![]() |
revista de cultura # 33 - fortaleza, são paulo - março de 2003 |
Livros da Agulha
La
noche deljabalí, del
escritor mexicano, más especificamente durangueño, José Ángel Leyva,
es una especie de viaje hacia el sueño, la pesadilla, los deseos; esos
mundos imaginarios que es posible construir a través de recuerdos reales
y fictícios. Al
estilo del Decamerón de
Bocaccio, en donde un grupo de jóvenes se refugia de la peste en un lugar
tranquilo a narrar historias, La
noche deljabalí inicia cuando un grupo de amigos está a punto de
partir hacia la Isla de la Noche. En esta obra no se hallan los personajes
en Florencia, sino que se han reunido en un ambiente cálido de mangles y
donde la abundancia de mosquitos es tal que el lector siente comezón. El
poeta, dos hermanos pintores Leonel y Carlos Maciel, con su hermano menor,
Antonio, y su primo Polín esperan la partida en compañia de Gerard, un
escultor, amigo de Leonel. Zarpan con un cargamento de vida y de historias
a las que el lector asistirá y de las que formará parte como si fuera
uno más de los comensales de ese clan de hombres sibaritas, cuyas
firustraciones y anécdotas de vida ofrecerán con la misma generosidad
con la que brindan, de vez en cuando, su silencio alrededor de un puro o
de un paisaje denso. Las
breves narraciones de los personajes se suceden con un lenguaje que exhibe
la vocación poética de José Ángel Leyva. Hay un buen uso del adjetivo
literario, de la paradoja y la metáfora. Por ejemplo, los personajes
"escuchan los primeros sonidos intestinales de la madera";
o bien, refiriéndose a un tipo de nombre Eugenio, cuyo rasgo más
humanizado era golpear a su propia madre, Leyva dice: "Tenía la
mirada de apando, turbia y plena de resentimiento, no porque estuviera
recluido en celdas oscuras sino porque se la pasaba, como buen durangueño,
bebiendo mucho y resistiendo poco, en las más sombrias cantinas del
pueblo"... Otro
de los recursos que le gusta emplear es la redefinición de frases hechas,
pues en vez de la célebre y bíblica: Térdónalo, Señor, no sabe lo que
hace", en plena borrachera el primo Polmi declara: Terdónalo, está
borracho y no sabe lo que piensa". Y en otra ocasión destaca la
paradoja, cuando lo decisivo es el insomnio, el mismo Polín aparece
desvelado igual que el poeta, mientras que el Diablo por supuesto dormía
como angelito. En
el primer plano de la narración hay poco movimiento: ir y venir de copas
y licores, vaivén de hamacas, preparación de guisos que son felizmente
disfrutados por los personajes y envidiados por los lectores que desearían
probar un buen trozo del pescado a las brasas, una ración de langostinos
y frutas, un trozo de carne de jabalí pequeño, ese cerdo salvaje que
sirve de pretexto al autor para demorarse en la pasión culinaria de sus
personajes y en la edificación de ritos a cual más extraños. Pues a
propósito de dicho jabalí, Leyva asegura que "...aunque es hembra,
conserva su esencia bravía muchas horas después de muerto. La carne no
muere junto con la caza de la bestia, sino que es necesario dejarla varios
días en el refrigerador para que pierda su vitalidad.Es una carne con
sabor muy fuerte, pero muy rica, sentencia Leonel, mientras el multicitado
Polín hacía bolas de corteza de coco, las mojaba en alcohol y las metía
por el ano y la boca del jabalí, para luego prenderles fuego." Estos
jabalíes son como las ovejas de Helios descritas por Homero en la Odisea:
después de muertas siguen balando. No
sólo los ritos culinarios son extraordinarios en este libro, los
mestizajes animales también: superan con mucho los tímidos intentos
actuales de la ingeniería genética y sus alimentos transgénicos, pues
en la novela de Leyva, existen coacopollos, coacoyales, cocuyotes,
sirenas, iguacates, igualicanos, gaviorciélagos, murcierántulas, y qué
decir del famoso caimanado en peligro de extinción debido al valor de sus
astas y de su piel. Se
trata, pues, de un escenario en el que, como en nuestros países de América
