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revista
de cultura # 42 |
livros da agulha
Juan Calzadilla (Altagracia de
Orinoco, 1931) es un artista integral. Se mueve con fluidez entre la tinta
del dibujo, la poesía y la crítica de arte. Su obra poética es un
compendio de ascetismo lírico y lucidez intelectual. En Aforemas
nos entrega la belleza desnuda y fulminante de su palabra que conserva,
como toda su obra, un lenguaje poético propio. Los Aforemas generan
efectos conceptuales paradójicos, irónicos y humorísticos a través de
un constante hacer crítico que aborda sin prejuicios
temáticos una realidad en cuyo centro gravita la escritura. Premio Nacional de Artes Plásticas
en 1996, entre sus títulos cuentan Los herbarios rojos (1958), Dictado
por la jauría (1962), Malos
modales (1965), Las
contradicciones sobrenaturales (1967), Ciudadano
sin fin (1969), Manual de extraños
(1975), Oh, smog (1977), El
ojo que pasa (1979), Táctica de
vigía (1982), Una cáscara de
cierto espesor (1985), Diario
para una poesía mínima (1986), Antología
paralela (1988), Agendario
(1988), Diarios, aproximaciones a un decir siempre aplazado (1990), Principio
de urbanidad (1997), Antología
mínima (1995), Corpolario (1999),
Diario sin sujeto (1999) y La
condición humana, antología de su obra poética en portugués y español,
selección y traducción de Floriano Martins. Esta casa editora ha
publicado Ciudadano
sin fin (1970), Bicéfalo
(1978), Minimales (1993), Principios de urbanidad (1997) y Reverón, Voces y demonios. El aforismo es un entorno cerrado que acota una pieza
de saber. Por eso la raíz etimológica de los Aforemas de Juan Calzadilla
desvirtúa su noción de espacio circunscrito con el amplio sufijo ontológico
–ema, cualidad de cosa, en estado de fluida indefinición. Aunque podría
decirse también que aforema es una palabra-valija que expresa la
combinación de unos objetos, aforismos-poemas, cerrados comos los
primeros, pero con la apertura de los segundos. Pero es innegable que estos aforemas andan tras una
idea, que no siempre los antecede, como patrón noético a copiar por la
escritura, sino que muy a menudo la escritura misma ayuda a hilvanar, como
en un gesto que utiliza la articulación del lenguaje para generar efectos
conceptuales, paradójicos, irónicos, humorísticos, de un constante
sabor crítico. Queda desconcertada la poesía objetualista ante este
fluir ideacional en que el lenguaje piensa a través de sus propios
movimientos, sesgos y escorzos. Pues todo el mérito pensador, analítico
y constructor, pertenece sólo al lenguaje, opacando al inflado sujeto lírico
de la poesía objetualista, ausentándolo (“Diario sin sujeto”) o dejándolo
arrastrar por el discurso que lo lleva (“Notario al garete”). ¿Poesía entonces qué? Tal vez meramente aforemática
(si nos atreviéramos a ensayar en los géneros). Esta vestimenta de
versos, meros pies tipográficos que persiguen núcleos ideativos, no hace
sino retrotraer aún más los aforemas al epigrama antiguo, añadiendo un
hiperobjetivismo fenomenológico que desecha todo lirismo que no posea algún
matiz irónico. Una post-poesía encuentra circularmente la poesía menor
de los antiguos, en una prosa de renglones secos a guisa de versos, cuya
función es menos sonora que de apoyatura óptica para la invención sintáctica. Un ejemplo de la Antología Palatina Páladas de Alejandría (s. IV d.C.) La ira de Aquiles también fue para mí motivo Se recordará que Ezra Pound distinguía como los tres
grandes procedimientos poéticos la MELOPOEIA, la PHAINOPOEIA, y la
LOGOPOEIA: respectivamente se trataba de la musicalidad (melopeya), la
proyección verbal de imágenes sensoriales (fenopeya) y, como dice el
mismo Pound: “la danza del intelecto entre las palabras” (logopeya).
Lo que puede desconcertar al lector habitual de poesía en los Aforemas es
su grado cero y cercano al cero de fenopeya, y sobre todo de melopeya, a
favor de una hegemonía de la logopeya. El Aforema exige el rigor de la
lectura del sentido, encriptado en construcciones sintácticas que
constituyen en sí mismas el hallazgo plástico de los textos, y que se
libera, casi como de un enigma que lo entraña, en un efecto intelectual o
lógico (paradójico, irónico, humorístico, político, ético, etc.) A
este fin, el lector debe asumir, como lo hace el autor, una ascética de
los recursos melódicos e imaginarios del poema tradicional. Curiosamente
Pound atestaba que a mayor madurez más se acercaba el poeta a la melopeya
en su forma más cantante. En Calzadilla y sus Aforemas presenciamos más
bien una casi exclusiva atención, acuciosa y ansiosa, hacia los
mecanismos del sentido y los juegos de constitución de lo real mediante
estructuras de lenguaje. Anti-platonismo urbano, que asume los malos modales de
los cínicos y su identificación con los perros, las paradojas con que
los estoicos se burlaban de las esencias unívocas, o el sereno, viril,
fatalismo escéptico, la filosofía de los Aforemas marcha, inmóvilmente,
sobre el doble filo del signo
o del poema que es como el puñal de la muerte que hiende el cuerpo con el
sentido. El sentido debería existir como Ser, más allá del signo, ese
bagaje irrisorio de palabras que carga el poeta desnudado y desmitificado
por el asfalto, pero no en el cielo de las ideas, sino tatuado por la
muerte en el cuerpo vivo. La palabra entonces se yergue contra la palabra,
desenmascara su pretensión y su fatuidad; el poema desnuda la
imposibilidad del poema; los montones de libros sirven de pedestal a los
vasos de whisky. No por ello sale a relucir el hecho puro, en una especie
de silencio expresivo. Para el homo poeticus, ese ser precario de un día,
con su deleznable maleta de palabras y la contabilidad de sus haberes
existenciales, en bancarrota perenne, homo caninus en que el asfalto
intercambia las especies, que hace el poema como se hace un ladrido, la
realidad está en su mirada, el hecho ocurre en la mente, el sentido se
inscribe en el cuerpo. ¿Pero cómo puede haber sentido fuera de las palabras
que lo expresan? ¿Será el sentido otra vez esencia platónica,
exterior y superior a los cuerpos? El sentido radical es inexpresable (y ante él el poeta
pedante queda en ridículo) porque es el flujo incesante de la vida, en el
que cada instante tiene la precariedad, la preciosidad y la necesidad del
Azar. La fe es el amor del azar, saber su exactitud sin falla. La palabra, y el poema, alcanza el sentido cuando se
libera de la lógica finalista, ideal (que presupone esencias inmutables y
trascendentes), y el poeta produce en su mente el devenir cósmico, con su
gratuidad, su precisión, su infalibilidad, su fe en el absurdo. El
lenguaje así liberado, fiel a las mutaciones, re-logiciza la mirada sobre
un mundo en que la vida y la muerte son simultáneas. La herramienta retórica y filosófica, ya explorada
por los griegos, es la paradoja: la opinión contraria a la opinión, la
inversión de las relaciones lógicas, la afirmación simultánea de términos
contradictorios. La paradoja refleja la multivocidad del devenir. Para
alcanzar el sentido fuera de las palabras lleva las palabras al afuera. Dos paradojas clásicas de Crisipo, maestro estoico,
que parecen salidas de esa historia que en los Aforemas nos resulta más
bien la desesperada fantasía de un prisionero urbano, se repiten en
Calzadilla, y quizás den un cierto pedigrí irreverente a su
existencialismo beckettiano: Si dices algo, ello pasa por tu boca; Si no perdiste una cosa, la tienes; [J.A.
