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revista de cultura # 37 - fortaleza, são paulo - janeiro de 2004 |
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Roberto Matta: al año de su muerte, 23 de noviembre del 2002 Jorge Leal Labrín
Desde
la distancia que otorga la muerte y con el tiempo, podremos armar los
laberintos de su vida y obra. Matta fue cartógrafo de vivencias y
emociones, constructor de espacios que son como arquetipos para la poesía.
Su legado son chispazos de eternidad.
Al
cumplirse sus 91 años, el artista sufrira la metamorfosis más importante
de su vida; deja de ser materia orgánica para transformarse en sustancia
fluida, como el “Gran Transparente”, idea que abrazaron sus más
cercanos compañeros de viaje, Breton y Duchamp. Para muchos Matta fue uno
de los más vibrantes artistas del Siglo XX y sigue siendo totalmente
vigente en el mundo de hoy. Su historia de casí un siglo de existencia
estuvo matizada por aquello que le era conocido y por todo lo que parecía
nuevo, desconocido, misterioso. El artista conjugador del verbo
“vivir” hoy ha pasado al otro lado; posiblemente estará en algunas de
las dimensiones de sus cuadros. Muy joven, comenzó un viaje a través de
su propio cuerpo; su torrente sanguíneo son los mares -pueden ser el Pacífico
o el Mediterráneo- que fluyeron permanentemente en dirección de otros
continentes y tal vez a otros mundos. El profundo saber que Matta tenía
de los espacios en los cuales vivimos nos revela que a cada segundo se
producen modificaciones -su partida es una de ellas- que podríamos bien
llamar “morfologías de lo otorgado”, o sea un “pasaje” largo a
realizar en las más íntimas emociones de la vida humana. ¿Saber donde
comienza y donde termina todo es la pregunta? Todo indica - y lo hace
saber Matta - que llevamos un poeta dentro de nosotros. “Un Poeta de
nuestro conocimiento” [1] es también el retrato de Breton de los años
1944-45 -en los momentos más intensos de su relación- y es además su
propio autoretrato, un “passe-partout” como señala Alain Jouffroy.
Esta parece ser la clave de su existencia… Su última exposición
llamada “Sin título”, más que cerrar el circulo de lo que fue su
creación, abre las conjeturas hacia el infinito en Matta. Asi
suspicazmente deja abierta la posibilidad de entrar en su obra, en el
conocimiento de su pintura. Por lo general el tuvo siempre la preocupación
de dar un titulo genérico a su trabajo, como una leve analogía poética,
a cada una de sus pinturas. En este caso intencionalmente “Sin titulo”
pone al espectador en una disyuntiva inmediata; es a el a quien se dirije
el artista, pues le toca comprender o dar una significación aparente a lo
que ve y experimenta con estas obras. El arte para Matta estaba hecho para
despertar la conciencia del ser, profundizar asi en el propio conocimiento
microcósmico de nuestros cuerpos. En esta perspectiva, esta última
exposición tiende a plantear la interrogante sobre ¿quién es el poeta?
Ahora la pelota está del lado de un espectador universal y éste deberá
relacionarse con la pintura de Matta, saber del Surrealismo, de la llamada
abstracción lírica, de los simbolismos subyacentes que presentan tanto
sus paísajes cósmicos como la totalidad de sus pinturas marcadas de un
cierto delirio y romanticismo, como vemos en su pintura de 1984 “Los
placeres de la presencia”. Cuestión que también mantiene la vigencia
de la pintura, de las técnicas automáticas, de lo abstracto lírico.