Latina, conviven leyendas y crónicas de pueblo en las que la gente tiene,
evidentemente, mucha más fe que en la historia oficial. Lugares en donde
hay no sólo animales fantásticos en peligro de extinción, sino playas
enteras, pues no hay pueblo con alguna belleza natural, por muy imaginario
que sea, que no reciba las asediadoras ofertas de los inversionistas
extranjeros que fundarán cadenas hoteleras para que "...los turistas
viajen con sus costumbres y sus vicios, sus indolencias y sus
comparaciones [...] para que el alemán halle sus salchichas alemanas;
para que el estadounidense mida el grado de civilización de acuerdo con
el número de hamburgueserías y de autos, para que los franceses pidan un
aeropuerto en donde aterrice el Concord, y para que los ingleses
encuentren pubs." Para que todos "se frían las pieles
urbanas". La
Soledad es un pueblo bien fundado, con gentilicio y todo, pues sus
habitantes se llaman choleños. Y sus jóvenes se trasladan sin necesidad
de pasaporte a ciudades que aparecen en mapas real-es, lo mismo a la
peligrosa Ciudad de México que a la antigua Unión Soviética. Los choleños,
como cualquier gente, sufren pasiones contrariadas: conocen el amor sexual
y el amor a la tierra propia, pero sobre todo, el amargo sabor de la
traición, pues no contentos con irse a otras latitudes a padecer
nostalgia por La Soledad recién abandonada, están dispuestos a vender
sus hectáreas de playa para que sean invadidas por los turistas y la
globalización. Gente lejana, ajena al mar, que no pedirá para comer
jabalíes con coco sino hamburguesas con queso y a la que no le importará
cuándo llegó la primera máquina Singer, ni cómo llegaron los primeros
litros de vino por mar, ni deseará que un loro le dé la explicación de
por qué alguna vez no hubo perros en Islandia. En
un segundo plano de ficción, La noche del jabalí de José Ángel Leyva
es un territorio imaginario en donde cuaja la realidad, en donde un poeta
se nutre de las narraciones de sus amigos y parientes para escribir una
novela en la cual se da noticia del levantamiento indígena en Chiapas, en
donde campean la injusticia y la miseria. No deja de ser interesante que,
como en la vida de México, esa novela se mantiene dentro del libro corno
proyecto, como un esfuerzo inacabado, siempre en espera de ser resuelto. Así, si bien La noche del jabalí está Nena de crónicas imaginarias, de acontecimientos insólitos como que la luna baje a beber al mar, para el lector atento, está también escrita la otra historia, la de ese México urbano, rural, indígena, sincrético que surge diáfano detrás de cada formidable y acaso Inverosímil relato de ficción. Sólo hay un asunto que no pude tragarme, que hizo para mí peligrar el tejido de la verosimilitud: Cuando a La Soledad llega un ejemplar de la revista Alforja, revista que dicho sea para terminar es un trabajo real de lucha real por mantener un espacio real, quiero decir digno, para la poesía. [Óscar
de la Borbolla]
Alberto
Beuttenmüller, da Associação Internacional de Críticos de Arte (AICA) e
da Associação Brasileira de Críticos de Arte (ABCA) acaba de publicar o
livro Viagem pela Arte Brasileira, pela
editora Aquariana, para alunos de nível médio, superior e amantes da arte,
em geral. O livro cobre a história da arte brasileira, desde a arte
rupestre até a arte conceitual e tem ilustrações de Camila Mesquita, uma
designer formada nos Estados Unidos.Curador de duas bienais internacionais,
o crítico e jornalista Alberto Beuttenmüller foi diretor do Paço das
Artes e do Museu de Arte Brasileira da FAAP, presidente do Conselho de Arte
e Cultura da Fundação Bienal de S. Paulo e membro da Comissão Nacional de
Arte - FUNARTE. É escritor de romances e poesia, traduzidos em várias línguas.
Viagem pela Arte Brasileira, na opinião do autor: “é o manual que
faltava ao circuito de arte, muito mais voltado hoje para uma elite, que
produz apenas livros luxuosos”.
