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revista de cultura # 41 - fortaleza, são paulo - outubro de 2004 |
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Leda Astorga: "Mis esculturas llevan el signo, la marca
de la libertad" Alfonso Peña
LA - Me encontré con la
escultura cuando entré a estudiar a la escuela de Bellas Artes de la
Universidad de Costa Rica. Curiosamente fue un “amor a primera vista”;
quedé impactada por la forma, por los relieves, las texturas… A pesar
de ese feliz encuentro, me costó bastante lograr el arranque. Hice mi
investigación de lo que quería crear en escultura con una veta
maravillosa que es el “cotidiano vivir”. Me llamaba la atención ver a
los transeúntes, a los vendedores de lotería, vendedores de bisutería,
a las mujeres con sus atuendos y sus aretes, y su lápiz labial y los looks
que estaban de moda… De pronto comprendí que estaba colmada de imágenes
de la cotidianidad, de lo que vivía todos los días. No tuve que rebuscar
demasiado para darme cuenta de que mi “banco de iconos” estaba en lo
que observaba todos los días. A partir de ahí integré muchos de esos
elementos y desarrollé mi propio imaginario. Desde el inicio opté por
las formas no idealizadas, o sea, con dimensiones que correspondieran con
lo que yo observaba todos los días. Quería hacer un trabajo diferente.
Desarrollé por un par de años esa línea de trabajo, principalmente en
mi investigación de taller. Ya en el último año de la Escuela estaba
segura de lo que quería llevar a cabo y sabía con certidumbre lo que
estaba creando… AP - Aquel
mismo año la censura te “reprueba” y te “descalifica”; te conmina
a que te dediques a cualquier otra cosa, menos a “ hacer escultura”.
Sería bueno que nos clarifiques esos conceptos. LA - El jurado que calificò
mi exposiciòn me llamò la atención (o sea, me aplazò); me dijeron que
la escultura no se puede pintar y que tampoco debe tener humor y que las
figuras no podìan ser desproporcionadas y gordas. Imagínate, en aquel
momento me sentía como una bandolera, una delincuente… Aquello fue una
experiencia muy dolorosa; sin embargo, yo estaba muy segura de mi camino y
nadie me iba a decir cómo tenía que crear mi obra plástica. AP - En
diferentes ocasiones hemos abordado la conversación en torno a la elección
de tu temática. Conociendo las barreras estéticas e ideológicas con
respecto al tiempo que nos toca vivir, ¿cómo es que vos te atrevés a
nadar contracorriente y te sumergís en la aventura de esculpir y pintar
gordos y gordas? Hubiese sido más complaciente adoptar lo fashion:
cuerpos estilizados, esfinges de plástico, mujeres de celuloide… LA - Desde el inicio estaba
muy clara de lo que quería hacer. Lo que más me interesó fue la figura
humana y los muy diversos modos en que puede ser tratada. Yo me incliné
por trabajarla como a las personas que observaba todos los días en las
calles de San José o por cualquier lugar por donde anduviera, y no
limitada por aquellas que vemos –por lo general– en las telenovelas y
en los anuncios subliminales de la TV. Una vez asistí a un té y me
encontré con “La tía”. A partir de ahí, ella se configuró como uno
de mis personajes más emblemáticos. Es fascinante. Fue el inicio de mi
temática. Ella era de un nivel social alto y era una mujer muy simpática,
de pequeña estatura, con una gran espalda y de piernas cortas y llenas de
ratones, creo que para disimular sus “defectos” usaba zapatos con
tacones enormes y llevaba puesta una vestimenta muy elegante y atractiva;
llamaba la atención su enorme peinado y la parafernalia que consistía en
el uso de collares y anillos y pendientes y joyas de todo tipo…
Realmente era una mujer glamorosa… No le quité los ojos de encima, me
encantó su personalidad… Me enloquecí con ese personaje. Al día
siguiente, en mi taller, la modelé. Cuando la vi terminada me di cuenta
de que estaba conectada con el personaje. A mí la verdad que me
impresionaba, pero al mismo tiempo comprendía que no correspondía con el
tipo de belleza que se tiene en la actualidad. Poco a poco empecé a
estudiar a otro tipo de seres humanos, recuerdo que en la antigua entrada al Parque
de las Hamacas, frente a la Escuela Metàlica, me encontré con una
vendedora de helados sorprendente.¡Era una gorda descomunal! Había que
verla trabajando; ella raspaba el hielo con aquellos gigantescos brazos
partidos engalanados por las estrías. En aquellos momentos me daban
deseos de apretarle los brazos y tocarle los cachetes, era una mujer llena
de humor y a cada momento soltaba unas explosivas carcajadas… También
la modelé y ahí está en mi “conjunto” de personajes. Lo mismo te
podría contar de mi encuentro con un voluminoso hombre que era vendedor
de lotería. Después de esas primeras vivencias empecé a mirar con otra
perspectiva, podría decir que con otro sentido de la realidad. Ese fue el
“clic” para trabajar mi temática: crear un estilo, un mundo personal. AP - Con
el correr del tiempo se forma lo que podríamos llamar “la galería de
personajes de Leda Astorga”. LA - Sí,
es verdad. Con eso gozo bastante. Vieras que son personajes familiares.
