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revista de cultura # 36 - fortaleza, são paulo - outubro de 2003 |
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Esteve Casanoves: signo, abstracción e intuición Miguel Ángel Muñoz
El
arte ahora es más intelectual que sensual
La propuesta estética de Esteve Casanoves está
siempre en el límite de distintas disciplinas: idea estructuras para
pintar, extraños objetos que adquieren un movimiento sutil, introduce la
fotografía con la construcción de objetos que dan un toque poético y mágico
al juego del espacio. Toda pieza, por mínima que parezca, sintetiza o
recrea la máxima expresión de su sentido creativo. Quizás por ello, como
dice Danto la obra de arte es lo que se ve, más algo que no se ve, y que en
Casanoves tenemos que captar el espíritu - o el significado- de su
lenguaje, donde todo es estático, nada está dos veces en el mismo lugar. Hay múltiples formas de entender la pintura, la
escultura, la fotografía y algunos vídeos de Esteve Casanoves: evocación
de signos, movimiento perpetuo, admiración y desafío. Evocación cómplice.
Retrocede y gira en imágenes sorprendentes. Cada pieza es una respuesta y
es constelación de composiciones. No tienen límites. Sus aberturas y sus
resoluciones están contenidas en ellas Al mismo tiempo, predisposición de
lenguajes estéticos que sostienen diálogos en el interior de su pintura:
fija miradas y descubre silencios. Apetito visual intocable e incandescente. ¿Cómo explicar el proceso creativo de Casanovas?
Trabaja en una mesa de su estudio, construyendo y fotografiando objetos
insignificantes: pedazos de hielo, tiras cortadas de cartón, cintas.
Utiliza cosas que están a su alcance. Así se agranda el espacio visual
construido sobre la mesa, complicando al mismo tiempo, nuestra percepción
de lo que son las cosas., lo que es real y lo que se refleja. Este proceso
me atrae, confabula y, al mismo tiempo, provoca distancias. Se proyecta como
abanico de vibraciones; sensación de masas y formas que significan
lenguajes: espacio interminable. Cada proyecto se cierra en sí mismo. Es
experiencia poética más que intelectual. La obra abarca la sorpresa y el
emblema, como lo harían los alquimistas medievales con la imagen sagrada.
Estos influyeron - supongo - de cierta manera en las ideas estéticas de
Casanoves. La pintura, la escultura y la fotografía de
Casanoves son objetos y lugares. Se nos presentan, en lo que se refiere a
superficies diversas y espacios, como construcciones, propuestas y
fabricaciones. Se nos muestran en forma de los detalles menos familiares de
espacios que desconocemos. Es una cuestión de exteriores e interiores, de
franqueza y contención. Que forman un repertorio diverso de símbolos que
reconstruyen un lenguaje. Cada signo designa arquetipos como imágenes inéditas.
Quizás el artista ve el universo como contraparte de la pintura. Esta idea
viene de Joan Miró, y su expresión más pura y alta está en Antoni Tàpies
y Joan Brossa.
El arte de Casanoves es ritmo. Es, por definirlo así,
una visión poética. Como decía, el universo es movimiento, y cada
movimiento genera sentidos, vive en constante vibración, en permanente
equilibrio. En Casanoves, todo cambio es consecuencia de la pintura, no de
mera investigación precientífica. En su obra la superficie es la carne del
proceso estilístico. Las imágenes, por decirlo así, se hacen con los
medios que utiliza. O bien, dada que estos medios visuales y el espacio son
uno, en la obra de Casanoves, el propio espacio es imagen. Descubrimiento
metafórico, la gran sorpresa del lenguaje que es la pintura. Y así, la
atracción por la materia es cambio, exploración, secreto. La materia es
sonido, la imagen es signo. Cada elemento es una totalidad, no lo definen,
lo descubren. El arte es libertad- dice el artista -, el tema es
pretexto, la forma habla, traductora de significados, de ahí su pureza pictórica.
Desde esta perspectiva podemos entender claramente la obra de este artista.