Na
introdução da obra, os autores justificam, não apenas as escolhas dos
autores e críticos, como o próprio procedimento metodológico que esteve
presente neste ambicioso e arriscado projecto. Os seus organizadores
seleccionaram um vastíssimo conjunto de personalidades que dela participam,
de acordo com algumas directrizes que é importante frisar, para compreender
a sua estrutura e os “riscos” prováveis em que incorre. Em primeiro
lugar, foram escolhidos autores com obra crítica feita e substancial, na área
da literatura, em segundo, foram também seleccionados jovens críticos cuja
obra se tem vindo a destacar actualmente e, finalmente, poetas a quem foi
proposto que passassem para o “outro lado”, reflectindo criticamente
sobre os textos que mais os tivessem marcado. O
elenco final culminou num total de 73 colaboradores, críticos, além dos 47
poetas incluídos (os poetas repetem-se, nalguns casos amplamente
justificados), e foi pedido a cada um deles que escolhessem um poema e
fizessem uma leitura interpretativa subsequente. Desde logo parece saltar à
vista que tal processo, definido electronicamente e por um ajustamento aleatório,
acarretaria determinadas consequências, das quais a mais penosa terá sido
a exclusão de poetas como Fernando Echevarría ou Joaquim Manuel Magalhães,
para citar apenas dois exemplos, entre outros, o que gerou intensa polémica,
obscurecendo o valor da obra. Seríamos ingénuos, todavia, se postulássemos
a possibilidade de uma antologia incluindo a totalidade dos poetas, sabendo
como as obras deste género se colocam, imediatamente, na mira da crítica,
de um ou de outro modo, em virtude da subjectividade intrínseca às
escolhas dos antologiadores. Resistindo
à forma totalizadora do livro, como o referem os autores na longa
introdução que precede a antologia, ela pretende-se como um modo de
consulta com múltiplas entradas, o que viabiliza uma leitura mais
substancial dos poemas seleccionados, propiciada pelos ensaios de inegável
qualidade e que permitem o acesso ao universo poético de cada poeta. O
modelo proposto pelos organizadores, para as leituras dos poemas, é a close
reading (cf. Paul de Man, O Ponto de Vista da Cegueira), uma
leitura orgânica ou um acto de compreensão que se anima a partir de si
mesmo, pois cada poema se oferece aqui enquanto enigmático apelo à sua
compreensão. Tendo
sido solicitado a cada ensaísta que os respectivos ensaios eliminassem ao máximo
as notas de rodapé e as referências bibliográficas e que tentassem
renunciar a uma leitura “viciada” por um horizonte conceptual e
historicista prévio, o que decreta, do ponto de vista de Man, a
“cegueira” do acto crítico. Este
ideal regulador da “close reading” pode apresentar-se muito atraente do
ponto de vista teórico e até perspicaz, no modo como permite desenvolver
as potencialidades de uma sofisticada audição para as sonoridades
auditivas de um poema ou de um texto, mas, na prática, a epoché
assim requerida suscita uma ambivalência que respeita à legitimidade do
procedimento metodológico usado. Sabe-se que é do diálogo com os
preceitos fundamentais a toda a interpretação e actividade crítica que
vive o ensaio, mesmo quando o desejo é o de um “olhar adâmico” sobre o
texto, como uma pulsão natural
e legítima. Por isso, qualquer abordagem arrasta consigo a sua paradoxal
condição, dissolvendo imediatamente qualquer pretensão de uma leitura
original. Desengane-se o leitor, se espera encontrar essa “ausência
referencial”, pois, não obstante a não explicitação de referências (o
que não foi possível em alguns casos), permanece nela intacta uma
bibliografia oculta. Para
além de todas estas questões, de ordem metalínguística e hermenêutica,
o que parece mais interessante é ressaltar o facto de que O Século de
Ouro decorre de uma perspectiva, ela própria inovadora em si e que
confere a originalidade do tom à obra, sendo esta o resultado final de um
peculiar modo de olhar. O intuito dinâmico que a anima permite que ela vá
além da simples e clássica antologia, baseada na selecção e organização
de poemas de acordo com uma intentio historicista, configurando-se
passivamente segundo o modelo clássico e ilustrativo, que nada acrescenta
à leitura, interpretação e conhecimento da poesia. Chamo a atenção,
ainda, no final da obra, para a cuidada e pertinente biobliografia dos
