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revista de cultura # 36 - fortaleza, são paulo - outubro de 2003 |
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Javier Sicilia: el reflejo del espíritu Ricardo Venegas
RV - Iniciemos con una
pregunta fundamental, ¿qué lugar ocupa en México la poesía religiosa? JS - Creo que es una poesía
que sólo hasta recientes fechas se ha empezado a valorar en su verdadera
dimensión. México es un país que ha tenido grandes poetas religiosos.
Curiosamente, como una ironía del espíritu, nuestro poeta nacional es un
católico que escribió en muchos momentos una muy alta poesía religiosa,
una poesía que nació de su drama interior: la ascesis y el erotismo.
Otros grandes poetas religiosos son Carlos Pellicer, el Gorostiza de Muerte sin fin y Gilberto Owen. Lamentablemente, nuestra crítica no
ha analizado con profundidad estos aspectos, contentándose con ver sólo
el lado sagrado que hay en toda poesía. El problema se ha complicado
cuando los poetas manifiestan una expresión relacionada abiertamente con
el catolicismo. Estos poetas han sido marginados y sólo, como te he
dicho, hasta recientes fechas, han comenzado a ser valorados. El caso más
claro es el de Concha Urquiza que los Méndez Plancarte rescataron, pero
que después pasó al olvido hasta que Ricardo Garibay, por un lado, y el
poeta José Vicente Anaya, por otro, realizaron un trabajo minucioso al
respecto. Éste último hizo aproximadamente hace diez años una reedición
de El corazón preso y trabajó en una biografía de Concha. Garibay le
dedicó hace tres años varias ediciones de radio. El trabajo de Francisco
Alday había permanecido casi inédito hasta que Alberto Paredes publicó
en 1987 una antología de su poesía, con prólogo de Manuel Ponce,
recientemente fallecido, y había tenido una suerte parecida, ya que
publicó siempre de manera marginal, particularmente en la editorial JUS,
que en ese entonces tenía un prestigio reaccionario. El poeta Marco
Antonio Campos tuvo el acierto de reunir su obra completa para la UNAM en
1988. Otro caso es el del padre Alfredo Plascencia, del que gracias al
Cenca pudimos ver, creo que en 1989, una reedición de El
libro de Dios; hay poetas religiosos que permanecen en el olvido y
confío irán saliendo poco a poco a la luz. Como ves, es sólo hasta
recientes fechas que el sentido religioso, como una realidad profundamente
espiritual, comienza a ser valorado. De hecho, mi generación tiene
grandes poetas que, aunque no son católicos, tienen una profunda
preocupación religiosa: Elsa Cross, Tomás Calvillo, Alberto Blanco, Luis
Cortés Bargalló, Jorge González de León, por nombrar sólo algunos. RV
- ¿A qué se ha debido esta marginación? JS - A muchos factores. Te
hablaré sólo de algunos. En primer lugar al terrible jacobinismo que ha
imperado en nuestra nación y que sospecha de todo lo que huele a religión,
particularmente si es católica. Ese jacobinismo, que ha sido prestigiado,
ha obligado a muchos católicos a tener una visión vergonzante de su
catolicidad. En segundo lugar, a que la jerarquía de la Iglesia Católica
Mexicana es muy inculta y ha visto siempre con desdén al arte. Ha
olvidado que las mayores expresiones del misterio de Dios en su Iglesia,
después de los santos, se encuentran en el arte. La liturgia, por
ejemplo, es arte y ésta en nuestro país se ha relajado de forma penosa y
alarmante. Escucha solamente los cantitos de las misas dominicales, que
son una mezcla de la rondalla de Saltillo con el peor Enrique Guzmán y
los jingles de Coca-cola o los
santitos de yeso que pueblan el interior de los templos, por no hablar de
la arquitectura religiosa. Eso puede dar una idea de la incultura que por
desgracia hay en nuestra Iglesia. ¿Qué tiene que ver todo eso con la
marea de fuego del espíritu que ha producido obras como las de Bach,
Massacchio, del padre Ponce, cuyos poemas podrían ser adoptados por la
liturgia mexicana? Lo kitch, por
desgracia, se ha ido apoderando del misterio. Hay un tercer factor, la
ideología marxista que durante mucho tiempo fue un sello de distinción
entre muchos intelectuales.