Calzadilla Arreaza]
Minha paixão pelo texto de Bauman dura alguns anos e vem se fortalecendo a cada novo livro publicado por esse instigante intelectual polonês. Zigmunt Bauman é reconhecido como um dos mais prestigiados estudiosos do mundo pós-moderno, sendo considerado um especialista na análise do cotidiano. Seu mais recente livro, Amor Líquido, mais uma vez
revela-nos o seu olhar agudo focado nos relacionamentos estabelecidos na
Modernidade Líquida, título de outra de suas obras. Em Amor Líquido,
Bauman constata a fragilidade dos laços afetivos e investiga a
flexibilização das relações humanas e o quanto essa flexibilização têm
contribuído para gerar níveis cada vez mais insuportáveis de insegurança. Traçando um paralelo com Ulrich o homem sem qualidades -
personagem do romance de Robert Musil, Bauman focaliza o homem sem vínculos,
habitante de nossa líquida sociedade pós-moderna, ao mesmo tempo em que
enfatiza, desde o prefácio, que o herói de seu livro é o relacionamento
humano e os protagonistas centrais são os homens e mulheres contemporâneos. A paisagem humana que Bauman esboça em Amor Líquido
é dolorosa, e seu olhar sobre as experiências amorosas vivenciadas pelos
sujeitos pós-modernos é bastante crítico, como fica claro na observação:
Em vez de haver mais pessoas atingindo mais vezes os elevados padrões do
amor, esses padrões foram baixados. Bauman constata o desaprendizado do
amor e avalia as suas graves conseqüências que ultrapassam o plano das
relações amorosas e familiares para atingir a sociedade, o lócus
urbano, impossibilitando que aprendamos a ser verdadeiramente humanos.
Bauman ensina que o preceito do amor ao próximo é o ato fundador da
humanidade: a sobrevivência de um ser humano se torna a sobrevivência da
humanidade no humano. O longo processo de desaprendizado do amor, em nossa líquida
sociedade, relaciona-se à vivência e formas de relacionar-se que
obedecem aos princípios do consumismo, que se caracteriza não por
acumular bens, e, sim, por usá-los e descartá-los, freneticamente. O
homo consumens vê o seu próximo como um objeto de consumo, inclusive os
seus próprios filhos, transformados em objetos de consumo emocional, nos
quais investem tempo e recursos, e cujo valor é determinado pelo custo do
investimento, já que os filhos estão entre as aquisições mais caras
que o consumidor médio pode fazer ao longo de toda a sua vida. Continuando sua análise, Bauman explica que as relações
mercantilizadas dispensam …o compartilhamento familiar de bens e serviços,
a ajuda entre vizinhos, a cooperação entre amigos: todos os motivos,
impulsos e atos com que se costuram os vínculos e compromissos duradouros
entre os seres humanos. Mas, por mais que os especialistas em marketing
tentem nos convencer do contrário, a solidariedade não está a venda no
mercado, e dela depende o bem estar da comunidade, somente através dela
torna-se possível …urdir o tecido dos compromissos humanos, estreitar e
manter os vínculos inter-humanos, traduzir direitos em obrigações,
compartir a responsabilidade pela sorte e o bem-estar de todos… Amor Líquido nos apresenta um cenário
aterrador ao relatar os perigos que ameaçam o convívio humano, mas, não
se converte em uma obra sombria, antes, faz um alerta revigorante,
lembrando que em nenhuma outra época a intensa busca por uma humanidade
comum, assim como a prática que segue tal pressuposto, foi tão urgente e
imperativa como agora. [Sandra Baldessin]
En 1982, el suplemento cultural
"Aquí" del diario La
Noticia publicó un breve ensayo cuyo título, "Poniente de los
ídolos", era más que una simple alusión a Nietzsche. En ese ensayo
con aires de manifiesto un estudiante de la Facultad de Filosofía de la
Universidad Autónoma de Santo Domingo instaba a sus compañeros de
generación a decir "adiós al viejo discurso" y anunciaba el
advenimiento de una nueva sensibilidad estética. "Lo existente está
ya viejo y tedioso", escribió. "Hay un presentimiento y una
confianza, un aire de destrucción y aventura, un atisbo de genialidad auténtica
como signos premonitorios de que lo nuevo está removiendo
cimientos". Parafraseando al filósofo alemán, este joven casi
desconocido venía a declarar la muerte de la vieja retórica y a destruir
la sensación de seguridad de una visión de la poesía que consideraba
obsoleta. Vivíamos en una época de crisis. Había llegado la hora de
erradicar la noción de progreso y de fundar una concepción del poema
como lenguaje, como "hecho de lengua". Había que romper con el
pasado inmediato, arriesgar el pellejo en la búsqueda de nuestra propia
subjetividad sin miedo a equivocarnos: "Muchos de nuestros
escritores", dijo, "van a morir -quizá de senectud- con el
manoseado croquis de la gran obra en su bolsillo. ¡Han sido cobardes y no
emprenden las obras por temor al lenguaje!". Y al denunciar la
ausencia en nuestro país de una crítica responsable que participara en
la búsqueda de una nueva expresión, exclamó con sorna: "¡Venid a
ver nuestros gigantes críticos de cátedras literarias y lingüísticas
morir de impotencia ante la página en blanco!". El autor de ese texto, José Mármol,
tenía entonces 22 años. Resulta evidente que en lugar de una apreciación
desapasionada de lo que percibía como crisis de conciencia colectiva,
"Poniente de los ídolos" era en sí mismo un síntoma de la
crisis. El propio Mármol parecía confirmar esta impresión al decir que
"lo peor es que las instancias de presumible solución a la crisis no
son sino manifestaciones de la misma crisis; maneras en que ella se perpetúa".