poetas seleccionados e ensaístas participantes, um aspecto que a transforma
numa obra de consulta indispensável. Defender
um “regresso aos textos”, como o afirmam os autores, implica, por outro
lado, uma recusa da sequência cronológica e um “desapossamento do seu
lugar” na história literária, assente sobre um paradigma pós-histórico
e abrindo caminho a uma “História das Formas” que segue as pisadas do
modelo “rizomático” defendido por Deleuze e Guattari, isto é, como uma
cartografia de itinerários possíveis. Como se pode claramente deduzir,
toda a lógica subjacente comporta riscos que lhe cabem em sorte, dando
lugar a “um outro modo” de interpretar a poesia portuguesa, naquele que
foi considerado o seu “século de ouro”. Quer se goste ou não, o
importante é que nos encontramos diante de algo inteiramente diferente, o
que marca uma nova etapa e um mapeamento diferente da crítica literária
portuguesa, ainda por avaliar. A ideia frequentemente reiterada pelos
autores, de “desaprender a história”, passa por uma desaprendizagem com
a história, transformando o objecto (cada poema analisado) num objecto
epistémico, certamente mais próximo de uma perspectiva crítica
benjaminiana e que exige o despedaçamento do que permite o jogo consolador
dos reconhecimentos. Talvez este seja o principal ensinamento a extrair do
propósito da antologia, tão firmemente arreigada à sua convicção de
libertar o seu objecto das teorias literárias e da história da literatura,
tão empenhada em levar a cabo uma inflexão do olhar, centrada em reviver a
história do século como se ela fosse inaugural e partindo da suposição
de que é o poema a impôr-se ao seu antologiador e nunca o inverso. Mais do
que um mero, ainda que virtuoso, exercício testamentário, é de um
“recomeço” que falamos e nunca de um balanço (ainda que cada balanço
seja também um recomeço), de um olhar que supõe a instância do presente
e do agora como a mais irradiante das potencialidades da compreensão
histórica. Para
concluir, não é injusto decidir que esta é, sem sombra de dúvida, a
melhor e mais completa antologia que foi feita em Portugal, atendendo à
extensão e à ambição do seu objecto. Em boa verdade, o seu acolhimento
discreto na imprensa evidencia uma má-consciência, mais vergada ao peso
dos preconceitos de uma certa maneira de olhar a história literária e ao
provincionismo cultural do que propriamente atenta ao seu real interesse e
valor. [Maria
João Cantinho]
Ananías,
hermano de Nakdimón (narrador de la historia), además de ser un personaje
controvertido que analiza las Escrituras desde una perspectiva teológica y
teleológica, se vincula con Jesús de Nazaret como su alter ego. La exégesis
que realiza él así como otros personajes de la obra, incluido Jesús, van
construyendo una nueva visión de las Sagradas Escrituras. Y esa "visión"
es la que pone en vilo al Sanedrín y a los escribas. Tanto Nakdimón,
personaje que evoluciona con más nitidez durante la novela, como José de
Arimatea, María, Gamaliel y el propio Anás, yuxtaponen sus testimonios en
relación a la figura del protagonista cuyas obras y palabras los hace partícipes
de un acontecimiento que signó a Occidente. La interpretación del Antiguo
Testamento, los "espacios en blanco" de la palabra divina, la
admiración o condena hacia profetas o hechos bíblicos, construyen las
primeras instancias de la novela y sirven como pre-texto a revisiones que el
propio Jesús realiza en sus diálogos con los discípulos y el narrador. La
Puerta de la Misericordia
supone una novela ontológica centrada en los pensamientos y discursos del
supuesto Mesías, en su figura dual de hombre y Dios. Esa naturaleza divina
queda registrada en la propia palabra de Jesús: No
disponiendo ellos ni de harina ni de agua, Elías comprendió que los
ingredientes provenían del Eterno y, erróneamente, según Jesús, se
convenció de que su acompañante era un ángel. Más
adelante en la narración Jesús confirmará que esa presencia que acompañó
al profeta Elías fue Moisés, quien estará también presente junto con el
primero cuando Jesús se encare con el dios de Israel (Segunda visita a
Betania, Cap. XV, EL OTRO JESÚS, parte 156, "A los pies del monte
Tabor") Nakdimón
(narrador homodiegético, Genette, 1972)
se reúne con Los Hijos del Fragor en la casa de Lázaro (Betania);
