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revista
de cultura # 42 |
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Fernando de Szyszlo: el homicidio de un sueño Gonzalo Márquez Cristo & Amparo Osorio
El
hombre rodó por las escaleras dejando caer las copas rebosantes de vino
tinto. Ante el estrépito de la cristalería y los gritos de los
asistentes que saltaban para ponerse a salvo del diluvio rojo, Szyszlo
mantuvo absoluta serenidad y al observar el vestido manchado de la actriz
Vicky Góngora que lo acompañaba comentó: FS - Comprendo lo que acaba de ocurrir, pues esta
galería es una instalación; todos los escalones tienen diferente
altura... Los anfitriones han llevado el arte a regiones inusitadas…
Ahora tenemos una pelirroja al vino, y yo me quedaré sin saber cuál fue
el terrible desenlace de Leonel Góngora. Mientras la sobrina de nuestro controvertido pintor
corría a lavar su ropa, le contamos a Szyszlo detalles de la muerte de
Leonel ocurrida en 1999 en Estados Unidos, donde vivía desde hacía dos décadas. FS - Espero que su espíritu no tenga la costumbre
de manifestarse en el vino como le ocurre a tanto artista –exclamó–.
¿Y cómo terminó Góngora allá? ¿Por qué nuestros creadores todavía
se empeñan en exilarse…? Cuando yo salí por primera vez de mi país
viajé a Francia. Era muy inocente y pretendía encontrar en Europa lo que
sin saber tenía en mi interior. Conocí escritores muy importantes,
aprendí demasiadas cosas, pero ninguna tan esencial como el hecho de
reconocer que era latinoamericano. Szyszlo había nacido en Lima en 1925, hijo de un
científico polaco y de una peruana del litoral. Estudió en la Escuela de
Artes de la Universidad Católica. En 1947 viajó a París donde trabó
inmediata amistad con Octavio Paz, su generoso lazarillo cultural, quien
le presentó a varios integrantes del grupo Surrealista, y a otros
creadores que serían fundamentales en el encuentro de sus ojos. Era difícil conversar esa
noche entre tantas personas que codiciaban su compañía.
Con celeridad acordamos la cita para el día siguiente y lo dejamos a
merced de sus admiradores. Pronto lo interrogaron sobre política y lo
escuchamos responder categóricamente: Colombia y Perú han perdido su
esperanza histórica, y tienen una gran vocación para el suicidio político.
A nuestros gobernantes siempre los elegimos con rigor: o son ignorantes o
bandidos… La mañana prometida subimos las escaleras de la
galería Sextante con excesiva precaución, guiados por su director: Luis
Ángel Parra. Cerramos la puerta del salón dispuesto para nuestro diálogo
y Szyszlo, ubicando su silla de una forma casi escenográfica, buscó un
fuerte contraluz y afirmó mientras preparábamos la cámara: FS - Si me hacen una fotografía en este lugar
parecerá tomada por Rembrandt. Escuchándolo recordamos que en sus inicios él se
había obsesionado por el chiaroscuro y que la contrastada técnica
de Tiziano y Tintoretto fue parte fundamental de su aprendizaje, aplicada
muchas veces en la iluminación de sus pinturas abstractas. GMC/AO - En su obra –comenzamos preguntando–, la
explícita fusión del arte contemporáneo con las expresiones
precolombinas, ¿es un intento por recobrar lo sagrado? FS - Breton usaba el concepto de sagrado laico;
de lo hierático sin religión, sin dios. Yo creo que la pintura tiene una
comunicación mística, aunque esa palabra esté contaminada. Porque lo
sagrado es lo inexplicable, lo que está por encima de nosotros, lo que no
podemos ver y sin embargo nos hace verdaderamente existir. GMC/AO - Vargas Llosa en un ensayo habla de su
pintura como una reminiscencia de lo Inca. ¿Pero no sería más apropiado
hablar de recreación o reivindicación? FS - Creo que sí. Yo he vivido muy cerca del arte
precolombino, no sólo peruano, sino mexicano, colombiano… El gran Rilke
en alguna parte dice: «para escribir un poema hay que haber amado,