Ellos conforman mi familia. Algunas veces hasta sueño con ellos. Para dar
un ejemplo, ahí tenemos a “La tía”; ella es una constante en mi
obra, es como un icono que se repite consciente e inconscientemente. Con
una recurrencia que a mí misma me asombra. Te voy a revelar algo que
puede ser interesante: muchas veces “invoco” mis personajes, para
expresar aventuras, vivencias, sueños, fantasías que en la vida real no
puedo conseguir.
LA - Exacto.
Ellos muchas veces son “la pantalla ideológica” que me permite
criticar y cuestionar muchas cosas con las que no me identifico. El
sistema en que me he desarrollado y en el cual he vivido es un sistema
lleno de tanto prejuicio que nos inhibe en muchos niveles: el sexual, el
disfrutar de nuestro propio cuerpo; nos censura en el campo del desarrollo
de nuestras propias ideas, porque siempre estamos reprimidos, frenados,
obstaculizados por algo, por un poder invisible. Ese que dice: “eso no
se puede hacer porque es pecado…”, “eso no se puede hacer porque va
contra la moral…”, “eso no se puede hacer porque va contra la
ley…” Entonces vienen las preguntas: ¿qué soy? ¿qué hago aquí? ¿cómo
sería sin las prohibiciones y sin las represiones…? ¿sería un mejor
ser humano sin todas esas limitaciones? Retomando el tema: mis esculturas
llevan el signo, la marca de la libertad. Mis personajes disfrutan a
plenitud su modo de ser. AP - Sin objeciones, sin
apelaciones, se desprende de tu obra plástica que supone una crítica
social directa y despiadada, acentuada con elementos e imágenes difíciles
de digerir. LA - A mí siempre me
apasiona el tema social. Incluso he trabajado algunas esculturas que
tienen que ver con la deformación. La deformación que producen en los
seres humanos las sectas religiosas. Sean éstas “oficiales” o con
intereses metafísicos. La deformación es una línea permanente en mi
trabajo, sea de índole formal o de esencia. Para los seres humanos todo
esto es castrante. Incluso cuando trabajo en el tema, muchas veces
reflexiono con una paráfrasis: “Dios, cuantos delitos se cometen en tu
nombre…” La idea que tengo de Dios es totalmente diferente a la
habitual. Las “ofertas espirituales” que hacen los encargados de
manipular a las masas nada tienen que ver con el concepto que tengo de
Dios. Para muchos lo interesante es el tráfico de almas. Para otros,
manipulación, poder y dinero. He trabajado algunas obras cargadas de crítica
social y religiosa, muy polémicas; en verdad, no me arrepiento de nada. AP - Tu obra está tatuada
con mucho humor, un humor refinado que se mira tan sensual, tan erótico…
Por ejemplo, en la serie de tus bailadores de bolero. Creo que sería
valioso conocer cómo logras calar en ese ámbito… LA - Yo llego al humor
orientada por la gente y por mì misma. Percibo muchas pistas
para trabajar de este modo, para expresar vivencias con humor.