Su proyecto estético se aleja de la figuración: evoca en contraposición
signos abstractos. Mundo que se manifiesta inédito: estructura,
arquitectura, ritmo, forma. Dualidad enigmática que converge entre antagónicos
impulsos. Gravitación y levitación. Nada es verbal sino plástico. Esteve Casanoves investiga las texturas, la densidad
de la materia, los espacios, los colores. Pintura que sobrepone la materia
ante todo. “ Un buen hallazgo - decía Baudelaire - es la simple
consecuencia de un buen razonamiento del que a veces se han saltado los
pasos intermedios, lo mismo que una falta es la consecuencia de un falso
principio”. Casanoves no parece interesado en cuestiones como “la verdad
de los materiales”, y no tiene prejuicios contra la ornamentación o el
uso flagrante de efectos decorativos. El empleo de materiales dispares - que
en algunos casos son lo que aparenta y en otros no- es acumulativo,
heterodoxo e impuro. Casanoves extrema la pintura, la fotografía, la
escultura: la materia se vuelve vitalidad, energía. Si el espacio es ritmo,
la materia es forma; algunas obras de Casanoves me recuerdan a René Char,
como Valéry me descubre a Sigmar Polke, a Vito Acconci, a Francesc Torres,
a Gina Pane, a Yves Klein, a Peter Campus, a Bill Viola. El dibujo en la pintura - y en la totalidad de su
obra- de Casanoves es sintético, quizás como decía Joseph Beuys es el
esqueleto de todo lo visual. En inglés, el término draw, dibujar, explica
el acto creativo de los antiguos artistas de Chevigny. Dibujar significa
trazar, marcar, delimitar en superficies. Pero también significa
“extraer” - draw out-. Una vez más, el significado ofrece una doble
posibilidad, y Casanoves sugiere en cada una de sus piezas que el dibujo
tenga un equilibrio central en cada una de sus piezas. Se trata de
representar encontrando las formas que emergen del espacio a través del
acto que provocan las imágenes. Volúmenes planos, compactos, relación
entre espacio y forma. El espacio es convergencia, monumentalidad que
siempre va más allá; la forma es propiedad sensible, suspendida en
entidades, magnetismo poético: constelación de símbolos. La unión de
estos dos elementos es parte clave en la obra de Casanoves. En esto consiste
la fascinación de su proceso pictórico. Mi intuición es que la las obras
deben experimentarse como caminos a través del espacio y el espacio como el
medio de nuestra sorpresa. Quizá deba decir: irradiación espiritual. La
poesía se atreve a decir en la modestia Parafraseando estas líneas de René Char, imagino
los cuadros de Casanoves como aventura estética: confrontación y
encuentro. Su creación es crítica y su lenguaje, poética. Celebración
abstracta. Delirio de la razón. Evoca un mundo, no sólo centra y controla
al sanguinario tiempo, como dice Char, sino por su canibalismo monstruoso
con que delinea formas.
Es esta forma de elocuencia la que fuerza Esteve
Casanoves insertándose en la doblez que todo objeto esconde, que es físico,
sin duda, porque un objeto separa y comunica diversos espacios, pero también
es un “signo” indescifrable y, como tal, fuente de reflejos,
transparencias, imágenes y símbolos. La fotografía, la pintura o la
escultura, por otra parte, cubren, pero también nos descubren su propia
materialidad de significados, pues podemos trastocar su naturaleza. Esta es
la lección que proporciona Casanoves: que un objeto construido por y para
el hombre no reduce su capacidad a la utilidad que comporta, sino que
constituye una experiencia, una vivencia, una revelación, y por que no, un
acontecimiento inédito. El arte de Casanoves es trampa visual para penetrar
lo inimaginable: aire, tierra, tiempo, memoria. En ello radica que sea
calificada de laberíntica. Los laberintos están diseñados para engañar y
confundir. El placer de un laberinto es el placer de perdernos y de
reencontrar el camino. Lo que nos interesa como espectadores es hacer
nuestro propio recorrido por la obra, y en ese laberinto tenemos que evocar,
convocar y tropezar por la geometría del espacio y de los objetos. Los
cuadros y las esculturas de Casanoves no atrapan el tiempo, mucho menos lo
delimitan: la forma se vuelve ritmo, eco de vibraciones. Del aire al
silencio: mutación y variación que construye el campo de batalla. Todo es
dual. Apetito universal: Picasso, Klee, Matta, Miró, Willem de Kooning, Sol
LeWitt, Gary Hill, Dan Grahan traducen la sensibilidad del mundo. Es cierto
que, como dice Hegel, “cada individuo es hijo de su tiempo”, y por
distante que Casanoves pueda estar lejano de ellos, tanto geográficamente
como en conceptos, él pudo buscar su propio universo histórico. Espacio
presentido en cada imagen. La diferencia con su pasado es significante.
