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Enrique Lechuga: el placer de devorarse
Enrico
Franceschi Nardi
…el
hombre cree vivir y sin embargo
ya está muerto
y desde hace mucho tiempo
va y viene en un triste decorado…
Jacques
Prévert
El
arte de Enrique Lechuga es una enciclopedia anatómica de la desesperanza,
una caótica exasperación del ser en forma de látigo que no cesa en
rebanarse las entrañas para CARCAJEARSE de este mundo aunque sea por
un instante. La Existencia se transforma en alguien todavía más cruel, se
destruye y se construye para volverse a destruir, a negarse, a
foooooornicarse, a devorarse lentamente en una escala de mayor demolición
donde lo único permitido es la risa de un futuro salvaje: "Comerse el
corazón en las tinieblas o arrojarlo a los perros" (Georges Darien).
La decepción cruel e infinita.
A
Enrique Lechuga no le basta con desproporcionar la realidad y hacerla
pomposamente feita para gritarle a todos que así le da salida
a sus angustias, que así se "exorciza" ¡como si la obra cambiara
al sujeto!. Lechuga no se deja llevar y afirma: "El artista debe de
entender que nunca se sacara los demonios. No, el artista sólo decora su
podredumbre y en reducidas ocasiones consigue establecer un diálogo con
ella y nada más".
Collagista
malvado, Lechuga se obstina con la idea de la desfiguración macabra del
cuerpo humano. En primer plano nos ubica al protagonista: el hombre y sus
restos o los restos del hombre dentro de una rabiosa cacería contra él
mismo y contra el mundo. Cortando, mutilando y transformando sus huesos, sus
animales, sus gestos, sus órganos, sus miembros, sus latidos, su sangre, su
histeria, su sexo para observar finalmente a ese reguero de partes hablar,
esa suciedad que llamamos vida lanzarnos –quizá una última bofetada.
Chimpancés en el estómago, quijadas de nalgas, cocodrilos-axila, cráneos
mordidos, mujeres dentro de un caballo, vaginas dentadas, jinetes
desollados, partos orgiásticos la crueldad jalando el gatillo o como diría
Corcobado, "vomitando el alma en las esquinas".
No
sólo la figura central de los collage importa es el fondo el que otorga
movimiento al carácter convulsivo de su obra. Si bien, el elemento
principal está generalmente compuesto por objetos y recortes al centro del
cuadro, el fondo -en su mayoría compuesto por papeles rasgados
instintivamente a mano- es un paisaje virulento, un festín tortuoso de un
desorden dramático y en constante agitación trepidatoria. En cada cuadro,
el espectador se ve forzado a emprender su propia lectura-ensamble juntando
un fondo frenético y zigzagueante con un iracundo primer plano: una
verdadera pirotecnia orgánica que sentencia nuestra mirada a seguir el
delirio de bosques destrozados, casas en derrumbe, fósiles descuartizados,
rostros cercenados, árboles enredados, praderas fracturadas etc., la
naturaleza se suicida y anuncia la llegada de una escena totalmente colérica,
satírica , destructiva y escéptica.
"Podemos
imaginarlo todo, predecirlo todo, salvo hasta dónde podemos hundirnos",
decía E. M. Cioran y creo que en este sentido, la obra de Lechuga se
descubre furiosamente dentro del abismo. Desciende a los extremos para
reconfortar su ira en cada carcajada mientras se devora una, y otra, y otra
y otra vez.
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