Ya que estamos conversando alrededor del tema de los boleros, te digo que
una de las cosas en las que más me ha encantado participar es en el
ritual del baile. Eso es maravilloso, planear o ir a “vivir” la
experiencia en un salón de baile , bailar y ver a las parejas bailando en
un diapasón vertiginoso… o de pronto aceptar la invitación de algún
desconocido para bailar un bolero. Es increíble cómo se mueven sus
manos, cómo te tratan de llevar por todo el salón al ritmo de aquel
bolero. Podríamos hablar de una gestualidad, de un asunto corporal tan
especial, tan auténtico. Observar los cuerpos moviéndose al ritmo de la
música, los sonidos musicales logrando que los “bailadores” se
deslicen con gran soltura. Todo esto siempre me ha encantado y tengo
vivencias muy fuertes en ese sentido. Podríamos agregar que nuestro
pueblo maneja mucho humor en su lenguaje, en el modo de ver y “hacer”
humor negro a costa del presidente, de los políticos, los futbolistas, la
gente de la farándula, los periodistas, los personajes grises y los de
guante blanco. Yo lo que hago es catar de ese conocimiento y
trasladarlo a mis esculturas. AP - Muchos artistas no
recurren al humor; más bien se encierran en un espacio abstruso; como que
les da “pánico” el poder que tiene una sonrisa, una frase ingeniosa.
¿En tu caso, como te sentís en el bando de los artistas latinoamericanos
que transitan en esta corriente? LA - No podría
concebir mi escultura sin humor y sin el color. Desde mis inicios siempre
fue muy importante, quizá por lo personal, que desde un principio
quisieron modelarme a puro golpe de martillo, utilizando la amenaza, los
temores y el rencor. Detesto todo eso en la sociedad en que me
desenvuelvo. Me agrada que me planteen las cosas de una manera directa y
que me haga reir o por lo menos sonreir, para poder reaccionar de un modo
sereno; las cosas trazadas con humor pueden ser cosas muy serias y
penetrantes, pero vos tenès una actitud relajada; aun más, por ese
sendero va la raíz de mi propuesta. A mí me complace ver a mis
semejantes sonreír; y saber que eso no se queda solo ahí, pues la risa y el
humor, son algo muy serio y te ayudan a abrir las puertas a la
reflexiòn. AP - Cuando
estabas en la etapa de investigación de tu escultura y percibiste que tenías
que pintar, colorear, supongo que tuviste que dar un “gran paso” en el
momento en que decidiste aplicar el color a tus obras. ¿Podrías
contarnos como fue el proceso? LA - La
técnica de mi escultura es muy laboriosa, primero hay que hacer el
modelado en arcilla, que siempre me pareció muy sugestivo y hermoso.
Luego va el molde en yeso o silicón, en el cual se hace el vaciado; el
terminado final es concreto con estructura o armadura de hierro y pintado
al óleo o al acrìlico. Desde el inicio sentí la necesidad de aplicar el
color. Recuerdo que al principio los tonos que utilizaba eran muy oscuros
y grisáceos, hasta que un día de tantos hice una “autocrítica” y
pensé que mi mente no era blanca y negra, que yo era una persona
tropical, y en mí explotaron los colores vibrantes y atrevidos y fueron
apareciendo los rojos y azules y verdes y naranjas… AP - Leda,
con el correr del tiempo, muchos críticos internacionales, coleccionistas
de tu obra, los que trajinan por los recodos del arte, sugieren, como
haciendo un guiño, que tu obra plástica tiene vínculos y nexos con la
del artista colombiano Fernando Botero. ¿Podrías hablarnos de esas
inquisiciones? LA - Es
verdad que eso me ha ocurrido y me ocurre en múltiples ocasiones. Te digo
que aun siendo estudiante yo no sabía quién era Botero, hasta que alguna
persona interesada en mi trabajo se acercó un día a mi taller y me dijo:
“Usted debería buscar información acerca de la obra de Fernando
Botero”. Aquella persona me puso en conocimiento de lo que el artista
colombiano hacía, además de su fama y muchas cosas más. Transcurriría
un buen tiempo hasta que llegó a mis manos un libro bellísimo
conteniendo su pintura. En realidad, mi relación con Botero es mínima,
tomando en cuenta que me parece un artista admirable. Ampliando el
concepto: yo no siento que tenga influencia de ese artista, pues mi veta
es la gente de la calle, mis personajes son los que deambulan por calles y
avenidas, son seres de carne y hueso . Nunca he tenido que acudir a otro
artista para desarrollar mi obra. Te voy a contar algo gracioso. Hace unos
cinco años un amigo me enseño un catálogo de un artista mexicano de
apellido Luna. Cuando lo tuve en mis manos, fue increíble la semejanza
que aquellas imágenes tenían con las mías. Yo pensé: ¡“Uh, pero si
son mis personajes”! Lo que creo es que en América Latina se da una
especie de sintonía en la que navegamos diversos artistas. Recuerdo que
una de las obras que estaban en el catálogo era una serie de gordos y
gordas trabajados en escultura que conformaban una familia y el nombre de
la obra era muy sugerente: “Los Delgadillo”, incluso hasta en el
humor, el mexicano Luna, tenía connotaciones con mi trabajo.
