revista de cultura # 34 - fortaleza, são paulo - maio de 2003

artista convidada: remedios varo (méxico)






 

Remedios Varo: la alquimia de los sueños

José Ángel Leyva

.

Remedios no inventa, recuerda ¿Pero qué recuerda? esas apariencias no se parecen a nada ni a nadie.

Octavio Paz

 

1 Desde las sombras

Remedios VaroRemedios Varo, Leonora Carrington y Frida Kahlo, conforman la triada surrealista de mayor exportación en México. No obstante, nunca existió un grupo o movimiento que abonara y cultivara el surrealismo como tal, lo que sí existió -y con ello suscribo la observación de la crítica Raquel Tibol-, arte surrealista mexicano, incluso desde antes de que llegaran los famosos abanderados de esta corriente, en particular André Breton y Antonin Artaud, quienes calificaron al país mismo como territorio surrealista. Para muchos, ell sur realista. Veamos lo que dice Salomon Grimberg:

“André Breton llegó a México creyendo llevar consigo el surrealismo. Lo que llevaba era un marco teórico para explicarlo, y la posibilidad, para artistas de mentalidad afín, de dar rienda suelta a su creatividad como grupo organizado (...) Los europeos se habían afiliado al surrealismo para acceder a otros mundos; los mexicanos eran surrealistas natos que entraban y salían de otros mundos como si tal cosa. En México el surrealismo era un estado mental; existía sin nombre, sin pretensiones, sin conciencia de sí mismo. En el arte mexicano, saturado de humor negro, Breton descubrió una línea directa con el alma mexicana. Era un contexto en que los contrarios como la vida y la muerte convivían tranquilamente (...) Un día de junio de 1938, cuando llevaba dos meses de estancia, declaró en una entrevista con Rafael Heliodoro Valle: ‘México tiende a ser el lugar surrealista por excelencia’.” [1]

No hay que pasar por alto que, desde 1921, el estridentismo surgió como un grito de rebeldía y provocación contra el conservadurismo y el academicismo decimonónico que se aferraba con garfios a las instituciones postrevolucionarias. La literatura, la música y la plástica fueron tributarias de ese espíritu renovador que, aunque fugaz como movimiento de vanguardia, incidió en diversos sectores de la sociedad intelectual de la época. El estridentismo dio lugar a una mitología propia y a un discurso pleno de simbolismos que no se limitaba exclusivamente al empleo de una jerga cargada de tecnicismos y referencias científicas. Y aunque mandaban a la silla eléctrica a Chopin y condenaban a muerte al cura Miguel Hidalgo, símbolo de la independencia de México, lanzaban vivas al platillo más barroco y característico del país, el mole de guajolote. Nacionalismo y vanguardia convivieron y riñeron dentro de un mismo ámbito de fondos rurales y primeros planos cosmopolitas, como sucede con el grupo de los Contemporáneos y con músicos de la talla de Silvestre Revueltas y Carlos Chávez (íntimo amigo de Aarón Copland, quien vivió en México y compuso piezas dedicadas a su cultura). El exilio español y europeo en general vendrían a nutrir el ambiente intelectual del país, donde de manera aislada, pero muy significativa, destacaba la imagen de mujeres extraordinarias y exóticas como Tina Modotti, Nahui Ollin, María Izquierdo y la propia María Antonieta Rivas Mercado.

Es conocida la carta en la que Frida Kahlo [2] se burla de Breton y de su cardumen surrealista, reduciéndolos a no menos que payasos y deslindándose de su doctrina. Al mismo tiempo, reconoce a Marcel Duchamp como un gran renovador del arte y una figura propositiva en la atmósfera estrafalaria y snobista de París, donde ella se encontraba exponiendo su obra, en la Galería Julien Levy, en 1938, y en la Renou et Colle, en 1939. Remedios Varo tomó distancia del movimiento vanguardista cuando asumió a México como su patria, luego de vivir infancia y juventud en desplazamientos constantes entre España, África y París, donde fue incorporada al núcleo surrealista por su segundo esposo, el poeta Benjamín Péret. Allí convivió con Breton, Paul Eluard, Crevel, Desnos, Miró, Arp, Naville, Wolfgang Paalen, Max Ernst, Ives Tanguy, entre otros. Quizás estos desprecios o distanciamientos maduros le hayan costado a la artista -nacida en nacida en Anglés, provincia de Gerona, Cataluña, en 1908, y fallecida en México en 1963—un escaso reconocimiento en Europa y en España, su propio país de origen. Digo esto porque en la gran exposición “Surrealistas en el exilio y los inicios de la escuela de Nueva York”, realizada entre el diciembre de 1999 y febrero de 2000, en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Remedios Varo es apenas una referencia anecdótica por sus vínculos con el estrecho círculo de asilados que conformaban Benjamín Péret, Wolfgang Paalen, Gunter Gerszo, Leonoro Carrington, Gerardo Lizárraga (primer marido de Remedios Varo), Esteban Francés, Gordon Onslow-Ford, César Moro, y algunos mexicanos como Octavio Paz y José Gorostiza. Su obra no merece el mismo espacio que, por ejemplo, su alma gemela, Leonora Carrington, ni tampoco un lugar en el catálogo ni en las biografías de la mencionada exposición.

