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revista de cultura # 40 - fortaleza, são paulo - agosto de 2004 |
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Nestor Sánchez: cuerpo y escritura Liliana Guaragno
Pero hay otro aspecto que los une: la creación de
lenguajes y la ruptura con formas dominantes de la narrativa. “La
historia interesa pero más interesa el lenguaje” dirá Nestor Sánchez
sobre Nosotros dos (Editorial Alción, Biblioteca Nacional, Buenos
Aires, 2004). Hoy que asistimos a su reedición con la idea de la
reedición de toda su obra, que durante años estuvimos esperando,
sentimos- y creo que esto es común a todos los que están aquí presentes
y a muchos más – que nos lo debíamos, y se lo debíamos a Néstor.
También sentimos que él no esté, y por eso Claudio Sánchez– su hijo-
y muchos otros pensamos en este encuentro también como en un Homenaje a
quien nos ha dejado definitivamente hace un año, el 15 de abril, después
de un extenso silencio. Por todo esto hoy es un día de reparación, de
recuerdo de una pérdida, de tristeza y de alegría por el libro, por su
reedición, y esta mezcla parece darse para que participemos en vivo de
las continuas discontinuidades que recorren sus obras, la mezcla de lo
heterogéneo al narrar. Esta primera novela abre un telón, como se abre
la ventana que da a la azotea desde la que el narrador recupera el
recuerdo de Clara, y de la que se desplaza en los recorridos de tiempos
espaciados de personajes en sucesivos papeles, telón que tardará en
cerrarse lo que lleva leer la novela - o lo que llevó escribirla- para
pasar a una cada vez más precisa mezcla, opacidad y pliegues, y al humor
de sus siguientes libros, para que la desdramatización diera cuenta de
las fatalidades de la vida y la afirmación de la vida no estuviera
ausente. En esto también está el “sí” de Joyce y el “sí” de Néstor
en la escritura. Nosotros dos
- novela casi autobiográfica, confesional, de aprendizaje - desatiende
los requerimientos de los géneros tanto como ciertos mandatos del ‘60.
En el capítulo de “Los nuevos” del CEAL leemos: “Deliberadamente se
cierra esta enumeración con la mención de Néstor Sánchez pues sus dos
novelas -citan Nosotros dos y Siberia blues, y en especial
la última de ellas, testimonian una voluntad experimental que parece un
tanto ajena al resto de la promoción (interesada, como se ha visto, más
bien en un equilibrio que en un acercamiento a los extremos del realismo
puro o de la vanguardia radical)…”,cita que nos muestra un modo de
leer que va a terminar por hacer hincapié en el realismo crítico, en un
lenguaje y pensamiento hegemónicos. Evidentemente no es en su país el
momento de Néstor, cuya experiencia y don literarios exceden las políticas
en boga. Sánchez no acepta ningún programa, su fervor trabaja la oposición
a lo tradicional, para seguir lo que siente que es la “verdadera
literatura” cuya creación gratifica, dice Néstor “porque sirve para
cumplir etapas y modificarse, para liberarse más de la chatura
circundante y tomar conciencia de sí mismo como posibilidad…”. En Néstor
Sánchez hay un compromiso radical, una respuesta en el sentido de
“responsa” ( responsabilidad) a ese tiempo-espacio, a la vida como
tensión entre el interior y el exterior, en el sentido de que el mundo no
es sino lo que acontece en el cuerpo al percibirlo, donde actúan incluso-
en esta novela- en algo su papel las vertientes del surrealismo y el
existencialismo. Ciertamente la escritura de Nosotros dos es un
conjuro para apartarse de las angustias existencialistas que podemos
rastrear en ella, también para alejarse de lo que él llamara en una de
sus cartas “el regodeo del dolor” –y esta novela padece
sufrimientos, confusión y desazón. Pero hay algo básico que instaura:
es el ritmo, el fraseo. Cuerpo y escritura, vida y literatura, van a
constituir la apuesta, (en palabras de Sánchez) por “una autenticidad
total, responder con la vida en el arte y en la vida”.