Y, en efecto, ¿qué era su propuesta de "dar un contenido nuevo al
vacío que se ha ido produciendo en el mundo" sino una instancia de
presumible solución, una manera de perpetuar la crisis? "Estamos
inmersos en la crisis; es más somos
la crisis", escribió Mármol, al tiempo que extendía el
concepto a todas las manifestaciones humanas, sacrificando así a una
universalidad niveladora la singularidad histórica del objeto de su
ensayo. No estoy tan seguro de que toda manifestación humana sea
"expresión de crisis", y desconozco si Mármol defendería hoy
esa tesis. De lo que sí estoy seguro es de que los libros de quienes
comenzamos a escribir y publicar durante los 80 expresaron, con mayor o
menor acierto, el profundo sentimiento de desilusión y de inocencia
perdida que nos dejó una década marcada, a nivel nacional, por el
desmoronamiento de las instituciones públicas y, a nivel internacional,
por el fracaso de las utopías y de la fe en la noción de progreso. Quizás el principal aporte de
Mármol a la conciencia estética de su época consistió en demostrar que
era posible convertir el carácter desestabilizador de la crisis en una
inagotable fuente de actividad creadora. Mármol enfrentó
responsablemente la concepción del poema como instrumento para alcanzar
un fin ulterior, noción que sólo había conducido al empobrecimiento de
la experiencia estética, haciendo del discurso poético una entidad
cerrada, exenta de ambigüedades. Al combatir los postulados de la llamada
literatura comprometida, insertó su escritura en una tradición que había
nacido a principios de siglo con la ruptura vanguardista del Vedrinismo,
creció con el afán de universalidad de La Poesía Sorprendida y se
extendió dando saltos hasta finales de los 70, con la originalidad
atormentada de un Cayo Claudio Espinal. De ahí que sus planteamientos,
orientados a expandir el universo de experiencias susceptibles de
tratamiento poético, no constituyeran un rechazo del pasado sino, como
diría años más tarde, estrictamente de la estética de grupos y
tendencias que creían en "la literatura de mensajes, de
ideales", a diferencia de aquellos que creían "en la literatura
como idea, es decir, como aventura del lenguaje y del pensamiento". Hoy que esa postura ha dejado
de ser polémica, Mármol es reconocido por muchos como el poeta más
importante de los 80. Claro que ése es un título que los demás miembros
de su generación no estaríamos dispuestos a concederle, si no fuera por
su extraño hábito de publicar un buen libro tras otro con una constancia
que desafía la creencia de que calidad y cantidad son inversamente
proporcionales. Desde la publicación de El
ojo del arúspice, en 1984, Mármol ha creado un corpus poético que
abarca ya siete títulos y que evidencia la incansable labor de renovación
del lenguaje de un espíritu inquisidor y profundo. Ya el desconcertante
primer verso de El ojo del arúspice (“sucios una mano joven aparta cuatro encéfalos...”)
era una señal de que asistíamos a la consumación de esa ruptura
violenta que había presagiado "Poniente de los ídolos". Su búsqueda
de una expresión propia implicaba una labor consciente de destrucción
fecunda, no sólo de las estructuras lógicas del lenguaje sino de la
relación entre lenguaje y realidad, y la instauración de una realidad
alterna en la que no existían valores absolutos. De ahí el carácter
profundamente subversivo de poemas tan disímiles como "Espacio jurídicamente
vacío", "Pecado genial" o las dos versiones de
"Sistema referido a Cavafy". Me parece evidente que cada uno
de los libros de Mármol es distinto en términos de lenguaje y de relación
entre el yo poético y el mundo. Por eso al lanzarme a la tarea de reunir
en un solo volumen lo que consideraba "esencial" en esa obra, mi
ambición fue producir una antología que preservara tanto el carácter
individual de cada libro como su posición en la economía verbal del
conjunto. Pronto me di cuenta de la dificultad de esta empresa. Pues así
como cada libro posee una estructura surgida de la relación que se
establece entre un poema y otro, la obra total de un autor, la tensión
que se origina entre los distintos libros que la integran, genera también
una trama, y esa trama se ve
profundamente alterada por el proceso
de selección mismo. Toda antología es un acto de violencia. Pero, ¿cuál es la trama
en el caso de José Mármol? Supongo que cada cual dará una respuesta
distinta a esta pregunta a partir de su relación íntima con la obra y de
su propia e intransferible experiencia de lectura. Un lector de Northrop
Frye podría, en el trayecto recorrido
desde la visión iconoclasta y violenta de El
ojo del arúspice, Encuentro con
las mismas otredades (1), Encuentro con las mismas otredades (2)
y La invención del día hasta
la sensación de plenitud de los últimos libros -Lengua de paraíso, Deus ex
machina y Criatura del aire-
reconocer el mito de la caída y la redención, de la pérdida del paraíso
y la búsqueda de la tierra prometida. Este desplazamiento no es lineal ni
absoluto, pero está ahí, y se hace patente, por ejemplo, en los poemas
eróticos y en el tratamiento de la divinidad, dos de las constantes de la
obra poética de Mármol. Entre la visión de lo erótico en un texto como
"Estación de la rabia (3)" y la voluptuosidad de cualquiera de
los poemas de amor de Criatura del
aire hay un abismo. Entre la divinidad imperfecta de "Pecado
genial" ("Dios crea… sí
pero no trabaja") y el interlocutor de "Deus ex
machina", al que la voz poética interpela diciendo "arroja tú
los dados, Señor, te ha llegado el turno y es invierno", se ha
operado una transformación. Algunos textos de Encuentro con las mismas otredades (1) en los que se advierten
referencias directas al tema de la caída parecen justificar esta lectura,
e incluso sugieren que el paraíso perdido de los primeros libros es la
infancia. Tal es el caso del poema 25 (muerdo
la guayaba y surge violenta la niñez en la memoria…), con su
caracterización de la infancia como locus
amoenus: “Nunca salir debimos del jardín con lirios techo de sordo
zinc/ chubascos en agosto cada año para ser menos infantes/ para ir/
inevitablemente hacia la incertidumbre”. La pérdida de la inocencia
marca la entrada del yo poético a un mundo trágico por naturaleza y el
inicio del proceso de adaptación a un nuevo nivel de experiencia. Debo insistir, sin embargo, en
que estas dos modalidades discursivas entre las que se mueve la poesía de
Mármol no existen en estado químicamente puro. En el centro mismo del tránsito
de lo "demoníaco" a lo "paradisíaco" está La
invención del día, libro en el que ambos impulsos se encuentran en