Casanoves está revelando una imagen estética inédita, cierto, no niega la
tradición. Explora el gesto en la pincelada brutal, en la construcción de
objetos, en los límites de una escultura, en la destrucción y construcción
de formas fotográficas. Sus objetos o estructuras aparecen entonces como
objetos derivados de la sociedad industrial, consumista y tecnológica y, a
la vez, de la escenografía pobre. Metamorfoseados, alterados, reproducidos,
reciclados y ensamblados, estos nuevos objetos obedecen a la matriz lingüística
de Marcel Duchamp,, matriz que los artistas norteamericanos intersecan con
las poéticas minimalistas y warholianas, y los europeos con las de Joseph
Beuys. Su mundo es un espacio de convergencias. Equilibrio arquitectónico.
Por esto, Casanoves, descifra su propio movimiento. En este sentido, su
discurso estético es operación alquímica que encierra su mundo interior:
la obra de arte. En esta intersección diversa que hace frente a la
norteamericana, la neobjetística europea tienda a generar un máximo
conocimiento espiritual y material sobre el arte, incentivando el uso
combinatorio de diversos materiales y sistemas lingüísticos, poniendo énfasis
en los conceptos de subjetividad e ironía, una ironía que hunde sus raíces
en el espesor de la memoria individual, y en cierto sentido, colectiva. La
memoria adopta así múltiples travestimos que acaban construyendo una nueva
realidad.
¿Cómo detienen el tiempo estos cuadros, objetos,
esculturas o fotografías?. Quizá el espacio se observa de dentro hacia
fuera, del lienzo hacia la superficie, en contraste con la obra del pintor
alemán Sigmar Polke donde es patente la explicación de la pintura desde el
exterior. En Casanoves es como si algo presionara desde dentro del cuadro.
El cambio y la permanencia, el movimiento y la quietud. En estos dos
artistas la pintura y la fotografía encarnan, descubren, revelan. La de
Casanoves es vertiginosa, sorprendente. La de Polke es un gran abismo poético.
Estas conquistas han enriquecido nuestra propia sensibilidad, y han influido
extremadamente en el arte contemporáneo. Para Baudelaire la pintura crece
en líneas, estructuras, signos, composiciones. Casanoves crítica y extrema
su búsqueda. Esta violencia fascina. Es la gran subversión. Esteve Casanoves conquista espacios. Su pintura es
un espejo magnético donde todo se transforma. Poesía en movimiento, diría
Octavio Paz. No hay secretos: la revelación constante desde dentro de todos
sus proyectos artísticos. Correspondencia visual permanente donde Casanoves
profana nuestra virgen mirada. O, como él ha dicho: hay que descubrir la
sorpresa del arte a cada momento. Hace unos años, cuando por vez primero descubrí su
obra me desconcertó. No era la clase de obra a la que respondía mi
escritura en esos años. Era, por otra parte, una estética que me
entusiasmaba para identificarme en un futuro. En el momento en que vi sus
esculturas, fotografías, pinturas y objetos comprendí que se encontraban
detenidas en ese pequeño o gran espacio de ideas encontradas que me atraían
del arte de los noventas. Aunque he de ser franco, y decir que, el arte no
puede traducirse en palabras. |
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Miguel Angel Muñoz (México, 1972). Poeta, historiador y crítico de arte. Es autor de los libros de ensayos: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos; La imaginación del instante. Signos de José Luis Cuevas; Ricardo Martínez: una poética de la figura. Es director de la revista Tinta Seca. Contato: miguelangelmunoz@prodigy.net.mx. Página ilustrada com obras do artista Esteve Casanoves (Espanha). |