RV - ¿La poesía de
elementos bíblicos puede ir hacia lo social? JS - Sí, pero en segunda
instancia. El objetivo de toda poesía es profundamente espiritual, no sólo
con elementos bíblicos, sino con elementos religiosos y espirituales, y
creo que toda verdadera poesía los tiene; es, valga la redundancia,
espiritual. Creo, como lo sostenía Tarkovsky, el cineasta, que la misión
de todo arte es elevar la conciencia espiritual de los hombres. Si se
logra, entonces la poesía adquiere también una función social. Si el
hombre crece espiritualmente entonces la sociedad se mejora en sus
relaciones económicas, productivas, políticas, culturales. El objetivo
de la sociedad dejaría de ser mundano y se volvería trascendente. Una
sociedad verdaderamente espiritualizada viviría de manera fraterna y
pobre. RV - ¿Quiénes son los
maestros de Javier Sicilia? JS - He tenido muchos. Entre
los poetas tengo profundas deudas, en primer lugar con mi padre. Óscar
Sicilia fue quien me enseñó a amar a Cristo y a la poesía, y de quien
escuché los primeros versos. Él era poeta. Pronto saldrá su libro, un
libro por desgracia póstumo que reúne la mayor parte de sus trabajos, se
llama Bajo el árbol del drago. Después,
con San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Lanza del Vasto, Eliot, Gorostiza,
Cuesta, Saint-John Perse, Manuel Ponce y con mis amigos Tomás Calvillo y
Fabio Morábito. Junto a ellos comencé a escribir mis primeros poemas.
Entre los novelistas: Dostoievski, Bernanos, Camus y Kazantzakis. Entre
los cineastas Tarkovsky. Le debo también mucho a un
hombre que quise demasiado, un novelista marginado y la antítesis de lo
que soy, Salazar Mallén. De él aprendí mucho en el orden de la
literatura y de la amistad. Le debo también mucho a un lingüista francés,
también amigo mío, del que traduje un libro que publicó la UAM, Pierre
Souyris, y a un filósofo belga que ha venido a vivir a nuestro país y
con quien tengo una profunda e íntima amistad espiritual, Goerges Voet.
Fundamentalmente ellos han sido mis maestros. RV - ¿Cuál es el compromiso de un poeta sui
generis que no escribe con los temas recurrentes de otros escritores? JS - Nunca
me he considerado un escritor sui
generis. Mi compromiso, como el de cualquier artista que se respete y
respete el infinito misterio del arte y de la vida, es ser sincero en mis
actos y en mi obra y escribir y vivir lo mejor que puedo, en acuerdo con
el universo que descubro en mí y en mi tradición. Eso es todo. Si de ahí
surge algo sui generis es sólo
hijo de una profunda sinceridad. Creo que nadie puede escribir algo que
valga la pena si se miente a sí mismo por moda, por dinero, por estar a
la vanguardia o por querer ser moderno y aceptado por sus contemporáneos.
Creo que un ser humano es más original como hombre y como artista, es
decir, es más él, y por lo mismo le puede dar algo a sus semejantes, no
en la medida en que busca innovar, sino en la medida en que desciende al
origen y busca decirlo y encarnarlo en sus actos con toda la sinceridad
que le es posible. Eso es de alguna forma para mí la aventura de la vida
y del arte. RV - ¿Qué hay de la
evolución de tu obra, te referirías a ella como un proceso o como un
crecimiento? JS - Diría más bien que
es un constante descubrimiento. Creo, como Leonardo (da Vinci) decía, que
lo único que un artista produce a lo largo de toda su obra es el retrato
de su propia alma. En la medida en que ese retrato es más claro, más
profundo, más sincero, en esa medida, porque todo lo que nos une es
interior, una obra se vuelve universal, le habla a otros y les descubre
algo de su propio universo. Yo, como cualquier poeta, intento construir a
partir de las herramientas que me da la lengua ese retrato, tamizar mi
alma a través de una forma accesible a los sentidos y al intelecto. En
este sentido, cada poema, cada obra, semejante a la de cualquier artista,
es una parte de mi alma vista desde ángulos diferentes.