estado de tensión permanente. Compárese el tono de un poema como
"El extraño" (“esta pálida tarde con su gris de cumpleaños
voy a leer a Eliot. más tarde me suicido...”) con el de "Esquicio
del vuelo": “voy a dibujar un pájaro que es su mismo vuelo. y un
vuelo que aún no tiene pájaro. vuelo que se crea con su pájaro. pájaro
agotado en los tonos de vuelo”. Contraste semejante se advierte en el
poema que da título al libro, en el que se nos dice que un jueves “nació
dios luego de tantos dioses”, o en "El último sofisma de Protágoras
el mago", en el que la posición del yo ante la divinidad, si bien
sigue siendo irreverente, lo es de una manera más irónica que
abiertamente iconoclasta, al declarar que para su vocación “lo
importante no es discutir si fue dios o no quien creó este mundo, sino
averiguar en qué pensaba dios -exista o no-. cuando quiso crear el mundo
-lo haya creado o no-”. De igual modo, hay incursiones del lenguaje
"demoníaco" en los libros más recientes, y destellos de la
visión "paradisíaca" en el discurso atormentado de los
primeros libros. Esto abre la posibilidad de que
ambas modalidades sean consideradas no como fases de una progresión
sino como aspectos complementarios de un mismo discurso, aunque semejante
lectura tendría que lidiar con el hecho de que el tratamiento del
lenguaje y el tono general de los libros más recientes están muy lejos
de la osadía de un texto como El
ojo del arúspice. Independientemente de cómo se
lea, la poesía de José Mármol es siempre un riesgo y una aventura. En
esta antología, he conservado la trama que se desprende del orden en que
fueron publicados los libros, pero he asumido el riesgo de ordenar los
poemas de cada libro a partir de las nuevas posibilidades asociativas que
me ofrecía el propio proceso de selección en lugar de agruparlos
atendiendo a una clasificación temática. Estas consideraciones eran de
suma importancia si quería que la selección dejara traslucir ese
movimiento de caída y redención al que me he referido. El énfasis en la
estructura, sin embargo, es sólo la aproximación de un lector que ha
seguido con interés la trayectoria de un poeta por casi veinte años, y
probablemente dice más de su manera de leer que de la obra que se proponía
antologar. Otros conocedores de dicha obra habrían hecho una selección
distinta. Sólo espero que esta antología ponga el riesgo y la aventura
de la poesía de José Mármol al alcance de un mayor número de lectores.
Si ése no es el caso, la culpa no será de Mármol, sino mía. [Médar Serrata]
En la poesía de Martha
Canfield una larga temporada, postsimbolista y novecentesca en general,
demuestra una vez más la propia capacidad nutritiva, que se diría
inagotable, si los pronósticos no fueran siempre algo inútiles. Por
cierto, las raíces de esta escritura no se ocultan, surgen de una serie
de dedicatorias explícitas, relampaguean de manera más o menos
encubierta en los temas y en los motivos de mayor intensidad semántica.
El hecho de que Canfield pertenezca profesionalmente al mundo académico
se asoma, en efecto, en cada página, pero el lector de este libro no
quedará impresionado sólo por su habilidad compositiva, ya que se trata
de una escritura que, afortunadamente, tiende a comprometerse con todo lo
que la vida, día tras día, decide o sugiere. De aquí el sobreponerse y
enlazarse de registros alto y medio – sin que el lenguaje ceda nunca a
la tentación de una excesiva coloquialidad – , la disposición a
servirse de los acontecimientos, pero al mismo tiempo la libertad de no
decantarlos, porque Canfield prefiere un discurso inmediato, todavía
fresco, se diría, de lo sucedido, o esperado, o lamentado. Como dije al principio, esta lírica
tiene sus raíces en las más grandes tradiciones de la modernidad, que en
este caso significa el área románica, con visible polarización en lo
italiano y lo ibérico (comprendido lo latino-americano, de lo cual Martha
es estudiosa y traductora de reconocido prestigio). El presente poemario,
que pone en evidencia algunos auctores
(Mutis, Benedetti, Cortázar, Julio Ortega...) y gratifica a un gran
maestro de la cultura para tantos de nosotros (Oreste Macrí, genial
comparatista), en efecto, proporciona en lo profundo materia para una
reflexión sobre la perduración de los emblemas – pienso en la
"flor amarilla", epónimo de una composición realmente notable
– ya historiados en la poesía de los últimos ciento cincuenta años, y
sobre la energía dinamizante de los lugares. Sobre ellos y para ellos la
memoria, despertándose, produce palabra, verso, estrofa. Quisiera indicar enseguida, a
propósito de los emblemas, el "pan", la "escala",
mientras, reencontrada en proyección bíblica, se destaca la trama
elemental agua-fuego-tierra-aire. Pero luego, incluso bajo la enseña
evangélica de "carne-verbo", lo que era demasiado solemne se
articula en segmentos más frágiles y perceptibles, los latidos cardíacos,
y el renovado biblicismo aparente, inducido por la fórmula "luz en
la luz", produce un pasaje magistral, entre los más gozosos y
admirables del libro, centrado en el motivo del "ala", que tendrá
otras réplicas en otros varios momentos. Dentro del libro se podría
recortar un breve cancionero amoroso, incluso carnal (con su punta máxima
en Doncella contra deseo);
aunque la referencia mitológica suaviza el tono. Ariadna, el Leteo, el
toro de Pantelleria encienden y al mismo tiempo frenan por ese camino, que
inventa o reinventa sus propios lugares, colocando en un mismo nivel de
autenticidad – como poéticamente es justo hacer – el Leteo,
precisamente, y, pongamos, Portugal, o Venecia, escenario de sendos textos
(en el segundo de los cuales se encuentra el "capricho de un
color" que da título al poemario). Muchos y bien distribuidos a lo
largo de todo el libro son los detalles de orden técnico de los cuales se
podría hablar muy fructuosamente, empezando por la sabiduría en el uso
del heptasílabo en serie, siguiendo con la citación y con la iteración
frecuente de verbos y epítetos. Pero prefiero terminar señalando la que,
según mi parecer, es la cima más alta, tanto del oficio poético como
del logro expresivo. Me refiero a Halcón
y flecha para la caza, donde los distintos tiempos del ritmo textual,
razonando y describiendo, preparan para el evento, lo anuncian, pero al
final lo suspenden en un aura angustiosa. Este evento "fallido",
y sin embargo decididamente concreto, viene a confirmar la pertenencia de
la vocación de Martha Canfield a una línea poética entre las más
incisivas y convincentes dentro del vasto volumen de la modernidad. [Silvio
Ramat]
A poesia de Ronaldo Costa
Fernandes se tece num mundo de asperezas e sob o signo de contínuos