sufrido, gozado, visto nacer y visto morir; después debemos olvidar esas
sensaciones para que cuando regresen estén hechas de sangre y surja la
obra». Por eso pienso que es necesario tomar directamente del arte
precolombino muchas cosas ya olvidadas, porque están digeridas, han sido
bien expresadas. En el arte primitivo la forma no cuenta: no es más que
el envoltorio de una sensación, de un sentimiento. Y el artista primitivo
se cuida poco de cómo aparece su mensaje, pues el contenido es lo
esencial. GMC/AO - También artistas como Gauguin, quien vivió
sus primeros años en el Perú, emprendieron una búsqueda perturbadora
del tiempo original…
GMC/AO - ¿Cuándo advirtió en su obra lo que ha
denominado la temible soledad creativa? FS - Al llegar a París en el año 49, ya estaba
interesado en lo precolombino, e incluso había utilizado una primitiva técnica
peruana, tomada de la cultura Chancay. En esa fascinante ciudad se estaba
dando la explosión del arte abstracto de postguerra y creadores como Arp,
Janko y Poliakov, estaban en la mira de los críticos. Para mí eso fue
determinante y sin proponérmelo comencé a vincular las experiencias de
estos artistas contemporáneos con lo que traía en mi sangre. Pero como
el camino es arduo y a veces desesperanzador, sólo en una exposición que
hice en 1959 en México vislumbré aquello que he perseguido toda mi vida,
y se puede decir que desde ese momento pude dibujar mi rostro. Luego de
regreso a Lima y con la brújula de la maravillosa Elegía a la muerte
del Inca Atahualpa, traducida al español por Arguedas, hice una serie
de cuadros y comprendí que ya no tenía retorno. Que estaba solo en mi búsqueda,
que en adelante sería el solitario Fernando de Szyszlo. GMC/AO - ¿Qué arcoiris negro es este arcoiris que
se alza? FS - Sí, a eso me refiero… Es uno de los más
conmovedores poemas que conozco. Tiene versos deslumbrantes: «Sus
dientes crujidores ya estarán mordiendo la bárbara tristeza/ se han
vuelto de plomo sus ojos que eran como el sol,/ ojos de Inca». En
1962 expuse mi serie inspirada en la gran elegía, en el Museo de Arte
Contemporáneo de Lima, y aunque usaba mi propio lenguaje como acabo de
decir, era plano: no había ingresado en la tercera dimensión. Y aún tenía
una filiación abstracta, porque después mi pintura comenzó a sugerir
figuras, mesas rituales, máscaras, paisajes… GMC/AO - ¿Cuál es su relación con el mexicano
Rufino Tamayo, quien emprendió un itinerario semejante en búsqueda de
sus raíces…? FS - La única relación verdadera que uno puede
tener con alguien es la admiración, el afecto; lo demás es nocivo. Él
era un artista digno de ser plagiado. Hay un texto de Octavio Paz donde
confiesa que durante su juventud cuando buscaba la modernidad (para
hacerle caso a Rimbaud) tuvo la suerte de ver alguna exposición de Tamayo
que lo llevó a una de las reflexiones más decisorias de su obra: «en
esos colores salvajes, en ese mundo misterioso descubrí que estaba el
origen, y que ser moderno era ir hacia nuestras raíces…» En otras
palabras, no era ir al exterior, sino hacia adentro… Y a mí su obra
también me deslumbró. Cuando uno comienza todo se desarrolla a gran
velocidad. En mi primera exposición había seis cuadros cubistas. En la
segunda, mi influencia de Picasso y Braque se había desviado hacia el
universo de Tamayo. Iba por buen camino, creo. Es en nuestras
profundidades donde nos hacemos contemporáneos. GMC/AO - Harold Bloom en La
angustia de las influencias dice: ¿quién escribió mi poema? Alguna
vez se ha hecho la pregunta: ¿Quién pintó mi cuadro?
La conversación fue animándose. Szyszlo acosado
por la sed pidió un vaso de agua. Hizo un gran elogio del vino y recordó
el incidente de la noche anterior. Luego retomó la idea: FS - El objetivo del arte es ser anónimo. El autor
debe olvidarse, para fijar el sentimiento o la sensación que imaginó.