Visto como un acontecimiento circunstancial y secundario, el trabajo de Remedios Varo es marginal ante figuras del surrealismo, como Luis Buñuel, con quien compartió el paisaje del destierro, y Salvador Dalí, de quien fuera condiscípula. Ni qué decir de Max Ernst, de quien digiere atmósferas plásticas. Poco a poco emerge el valor imaginativo de Remedios Varo en un mundo, hay que insistir en ello, que por su machismo no es privativo ni característico de México, aunque en ello se haya empeñado el cine nacional de la mal llamada época de oro. Pero la obra de Remedios Varo emerge y crece en la medida en que se recopilan los numerosos cuadros que fue vendiendo y regalando conforme los producía, pues como lo afirma su tercer y último compañero sentimental, Walter Gruen, había lista de compradores antes de que los terminara.

Parte de ese reconocimiento lo hace hoy el gobierno de México al decretar su obra como “monumento artístico”, lo cual incluye las 38 piezas donadas por el matrimonio Walter y Alexandra Gruen al Instituto Nacional de Bellas Artes. Significa que dicha obra no podrá salir del país si no cuenta con permiso especial y cuyo propósito de itinerancia no sea otro que el de la difusión de la autora y su legado estético, que ya constituye, de manera oficial, parte esencial de la historia del arte mexicano.

Remedios VaroEn este mes de mayo (2003) se exhibe la colección que Walter Gruen, viudo de Remedios Varo, fue reuniendo a lo largo de muchos años entre los coleccionistas extranjeros y nacionales. Tiene lugar en el contexto de un proceso legal sobre su pertenencia, pues Beatriz Varo, sobrina y única familiar sobreviviente de Remedios, reclama como herencia la producción artística de su tía y en particular la colección hoy expuesta en el Museo de Arte Maderno. Ya desde noviembre de 1999, el matrimonio Gruen había entregado en comodato su colección de pinturas y dibujos de Remedios Varo, y en 1993 donaron al INBA el cuadro La huida, pintada en 1942, misma que pasó a formar parte del acervo del Museo de Arte Moderno.

 

2 El sueño: luz de la obra

Un amigo psicoanalista que acudía en 1994 a mi curso-taller sobre La poesía y el sueño, en la librería Gandhi Bellas Artes, comentó su particular interés por encontrar eso que los poetas llaman la estética de los sueños o lo que Gastón Bachelard ve como la sustancia onírica que halla su expresión formal en el arte. La explicación fue demasiado ardua y sin efectos. Busqué un acercamiento al concepto a través de una imagen, que a la vez que se concentre en ese punto lo amplifique y lo cargue de posibilidades, de significados. Creo que por fin di con ella y con una gran muestra de su praxis.

Benedetto Croce comenta en su Breviario de Estética que la intuición es la alegoría de la idea, la intuición es el símbolo, y en el símbolo la idea no existe por sí sola. La idea se disuelve completamente en la representación. Entonces Croce recuerda el parangón prosaico del estético Vischer del terrón de azúcar disuelto en un vaso de agua, que permanece y reacciona en las moléculas del líquido, pero que ya no recupera su forma original; a menos, pienso yo, que se realice un complejo proceso de síntesis. De la misma manera el sueño se diluye en la razón y en las imágenes, en el tiempo y en la preceptiva, en el accidente y en la fabulación. Es la esencia del sueño, pero conformada ya en su expresión consciente. Borges observa cómo al contar un sueño lo sacamos de su juego de espacios y tiempos simultáneos, porque el sueño es múltiple, simbólico, diverso y conjuga las temporalidades, de tal manera que al pretender reconstruirlo, al narrarlo, se comienza a fabular. Así, la invención le otorga una ocurrencia lineal, cronológica. El sueño (sus símbolos) está en cada molécula de la fabulación, de la representación estética, que es su propia materia.