LA - La
experiencia vivida en Alemania fue muy beneficiosa, pues fuimos un grupo
de escultores costarricenses. Si no me equivoco era la primera vez que los
escultores nacionales hacíamos una muestra en conjunto fuera del país.
Se llevó una selección de cada uno de los siete escultores. En total
eran 35 obras de gran formato. La exposición se hizo en Lahr, en la Selva
Negra. La iniciativa fue de Evangelina Aguiluz; ella, por medio de la
fundación que creò en honor a su esposo, el fallecido
escultor Hernán González, hizo las gestiones para que esta fundaciòn en
coordinaciòn con una fundación alemana organizaran la muestra y que
estuviera expuesta en un parque escultórico por varios meses. Durante esa
experiencia, tuve la oportunidad de trabajar en el mismo parque. Aquello
tenía una gran intensidad pues llegaban a verme niños, mujeres y
hombres. Tuve la oportunidad de desarrollar una de mis esculturas de tamaño
natural, aproximadamente de 180cm. Me encantó el hecho de que el público
tuviera la oportunidad de observar todo el proceso de cómo se crea una de
mis esculturas. La experiencia fue muy propicia.. Había que ver el interés
que tenían aquellas personas de observar a una artista latinoamericana
trabajando una de sus obras en vivo. Durante todo ese tiempo desfilaron
cientos de personas. Fui invitada por los amigos
de Taiwán a un curso màs bien tècnico, especìficamente sobre
confecciòn de moldes para uso industrial . Como bien lo sabemos ellos
tienen una tradición muy fuerte a nivel de diseño en muy
diversas tècnicas y materiales, sin embargo les gustaron mucho nuestros
diseños, èramos 3 participantes por Centro Amèrica. Sentì que las
nuevas generaciones están en una transición, pues quieren renovar sus
propuestas en ese campo. Dentro de todas las cosas bonitas y maravillosas
que allí viví, tuve la oportunidad de participar en un concurso de diseño.
Yo me lo tomé con gran seriedad y presenté dos diseños. Imaginate lo
que representa competir con artistas maravillosos como son los orientales.
Me llevé la grata sorpresa de que gané el concurso. Ellos son personas
tan amables, tan excelentes anfitriones, que siempre estaré agradecida
por esa invitación. AP - En
los últimos años se ha dado algún tipo de confusión por la
nomenclatura, y también en la práctica, al tratar de definir la
escultura y la instalación. ¿Cuál es tu posición? LA - A
mí todas las diferentes expresiones artísticas me parecen importantes.
