revista de cultura # 42
fortaleza, são paulo - dezembro de 2004

artista convidado: ernesto león






 

La dialética de Ernesto León
(entrevista)

Juan Antonio González

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Ernesto LeónQué distantes parecen estar ahora los tiempos en que Ernesto León debía conformarse con un apartamentico de Parque Central o con la lejanía de un taller ubicado en Galipán para realizar sus cuadros. Hoy, la mirada de ese pintor caraqueño de 36 años está en el futuro. Un futuro que es ya y que le ha permitido sumar a su imagen de niño inocente, inquieto y atormentado, las palabras que podrían escucharse de un exitoso empresario al referirse con orgullo a su empresa. En este caso, un taller fuera de lo común…

Y es que al entrar en el recién estrenado estudio de este artista, en Sebucán, la única sensación verificable es la de estar en medio de una organización hasta hace poco impensada para el mundo de la pintura: el inmenso galpón identificado con un alegórico K-1, que bien podría servir de nombre a una fábrica, obliga a un paneo del que no sólo sobresalen las altas paredes blancas llenas de rostros, piernas, brazos y cuerpos dorados resguardados por ánforas de cerámica, o los cuadros de gran formato que han atrapado dentro de sí la existencia concreta de un pasado cultural, inevitablemente religioso, y de una vegetación tropical intervenida por la luz enceguecedora del oro.

A toda esta escenografía antropológica, desordenada y salvaje por naturaleza; armónica, también por naturaleza, y en la que paredes y pisos se unen en una curva donde sobran los zócalos, se suma la tecnología de la computación, la distribución milimétrica del espacio y la acumulación casi obsesiva de información… Todo, bajo el estricto control de Ernesto León, quien acaba de exponer una serie de dibujos recientes en México (hasta hace poco en la Galería Sotavento de Las Mercedes), y se prepara para participar en la Feria Internacional de Miami y llevar su trabajo hasta Roma.

“En el fondo, el sentido es cómo hace un venezolano para exportar. En mi caso, cómo hace un venezolano para exportar sensibilidad, que es más complicado. La única manera de hacerlo es organizándose y teniendo conciencia, no de la conquista del mundo, sino del respeto hacia lo que se hace para presentarlo y expresarlo en diferentes espacios del planeta. Es, simplemente, un gran deseo de comunicar. En el caso de uno, es trasladando la obra. Pero, ¿cómo se realiza eso? Por supuesto que a estas alturas uno no trabaja solo, sino gracias a amigos, coleccionistas y asesores que siempre se acuerdan de lo que haces. Todo ésto ayudado, justamente, por la organización del taller. Este es un taller que tiene una concepción muy distinta, muy nueva”.

Ernesto LeónY vaya si lo es… Cada área del taller de Ernesto León tiene una función específica. Así, hay una zona donde el pintor realiza su obra, un espacio en el que se pueden montar los cuadros de gran formato para ser fotografiados (fotos que podrán ser utilizadas en diversas publicaciones o para promoción), otro para el diseño de proyectos para arquitectura, escultura y pintura, un área logística que incluye el archivo de 13 mil diapositivas y de toda la trayectoria del pintor, 10 mil negativos fotográficos, registro de obras, inventario, direcciones, contactos en el exterior, artículos importantes… Finalmente, está el espacio donde el artista recibe a sus invitados, sean personas vinculadas al mercado del arte, periodistas o amigos.

Más que como pintor, Ernesto León se ha revelado, sin mucho esfuerzo, como un eficaz gerente, cuyas obras de 1,20 por 1,20 metros se cotizan en 400 mil bolívares. El mismo se explica: “Hay dos cosas que mi generación maneja bien, a diferencia de otras generaciones de artistas. Una es el concepto místico del arte y otra es el concepto pragmático, gerencial, de la obra. ¿Qué fue lo que sucedió? Que hubo un equilibrio de la profesión de arte con respecto a otras. Un equilibrio en el sentido de que yo no veo diferencias entre un buen ingeniero y un buen artista, entre un buen arquitecto o un buen médico. Realmente, si existe la meticulosidad, la pasión y el deseo de hacer las cosas de una manera muy mística, siempre se producen los fenómenos y las cosas bien hechas”.

De familia merideña con dos generaciones en Caracas, Ernesto León comenzó a pintar para atrapar el efecto de la gente que lo rodeaba. “Tenía cinco años de edad, cuando comencé a buscar pinturas para hacer cosas para los demás. Como tenía facilidad manual, realmente no me costó mucho. A través de los años, ésto se fue incrementando y luego se volvió una cuestión más profesional, más seria. De cualquier forma, mis inicios en la pintura están ligados a un gran deseo de mostrar lo que yo podía hacer para establecer una relación amorosa y afectiva con mi familia y mis amigos. Me gustaba más que me identificaran con el vecino pintor, que con el vecino líder, o con el futbolista”.

Educado en colegios religiosos, y con bachillerato cursado en una academia militar -”fue más bien una decisión de mi papá y mi mamá”. dice-, León comenzó su formación artística en 1975 en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid; de allí, pasó al Centro Iberoamericano de Restauración “Paul Coremans” en México (1978), al Centro de Enseñanza Gráfica, Cegra (1979) y, por último, al Departamento de Artes Visuales de la Universidad de Nueva York (1980).

Sin embargo, no deja de reconocer que en la música tropical está el origen de una de sus grandes obsesiones: el interés por lo antropológico. “Me interesa mucho el bolero, muchísimo la salsa, la música de los Andes. Vengo de una familia a la que siempre le ha gustado la música, sobre todo a mis dos hermanos. Yo estudié guitarra clásica, de manera que, en el fondo, soy un músico frustrado y sé que mis últimos días los voy a terminar escribiendo, porque soy un escritor con muchas esperanzas de poder hacer esto en el futuro”.

