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revista de cultura # 37 - fortaleza, são paulo - janeiro de 2004 |
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Juan Calzadilla: un artista integral Franklin Fernández
Soy
un artista integral, y hacia allá apunta el artista del futuro
quien
no va a realizar una distinción entre los lenguajes y que va
a
moverse entre cualquier campo de la creación. Juan
Calzadilla
A
sus 72 años, Juan Calzadilla opaca por completo el verdadero perfil del
hombre urbano contemporáneo. Su presencia iluminada, es casi mística.
Timidez y humildad resaltan en él como burbujas recién nacidas del alma.
Transparente como la lluvia, delgado como el mimbre, de una alargada y
sencilla contextura color sepia como el pasto. Cabellos, cejas y bigotes
blanquecinos y grises como el casabe. Silencioso y profundo como una cueva.
De voz rústica y hermética, pero sensiblemente armónica como un soneto.
De mirada infantil; Juan es como un niño que parece un anciano y, a la vez,
un anciano que parece un niño. La imagen juvenil de un artista que no
parece un artista, un poeta que no parece un poeta, un hombre que no parece
un hombre. Como toda perfección surrealista, Juan sencillamente no existe.
Es una voz totalmente pura, sensible, invisible: “Soy invisible. Lo que
ustedes están viendo es mi voz”. Sin
embargo, las palabras de Arturo Gutiérrez Plaza, nos sirven hoy para
conocer y comprender al hombre que se parece, en cierto modo, a un invento
de Warhol, un autorretrato de Rembrant, o una imagen simbólica de Dalí:
“Juan, poeta citadino y posmoderno, habitante de un tiempo donde algunos
han expedido ya el certificado de defunción de la literatura, no se cansa
de permanecer al margen. Sabemos que frecuenta talleres literarios desde
hace mucho, donde se reúne con otros jóvenes para exhumar cadáveres
exquisitos y ejercitar la libertad como único requisito genuino del poema.
Tiene el vicio de publicar, sin atender el prestigio del sello editorial, ni
el posible destino de sus libros. Tenemos noticias, también, de que en
otras latitudes se le reconoce y estima más que en su propio vecindario...
De generosidad extrema y abusiva sencillez Calzadilla ha impregnado su vida.
Como pocos, que es decir mucho, quizás ciertamente como ninguno de su
generación ha mantenido diálogo permanente con el tiempo presente y la voz
del porvenir. De allí que su paso por cenáculos acartonados y academias
sea, cuando ha sido, virtual accidente. Este ex-ballenero, más bien Jonás
impenitente, nos recuerda a cada instante que la vida es lo que cuenta sin
trazos ni metas, sin programas ni apuros...” El
dibujo como escritura poética, ha sido una de las constantes en la obra plástica
de Juan Calzadilla. No en vano, podríamos hablar también, de una escritura
que busca su transmutación en el dibujo, optando por el grafismo. El
sentido ético y poético de la obra Calzadillana, es un diálogo permanente
que se da a través de la naturaleza humana y sensible del hombre. Una
experiencia alejada de los poderes propios de la razón. De
gran versatilidad creativa, Calzadilla ha desarrollado una dibujística
experimental (o una poesía experimental), que constituye el núcleo de su
creación más reciente. Con gran transparencia y coherencia, con un sentido
enteramente lúdico, humorístico, sarcástico e irónico, se funde su obra
con la crítica social, fiel a la tradición dadaísta y surreal.
Para
Juan Calzadilla, la poesía visual puede ser como la poesía escrita o la
poesía de la palabra. En general, lo verbal y lo dibujístico convergen en
un arte sincrético que da preferencia al carácter plástico, peculiaridad
acertada de la grafía como arte, es decir, como imagen visual del lenguaje
escrito. El
arte plástico-literario ya tiene sus antecedentes en la antigüedad, con
Simias de Rodas y Teócrito de Siracusa hacia el 300 de nuestra era. En la
actualidad, los antecedentes más cercanos provienen del letrismo y el
concretismo brasileño y las propuestas provenientes de las vanguardias
europeas. En Venezuela son muy pocos los artistas y poetas que han intentado
tal consolidación: Dámaso Ogaz, Andrés Athilano, Ramón Ordaz y otros
tantos, develan el juego existente entre imagen y palabra, experimentando
continuamente con lo que podría resultar entre estas diferentes
disciplinas. Más
de 20 libros conforman la obra poética de Calzadilla, entre la que
destacan:
Primeros poemas
(1954), La
torre de los pájaros
(1955), Dictado
por la jauría
(1962), Oh
Smog
(1977), Diario
para una poesía mínima
(1986), Minimales
(1993), Principios
de urbanidad
(1997), y los dos últimos, Corpolario
y Diario
sin sujeto.
