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revista de cultura # 40 - fortaleza, são paulo - agosto de 2004 |
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Jorge Restrepo: nada sino la luz Carlos Lanza
Donde
la luz se rompe, se desangra El
ojo ha de concentrar, englobar; el cerebro formular
No
estamos frente a una simple operación técnica, estamos frente a un
creador que utiliza el color para elaborar vivas metáforas de la realidad
o para ser más específico, de lo que ve. A finales del siglo XlX, Cézanne
reflexionaba así: “El arte es una armonía paralela a la naturaleza. El
pintor no deberá copiar simplemente la naturaleza, sino que ha de
interpretarla sin desligarse del todo de la observación de la misma.”
Una anécdota nos ayudará a comprender mejor este método. Cuenta el
artista colombiano que paseaba por el campo cuando se encontró con una
hoja que en cierta parte de la misma concentraba una línea de pigmentos
rojos; este dato le sirvió para elaborar una de las obras del proyecto
Urdimbre. Lejos de copiar la hoja tomó de ella las cualidades cromáticas
que poseía y la procesó artísticamente. La operación sería
aparentemente sencilla si no fuera porque al momento de procesar lo
mirado, Restrepo elabora una fina red de relaciones cromáticas y
conceptuales que elevan al objeto a un plano de percepción que lo
independiza de sus conexiones naturales para llevarlo a un plano que sólo
tiene sentido dentro del lenguaje pictórico. Más que construir formas,
Restrepo utiliza el color para explorar las cualidades sensoriales de lo
que ve; pero el artista llega a este camino por la vía de una gran
sensibilidad; no es simplemente un ojo que ve, es poeta que canta con el
color en el alma. Llama la atención que algunas de sus obras llevan los
nombres de “Comayagua” y “Camino a Güinope” pero en ellas, el
espectador no va a encontrar referencias iconográficas de estos pueblos
de Honduras, ni semblanzas inmediatas de sus paisajes. Encontrará sí un
paisaje abstracto, abstraído de las cualidades cromáticas de éste;
Restrepo se aleja de toda lectura bucólica, su paisaje es una operación
intelectual resuelta sobre una vibración ininterrumpida de color. El
artista ha conseguido su propósito: tejer con hilos de luz la piel del
paisaje.
Cuando
me refiero al concepto de estructura lo hago con el propósito de
enfatizar su formalización geométrica. En un ensayo anterior que titulé
“La poética estructural en la pintura de Jorge Restrepo” señalé que
“Las claves de significación en la obra de Restrepo hay que buscarlas
en los fenómenos visuales. Es cierto que en la obra de Restrepo
encontramos el entrecruzado de líneas verticales y horizontales que
caracterizaron a los neoplásticos de la revista De Stijl, pero mientras
en aquellos, las líneas verticales y horizontales sobre el plano eran
parte de su programa de abstraer la realidad hasta descontaminarla de todo
elemento accesorio e inútil, en Restrepo, estas mismas líneas sólo son
el procedimiento para generar efectos rítmicos por continuidad y
segmentación, dando lugar a un espacio reticulado que sirve como
escenario para operar sus texturas, veladuras y contrastes. En la obra de
Restrepo la estructura geométrica funciona como principio organizador del
espacio, es el entramado que perfila las coordenadas del espacio pero
lejos de construir una imagen rígida, el artista elabora una composición
dinámica sobre la base de cuatro movimientos: El
primer movimiento se da por contraste de trasparencia y pastosidad; la
transparencia por superposición permite ver todas las capas y su riqueza
cromática dando una sensación de profundidad; la pastosidad o densidad
matérica del color produce un efecto contrario, es decir, oculta y
estabiliza los colores en un primer plano. Esta doble relación teje una
percepción de proximidad y profundidad, de movimiento hacia fuera y hacia
adentro.
El
tercer movimiento se da por la superposición de una formalización geométrica
que combina lo regular con lo irregular: va desde trazos perfectamente
equilibrados a retículas trazadas a pulso incluyendo superposiciones que
combinan estructuras geométricas en correspondencia disímil en las que
advertimos una composición reticulada frontal que contiene en sí misma
el principio de su propia alteración pues adherida a la misma estructura
el artista construye otro andamiaje geométrico de menor escala pero
suficiente para alterar la percepción ya que es proyectada con un ligero
declive que disloca la mirada y agudiza la tensión. Quizá este juego de
superposiciones geométricas que propone Restrepo esté ligado a la idea
de que el mundo es un espacio que sólo revela su sentido en la
multiplicidad de enfoques y percepciones. Es posible que estemos frente a
un discurso geométrico plenamente semantizado en cuya variedad el artista
esté comprometiendo una visión del mundo, de ahí que el uso del color y
las retículas sean signos con una poderosa carga simbólica. El
cuarto movimiento se resuelve en lo que llamaría espacio atmosférico,
este proceso es quizá el más importante en la obra de Restrepo, es aquí
donde se sintetiza toda la propuesta del artista. De entrada lo que
percibimos es un universo de colores que aprisiona la mirada, no hay
escapatoria alguna; aunque cerremos los ojos el color sigue manifestando
toda su presencia. Gracias al espacio atmosférico, Restrepo establece la
correspondencia entre sensaciones manteniendo en todo momento una sólida
coherencia de conjunto. Es el momento gestáltico de la obra: lo que el
ojo no percibe lo construye la atmósfera. El espacio atmosférico es la
armonía psíquica o sea la relación entre las formas exteriores
producidas por el color y el estado subjetivo del que crea y el que
observa. En una oportunidad Cézanne le dijo a su discípulo Gasquet
“Hay días en que me parece que el universo tan sólo es una mínima
corriente, un fluido aéreo de reflejos, de reflejos que danzan en torno a
las ideas del hombre.” Precisamente, lo que vemos en Urdimbre es un
tejido de reflejos que danzan al ritmo de una música que invade todos los
sentidos: estamos frente a una armonía sentida y presentida. Es algo que
nace en la obra pero se instala en todo el recinto expositivo dando origen
a las más intimas correspondencias y sensaciones.
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Carlos
Lanza (Honduras). Crítico de arte e curador de la primera muestra de arte
contemporáneo hondureño en Roma. Contato:
arcolirala@yahoo.com.
Página ilustrada com obras do artista Jorge Restrepo (Colombia). |