Ernesto LeónEL - Toda mi obra se enmarca en el espíritu antropológico y la imagen arquetípica venezolana. Por eso es que a veces me preguntan por qué dibujo plantas, aves, de repente hago esculturas, de todo… Es cierto, mi sensibilidad está basada en la diversidad de las expresiones. Me he metido con el arte prehispánico venezolano, con el arte colonial, con los íconos, el Escudo Nacional, la bandera, como la mayoría de los pensadores venezolanos de mi generación. En este momento me encuentro en lo que son los proyectos a escala arquitectónica en la pintura, que tienen mucho que ver con la fragmentación y la destrucción de los arquetipos nacionales. Esto no quiere decir que estoy repitiendo la historia; yo puedo hacer un Escudo de Venezuela fragmentado, todo quemado sobre hojillas de oro, pero donde hay una belleza a nivel estético.

Es decir que, como las cosas que se absorben y nunca se dejan, el pintor aprehendió el espíritu barroco en España, el arte colonial latinoamericano en México y el arte integral en Nueva York. “Si hay algo de esa formación, de esas experiencias, que se queda como un líquido que tú ni siquiera sabes que está dentro de tí, pero que brota inconscientemente”.

JAG - ¿Cómo se relaciona su trabajo, tan ligado al pasado, a las huellas de una época, con la realidad actual?

EL - Creo en una postura radicalmente nacional frente al arte. Me he conocido a través de mis obras y he visto que en ella hay un sentido de respeto nacional tremendo, todo ello aunado a la cuestión religiosa y militar que tengo encima.

JAG - ¿Qué significa ese sentido de respeto nacional?

EL - Cuando estoy investigando sobre el arte colonial de la Escuela de Mérida, de la Escuela del Tocuyo, sobre el arte prehispánico venezolano, toco los arquetipos, la bandera, el Escudo, cuando estoy viajando a Brasil para investigar sobre las culturas negroides, estudio las aves venezolanas, realmente estoy haciendo un recorrido, con mucho cariño, por lo que me pertenece, junto con todos los venezolanos. La relación está justamente en el reconocimiento de la belleza que tengo, el disfrutarla y apreciarla como artista.

Cuando Ernesto León asume un compromiso de trabajo -y tiene muchos con organismos públicos y empresas privadas, como el Ministerio de Relaciones Exteriores y PDVSA-, como buen descendiente de andinos, dedica a él de 10 a 11 horas diarias. Para este pintor, ésta es la única alternativa que se puede usar en momentos de crisis. Organizarse y trabajar con pasión, son palabras que aparecen constantemente en su discurso. Sin embargo, es claro cuando dice que todo es por la pintura. “Estoy dispuesto a proteger ese yo artista por todos los medios. Esencialmente, todo lo he hecho en función de mi pintura, es una cuestión que ha crecido de manera sólida con los años, y es una respuesta mía también hacia lo que yo creo que son mis ideas, mi concepción del arte y de la vida nacional. No he sido devorado por mi propia organización”.

Ernesto LeónAsí, la cotidianidad de este artista se consume entre sus múltiples compromisos nacionales e internacionales. Entre reuniones, envíos de fax, llamadas telefónicas, sesiones fotográficas… Cada uno anotado en su agenda, “y todo se cumple porque es realizado con la misma fluidez. ¿El momento creativo? Siempre está ahí, aunque estés muy estresado…Por eso, uno debe anotar las ideas que se le van ocurriendo para que cuando llegue el momento de la tranquilidad, como llega el momento de la pintura, ya haya un plan hecho, producto de mis sensaciones, de mi inconsciente, sobre esa idea”.

Es Ernesto León. Declarado admirador de las quemas de Tomás Golding. Artista inspirado por la sequía, el paisaje y las aves. Figurativo que ha sustituido la pincelada violenta por el delicado uso del soplete. Creador prolífico. pintor meticuloso de luminosos dorados. Trastocador de la técnica pictórica y creador de colores a partir de la destrucción del soporte. Hombre que ama lo que hace, que sabe vender lo que hace. Gerente con dos asistentes a sus órdenes. Fanático de los restoranes y las motos…

JAG - ¿Qué edad tiene ahora, artísticamente hablando?

EL - No sé. A veces siento que tengo 12 años de edad. Otras me siento como de 50, porque siento la fascinación de la madurez. Es bien extraño…

JAG - ¿Cómo se siente la madurez?

EL - A diferencia de antes, converso mucho con la obra, la reflexiono, la reviso. Esa comunicación me permite concretar lo que es mi pensamiento. La madurez es cuando comienzas a pintar al mismo ritmo de tu torrente sanguíneo y materializas rápidamente todas aquellas cosas que salen de tu inconsciente…

JAG - Dice que sus últimos días los va a terminar escribiendo, ¿y la pintura?.

EL - No sé. Creo que la pintura es más bien como el color de mi pelo, en el sentido que es una cuestión genética. O sea, está conmigo…

Juan Antonio González (Venezuela). Periodista, graduado en la mención Audiovisual en la Universidad Central de Venezuela. Desde 1990 ha estado dedicado a la cobertura de la fuente de cine, primero, en el Diario de Caracas y, a partir de 1995, en El Nacional. El Consejo Municipal de Libertador le otorgó en 1998 el Premio Municipal a la Difusión Cinematográfica. Contato: bergman@mipunto.com. Página ilustrada com obras do artista Ernesto Leon (Venezuela).

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