Calzadilla,
artista total. Ensayista esencial. Poeta y artista hasta en la sopa. Hace
juegos de palabras que es tanto como decir de ingenios: “Piensa en una
poesía qué, aún estando escrita, no necesitara de palabras./ Y en la cual
el sentido y no lo que se ha escrito sea lo que dé la cara por el poema”.
Esta es su manera de entender las posibilidades de la aventura poética y
artística. A veces, conocimiento por experiencia. Otras, experiencias por
vivencias instantáneas: “Creo que la sensibilidad es una sola. El mismo
impulso, o lo que llaman inspiración, que lleva a dibujar o a pintar automáticamente,
cuando ese impulso se orienta a la producción de imágenes o ideas. Es mi
caso y el de otros, como Jean Arp, que escribía y pintaba. En todo caso, no
hago un problema de eso, ni una separación de lo plástico y lo literario.
Intento integrarlo con la producción de pensamientos. Pienso que estoy
bastante cerca de un pensamiento teórico en poesía y constantemente
escribo reflexiones sobre el hecho poético, y es una reflexión metafórica
que se dirige precisamente a fundir diversos lenguajes”. [4] Sobre
él y su obra ha escrito la traductora y poeta Ana María Del Re: “Como
toda auténtica poesía, la de Calzadilla conduce hacia la búsqueda de lo
esencial. Esencialidad del lenguaje, del sentido, de la creación misma, en
la cual se evidencia una constante actitud reflexiva volcada sobre nuestro
propio yo, nuestro estar en el mundo, nuestra identidad humana y expresiva.
Es el lenguaje, en la palabra y aun en el dibujo como escritura poética
donde se concentra una de las experiencias creadoras más importantes de
Calzadilla. Así lo manifiesta reiteradamente en sus textos y en Corpolario
precisa: “he tratado de que el poema conjugue en si mismo una forma
visual, válida como manifestación de una simbiosis de signo y palabra, y
no como expresión de un mero acercamiento, recíprocamente ilustrativo, de
dos lenguajes”. En las líneas finales de un breve texto contenido en
Diario sin sujeto, uno de sus libros mayores añade esa afirmación: “Hay
que hacer del lenguaje algo mas transparente. /Que se pueda mirar a través
de su opacidad/ como a través de un cuerpo”. La palabra se convierte en
cuerpo y objeto del poema, en forma y contenido; a la vez, es el instrumento
privilegiado por el poeta para lograr una exploración profunda donde tiempo
y espacio, realidad y metáfora se integran en una totalidad de sentido que
se busca a si mismo”. [5] Por
su parte, Fernando Báez ha dicho: “...de la poesía de Juan Calzadilla:
encontramos una situación, en el sesgo de su duración original, en su
contexto irónico, creada como una atmósfera cotidiana, que sufre
condicionamiento de un matiz, acaso un atisbo simultáneo, y se torna, en el
giro inesperado, francamente humorística”. [6]
Juan, poeta social hasta en la cédula, convoca al libre pensamiento y, testimonia, una vez más, el interés de lo poético llevado con buen pulso a los límites de la creación. Allí va, llevando la palabra hacia otra posibilidad escenográfica. Todo un personaje. NOTAS
1
Juan Calzadilla. “Por un dibujo escrito”. El Nacional. Papel
literario. Caracas. 01/03/98. |
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Franklin Fernández (Venezuela, 1973). Artista plástico y poeta. Contato: frank_manimal@hotmail.com. Página ilustrada com obras do artista Júlio Resende (Portugal). |