descentramentos. No (renegado) livro-folheto de estréia Urbe (1975), já se desenhava uma tensa e hostil relação do poeta
frente ao espaço da metrópole, vivenciado como fraude e clausura. Nas
coletâneas seguintes – Estrangeiro
(1997), Terratreme (1998) e Andarilho
(2000) – desdobra-se a imagem de um poeta em trânsito, através de
sucessivas viagens cujos pontos terminais, em vez de representarem a
conquista de um paraíso apaziguador, impedem a consolidação de qualquer
esperança, ao deixarem patente a inutilidade da travessia (“Nenhuma
França me fará feliz”). Este Eterno passageiro, que se insere na trilha aberta por seus
predecessores, desde o título se apresenta com refinada ambigüidade:
cada um dos dois termos pode ser lido como substantivo ou adjetivo do
outro, e ambos ainda podem ser considerados adjetivos simultâneos de
algum elíptico substantivo. O leitor há de ter percebido o
lapso de 22 anos decorrido entre a estréia e a retomada da criação poética
de Ronaldo: nesse longo intervalo, ele construiu sólida carreira como
romancista, tendo sido contemplado, inclusive, com o prestigioso prêmio
Casa de Las Américas. A poesia, porém, era uma espécie de hóspede
clandestina de sua prosa, aguardando o momento de abrir passagem e retomar
um lugar que era seu na origem. As recentes publicações no gênero
confirmam que, finalmente, a escrita de Ronaldo optou por dividir-se (ou
multiplicar-se) entre a ficção e o lirismo, abrindo-se ainda à arguta
reflexão ensaística de O narrador do romance (1996). Se a inflexão explicitamente
engajada foi a tônica de Terratreme,
os demais títulos privilegiam uma atitude que filtra o social pelo olhar
impactado do sujeito lírico que o sofre. O mundo, o outro, lá estão, não
como realidade alheia ou alienada, mas transformados em dádivas ou dores
agregadas ao corpo do poeta. Eterno
passageiro é, em Ronaldo, mais uma etapa conseqüente desse processo
de não estetizar a brutalidade da matéria-prima da existência. Peles e
corações ressequidos, trastes, objetos banais, ossos, vísceras,
besouros: tudo cabe numa poesia que devolve e revolve, com a força de sua
voluntária crueza, a impureza da aventura de estar vivo. A “combustão
de existir”, referida no belo texto “Imaginações violadas”, é o
processo que sustenta, não se sabe ao certo com que propósito, as máquinas
humanas, navegantes náufragas à deriva da vida. Os cinqüenta e sete poemas do
livro operam num registro lingüístico bastante despojado, mas não
necessariamente fiel à ortodoxia da linhagem construtivista. Eterno
passageiro embarca ao largo de algumas das tendências hegemônicas de
nosso lirismo contemporâneo. Nesse sentido, pode-se dizer que o
“andarilho” Ronaldo Costa Fernandes, “estrangeiro” no banquete de
confrarias poéticas ostensivamente (auto-)festejadas, percorre caminhos
paralelos ou marginais a vários roteiros previamente sinalizados para o
aplauso crítico: o exibicionismo erudito, a intertextualidade para
poucos, o minimalismo, o virtuosismo conservador e bem-penteado ou – seu
oposto, idêntico pelo avesso – o beletrismo da rebeldia,
previsivelmente “desconstrutor”. O poeta, conforme registra no texto
“Para Nauro Machado”, prefere tratar o “poema como búfalo não
domado”. É ler peças como “Outubro”, “Poema contra a cremação”,
“Avenida Beira-mar, 1960”,“Deserto” para nos convencermos do
acerto dessa opção, que nos brinda com uma poesia de voz e vôo próprios. [Antonio
Carlos Secchin]
A morte em 2003, por insuficiência hepática, aos 50 anos
de idade, em Barcelona, do escritor chileno Roberto Bolaño interrompeu
prematuramente uma carreira literária que já o colocara entre os maiores
autores da literatura de um país que já teve dois ganhadores do Prêmio
Nobel – os poetas Pablo Neruda (1904-1973) e Gabriela Mistral
(1889-1957). Quem duvida que leia Noturno do Chile (Nocturno
de Chile), que acaba de ganhar tradução em português de Eduardo
Brandão pela Companhia das Letras, de São Paulo, um apaixonante monólogo
interior de um padre crítico literário às vésperas da morte. Embora não
se deva confundir a persona com o seu autor, é impossível deixar
de ver no religioso Sebastián Urrutia Lacroix um alter ego e
no texto um acerto de contas do escritor com o seu passado. Bolaño estava em plena atividade literária: em 2001,
havia publicado o livro de contos Putas asesinas (Barcelona,
Alfaguara) e era autor de La pista de Hielo, Llamadas telefónicas
e do romance Los detectives salvajes (1988), com o qual obteve o Prêmio
Rómulo Gallegos. Mas a notoriedade havia obtido mesmo com o livro La
literatura nazi em América (1996). Bem, a rigor, isto é o que se
informa na edição brasileira, o que leva o leitor que não conhece Bolaño
a imaginá-lo um autor de poucos títulos. Não é. Ainda em 2002, Bolaño lançou o romance Amberes
(Barcelona, Anagrama) e Una novelita lumpen (Barcelona, Mondadori),
breve romance que conta a história de uma jovem que, a partir da morte
dos pais num acidente automobilístico, converte-se na “mãe” do irmão
menor, reorganizando o sentido de sua existência — aparentemente, também
um romance de formação, pois, claro está, é inspirado na vida
atribulada de um chileno desarraigado por força da situação política
em seu país. Em 2000, Bolaño publicou pela editora El Acantilado, de
Barcelona, o livro híbrido Tres, que está dividido em três
partes: “Prosa del otoño en Gerona”, “Los neochilenos” e “Un
paseo por la literatura”. A primeira e a segunda partes estão em prosa
e a terceira, em verso, um poema narrativo que inclui personagens, diálogo
e histórias que contam uma viagem ao Norte do Chile, Peru e Equador por
um grupo musical de jovens na faixa dos vinte anos e de seu cantor, o mais
maduro deles. O poema emprega endecassílabos, octassílabos e heptassíbalos,
deixando entrever que foi escrito para ser falado em voz alta. De 2000 ainda é a segunda edição do romance Estrela
distante (Barcelona, Anagrama), que ganhou tradução francesa em 2002
(Étoile distante). Seu tema é inspirado no último segmento de La
literatura nazi en América (“Ramírez Hoffman el infame”) e
recupera os anos de 1968 e de 1973 no Chile, especialmente em relação a
sua literatura e seus poetas. Depois de ter saído do Chile com a família para o México
em 1968, Bolaño retornou em 1973, entusiasmado com os rumos do país sob
o governo socialista de Salvador Allende, mas, depois do golpe militar
comandado pelo general Augusto Pinochet, ficou detido. Libertado por dois amigos de infância, seguiu para o exílio
e, depois de uma passagem por El Salvador, radicou-se na Cidade do México,
onde criou o grupo de vanguarda Infra-Realismo e passou a publicar poemas.