El
“pasaje” de Matta es fortuito y azaroso como lo es “El pasaje de la
virgen a la casada” de Marcel Duchamp, una obra referencial en el marco
mental de Matta -de quien dice por lo demás ser un fetichista de su obra,
adquiriendo todo lo que el producía-. Llega a la escena del arte mundial
como “El nadador a ciegas” de Max Ernst, cargado de agatas y vahos de
colores. Se instala para ser estimulador y conductor; se hace
“Vitreur”. Su sexto sentido lo lleva a presentir las cosas y
anunciarlas antes que los acontecimientos mismos, como es el caso de su
estadía en Norte América (desde el 39 al 48). A propósito de la
retrospectiva de su obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en
1957, William Rubin (su organizador) señala: “El mundo de Matta es un
estremecimiento cósmico”. No fue menos que eso el impacto que causó en
la pintura Americana y, para el arte en general, fue como el lanzamiento
de una bola de nieve… Después de su
fallecimiento, mucho se ha escrito sobre el artista y su obra, buscando
reparar de alguna manera la indiferencia que la histografia nacional
mantuvo por años en torno al tema de Matta. Es cuestión de ver en las
numerosas publicaciones sobre pintura chilena: ¿distancia o poca
curiosidad frente a los logros mundiales del artista?. La razón que dan
algunos es que el sería un ausente en la pintura chilena, -físicamente-
cierto, lo que no justifica absolutamente nada, pues la historia universal
está repleta de “Ausentes”, de peregrinos por decirlo a la manera de
Matta. Sólo para citar algunos nombres que vienen a la memoria:
Kandinsky, Picasso, Max Ernst, Dali, Chagall, W. Paalen etc., y eso se
repite a lo largo de toda la historia del arte. El hecho fue que durante
muchos años, casi nada se escribió y poco se documentó en relación a
su obra, mientras el artista estremecía los paisajes representativos del
arte mundial y creaba algo diferente, “espacios de acontecimientos”,
para la vida. La critica nacional debe atrapar el tiempo perdido frente a
Matta; de lo contrario será muy dificil poder acertar con inteligencia y
profundidad a los diversos temas planteados por Matta que constituyen su
legado. Aun se escucha de pronto decir en gente que sabe de arte o sus
mismos pares la frase cliche: “es que Matta hace esas cosas raras
dificiles de entender”. Ojalá fuera el sentido de rareza dado por
Baudelaire, quien describe, con fervor poético, la rareza como un estado
de belleza superior. Las ideas planteadas
sobre Matta son en muchos casos desafortunadas y es asi que se insiste en
ocasiones en la identidad chilena o no de este pintor surrealista, cuestión
que también algunos ponen en duda. Algunos críticos hablan de “La
relación de amor y odio de Matta con Chile”. Una vez más y como
siempre Matta juega al “Trompeur”, buscando engañar, desubicar al
espectador y a sus críticos respecto a su propia pintura e identidad. De
ahí que es muy dificil que los historiadores puedan asechar adecuadamente
a este surrealista, en su itinerario histórico.
El 20 de noviembre de
2002, tres días antes de la partida de Matta, su amigo y poeta Alain
Jouffroy [2] lo visitó. El es uno de los surrealistas más cercanos al
pintor -y clave para penetrar en su complejo universo-; varias son sus
entrevistas y publicaciones sobre el artista y amigo. Jouffroy dirá que
Matta “Era un poeta” y agrega: “el había conservado toda su lucidez
y humor: me hizo reír hasta las lágrimas”.