La obra de Remedios Varo es el ejemplo más ilustrativo de esta idea. En el catálogo de la exposición en el Museo de Arte Moderno (MAM), en 1994, con seguridad la más completa que se haya hecho hasta ahora, Francisco Serrano hace un análisis en este sentido de la plástica de dicha pintora, detallando los sedimentos románticos en el surrealismo y en lo que pueda haber de estética surrealista en Remedios Varo. El sueño es el núcleo del pensamiento romántico, es el encuentro y el desencuentro del hombre con la naturaleza, es principio y fin de su materialidad, metafísica y eternidad. Citemos algunas líneas de Serrano para aproximarnos más al cuadro: "En su obra, como en las novelas de Jean Paul, el sueño está en todas partes; mejor dicho: el sueño es la sustancia misma de los acontecimientos. Es el lugar de las apariciones instantáneas: el mundo se ha convertido en sueño y el sueño se ha convertido en mundo. Señora de las metamorfosis, Remedios supo acoger el llamado de 'las fuerzas invisibles' y las hizo encarnar" (...) "La influencia del surrealismo en Remedios Varo fue estética y moral".

Remedios VaroLa obra de Remedios Varo es poética y narrativa. No pretende manejar conceptos o ideas, sólo nos deja las imágenes montadas en la escena. La parte filosófica o científica está implícita en su visión de la vida, en su experiencia, en su concepción artística. A pesar de que se le relaciona con una fantasía medievalista, por la arquitectura, las atmósferas, el vestido de sus personajes y algunos motivos que nos evocan la tradición alquimista y de los hechiceros, nuestra pintora se aleja de la alegoría, que fue la propuesta estética más beneficiada en la Edad Media. No existe en su trabajo el dualismo de la imagen y el concepto, propio de la representación alegórica, cuyo fin es moral y didáctico, más que artístico. Siguiendo a Croce diríamos que en Remedios Varo se materializa la teoría de la intuición como alegoría de la idea, como representación simbólica. En su pintura están disueltos los sueños a la manera del terrón de azúcar. En su cuadro Alegoría del invierno (1948) no hay tal alegoría, es sólo el título, pero en Mujer saliendo del psicoanalista (1960) sí existe una carga conceptual que nos obliga a traducir la imagen, a interpretar la escena. La primera de las hipótesis que se lanza en los libros es que hay una representación de la autora despojándose de la autoridad paterna. Tal vez porque este cuadro no nace de una imagen o de un sueño, sino de una idea. Pero aun así la fuerza simbólica disuelve la reflexión y la teoría para darnos un todo natural, que no puede separarse si no es bajo el riesgo de dejar de existir como obra de arte.

Remedios Varo no pretende interpretar sus sueños, simplemente los recrea y los convierte en materia visible, sensitiva, capaz de provocar imágenes. Eso es la poesía. Hay muchos ejemplos de cuadros en los que la autora hizo apuntes verbales. En la exposición de 1994 en el MAM, a determinados cuadros los acompañaba una especie de relato que nos hablaban de su origen y de sus expresiones, de sus conflictos y de la tensión existencial que los provoca o los dirige. Esas pequeñas notas de la artista venían a reforzar lo que Bachelard o Borges apuntan como la fabulación del sueño. En el momento en que nos contamos la aventura onírica estamos ya otorgándole otra forma, dándole un destino diferente. El sueño se formaliza de una manera similar a como se interpreta, pues como dice Jung, la interpretación es asunto exclusivo del soñante, y si acaso de su terapeuta. La interpretación, como la recreación, dependen del talento, de la sensibilidad, de la cultura y los conocimientos y de la experiencia misma de cada persona.