A partir de 1977, estabeleceu-se na Espanha e lá permaneceu até o fim,
pois retornar ao Chile ao tempo de Pinochet equivalia a uma condenação
à morte. Noturno do Chile é um romance que, publicado na
Espanha em 2000, ganhou tradução em 2002 na Inglaterra e nos Estados
Unidos e em 2003 na Itália. Escrito em linguagem que contagia o leitor
desde o início, não tem divisões nem segmentações.
São 118 páginas com apenas dois parágrafos — aliás, o
segundo, inspirado em Norman Mailer,
diz o seguinte: “E depois se desencadeia a tormenta de merda”. O narrador, testemunha do tempo que precede o assalto ao
poder pelo general Pinochet e seus sequazes, repassa a sua vida num monólogo
febril, reconstruindo na memória dois momentos especiais da vida chilena
— antes e depois do golpe. Lacroix é um religioso ainda aferrado aos
dogmas da Igreja, que não dispensa a sua batina surrada, usando-a como se
fosse uma bandeira. Jovem talentoso, entra para a elite das letras chilenas
pelas mãos de Farewell, o crítico literário mais respeitado do país e
também proprietário rural. Vários escritores chilenos — e alguns
estrangeiros — são citados com seus nomes completos ou sob pseudônimos.
Críticos importantes do jornalismo chileno da segunda metade do século
XX também surgem disfarçados como Alone e Nicasio Ibacache, personagens
que apareceram pela primeira vez em Estrella distante. Há ainda uma alegoria anagramática em dois personagens
— Odeim e Oidó (medo e ódio em espanhol escritos de trás para a
frente) —, empresários de comércio internacional que convidam o padre
para fazer um trabalho na Europa: visitar igrejas de referência em matéria
de soluções antidesgaste, estudar as técnicas de conservação, cotejar
os distintos sistemas e escrever um relatório. De volta da Europa, Lacroix encontra o país convulsionado
pela crise do governo de Salvador Allende, pressionado pela conjuntura
financeira internacional e pela burguesia assustada com suas promessas
socialistas. O religioso, porém, passa a ignorar o que corre pelas ruas,
fechando-se em casa para ler freneticamente autores gregos. Depois do
golpe, curiosamente, é contratado pelos novos donos do poder para dar
aulas de marxismo a ninguem menos que o general Pinochet e seus
companheiros de junta militar. Com um ponto de vista ético irônico e malévolo, o
memorialista recorda uma festa entre intelectuais ao tempo da ditadura
Pinhochet num casarão localizado nos confins de Santiago, de propriedade
de uma ricaça candidata a escritora, Maria Canales, casada com um
norte-americano, Jimmy Thompson. Lá pelas tantas, um teórico da cena de vanguarda, um
tanto bêbado em busca de um sanitário, descobre no porão da casa um
homem amarrado numa cama metálica, de olhos vendados, ainda vivo, a
respirar com dificuldades, cheio de feridas, “supurações, como
eczemas, mas não eram eczemas, as partes maltratadas de sua anatomia,
como se tivesse mais de um osso quebrado”. Soube-se, depois, quando
chegou a democracia, que Thompson havia sido um dos principais agentes da
Dina, a sanguinária polícia política de Pinochet, e que usava a sua
casa como centro de interrogatórios e torturas. Com a descrição de casa dos horrores, o memorialista compõe
a metáfora do Chile que lhe coube viver, um país hoje organizado
economicamente, às portas do seleto clube do Primeiro Mundo, mas que,
pela insânia de seus generais e das elites nacionais e estrangeiras que
os financiaram, teve de descer ao inferno e viver um pesadelo que haverá
de perturbar o sono de todos os chilenos por várias gerações. Ao reconstituir a vida social e literária do Chile da
segunda metade do século XX, às vezes, de maneira sedutora e, outras, de
modo corrosivo, Bolaño não faz só mais uma denúncia política da tragédia
latino-americana de nossos dias, mas revolve o esterco de que é feita a
espécie humana. [Adelto Gonçalves]
La locura del pintor venezolano
Armando Reverón, que fue una manifestación de su carácter excéntrico y
de una enfermedad mental autentica, dio origen a infinidad de insólitas
anécdotas. De ellas se ha valido Juan Calzadilla para tratar de encontrar
las explicaciones que Reverón nunca quiso ofrecer en una teoría acerca
de sus intensas experiencias con la luminosidad del trópico. «Este anecdotario –explica Calzadilla- arroja luz en su
conjunto para elaborar una de las posibles biografías del artista, tal
vez la más fiel y consecuente. Sin embargo, podría resultar de difícil
asociación con su pintura si antes no se cae en cuenta de la profunda e
inexplicable conexión que tiene con ésta. El anecdotario afecta la
estructura general de los procesos de la obra y resulta por eso ineludible
para comprender como totalidad el universo de Reverón.» Juan Calzadilla (n. en 1931) es
poeta, dibujante y uno de los más destacados críticos de arte de
Venezuela, actividad por la cual fue reconocido con el Premio Nacional de
Artes Plásticas en 1996. Con Monte Avila ha publicado los siguientes títulos
de poesía: Ciudadano sin fin (1970),
Bicéfalo (1978), El ojo que pasa (1979), Minimales
(1993) y Principios de urbanidad
(1997).