Todo pintor debería desaparecer para convertirse en un adjetivo, en un
verbo. GMC/AO - ¿Cómo fue su encuentro con Octavio Paz en
París? FS - Él toda su vida tuvo gran interés por las
preocupaciones de los jóvenes y cuando nos conocimos inmediatamente me
adoptó. Tenía ocho años más que yo y estaba escribiendo El
laberinto de la soledad... Recuerdo que la volcánica crítica Marta
Traba vivía en París, y como Octavio necesitaba una correctora para su
libro la contrató; lo cual se le convirtió en una pesadilla porque
discutía todas las frases de esa obra maestra de la ensayística
latinoamericana. En el Café Flore coincidíamos también frecuentemente
con Julio Cortázar y compartimos momentos estupendos. Pero el verdadero
lugar de encuentro era la casa de Paz, debido a que era el único que no
vivía en un hotelucho. Él era Secretario de la Embajada de México y
residía en la avenida Víctor Hugo, en un sitio tan privilegiado, que jamás
he vuelto a dormir en la ribera derecha en París desde aquellas veces que
amanecimos en ese lugar ejercitando nuestro cinismo. Ya se había casado
con Helena Garro, esa inteligente y endemoniada novelista que siempre
estaba confrontándolo, y que luego acusó a García Márquez de haber
plagiado Memorias del porvenir en Cien años de soledad, debido
al parecido de sus ambientes narrativos. GMC/AO - En una entrevista televisiva usted afirmó
que los latinoamericanos estaban en la trastienda de la cultura en ese
momento en París… FS - Sin duda, exceptuando a Paz quien era amigo de
Albert Camus y de René Char… Los otros éramos los parientes pobres,
los hijos ilegítimos… Octavio nos llevó (a Blanca Varela y a mí) a un
café de la Place Blanche, donde se reunía el Grupo Surrealista. Y allí
conocimos a André Breton quien nos invitó a su casa, ubicada en el 42 de
la calle Fontaine. En la puerta había un implacable letrero que decía: Nada
de entrevistas, nada de prólogos. No se recibe sin cita previa. Era
un lugar extraordinario. Tenía grandes pinturas, era un verdadero templo
de la imaginación artística. Desde un De Chirico enorme a la entrada,
hasta cuadros de Picasso, Miró, Klee; arte mexicano y peruano, varios
Ernst, y algún Dalí de la buena época, anterior al pleito. Dos décadas
después los latinoamericanos nos hicimos contemporáneos de todos los
hombres. GMC/AO - ¿A qué otros surrealistas pudo conocer
personalmente? FS - A varios… A Benjamin Péret, y a ese muchacho
que se suicidó: Jean Pierre Duprey, quien era un tipo con una apariencia
extraordinaria. La noche que me lo presentaron comenté que era el único
poeta feliz que había conocido. Tiempo después, a la edad de veintinueve
años, se quitó la vida. GMC/AO - ¿A Roberto Matta? FS - Claro, y es algo que me honra. A él lo
expulsaron del surrealismo por el suicidio de Arshile Gorky… Matta emigró
a Nueva York durante la Segunda Guerra y allí tuvo una influencia
decisiva en la creación del Expresionismo Abstracto. No hay pintor de ese
grupo que no lo hubiese imitado: De Kooning, Rothko; todos pasaron bajo su
sombra. Pero Matta tuvo la mala fortuna de robarle la mujer a Gorky, quien
entró en una terrible depresión que lo condujo a ahorcarse; y parece
increíble ahora, que por ese motivo amoroso lo expulsaran del
surrealismo; pues sus integrantes eran excesivamente moralistas. (A un
poeta de las virtudes de Cesar Moro lo tuvieron a distancia por ser
homosexual...) Lo cierto es que a Roberto lo echaron del grupo y no regresó
sino mucho después… Pero era un surrealista verdadero. El año pasado
estuve cenando con él en París, en su hermosa casa próxima al Sena.
Estaba preparando una importante exposición para el Museo de Santa Fe en
Nuevo México, después de la famosa retrospectiva realizada por el
Georges Pompidou, y de que Roma y España hicieron los colosales homenajes
a su obra. Entonces sacó un rollo y lo estiró. Era un maravilloso
cuadro. Y comenzó a caminar sobre él diciendo: ese ángulo de allí lo
debo corregir, ese color de allá merece más intensidad…
Era un animal antediluviano. Nació el 11 del 11 de 1911. Estaba
predestinado… GMC/AO - En una entrevista que le hicimos a Matta en
Roma, después de relatar con detalles el momento en que Breton lo volvió
a aceptar en el Surrealismo agregó con ironía: «cosa
que me trajo un gran desprestigio…» FS - Tenía un humor muy imaginativo… Era más
meritorio ser expulsado del Surrealismo que recibir el indulto. Pero los
estadounidenses nunca lo perdonaron por lo de Gorky. Roberto Matta era un
verdadero humanista y uno de los pintores más importantes del siglo, y
sin embargo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York jamás se le ha
realizado la retrospectiva que siempre mereció, desde joven, cuando se
convirtió en leyenda. GMC/AO - Y Wilfredo Lam… FS - Hay cuatro fundadores de la pintura
latinoamericana: Lam, Tamayo, Matta y Torres García (quien en el Río de
la Plata tuvo una influencia enorme). GMC/AO - ¿Conoció a Giacometti? FS - Muy poco. Él es una de las ramas del
surrealismo: aunque se salió del grupo siguió vinculado en sus imágenes.
Una vez discutía con un amigo sobre cómo superar el plano en la pintura,
aquello que se denomina ventana renacentista y que es un problema para
todo pintor, entonces pasó Giacometti y cuando lo inquirimos al respecto
nos dijo: «pueden hacer lo que les parezca en sus telas pero los
problemas inherentes a la expresión en dos dimensiones, son insuperables».