Pienso que la instalación es tan válida como la pintura, el grabado, el
dibujo, etc. Lo que siento es que una instalación no necesariamente es
una escultura ni tiene un carácter escultórico. Me ha tocado ver
instalaciones con énfasis en escultura y eso me parece muy importante,
pues se está ante una renovación del lenguaje. También he visto
instalaciones donde tratan de destacar otras técnicas como el lenguaje
mediático y los recursos audiovisuales. De todas formas, yo defiendo la
calidad por encima de todo, y aquí viene el problema, pues algunos
artistas al hacer las instalaciones lo que hacen es confundir al
espectador al hacer acopio de todo tipo de materiales y de propuestas
extravagantes. Tendríamos que detenernos a pensar que no son los
materiales los que determinan cual es una correcta pieza artística. Las
instalaciones deben llevar una buena investigación y tener un basamento
estético e ideológico; por ahí ves instalaciones que más bien se
asemejan al “caos” espontáneo. Es en ese ámbito donde siento que hay
peligro de “confusión” como en la misma escultura y la poesía y la
literatura y la pintura. Considero que el arte es muy serio como para
conformarse solo con lo espontáneo. AP -¿Has
ensayado o incursionado en el ámbito de la instalación, o quizá has
trabajado o aplicado el concepto de la instalación escultórica? LA - No
he trabajado la instalación, aunque a nivel grupal he tenido algunas
participaciones bastante interesantes. Quizá en esos proyectos nos
acerquemos a la “performance”, “al trabajo de equipo” que, en
muchos países, son como el fulminante para desarrollar instalaciones. AP - He
escuchado por ahí, y esto no es maledicencia, que vos y un grupo de
mujeres artistas por poco queman la ciudad de Cartago. ¿Cómo practicaron
el encantamiento con “La quema del nuevo Judas”? ¿Podrías referirte
a ese episodio? LA - Zulay Soto, en ese
momento Directora del Museo de Jade del Instituto Nacional de Seguros nos
invitó a la pintora Olga Dorado y a mì para que le ayudàramos en la
organizaciòn de una exposiciòn con motivo de la celebraciòn del Día
Internacional de la Mujer. Sin embargo, en esa reuniòn surgiò la idea de
hacer una actividad màs bien colectiva y de denuncia sobre el tema
de la incomunicaciòn en una sociedad cargada por una enorme
cantidad de medios de comunicaciòn. Convocamos a unas 20 mujeres y en
conjunto preparamos el trasfondo teórico-práctico de la obra y la
presentamos en el marco del Festival Internacional de las Artes
(FIA), que se realiza cada dos años en Costa Rica. Lo que organizamos fue
una “performance” que tenìa que ver con el mito judeo-cristiano y
popular de la “Quema del nuevo Judas”. A lo largo de varios meses
trabajamos en la organización de la misma y buscamos patrocinadores que
nos apoyaran en el proyecto.
El tema central era el de la
pareja. Era una pareja muy extraña. Deshumanizada, pues estaba totalmente
incomunicada, aunque totalmente saturada de objetos
"comunicantes". . El trabajo, como te podés imaginar, era muy
crítico. Luego se preparó un testamento, que era una impugnación a la
sociedad y sus jerarquías. Los días de este
Festival coincidían con el final de la Semana Santa y esto nos dio
la clave para que el “montaje” fuera redondo. Se sabe que cuando la
Semana Santa finaliza se quema al Judas. Esta tradición se mantiene
vigente en muchas ciudades de España y de América Latina. Nosotros haríamos
una parodia de ese acontecimiento histórico. Por eso fue que la
denominamos “La quema del nuevo Judas”. El ritual piromaniaco se
llevó a cabo en la ciudad de Cartago. Una multitud asistió a la
celebración. Fue tanta la habladuría y los temores, que de un momento a
otro llegaron los bomberos; creyeron que verdaderamente la ciudad corría
el peligro de ser consumida por las llamas. Todo esto le dio al
“montaje” un revestimiento inusitado. Como es costumbre, antes de
quemar al Judas hay un desfile por las principales calles de la ciudad. Al
son de los metales de una “cimarrona” y acompañados de muchos
“adeptos” llegamos frente a la pareja. Frente a ellos se leyó el
testamento. Y ante una gran expectativa se prendió fuego a la escultura
del nuevo Judas. La algarabía fue total. Eran unas llamas imponentes que
