revista de cultura # 40 - fortaleza, são paulo - agosto de 2004






 

Juan Antonio Calzadilla Arreaza: conceptos para una filosofía de bolsillo
(entrevista)

Augusto Aristiguieta

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Juan Antonio Calzadilla Arreaza Juan Antonio Calzadilla Arreaza (Caracas, 1959). Poeta, narrador, ensayista y docente de escritura creativa. Fue integrante del grupo y colaboró en la redacción de la revista La Gaveta Ilustrada (1978-1981). Su primer libro fue el poemario Réquiem a traición (1979). Su obra narrativa publicada comprende Parálisis andante (1988), Álbum del insomnio (1990), Hipomanía (1994) y La hendija (1995). Mereció con esta última ese año el Premio Fundarte correspondiente al género. El juego de los aparatos (1994) recoge algunos de sus ensayos dispersos. Calzadilla Arreaza inició estudios de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela en 1978, que prosiguió más tarde en la Universidad de París-Nanterre, donde fue alumno del filósofo François Laruelle. Entre 1981 y 1984 asistió como auditor libre a los cursos de Michel Foucault y de Gilles Deleuze, cuyas trazas no oculta. Ha sido incluido en las antologías de narradores compiladas por críticos como Luis Barrera Linares (1994), Julio Ortega (1997), Julio Miranda (1998) y Fernando Burgos (2004). [AA]

Francisco QuintanarAA - Su libro deja la incógnita sobre el género al que podría pertenecer. ¿Según usted es poesía o es filosofía?

JACA - Desde que la descubrí, me ha seducido mucho una expresión aristotélica que designa la función creadora de conceptos del pensamiento: para referirse a la inteligencia de Dios, Aristóteles la llama “Nous poietikós”, es decir, “inteligencia poética”. He querido jugar, con mi libro, a ubicarme en esa poesía pensante que no es aún ni poesía ni filosofía, en tanto que géneros positivos, y que constituye un estado bruto, presocrático, preescolástico y preacadémico, aunque conozca bien, por haberlas padecido, esas instancias de las que se distancia por una táctica retrógrada; una especie de filosofía salvaje que ha encontrado asilo político en la poesía, sabia e ingenua al mismo tiempo. La literatura, entendida como libertad, puede permitir un ejercicio poético del pensamiento, sin que éste deje de ser pensamiento y de denunciar los acartonamientos de la escuela.

AA - ¿Por qué se niega a asumir el estilo discursivo característico, es decir, la marca de género que define la escritura filosófica? ¿Por qué no escribió un ensayo filosófico?

JACA - Porque un ensayo filosófico no me habría dejado campo para decir nada. Yo escribo, como dice Deleuze, desde la punta de mi ignorancia, y, como dice Foucault, esquivando el suelo en el que podría apoyarme. La libertad poética es mi forma de sustraerme, como sujeto, y de salvarme, como objeto, del ejercicio del poder dominante.

AA - Usted no para de insistir en la mención, explícita o implícita, así como en los conceptos característicos, de filósofos como Spinoza, Nietzsche, Foucault, Deleuze. ¿No cree que usted estanca su pensamiento en una línea que llegó hasta los años ochenta del pasado siglo?

Francisco QuintanarJACA - Uno lleva la marca de su generación histórica como su destino. Sé de muchos esnobs que cambian de filosofía al ritmo de las novedades editoriales y que a su continuo cambio de camisa conceptual, o más bien fraseológica, lo cobijan bajo la dudosa noción de “posmodernidad”. Fernando González, un valiente filósofo colombiano que aprecio mucho, decía que quien reniega de su madre merece ser llamado “hijodeputa”. Su generación histórica es la madre de un pensador o de un artista. Creo además que hay linajes filosóficos, que son como trazados necesarios dentro de las posibilidades del pensamiento, y que entre los distintos trazados hay confrontaciones políticas, posiciones específicas ante el problema humano. Si me preguntara mi linaje, genealogía o pedigrí, le diría: Heráclito, Protágoras, Empédocles, Demócrito, Diógenes, Epicuro, Zenón, Crisipo, Lucrecio, Epicteto, Duns Escoto, Bruno, Spinoza, Hume, Nietzsche. Esto me lo ha hecho conocer mi aprendizaje con Deleuze y Foucault. Ese reconocimiento se agradece, y no se olvida.

AA - Filosóficamente, ¿cómo se sitúa su libro en la actual escena histórica venezolana y continental?

JACA - Me hace usted una pregunta difícil. No porque su respuesta implique un compromiso de uno u otro signo, sino por la complejidad que envuelve. Mi libro es una rareza en el contexto bibliográfico nacional, tal como hasta ahora se vino configurando, desde los tiempos del antiguo régimen. No me atrevo a ubicarlo continentalmente, pero sé que forma parte de un atrevimiento que quizá sólo los acontecimientos históricos globales hacen posible. Yo le añadiría, para esta respuesta, una pieza de mi linaje filosófico-poético que no mencioné antes: yo quisiera que mi libro se inscribiera en la vena irreverente de Samuel Robinson (Simón Rodríguez). Aunque estéticamente eluden la nomenclatura ideológica, yo adscribo estos conceptos a la necesidad urgente de la libertad, de la república, de la democracia, de la independencia. Se puede ser cosmopolita y patriota al mismo tiempo, si se considera que el fenómeno humano, en todo caso histórico y geográfico, es el absoluto en torno al cual gira cada vez el pensamiento. Todo pensamiento es una forma de amor al hombre y una invocación a su supervivencia.

Francisco QuintanarAA - ¿Cuál calcula usted que podrá ser la respuesta del público a su libro, tanto la de “la masa no instruida” como la de la élite especialista?

JACA - Desde ya le digo que de la élite especialista espero muy poco, con relación a mi libro. La academia es, por naturaleza, hostil a la poesía activa, entendiendo la poesía como una potencia que se opone al canon, y que existe en la medida en que es una anomalía creativa que irrumpe contra el canon. La academia de las letras admite el poema en la medida en que lo puede dominar con sus categorías. Pero la academia filosófica difícilmente podrá aceptar un “Nous poietikós” al que se ha desacostumbrado esencialmente, y que no se parece en su expresión a sus discursos y a sus fórmulas. Así como Dostoievski sugiere que si Cristo volviera a la ciudad sería apresado por la Inquisición, estoy seguro de que si Heráclito o Empédocles reaparecieran por los pasillos de la Facultad, serían arrojados fuera por los contratistas de seguridad. Respecto a la masa no instruida, como usted la llama, creo personalmente que son la esperanza de la filosofía, en la medida en que el pensamiento es un instinto humano, más allá de los escolarcas que pretenden poseerlo en perenne custodia. Facilitar el que el pensamiento no filosófico, es decir, la opinión, pueda ser llevado a descubrir o a intuir su propia poesía pensante, su potencial filosófico, es una de las intenciones de mi libro. 

Augusto Aristiguieta (Venezuela, 1965). Poeta e ensaísta. Autor de Más allá de la voz (1993), y Unos, otros y los mismos (1999). Contato: augustaristos@hotmail.com. Página ilustrada com obras do artista Francisco Quintanar (México).

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