En el comienzo podemos leer :“Las veces que me
abro y me tiro con todo el cuerpo en el pasado”. El presente surge
recordante, haciendo una narración en proceso en el que la respiración,
las pulsaciones del cuerpo inscriben su huella. Lector de poesía, amigo
de poetas vinculados a la revista Poesía de Buenos Aires como
Egard Bayley, Francisco Madariaga, Enrique Molina, que reconocieron en Nosotros
dos en diciembre del ’64 la mejor novela que se había escrito
“después de Arlt”, partícipes que publican sus textos donde se
publican los de numerosos otros : Juanele, Macedonio Fernández, James
Joyce, René Char, Cesare Pavese, Rimbaud, Dylan Thomas, tan caros a Néstor
. Porque leía sobre todo poesía, surge de su mano
esta novela ya como fusión de prosa y poesía, que posteriormente Sánchez
llamará “Novela poemática” En Poesía Buenos Aires, aparece
el poema de Henry Michaux, “Nosotros dos aún”, un lamento por la
muerte de Lou, del amor, allí aparece el vocativo, la segunda persona,
como va a aparecer en esta novela con Clara, por el amor de Clara. Pero el
“aún” del poema se elide en el título de la novela de Sánchez en
función de su diversidad, y sobre todo por el sentimiento de cierre de
una etapa, con la apertura de la opción escrituraria del protagonista y
el abandono de lo que se percibe como la suciedad, la miseria, el dolor, y
el mal en oposición con el deseo y la energía inevitable puestos en la
escritura. Son pues los ritmos los que se filtran en el
complejo entramado, las frases que en la libertad de la poesía narran . Y
es también el ritmo y el tono del tango el que va definiendo los cortes y
quebradas de un narrador que se cierne sobre lo narrado. Hugo Savino me escribió en uno de sus e-mails
“…cómo me gusta: Santana se acerca a ese pibe que baila, lo entiende,
lo ve y queda prendado, reconoce el talento. Rosa se lo dice un poco más
adelante: “le gusta tu figura cuando bailás”. Son escenas de una
categoría extraordinaria. Es como oírlo cantar a Raúl Berón”. Y es
así, es la letra y la resonancia del tango, los motivos que se suceden
cada tanto como cuando se lee “ mi manera especialísima de caminar el
tango que me venía de Santana”, “el detalle del pie que quedaba al
salir”, o “la muerte del compadrito como quería Santana”.
Efectivamente lo relacionado con el conocimiento del tango, su ritmo, los
pasos del baile, el “verdadero sur” se conecta con el “maestro”
Santana, el cafishio, que lo inicia en ese papel, un papel con el que no
se comprometerá a fondo, pero que está fuertemente desarrollada. Cuando
Santana muere el protagonista dice: “¿Qué parte de mí te llevaste al
sur, Santana?¿Qué parte de mí indecisa, almidonada, se fue en sangre
con vos en el sur?”. Este espejo en el que se quiere ver el personaje,
esta identificación - señala el intento de una identidad que atraviesa
la novela, aún planteada desde un futuro “…,¿quiénes seremos,
Clara, en ese pasado que durante un mes sin hacer pie y a fuerza de retórica
no supe hasta el final, si ustedes, todos ustedes, se permitirán nombrar
como algo terminado, sin interrogantes?”, o, “todo lo vivía para
después, era un fotógrafo, un infiltrado” que condice con darse cuenta
de “haber vivido para escribir”.Verse desde un futuro como un vidente
que descubre lo que había en él mismo pero sólo a través de la
escritura, o que todo iba en esa dirección. Sucesivos cortes, muerte del padre, muerte de
Santana, corte con el gigolismo, con la familia y el trabajo, corte con el
tango : “El tango también habría terminado por cansarte, días en que
hasta te daba risa y las putas que ya no tapaban las goteras; lo cierto es
que siempre habías sentido una última vergüenza…” dice hablándose
a sí mismo el protagonista. Y entre los cortes las quebradas: “…: el
repetido juego de acosarse a sí mismo, de no estar convencido del todo
pero igual abrir la puerta del ropero, meterse con medio cuerpo adentro y
llorar abrazado al perfume agrio de los vestidos de Irene, la acumulación
sistemática de todas las veces el incapaz y las imágenes desmedidamente
imprecisas, sin relación la mariposa en el álbum y el furgón en la luz,
una pieza sin muebles que se multiplicaba y repetía, cierta desconocida
inhabilidad para encontrarles un orden sabiendo de antemano que con el
orden no basta…”P95. Fragmentos que exponen la “juntidad” de
motivos heterogéneos como “los vestidos de Irene, con “la acumulación
del incapaz”- y donde el adjetivo “incapaz” se hace cosa líquida,
la falta de relación con “la mariposa del álbum” consciente en el
que narra, para decir en algún momento “todo lo digo igual que un gramófono-
todo siempre mezclado, todo haciendo agua”. Como un gramófono, grama y
sonido, letra y música en un disco dando vueltas, círculo de
repeticiones que el recuerdo, el dolor “talla”, con la caída en lo
automático, que la escritura va destrabando, variando en el fluir, hasta
cerrar el telón de esa etapa de pulsación biográfica y escrituraria.