ondeaban en medio de una gritería y miles de luces multicolores que
despedían los petardos y volcanes y bombas de doble trueno, pues la quema
incluía un juego pirotécnico. La trama no termina ahí. Cuando el papel
pintado se extinguió por completo, una escultura en metal fue naciendo
entre los vestigios de la obra; estaba tratada de otro modo, era una
germinación, un canto a la esperanza, a la comunicación humana, en medio
de las cenizas del nuevo Judas y èsta la donamos al Colegio Universitario
de Cartago que con mucho entusiasmo nos apoyò y nos prestò sus
instalaciones para realizar esta actividad. AP - No
podemos pasar por alto que vos conocés a fondo los secretos del color. ¿Cómo
te sentís cuando pintás al óleo? LA - Es algo que me
fascina. Cuando pinto al óleo puedo desarrollar muchos temas que no puedo
hacer en escultura, y eso me maravilla: el desarrollo del dibujo; la
versatilidad de la tela;. la diferencia con la escultura, pues ésta es
tridimensional. Algunas veces los temas son semejantes a la escultura,
aunque en muchas ocasiones también experimento y me topo con sensaciones
enriquecedoras para mi propia investigación y trabajo de taller. AP - En
qué pasaje se entrelazan el pintor y el escultor? LA - Creo
que en el momento en que “descubro” la técnica del bajorrelieve. A
partir de ahí aplico muchos recursos, mucho del trabajo de investigación
que he desarrollado por años. Utilizo los conceptos de la escultura y la
pintura. Con los rudimentos de la escultura llego a la pintura. Y es muy
interesante hacerlo con la madera, ya que hago acopio de texturas,
relieves, otros instrumentos… AP - De
manera análoga a lo que sucede con la escultura y a la pintura, te
interesás y te aficionás por los muebles como piezas de arte. LA - Si retomamos el tema
del bajorrelieve, ahí está el secreto; ahí se integran la escultura y
la pintura. Pronto asumo el reto y poco a poco voy integrando la
escultura, la pintura, pero que tenga un fin útil. Que se pueda
disfrutar, que tenga un sentido lúdico. Es en ese proceso que integro el
diseño y van apareciendo muebles y móviles y algunos objetos que todavía
no he podido descifrar, tampoco ponerles un nombre. A mí me interesa el
concepto de “habitar la casa”; por eso es que en esta casa donde estoy
hay libros y esculturas y pinturas, y también ahora quiero integrar la
poesía a mi trabajo. Con Adriano Corrales planeamos hacer muebles con la
metodología de la escultura, pintados y con un sentido poético, donde
los versos se interrelacionen con el diseño. Estamos preparando el
proyecto. No hay que dejar de explorar, de investigar y experimentar con
la realidad, la cotidianidad. AP - En
relación con el concepto de “habitar la casa”, los vecinos y quienes
caminan frente al jardín de tu casa (a mí ya me ha ocurrido en más de
una ocasión, pues en más de una oportunidad he conversado con ellos), se
sorprenden de esas esculturas tamaño natural que están en el pórtico
con aire sonriente y, colmados de buen humor, dan la bienvenida. Parece
que dijeran: “adelante, usted está invitado…” LA - ¡Ah, eso ha sido y es sorprendente! Es maravilloso observar a los niños hablando y riéndose con ellos. Es extraordinario que los vendedores de lotería y de “tiempos” crucen la calle y traten de hacerles una venta. Es increíble que los vendedores de “pati” se equivoquen y tengan un diálogo “surreal” con ellos. Cuando alguien se pierde o se extravía en el barrio, a pie o en taxi, la mayoría de las veces vienen a dar a la casa y, verdaderamente, resulta delicioso escuchar desde el taxi o desde la acera los gritos y preguntas. Son unos diálogos tan llenos de vigor, que a veces me asusto; te digo que es algo inaudito; más de una vez me ha parecido escuchar las respuestas de la “Tía”. Esas son las cosas asombrosas que nos concede el arte. |
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Leda Astorna (Costa Rica, 1957). Licenciada em Artes Plásticas da Universidad de Costa Rica. Recibeu o Prêmio Nacional de Escultura "Aquileo J. Echeverría", 1999. Entrevista realizada em agosto/setembro de 2004. Página ilustrada com obras da artista. Contato: ledaastorga@hotmail.com. |