su interés es la del neófito que desea ser iniciado. Alrededor de una
mesa, por la noche, el narrador, Jesús, las hermanas de Lázaro y algunos
discípulos beben vino mientras discurren sobre las escrituras. Nakdimón
tuvo la intención de ir con preguntas para despojarse de ciertas dudas que
lo carcomen hasta bien entrada la novela; Jesús revierte la situación y es
él quien pregunta y responde sobre hechos registrados tanto en la Torá
(Ley) como en los libros de los Profetas y Hagiográficos. De una manera muy
similar a los filósofos griegos, el método aplicado es la mayéutica socrática,
que en ocasiones es aplicada por el protagonista. La hermenéutica da lugar
a la lógica que intenta atravesar espacios donde la misma pierde vuelo: la
trascendencia de Dios en los acontecimientos humanos y específicamente en
los hombres y mujeres del Pueblo Elegido. Milan
Kundera en su "Teoría de la novela" afirma que "todas
las novelas de todos los tiempos se orientan hacia el "enigma del
yo". (...) la novela en esa búsqueda (...) tuvo que desviarse del
mundo visible de la acción y orientarse hacia el (mundo) visible de la vida
interior. Aprehender un yo quiere decir aprehender la esencia de sus
problemas existenciales, su código existencial". Esta aproximación
a la novela ilustra de manera sintética lo que pretende el autor, y lo
logra, en "La Puerta de la Misericordia". Quien busca desvelar la
divinidad de Jesús es Nakdimón, fariseo y escriba escéptico. Esa búsqueda
del yo humano consubstanciado con Dios, o de un yo divino hecho hombre para
experimentar las vicisitudes humanas, es el leit motiv de la gradual anagnórisis
del narrador. Y es posible, quizás, que se convierta en uno de los temas,
sino el principal, de la novela. La
obra comienza donde va a finalizar; en esa instancia narrativa, Nakdimón
reunido con María, Juan, José de Arimatea y Simón el Leproso junto a
otros personajes en la casa de Lázaro, dialoga con ellos con la intención
de confirmar su certeza: Jesús es el Mesías. La narración comienza a
retrotraerse hacia dos años atrás, en una suerte de
"flash-back", en una noche en Betania en la que Nakdimón visitó
a Jesús. Desde ese momento comienza a desarrollarse la trama. Son los dos
últimos años de Jesús de Nazaret durante los cuales el narrador es
testigo de los acontecimientos políticos, morales y sobrenaturales que
involucran y rodean al protagonista. Para construir la historia se sirve de
los testimonios de los demás personajes, y
por medio del diálogo va hilvanando los hechos y el pathos
de los mismos. La
novela posee la impronta del ensayo; Nakdimón parece transformarse en el
decimotercer discípulo cuando narra su experiencia al lado de Jesús y sus
seguidores, porque llega a compartir los valores trasmitidos de la nueva
ideología. "La Puerta de la Misericordia" es un título simbólico
que remite al Sermón de la Montaña y
es, a la vez, el testimonio de un personaje. La obra cumple con el
objetivo de los clásicos de la literatura: mover, deleitar y enseñar. [Federico
Rivero Scarani]
A situação de Angola tem atraído o interesse e a atenção mundiais, inclusive de personalidades famosas como a Princesa Diana, que abraçou a causa angolana. Poucos, no entanto, têm conhecimento do que foi a guerra e de como ela foi vivida. Através da autobiografia Angola: Entre o Amor e o Ódio, Filomena Carreira conta como, durante a guerra da independência de Angola, em 1975, uma menina rica e de uma conceituada família angolana tornou-se pobre, da noite para o dia, chegando a ponto de roubar para comer. Com riqueza de detalhes, a autora retrata a triste experiência de ver amigos morrerem em sua frente, ser assediada sexualmente na presença do próprio pai e ter que deixar o país para não morrer nas mãos da sua própria gente pelo simples fato de ser considerada "resquício da colonização portuguesa", só porque não era negra como a maioria. Trata-se de uma história real, que relata, através da vida de uma família, a história de um povo que viu seu país ser destruído em nome da busca pela independência. Com dados ora relevantes, ora enternecedores, a obra mostra a perspectiva de uma parte do povo angolano que sofreu e ainda chora com o dilaceramento do seu país. |
|
Livros para Agulha deverão ser
enviados aos editores, nos endereços a seguir: |