Os poemas não têm títulos, isto é, não têm nomes. A poesia também não. Qual o nome da poesia? Poesia, ora – fora disso é sempre a tentativa de apreciá-la e de entendê-la. Afinal o que faz o ser humano, meio a um mundo prático violento e que não cultiva a beleza (pelo contrário, tenta destruí-la), o escrever e ler versos? Ah, os versos do mundo! “A tinta ou a lápis / escrevem-se sempre / os versos do mundo”, simplificou João Cabral, se não me falha o fio da memória. Poesia-só-lâmina, sim, mas qual a tarefa e o destino da poesia? Para a poeta-fiandeira Mirian de Carvalho, urdir os véus dos deuses Ao escrever cada um de seus poemas, o poeta escreve-se
nele, inscreve-se no mundo: Tecendo-me ao impulso da vida, faço-me Poesia para nascermos, para se nascer de novo. Quem disse
que não se nasce duas vezes? Talvez os homens práticos, o homo
sapiens, não o homo ludens. Poesia é um renascer pela e na
linguagem – numa outra linguagem. Formada em Filosofia, de alguma forma
a autora sabe que a linguagem poética é uma defesa nossa contra a
“bipolaridade” da lógica matemática (newtoniana? dos computadores?),
isto é, nada a ver com cartesianismo. Mas ela tece suas teias, também “para conter e
libertar o visitante”. Nós, os leitores, somos este visitante de um
mundo de fios e fiapos inseridos nesses tecidos bem desenhados e bem
costurados, como os antigos tapetes medievais. Não que, tecendo suas
teias, a tecelã-poeta, como qualquer mortal, não tenha lá suas dúvidas: Tece ela as roupas? Ou a ilusão do mundo? Quem já se fez nascedouro e origem, costura também sua
mortalha, suas mortes. Mas há esperança, pois a fiandeira-poeta pinta,
borda e tece: Para receber o dia vindouro será melhor O que, convenhamos, não é pouca coisa. Eu conhecia o trabalho poético anterior de Mirian. Aqui
ela dá um passo à frente, com a mesma e fina sensibilidade, tão fina
como os fios com que ela (nos) tece. Convido os leitores a conhecer esta
teia poética, e com ela se envolver. Se não, será ela que nos envolverá. [Flávio Moreira da Costa]
¿Surrealismo, todavía? -podría preguntarse el
lector-. Respondo con otra pregunta: ¿Por qué no? Algunos, más de lo
que otros querríamos, verán en el surrealismo un espécimen conservado
en formol. Así, para su estudio se precisaría, según ellos, un experto
en disección. Y, también, un remedo de Linneo para ubicar a esta bestia
ya sin vida dentro del sector zoológico-literario del pasado, con un rótulo
atado al dedo pequeño de una de sus pies -o patas-. Se olvida que el
surrealismo -de un modo casi único, me arriesgo a decir único- dentro
del universo del arte fue más que una expresión, fue una interpretación
de la vida, un instrumento para el conocimiento, en otras palabras -y como
bien anota Aldo Pellegrini- una concepción del mundo. De este modo, al
contrario de lo que podrían pensar algunos, el animal respira, vive, nos
roza y nos acompaña todavía al cabo de décadas de existencia. La
afirmación de una ética, formulada por Breton, es, para el arte todo, y
no sólo para el arte, un objetivo insoslayable -ya visto antes por
Kierkegaard en el sentido de hacer de ética y estética una misma cosa-. Alguna vez leí que el surrealismo sólo podía nacer
en Francia y dentro de Francia, en París. El que así pensaba daba sólidos
argumentos en su favor. Entonces, ¿cómo hacer para dar cuenta del
influjo surrealista en América, en Japón, en Egipto? Si bien esta
vanguardia tuvo su origen en Francia, a diferencia de otras también
surgidas en ese país, el surrealismo, por sus alcances, conformación y
objetivos, superó la estrecha condición de arte con tal y cual
características para ser un organismo activo, poderoso y sumamente
abarcador. Fue, desde sus inicios, de nuevo Pellegrini, un amor concreto
lanzado a la lucha activa contra los males que mantienen al hombre sumido
en la mentira y la abyección, esas dominantes que subyacen al esquema
moral de nuestra sociedad. Y también fuego graneado contra la
imbecilidad, la sucia, perversa y siniestra imbecilidad, que tan fácilmente
se adueña del poder, y maneja a los hombres y las conciencias. Dos ideas-fuerza impulsaron al movimiento: la
libertad y el amor. ¿Podemos aquí y ahora proponer algo diferente? No,
seguro que no. Y en esto radica, me parece, su vigencia. Hacia 1965,
Pellegrini decía: Los males denunciados por el surrealismo hace cuarenta
años no sólo persisten sino que se han acentuado. Hoy, en 2004, ante la
enumeración de esos males que hace el intelectual argentino -falsos
esquemas, resquebrajamiento de la sociedad en todos sus planos-, sentimos
que el proceso denunciado por Breton y los suyos prosigue y se profundiza
hasta lo inconcebible. Libertad y amor, dije. Realización integral del
hombre y su frustración de la que sólo se logran esclavos o tiranos;
amor concreto -como se vio antes- y no bobaliconada, no beneficencia. Entonces, es motivo de celebración la edición de
esta antología. Lo sé, este libro es fruto de largo y paciente trabajo,
de trabajo conjunto aunque en la cubierta aparezca sólo el nombre de su
mentor, Floriano Martins. Poetas, artistas plásticos y traductores
sumaron su talento y esfuerzo para concebirlo. Se trata de la unión de jóvenes
puros -no importan las edades, cuando de estos emprendimientos se trata,
como en el momento del amor, siempre se trata de jóvenes puros-. Los
antologados son poetas de toda América, desde Argentina y Chile hasta
Estados Unidos y Canadá, y la selección me parece acertada y rigurosa.