JS - Soy un poeta que no
puede escribir sin métrica. No he alcanzado a conquistar la rigurosa
libertad que me permite escribir eso que equivocadamente llaman “verso
libre”. El verso libre, en el sentido en que lo entienden nuestros
contemporáneos, como el ejercicio de un capricho, no existe. Lo más difícil
es conquistar la libertad del verso libre, porque lo más difícil es ser
verdaderamente libre. Para llegar a ella se necesita un rigor inmenso. La
verdadera libertad es inseparable del más extremo rigor. Sólo se
conquista después de una larga y dolorosa ejecución y exploración de
todas nuestras posibilidades. Es decir, después de una larga y voluntaria
ascesis. Los seres más libres que conozco son los santos y esa libertad sólo
pudieron alcanzarla a través de la obediencia, del sometimiento de sus
pasiones, de sus caprichos, de su imaginación a la voluntad. Los más altos poetas y
artistas que conozco en el uso de lo que llaman verso libre pasaron por el
doloroso rigor de la academia. Su ascesis fue tan inmensa como la de los
santos. Para saber cómo Rimbaud llegó a producir Las iluminaciones y Una
temporada en el infierno, hay que leer su poesía anterior y comprender el
profundo conocimiento que tenía de los clásicos y de la poesía latina.
Saint-John Perse llevó el proceso acentual del octasílabo al territorio
del versículo y sus resultados son inmensos. El cubismo de Picasso es
inexplicable sin su rigor académico. No conozco algo más
espantoso y caótico que una pasión y una imaginación a la deriva. Yo no
he conquistado la libertad, por eso me someto a la ascesis de la métrica.
Siempre he creído que para llegar a la libertad del verso hay que pasar
por la mediación de la academia y de la tradición. RV - ¿A qué atribuyes
el que la mayor parte de la poesía religiosa católica, al menos en México,
se apegue a la métrica? JS - Es interesante esa
pregunta y jamás me la había planteado. Intentaré responder a riesgo de
equivocarme porque, como te digo, no es una pregunta que me haya hecho.
Supongo que es una secuela arraigada en el inconsciente colectivo de los
que hacemos poesía en una relación profunda con nuestra catolicidad, de
los estatutos del Concilio de Trento sobre el arte. Trento fue muy brutal
al respecto. Gabriel Zaid, en el prólogo que le dedica a la antología
que hizo sobre Manuel Ponce y que publicó el Fondo de Cultura Económica,
habla con un profundo sentido crítico de ese hecho. Trento, y yo en
substancia lo sigo creyendo así, creía que el poeta estaba imitando a
Dios y por lo tanto su creación debería ser perfecta. Por desgracia, o
por gracia, Trento definió los cánones de perfección. Por ejemplo, una
de las prohibiciones fue el uso de la sinalefa; la veían como un uso
espurio, imperfecto. Esa visión de las cosas llevó a Gonzalo de Berceo a
no utilizar ninguna sinalefa en sus Cántigas a la Virgen. ¿Te imaginas
el rigor con el que tuvo que crear Berceo? Eso de alguna forma ayudó no sólo
a Berceo, sino a otros grandes artistas a producir una obra rigurosa y
profunda. El hombre (esto ya no lo entiende el hombre de hoy que cree, en
nombre de la equívoca y pueril visión de la libertad que ha creado el
posmodernismo, que toda ley es una sujeción a su libertad) necesita de un
canon que lo remita a su libertad interior. Toda ley, cuando es buena, es
en realidad una expresión exterior de lo que es nuestra libertad interna.
RV - Te referiste a la
marginación de ciertos poetas, fundamentales en la literatura contemporánea
de México a causa de su temática, ¿esto quiere decir que han dejado de
interesarle a la crítica? JS - A cierta crítica, de lo contrario no los conoceríamos. Hay que recordar que la crítica es también víctima de su tiempo y que muchos críticos sólo reseñan los libros que el mercado privilegia; una literatura anecdótica, ramplona o escandalosa. Pero hay una crítica superior y eso no ha dejado de estar presente en México. Tampoco en el mundo. Por ejemplo, el Premio Nobel que se le otorgó a Seamus Heany es hijo de una crítica profunda. Heany es la suma de mucho de lo que la posmodernidad y el mercado desprecian: es poeta, católico y nacionalista. Hay, en el fondo de toda la estupidez posmoderna y neoliberal, una realidad que no abandona ni a la cultura ni al espíritu. |
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Ricardo Venegas (México, 1973. Poeta. Dirige la revista literaria Mala
Vida, Mester de Junglaría. (Beca Nacional “Edmundo Valadés” para
la Edición de Revistas Independientes 1996-7, 1997-8 y 2003-4). Contato: ricardovenegas_2000@yahoo.com. Página ilustrada com obras do artista Fernando Casás (Galiza). |