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revista de cultura # 37 - fortaleza, são paulo - janeiro de 2004 |
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Mimmo Rotella: estampas de quietud y silencio Miguel Ángel Muñoz
A partir de 1958, el interés se concreta en
fragmentos particulares, utilizados como imágenes de choque,
seleccionando para ello los carteles cinematográficos. Invitado por el crítico
Pierre Restany, se adhiere en 1961 al grupo de los Nuevos Realistas. Este
grupo se constituyó en 1960 en el domicilio parisiense de Y. Klein. Lo
constituyeron Arman, F. Defréne, Y. Klein, J. Tinguely y Villeglé, los
cuales firmaron nueve ejemplares de la declaración constitutiva Nouveau
Réalismo = Nouvelles approches
perceptives du réel, basada en la creencia de que la ciudad y el
paisaje de la civilización humana eran los modelos a seguir para un nuevo
tipo de realismo, el Nuevo Realismo. De los nueve ejemplares, siete
estaban dibujados con la tiza blanca sobre fondo azul IKB, otro sobre
fondo rojo y el último sobre fondo monocromo dorado, los tres colores
emblemáticos de Klein. En este grupo, Mimo Rotella y César tuvieron un
papel fundamental.
Rotella practica el salto estilístico como una
contradicción metódica dirigida a sí mismo. La negación de una unidad
de estilo puede y debe ser leída por el espectador como un gesto de
negación autocrítica y de una totalidad estética. Porque para Rottela
estilo significa no sólo un lenguaje formal, sino también imagen específica
del mundo, que siempre implica el peligro de ser. Frente a la pintura matérica
de un Antoni Tàpies, el expresionismo violento de los integrantes del
grupo El Paso, las acciones de Josep Beuys o la contundencia del Pop art
de Jasper Johns y Robert Rauschenberg, las obras de Rotella de estos años
se yerguen como unas abstracciones que cautivan por la profundidad
expresiva que extraen de la depuración formal y de un lenguaje pictórico
único, una idea de lo sublime, utilizando para ello la poética del vacío,
o bien la sugerencia de vastos espacios, de luces infinitamente claras o
infinitamente oscuras… Al mismo tiempo es consciente de que con esta
estrategia puede reflejar, como ningún artista hasta ahora, la posición
histórica de su medio. En lugar de proclamar el origen absoluto del arte,
que se legitima exclusivamente por sí mismo, es necesario definir el arte
a través de su relación con los mundos de imágenes ya existentes que lo
rodean. Para no caer en la tentación de creer en la continuación sin
problemas de posiciones simples y sin compromiso, hoy más que nunca, es
necesario no tomar opciones estético-productivas sin recurrir a la
herencia de una conciencia de la teoría de los medios y de la historia
del arte.
Sobre este campo visual Rotella desarrolla, de
manera práctica y poética, un discurso conceptual en torno a la cuestión
de sí hoy es posible representar, un paisaje, e investigar los límites y
las posibilidades que le dan a la imagen. Esa variación crítica y
reflexiva de los paradigmas artísticos tradicionales determina la
producción de Rotella. Así se explica la variedad de su obra: paisajes,
monocromos, figuraciones y abstracciones. En cuadros como La
sonrisa de Marilyn o La suite Ribelli, se basan, como casi todas sus
obras de los años sesenta, setenta y ochenta, en las fotografías de
carteles. Es precisamente a principios de los sesenta, cuando Rotella
pinta sus primeros cuadros dentro de la estética pop. Rauschenberg, otra
vez, es punto especial de interés. Como él, Rotella sigue fuertemente
arraigado al gestualismo La predilección de Rotella por la realidad que
transmiten los medios ha concebido dignidad artística a la fotografía de
carteles, sin por ello cargarla de un significado subjetivo. Este
ennoblecimiento de lo trivial se diferencia del pop-art americano e inglés,
en que presciende en gran medida de los motivos atractivos y glamurosos
que utilizaba sobre todo Andy Walhol. Las figuras Made
in Milán, La bella nordica y La fuga, también están basados por las
fotografías de carteles publicitarios. Gracias a la pincelada muy pastosa
de cuadros como El criminal, o
las difuminaciones y superposiciones de la intervención y, al grado de
abstracción extremo de la obra Marilyn
incredula, el antagonismo entre la función reproductora mimética y
la autodefinición pictórica del cuadro mismo queda siempre en suspenso. La equiparación y con ello la desvalorización del
significado, tan central y categórico en el arte del siglo XX, de
abstracción y realismo no sólo se muestra en estos trabajos, sino también
en casi toda su época de los años ochenta y noventa. En ellos vemos
monumentales estrías de color, que no han sido trasladadas al soporte del
lienzo, sino copiadas minuciosamente de una fotografía. Las trayectorias
del color parecen abstractas, pero en realidad son representaciones
imitativas, relativamente realistas, de formas abstractas.
El aferrarse sin esperanza a la forma artística de
producción del cuadro pintado, y el cuestionamiento simultáneo de este
proceder en su condicionamiento histórico, forman el fundamento del arte
de Mimmo Rotella. Conciencia de la tradición y crítica de esa misma
tradición, que se funden en su obra de forma especial y de reflexión artística,
que no conduce a un arte seco conceptual, sino a una propuesta sensual y
seductora. Quizás, por ello, Mimmo Rotella es uno de los artistas
italianos más alusivos y refractarios, siempre quiso ser entendido en el
lenguaje de la pintura, porque la pintura, para él, es otra forma de
pensamiento. |
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Miguel Ángel Muñoz (México, 1972). Poeta, historiador y crítico de arte. Es autor de los libros de ensayos: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos; La imaginación del instante. Signos de José Luis Cuevas; Ricardo Martínez: una poética de la figura. Es director de la revista Tinta Seca. Contato: miguelangelmunoz@prodigy.net.mx. Página ilustrada com obras de Mimmo Rotella (Itália). |