Así, hay un espacio para César Moro, otro para Aldo Pellegrini, otro
para Enrique Molina, otro para Philip Lamantia, a quien he visto en libros
tanto de surrealismo como dedicados a los beatniks. Ahora bien, que me
refute Martins si me equivoco, la influencia del surrealismo es de tal
magnitud que agrupar toda la poesía del continente que la recibió llevaría
varios volúmenes; aquí, en este libro, se toman en cuenta las cimas, los
más valiosos ejemplos, los más significativos. No podía ser de otro
modo. Junto a Molina y Pellegrini, dentro del conjunto
argentino, se ubican Julio Llinás, Francisco Madariaga, Olga Orozco -con
la que mantuve una breve y enriquecedora amistad- y Alejandro Puga -a
quien descubro gracias a este libro-. Sólo para dar noticia más
abundante -para los lectores extranjeros y también para los desprevenidos
connacionales- traigo otros nombres: Carlos Latorre, Juan José Ceselli, Juan
Antonio Vasco. Estos poetas conforman el núcleo más próximo al
surrealismo, sus postulados y características, otros si bien presentan
marcas surrealistas en sus textos no se constituyen como surrealistas
-Ernesto B. Rodríguez, entre otros varios, es más bien nerromántico,
pero, afirma Graciela de Sola, el neorromanticismo es una de las formas de
la visión surreal-. En Argentina el surrealismo
comienza a difundirse en la década del 30. Incluso, opina Antonio de
Undurraga, hay autores que, si bien no pueden ser llamados surrealistas,
se aproximan al clima onírico y supra-real: Alfonsina Storni, en el caso
argentino. No debe olvidarse la lectura pública de García Lorca de su aún
inédito Poeta en Nueva York llevada a cabo en Buenos Aires. Hacia 1940 la
irrupción del neorromanticismo -que César Fernández Moreno llama
confluencia romántico-surrealista- que acoge diversos modos y estilos y
una pluralidad de búsquedas que van desde un retórica filo-hispánica y
el simbolismo hasta formas próximas al ultraísmo. Orozco, Molina, Bosco,
entre otros, componen este grupo. De algún modo vinculado al surrealismo
se cita con frecuencia a Oliverio Girondo, también a Enrique Ramponi.
Pero, estrictamente hablando, el surrealismo argentino se da en torno a
tres publicaciones: Que (1928-1930), A partir de cero (1952-1956) y Boa
(1958). Me hace feliz tener este libro en las manos. Esto por
varios motivos: el asunto de las vanguardias constituye mi pasión desde
siempre y dentro de los que trabajaron en su publicación hay amigos,
Floriano Martins, Alfonso Peña, Fabio Herrera, Claudio Willer. Pero el
motivo más importante de todos es que esta edición -bella por cierto-
confirma la supervivencia de una idea, de un mensaje, de un deseo -que
sigue siendo futuro- de fusión sueño y realidad, realidad absoluta
en la que lo maravilloso lo sea todo. Concluyo estas breves líneas con
una frase de Breton: ...lo maravilloso es siempre bello, cualquier especie
de maravilloso es bello, y no hay fuera de lo maravilloso que sea bello. [Carlos Barbarito]
En su apresentación afirma el ministro de la cultura de Venezuela, Francisco Sesto Novás, que la poesía “se queda como una herramienta de trabajo, como un anuncio de luces y de fuegos, como la puerta de una visión posible, o como lo que es, como la palabra libertadora”, agregando que “a nadie le estorbará. Estamos seguros de ello. A nadie le pesará. Nadie la pondrá a un lado mientras camina. Es la novia de todos, la amante de todos, la que sabe amasar el mejor de los panes que nos sacian, la que sabe tender la cama de la mejor manera, la que sabe anidar en nuestro corazón colectivo, y allí cantar la melodía misteriosa que nos sostiene, mientras hacemos un país mejor. Mientras hacemos un mundo mejor. Mientras soñamos y pedimos lo imposible, pues no aceptamos el peso de la realidad. Mientras nos sumergimos en la gran marea del pueblo en movimiento.”
O universo da cultura juvenil, os movimentos estudantis, os
ideais e as rebeliões, enfim, a presença dos jovens no cenário sócio-político
latino-americano. Essas são algumas das peças que compõem esta obra, Jovens
na América Latina, organizada por Augusto Caccia-Bava, Carles Feixa Pàmpols
e Yanko Gonzáles Cangas. Os autores, vinculados ao Conselho Latino Americano de Ciências
Sociais (Clacso), retratam e analisam a condição dos jovens em suas
atitudes e manifestações culturais e políticas. Eles buscaram raízes,
identificaram territórios, expuseram linguagens, valores, concepções,
cuidando para que essas fossem apresentadas, muitas vezes, da forma
original, como à época vieram a público, em distintos países e períodos
históricos, especialmente no século XX. Jovens na América Latina
é uma contribuição dos autores para a compreensão de um tempo
latino-americano, vivido como infância acelerada até a juventude precoce. Organizadores: Augusto
Caccia-Bava Júnior: Doutor em Ciências Sociais pela Universidade
Estadual de Campinas – UNICAMP - é professor e vice-coordenador do
Programa de Pós-Graduação em Sociologia da Faculdade de Ciências e
Letras da Universidade Estadual Paulista – UNESP – Campus de Araraquara,
São Paulo, Brasil. Coordena o Grupo de Estudos sobre Juventude desse
Programa e integra o Grupo de Estudos Interdisciplinar de Cultura e
Desenvolvimento –GEICD – além do Grupo de Estudos de Juventude do
Conselho Latino-Americano de Ciências Sociais – CLACSO. Carles
Feixa Pàmpols: Doutor em Antropologia pela Universidade de
Barcelona e professor junto à Universitat de Lleida (Cataluña-España).
Diretor do Programa de Mestrado
em Estudos e Políticas de Juventude é coordenador hispânico do
Comitê “Sociologia da Juventude” da Associação Internacional de
Sociologia. Pesquisou as culturas juvenis na Catalunha (Espanha) e México.
É autor do livro De jóvenes, bandas y tribus
(Ariel, 1998). Yanko González Cangas: É professor de Antropologia na Universidad Austral de Chile e doutorando na Universidad Autónoma de Barcelona. Trabalhou em temas de desenvolvimento e intervenção sobre juventude urbano-popular e rural. Possui artigos publicados sobre crítica, representação, etnografía e teoria antropológica. É autor do livro Metales Pesados (1998) y Héroes Civiles & Santos Laicos (1999). parceiros da agulha nesta seção
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