La intuición del artista se encuentra con la del espectador y produce la imagen, otra imagen distinta a la que pueda conducirnos la explicación de la autora, como es el caso de Tailleur Pour dames (1957), en el que nos comenta el sentido de cada elemento que viste a la escena y a sus personajes. Es la estética sugerida por el sueño la que se impone al final de cuentas y asombra al público. La estética del sueño surge del juego de símbolos en los terrenos de la imaginación, la técnica, el accidente, la razón, el sentimiento. De algún modo podríamos decir que la intuición, el arte, está muy bien representada en su cuadro Ciencia inútil o el Alquimista (1955), donde todo forma parte de todo, sin saber para qué o por qué; tampoco importa. Es el sueño, con todas su cargas de ligereza, soledad, iluminación, transparencias, ingravidez, premoniciones, atemporalidad, atmósferas, sonidos, miedos, humores, sensaciones, deseos, improvisaciones, alucinaciones y fantasmas. El juego sinestésico abre la cauda de colores acústicos, de notas translucidas, de dibujos animados por el aire y la perspectiva, de espacios anímicos. Después de vivir el sueño del artista, el espectador, al contarlo, está elaborando ya su propio sueño.

 

3 La varomanía comienza, pero no es deseable

Remedios VaroLuego de conocer los efectos de la fridomanía y las distorsiones que el cine de Hollywood ha hecho de su vida y su persona, no podemos menos que recomendar la lectura de los libros de Raquel Tibol: Escrituras y Frida Kahlo, una vida abierta, ambos publicados por la Universidad Nacional Autónoma de México, para despejar esa nata de plástico en la que se ha envuelto a Frida y al gran pintor Diego Rivera, que pertenecen a un momento de la historia de México en la que ocurre una efervescencia cultural que es motivo de atracción de cientos de figuras monumentales del arte y de las ideas, por ejemplificar: Eisenstein, Copland, Trotky, Breton, Artaud, Buñuel, Malcolm Lowry, entre muchos más. Pero es que en la década de los años 20 a los 50 se da el surgimiento de figuras de gran calado en la cultura nacional que pretenden imprimirle a su país un nuevo rostro y un nuevo rumbo. En medio de esa ebullición y de esa calma, en medio de esas concentraciones y de esos aislamientos, que sólo dan las culturas periféricas, es que Remedios Varo se sembró y se abonó en estas tierras. No tuvo el glamour de Frida, ni la oportunidad o quizás ni siquiera la intención de exponer en París, con sus antiguos colegas surrealistas, en la ya legendaria galería de Julien Levy. Su discreto encanto, como sus sueños, fueron concentrados en la intimidad del trabajo creador. Incluso a salvo de las influencias del folclore mexicano que, debemos reconocerlo, es pegajoso.

El éxito alcanzado por la exposición Remedios Varo en 1994, que incluyó 175 piezas: óleos y dibujos, se refleja en la cifra de visitantes que el museo dio a conocer: 250 000 personas. En 1986 hubo una muestra en Nueva York, en la Academia de Ciencias, que después pasó a Washington. Era pequeña, de unos 20 cuadros. Se tituló Science in Surrealism (La ciencia en el surrealismo) con mucho éxito entre la comunidad científica y el público general. Luego vendrían algunas muestras retrospectivas en Estados Unidos, como la que se realizó en el año 2000, en el Museo Nacional de Mujeres en las Artes, en Washington (con 65 obras), y más tarde en el Instituto Mexicano de Bellas Artes de Chicago. También en Japón el periódico The Tokyo Shimbun llevó la muestra a diferentes ciudades: Tokio, Nagoya y al Museo de Arte Moderno de Kamakura, generando nuevos admiradores que nunca pierden la oportunidad de diseñar fenómenos emergentes del pasado. Quizás porque ya no deben pagar derechos a los autores, pero siempre habrá sobrinos o parientes que aparezcan del olvido a clamar por sus derechos de sangre, por los signos inscritos en el genoma que nada aportan en el conocimiento de un proceso en el que los sueños fueron materializados en obras de arte.

NOTA
1 Salomon Grimberg, “México reflejado en el espejo de André Breton”, en Surrealistas en el exilio y los inicios de la escuela de Nueva York, catálogo de la exposición del mismo nombre, 1999-2000.
2 P
ublicada por Raquel Tibol en Escrituras, UNAM, México, 1999.

José Ángel Leyva (México, 1958). Poeta, ensaísta e narrador. Autor de Lectura del mundo nuevo (1996) e La noche del Jabalí (2002). É um dos diretores da revista Alforja. Contato: jangel_leyva@yahoo.com. A ele agradecemos pelo ensaio exclusivo e a curadoria da artista convidada desta edição da Agulha. Página ilustrada com obras da artista Remedios Varo (México).

retorno à capa desta edição

índice geral

triplov.agulha

triplov.com.agulha.editores

jornal de poesia

Banda Hispânica (Jornal de Poesia)

Ser Espacial (Brasil/Portugal)