Aludo a un lenguaje que se desprende de los
binarismos, de las jerarquías de sujeto y predicado, para acentuar por
ejemplo los circunstanciales despojados de subordinación como sucede en
“Hacia el final del verano, en pleno apogeo de los diálogos inaudibles
que llegaban de la otra pieza”, punto seguido, y a continuación :
“Dejó Retiro en el asiento de la ventanilla frente al tejido de la
madre y un padre desmejorado dentro del chaleco de lana y bufanda”, o la
construcción “Los dos solos en la pieza con olor a eucalipto escuchó
que decía “yo no quería esto para vos”, en la que la primera parte
(una especie de ablativo absoluto) pesa tanto como la segunda. Entre esos motivos encontramos el de la muerte, del
que dice Néstor Sánchez, está siempre como fundamento de toda su obra.
El tango con “Griseta”, “Madame Ivone”, “Todo corazón”,
Fresedo, el de antes, Gardel y Covian; los barrios y sitios : Villa
Urquiza, Tribunales, Plaza Lavalle, los hoteles del Once o la pensión de
Congreso, la playa de Olivos; los cuadros y lecturas: Klee, Niezstche;
Kafka (como adjetivo), Arlt, Macedonio, Thomas Wolfe; marcas como las de
cuadernos Avón, o Lancero, bizcochos Canale o cigarrillos particulares
mezclados con el tiempo dramático del aprendizaje de “cafishio”, del
aprendizaje del amor, de las muchísimas lecturas y de cine, del fracaso
del aprendizaje de hombre correcto, y la decisión del fuego para esa
novela del realismo crítico que había dejado trunca. Novela que lo liga a lo mejor de Cortázar por el
uso del vos y los tonos melancólicos reforzados por el tango y el
atributo de tristeza de la primera persona, y también lo separa al
radicalizar ciertas posiciones que Cortázar a lo sumo enuncia. El vos
no sólo va a nombrar a Clara como receptora imaginaria de cierta confesión,
sino que el narrador creará distancias con el protagonista al tratarlo
también en esa 2ª persona: “Tantas veces recordarías esa pieza, esa
otra cama, esa radio antigua.¿Qué harías ahora, pobre loco con una vida
posible que no alteraría nada, que ya otros tendrían escrita?, y aún más
al hacerlo en 3°. En toda la obra de Néstor Sánchez no se trata sólo
de nombrar la música sino que el lenguaje es música, en Nosotros dos
es tango, fraseo, pausa, “mezcla de Covián y Bach”. Ninguna preceptiva- justamente en El fiord
(1965)de Lamborghini la acción se ve ligada al lenguaje, para terminar en
la eclosión de los personajes en la salida a la manifestación llevados
todos por las consignas- políticas y contrapuestas- un lenguaje pura
carne vaciado de toda reflexión. Pero aún dejando de lado este tipo de
vaciado y llenando los enunciados, las consignas son políticas, y el
lenguaje siempre es consigna, y las del ’60 en la Argentina se basaban
en un mundo con contradicciones pero explicable, en el pensamiento de la
sociedad como homogeneidad en su base política y económica, que
justificaba una literatura reacia a la multiplicidad. Ante este tipo de
consignas literarias generales debemos decir con Whitehead que excluían
una parte de la vida, y que no se correspondían con las experiencias
reales. La indeterminación, el caos, impulsó otros caminos como el de Néstor
Sánchez. La generación Beat –que influye en Sánchez- se oponía con
formas e ideas de trascendencia que venían de la mitad del siglo XIX en
EUA, y con el hippismo toman la vía de las filosofías orientales contra
la cultura occidental. ¿Cómo escribir la idea de lo trascendente, de la
búsqueda de verdad en un- una orden que lo negaba?
Sánchez no hace juegos con el lenguaje, se juega en
él, en una búsqueda dispuesta a cualquier consecuencia. Crea, y en su
creación arriesga y se arriesga, plantea preguntas, apenas respuestas.