Era una sentencia bíblica. GMC/AO - Y Aragon y Eluard…
GMC/AO - La poesía ha sido determinante en su
vida… ¿A cuáles poetas relee? FS - Rilke es un oasis para mí. Soy el único ser
en el mundo que todavía se sabe poemas de Espronceda. Leí a Rubén Darío
y a Vallejo con pasión, a quién no solamente identificábamos con una
obra excelente sino políticamente correcta, pues todos pertenecíamos a
ideologías de Izquierda. El que a los veinte años no es comunista no
tiene corazón, y el que a los cuarenta es comunista no tiene cabeza, solía
decirse. Pero en esa época éramos jóvenes y apoyábamos con fervor la
República Española. GMC/AO - ¿Conoció a César Vallejo? FS - El autor de Trilce fue para mí una
especie de catedral. Si la poesía es lo único que me produce envidia,
entenderán lo que pretendo decir. Conocí a la viuda de Vallejo, a quien
le referí mi gran admiración por nuestro poeta trágico y durante un
tiempo cultivamos la amistad. Un día ella quiso agradecerme mi interés
por su salud con algo que le era muy preciado: un mechón de cabellos que
conservaba de él, que le parecía su más alta posesión. Pero yo quería
los milagros del santo y no su hábito, y quedé perplejo. Pueden
imaginarse mi sorpresa al recibir ese extraño e incalificable obsequio. Año
tras año trasladaba ese manojito de cabellos de lugar sin hallarle un
sitio adecuado, tratando de que nadie lo hallara por equivocación
provocando su maledicencia. Hasta que un día encontrando la solución al
acertijo, lo pegué al lado de una pintura que realicé en su homenaje…
Posteriormente la viuda me obsequió, lo que para ella era secundario,
unos manuscritos del poeta, que doné a la Universidad Católica de Lima,
por considerarlos un patrimonio universal. GMC/AO - ¿Qué piensa de las nuevas generaciones de
poetas peruanos? FS - En mi país hay una excelente tradición poética
y una lamentable tradición pictórica. El arte moderno inicia con el
indigenismo, que es una imitación castrada de lo realizado en México.
Sabían el tema y no el contenido... En cuanto a la poesía el panorma es
muy distinto: Vallejo, Eguren, Westphalen, Moro, Eielson, Sologuren…,
son voces importantes. GMC/AO - ¿Hasta dónde ha profundizado en su relación
entre pintura y poesía? FS - He realizado una serie de pinturas sobre Piedra
de Sol de Octavio Paz y sobre Anábasis de Perse. También
sobre El innombrable de Beckett. Como si fuera poco estuve casado
con una poeta: Blanca Varela. Creo que es demasiado. GMC/AO - Usted es un cultor del lenguaje
sentencioso, una vez dijo que un cuadro es el homicidio de un sueño.... FS - Siento que pintar es una derrota y que nunca
puedo atrapar la idea. Entonces vuelvo a intentarlo por otro lado, y es
tanta mi obstinación que realizo una serie de cuadros; pero en realidad
no es más que una suma de derrotas.
Hay tanta desigualdad entre lo que uno siente y aquello que la mano
puede hacer... Es la carrera del galgo en busca de la liebre… Si la
alcanza se termina el poema, y más conviene que éste no concluya. GMC/AO - ¿Cómo definiría la pintura? FS - Creo que es
el encuentro visible de lo sagrado con la materia. Es la materia
sacralizada, o lo espiritual materializado. La confluencia de esas dos
extraordinarias fuerzas. Respondió con voz queda para darle gravedad a sus
palabras. Su rostro se tornó sombrío. Permanecimos en silencio y después
lo escuchamos agregar: FS - He planteado una bella definición del arte,
pero recuerden que es imprecisa, porque también define a la mujer amada,
que es el encuentro visible de lo sagrado con la materia, y así
regresamos a la primera pregunta... Sin embargo el amor como el arte también
es una serie de equivocaciones, de fatalidades, para lograr que el ojo y
los otros sentidos existan como lo quería Breton, en estado salvaje.
En verdad la vida no es más que una colección de inconclusas
aproximaciones y de inevitables derrotas… Szyszlo bebió un largo sorbo de agua. Sus ojos brillaban.
Eran innecesarias las palabras. El poema no había culminado.
Comprendimos que para nuestra suerte la furtiva liebre del sueño volvería
a escapar del ardid de sus pinturas, de las lianas del pincel, de la
emboscada de sus lienzos. Y sabiéndolo nos confundimos en el prolongado
abrazo de la despedida. |
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Os poetas Gonzalo Márquez Cristo e Amparo Osorio são editores da revista Común Presencia, que gentilmente nos cedeu esta entrevista publicada originalmente em sua edição # 16 (Bogotá, 2004). Contato: comunpresencia@yahoo.com. Página ilustrada com obras do artista Fernando de Szyszlo (Peru). |
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