerto demasiado
exiguo y las fronteras de un solo país se asemejan a los abrazos de la
misma amante que, a la fuerza, terminan por ahogarte." Por otro lado
-es seguramente una herencia de los románticos-, ¿no vive el escritor a
menudo en el "exilio", a disgusto en relación con su
espacio-tiempo?
Personalmente,
los locos siempre me han fascinado. Desde siempre he fantaseado sobre su
pasado, su vida anterior, el momento en el que dieron un vuelco a ese otro
mundo. Para un niño, como para un novelista, vivir codo a codo con tales
personajes representa una fuente extraordinaria de riquezas, incluso,
hasta cierto punto, de "experiencias". Fue gracias a una
"loca" que se paseaba desnuda por las calles de mi barrio, por
ejemplo, que vi por primera vez un pubis de mujer adulta. Con toda la
emoción que uno se pueda imaginar. Más allá de este lado voyeur, no
paraba de preguntarme: ¿qué es lo que les ha hecho caer en la locura? ¿Cómo
y por qué se vuelve uno loco? Al
mismo tiempo, siempre he sentido curiosidad por saber qué es lo que ven o
han visto -porque hay quienes vuelven- al otro lado de la razón. Siempre
he estado atento a sus delirios. Es un poco lo mismo que sucede cuando
alguien se queda muchos días, incluso años en coma, y vuelve a la vida.
En cierto modo, el mito haitiano de la zombificación también me llama la
atención. Esa gente que vuelve de la muerte, ¿acaso posee una verdad que
desconocemos? Es una lástima que no podamos emprender un viaje de placer
de esas características, siempre con la posibilidad, claro está, de
volver a la vida normal. Aunque una vez estemos al otro lado, quizás nos
encontremos mejor y ya no queramos volver.
Esta
historia omnipresente no determina menos un cierto posicionamiento por
parte de los autores que, grosso modo, podríamos presentar bajo dos
aspectos: -defensa e ilustración de la historia en tanto que parámetro
fundador de la identidad nacional; -como la novela haitiana "siempre
ha dado una importancia capital al contexto socio-histórico de la
intriga", la mayor parte de los autores se define en relación con
los antagonismos reguladores, mostrando muy a menudo su solidaridad con
las clases sociales más desfavorecidas y perpetuando a la vez una
militancia literaria que se impone en la tradición novelística haitiana.
De ahí la abundancia de novelas de denuncia política y social. En
general, la respuesta que se propone es de dos tipos. En primer lugar, el
mesianismo, contra la figura positiva de la dictadura. En segundo lugar,
la salvación individual materializada a menudo por un viaje al
extranjero. De hecho, lo que cambia en relación con la salvación
colectiva bajo la dirección de un mesías, es la ausencia, o más aún,
el rechazo de todo discurso ideológico que haría del personaje el
prototipo de una clase proletaria que sufre. Más
raramente, sin embargo, nos remontamos a la época colonial, y aún menos
a la época precolombina. A veces algún que otro autor se aventura a
tratar alguno de estos períodos, aunque a menudo se trate de simples
alusiones a hechos o acontecimientos históricos que funcionan como tantos
otros ecos lejanos de la memoria colectiva, como reminiscencia
identitaria. Y no obstante, los primeros habitantes de la isla,
concretamente los taínos, dejaron huellas más que evidentes en la
cultura haitiana, visibles y manifiestas todavía hoy en la gastronomía,
la arquitectura rural, el vudú... Todo haitiano les dirá que un carnaval
sin la presencia de "indios" en el cortejo, no es un verdadero
carnaval.
Para
mí, el vudú representa un elemento como otro de la cultura haitiana; en
el sentido que no es ni positivo ni negativo en sí mismo, aunque podría
serlo en función del uso que se haga de él. Ahora bien, no se trata de
un simple elemento, es ineludible. Hasta tal punto que incluso a aquéllos
que, como yo, han nacido y crecido en un ambiente judeo-protestante más
bien rígido, les cuesta escapar de él. El vudú, religión popular en
Haití -como la santería en Cuba o el candombe en Brasil-, sigue siendo
un fenómeno que, de una forma u otra (creencia, superstición,
rechazo...), atraviesa todas las capas de la sociedad. Asimismo, en él
tienen su origen tantas prácticas culturales (tratados de farmacología
tradicional, arte culinaria, cantos, bailes...) que esta travesía
vertical de la sociedad se realiza a veces a espaldas del individuo. Todos
estos datos, acumulados en el inconsciente, brotan a veces en forma de
toma (o crisis) de posesión, incluso, diría yo, en el "no
practicante". Tampoco los creadores se escapan de él, y es entonces
cuando entendemos por qué sus obras están contaminadas, incluso
impregnadas. Se trata, así pues, de recoger un fenómeno cultural que, por su intervención en el subconsciente e incluso a menudo en el consciente, engloba numerosas prácticas artísticas en Haití, individuales y colectivas. Personalmente, sólo he hecho pequeñas incursiones en el vudú, que pueden entenderse como concesiones a una cierta estética realista. Por respeto a mí mismo -el artista, me parece, sólo puede decir lo que es, a no ser que haga trampas-; por resistencia también al estereotipo que proclama que todo escritor haitiano debe hablar de vudú. Incluso cuando yo lo hago, es a mi manera; para decir que no sé nada de ello. Al menos, no íntimamente. No más que los ecos lejanos de los tambores que, en ciertas épocas del año, mecieron las noches de mi infancia. |
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Louis-Philippe
Dalembert (Haití, 1962). Romancista
e poeta. Autor
de El lápiz del buen Dios no tiene goma (2002). Texto
originalmente publicado na revista Lateral # 98 (fevereiro de
2003), gentilmente cedido por Leonardo Valencia. A tradução para o
espanhol é de Anna Gil Bardají. Fotografia de L-PD por Daniel
Mordzinski. Contato: lpdalembert@hotmail.com.
Página ilustrada com obras do artista Enrique Lechuga (México). |