Construye una novela de riesgo, de errores. Traza líneas de fuga de la
suciedad y resquebrajaduras de las baldosas de Buenos Aires- que son también
las resquebrajaduras y suciedad del protagonista- con todas sus calles
recorridas, nombradas, sus marcas, sus lugares de cineclubs, y la
Biblioteca Nacional de la calle México, donde el narrador dice de los que
son Nosotros dos- : “Escuchamos a Borges hablándole a la niebla
en el edificio inmundo de la calle México, en piezas al azar detrás de
ventanas en ruinas leímos juntos toda la literatura argentina y seguiste
mi miseria por el arte, mis novelas truncas…”. Pero Nosotros dos
es también un salir del sí mismo fracasado, de esa angustia de no servir
para lo que hay que servir- si se es un hombre correcto: “…cajero de
banco que llega a la noche y duerme sin molestar a nadie”, y hay también
culpa ante Clara por “..tu alegría de quedarte conmigo que siempre, de
una forma muy secreta, me pareció abiertamente excesiva, ¿viste?, lo
mismo has podido seguir viviendo sin mí”. El protagonista quiere salir
del puro error “que intenta corregirse”, de ahí la importancia de
bucear en sí, el personaje que se ve y ve al mundo desde sí mismo y su
relación problemática- línea que lo llevará a Néstor Sánchez y a sus
personajes a profundizar también la filosofía oriental- en su caso la
experiencia Gurdjieff- como sabemos-, sobre todo en las últimas novelas y
el libro de cuento (El amhor, los Orsinis y la muerte, (1969), Cómico
de la lengua (1973) y La condición efímera (1988)). Y porque
sabemos que su vida y su literatura están fuertemente ligadas, -el cuerpo
encarna en la letra- aún más con las deformaciones y transformaciones
que requiere la ficción- entendemos que Sánchez declarara- que se le había
acabado la “épica de la vida”, para explicar su silencio más duro.
En Nosotros Dos aparece Ismael que canta tangos, el filósofo
Eliseo, el Adivino, que había preanunciado la muerte de Santana, el libro
de ocultismo, y se nombra el zen. Personajes y elementos significativos
por su unción y que de algún modo, en las sucesivas novelas, inciden
como puntos de encuentro y seguimiento. La escritura salteada, que descoloca al lector por
la “miscelánea” y la ruptura del orden lineal, pero que produce un
lector salteado o al menos una“irritación lectriz”como decía
Macedonio Fernández, la prosa de personaje que deja zonas abiertas para
continuarse en otro texto, el invento de un lenguaje que preconizaba
Macedonio- cuya obra se empieza a publicar y reeditar en el ’60 y cuyas
ideas son transmitidas con fruición- aparecen en en Nosotros dos,
no así el humorismo, y la desdramatización, que se librará a partir de
la segunda novela de Sánchez, Siberia blues (1967), con el blues y
la conciencia en el autor de la justeza de la improvisación a partir de
un tema (jazz). Y el tema de esta segunda novela ya había comenzado en la
primera: “tu infancia- dice refiriéndose a Santana- que siempre imaginé
callada en la quinta de Saavedra con la barra de Tomasol”. Pero Néstor no se sale del realismo, construye un realismo más real, desde esta primera novela con un protagonista que “decidió ser otro”, ese sujeto descentrado, o centrado en los descentramientos en busca de su perfectibilidad, en desconformidad crucial con la vida que lleva y las formas de vida y pensamientos que lo rodean. Nosotros dos nada en la época y elige su propias fluencias de escritores, lecturas, su propio lenguaje: una posición radical, decidida, siempre en proceso. Si las palabras “luz” o “camino” se consideran trilladas en la misma novela, no así la palabra “verdad”. Ese sujeto de búsqueda, que muestra el resquebrajamiento en confesión resquebrajada pero que al fin en el narrar de sus iniciaciones, aprendizajes y errores, decide o sabe- o se da cuenta de que sabía- que lo que es, su ser, está en la escritura misma, acto inaugural para el que escribe que se inscribe en una literatura ‘otra’ en las letras argentinas, o sea, se inscribe en la linea de discontinuidad formada por Macedonio, Norah Langhe (Los dos retratos, Antes que mueran), Silvina Ocampo, A. H. Murena (Polispuercón, Folisofía), Alberto Vanasco (Y sin embargo Juan vivía), de entramado o pliegue. |
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Liliana Guaragno (Argentina, 1947). Ficcionista, poeta e
ensaísta. Autora de livros como La mujer del sombrero rojo
(1989), Final del día (1993) Itinerario de una insensata
(2004). Contato: lguaragno@yahoo.com.ar. Página ilustrada com obras do artista Francisco
Quintanar (México). |