Siempre marcado por los
temas surrealistas, aquellos que generaban siempre intensas conversaciones
en las citas de café, en el “Deux Magots” o en el Chateau de
Chemillie, como en cualquiera de las muchas exposiciones realizadas por el
grupo, en las cuales había un momento para todo, las cosas serias, o
aquellas que tradicionalmente no lo son, el humor, el azar, o el juego…
que eran una constante que transgredía lo habitual. La disposición de
Matta frente al grupo, cuentan sus amigos, fue en todo momento aguda e
inteligente. El llegaba a las cosas de manera fortuita, por instinto y
curiosidad. Por lo demás era lo que le gustaba a Breton, esa tremenda
curiosidad de Matta. Algunos de sus amigos relatan lo eufórico que solía
ser con su risa nerviosa e inquietante; como dirá Julien Levy -marchand y
galerista con quien Matta realizó su primera exposición (1940) en
NuevaYork-, “El era un niño perpetuo, activamente frenético”; dice
que nunca lo vio descansar… En la dinámica permanente del grupo, las
ideas para los surrealistas encerraban un peligroso misterio; ellas eran
lanzadas constantemente en caída libre. Por supuesto es un principio
distinto de aquello que se acostumbra en el ambito intelectual, de las
normas convencionales. Es aquello que el aprende del surrealismo, la
intensidad poética entre los juegos colectivos, las interrogaciones,
junto a las lecturas de Breton de textos de poetas románticos alemanes o
simbolistas franceses, que como cuenta Gordon Onslow Ford, eran parte de
las reuniones. Pero las inquietudes de Matta eran diversas; junto con el
descubrimiento de Lautreamont, esencial en su vida como lo señala muchas
veces, también había en el, como dice su amigo Gordon, el gusto por la
observación microscópica de las flores y los caparazones de los
caracoles; se puede concluir que había en el un interés botánico,
traducido en sus pinturas, en las formas, el color y la poesía.
Curiosidades compartidas con otros amigos como Max Ernst. Lejos de la
simple y pura diversión con que se quiere relacionar la actividad del
grupo surrealista y Matta, está el relato que grafica el entonces joven
poeta Charles Duits para quien Matta ilustra un texto para el almanaque VVV,
llamado “Le jour est un attentat” que será el titulo también de una
de sus obras; la colaboración fue muy estrecha y dió titulos comunes
para la poesia y la pintura. Duits comenta que Matta poseía un encanto
casi magnético, viviendo el instante… y frente a Breton, para quien
vivir era algo sublime, lo que implicaba por parte de el asimilar la
totalidad del conocimiento… el dolor, la angustia, lo placentero y mágico,
Matta era la otra parte que justamente conmovía y gustaba a Breton, lo
sorpresivo. Duits dice: “al el le gustaba vivir; para el era divertido y
curioso, apasionante -extraño, pero extraño como le parece el sabor del
mango al paladar occidental”. Duits, cuenta un hecho que lo conmovió,
estando en casa de uno de los surrealistas del grupo, en presencia entre
otros de Breton: “Sonó el timbre. Yo vi entrar en la habitación un
pequeño sombrero; bajo este pequeño sombrero, puntiagudo, una pequeña
nariz; bajo esta pequeña nariz, estalló una risa, en parte escondida por
un abracadabrante pañuelo rojo.Breton disimuló una sonrisa, una sonrisa
distraida y a la vez intrigada, como si no hubiera creído totalmente lo
que veía… La llegada de Matta fue - yo creo -para Breton y para mi, un
alivio. Por fin podíamos ocuparnos de… La Manzana. ¿La Manzana? Breton
tomó su aire más preocupado. “¡Empieza de nuevo!, masculló, mientras
llenaba su pipa. Matta triunfaba. La manzana era la llave de todos los
enigmas, la cifra de la revelación, el arcano mayor y, Para Matta, la infancia
es el impulso inicial de aquello que generó en el un imaginario único,
auténtico, habil, locuaz, lúdico, y perturbador. Su genio fue estar en
el momento indicado, preciso, de los acontecimientos, hacerse
transparente, y ser premonitorio. Quizás ahora este graficando con
colores el cielo, pigmentándolo de constelaciones, manchando e inventando
nuevos espacios siderales de una poesía universal. NOTAS
1 Titulo de un cuadro de Matta. |
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Jorge Leal Labrin (Chile, 1953). Profesor de Historia del Arte de la Universidad Andres Bello. Las citaciones fueron tomadas del catálogo de la exposición de Matta en el Centro Georges Pompidou de París, 1985. Contato: leallabrin@hotmail.com. Página ilustrada com obras de Roberto Matta (Chile). |