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revista
de cultura # 42 |
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Antonio Tabucchi: el escritor y sus fantasmas Federico Rivero Scarani
Más allá del tiempo
interno de la obra (mediodía) el narrador se retrotrae al pasado y es el
mismo pasado quien le trae al presente narrativo personajes que murieron,
como el particular Tadeus, poeta estrafalario que aparece en dos cuentos
del "Ángel Negro". Con él cenará, no queda claro si en la
"realidad" ficcionada o en un "más allá" propio de
la literatura fantástica que irrumpe en la narración. Vida y muerte se
conjugan en citas y diálogos, ese plano o límite que separa la vida de
la muerte es doblegado: el narrador visita el más allá sin
cuestionamiento, o el muerto vuelve, come, bebe y expone las dudas y
argumenta tratando de disipárselas con total sencillez en el "tiempo
real" de la narración. Desde el comienzo de la obra
el lector deberá acostumbrarse a esas dos aguas: "Pensé: Este tío ya no viene. Y después pensé:
No puedo llamarle tío, es un gran poeta, quizás el mejor poeta del siglo
XX, murió hace muchos años, tengo que tratarlo con respeto, o mejor con
mucho respeto (...) ¿por qué acepté este encuentro aquí en el muelle?,
todo esto es absurdo".
Hay claves que se irán descifrando de forma
azarosa. La última frase de despedida del poeta Tadeus es comprendida
mientras el narrador observa y conversa con un copista de cuadros quien ,
a la sazón, pinta detalles de las "Tentaciones de San Antonio"
del Bosco. Otra clave se encuentra en el oráculo de la gitana quien lo
llevará a encontrarse con Tadeus. Una fuerza superior motiva al
protagonista a deambular por Lisboa en busca de fantasmas, hechos de mitos
personales, en algún caso, o construidos por la admiración hacia un
maestro de las letras. Su estado es por momentos
neurótico; la incertidumbre de algunos acontecimientos de su vida lo
inquietan, entonces buscará las respuestas en otro "plano" que
no es el de la "realidad ficcionada". Su presente esta
construido de fragmentos de recuerdos y de dudas existenciales. Esas doce
horas narradas señalan el vértigo y la dinámica del alma humana. Las
fronteras se diluyen y él es un pasajero entre dos mundos: el de los
vivos y el de los muertos queridos. Su búsqueda se origina y se
arraiga por la incertidumbre. A Tadeus le pregunta si fue é quien motivó
el suicidio de Isabel. A la noche, con Pessoa, le inquieta saber cómo fue
la infancia del poeta, ese tiempo vedado para los biógrafos; y es en este
último caso donde se asoma Tabucchi investigador tras la máscara de un
personaje de novela. Atrás de cada encuentro subyace un misterio. La obra
termina en el mismo lugar donde comenzó, pero doce horas después a la
medianoche. Un sentimiento de laxitud invade el espíritu del narrador;
esos encuentros sobrenaturales parecen calmarlo en la última despedida.
Tal vez su espíritu se proyectó hacia regiones en las que sólo con la
literatura se puede alcanzar, sean externas o internas. "El ángel negro"
de Antonio Tabucchi (Anagrama, 1998), trata a rasgos generales de una saga
de seis cuentos en los cuales lo misterioso, lo sobrenatural y el mal
hacen que estos textos adquieran un halo particular que envuelve al lector
por medio del estilo del autor. Con respecto a éste, Tabucchi sabe crear
no sólo un contexto de angustiosa atmósfera cargada de alusions arcanas
sino también un despliegue poéticos cuyas frases y enunciados son como
epigramas o aforismos que revelan un "más allá" del sentido.
El libro se estructura en seis cuentos: "Voces traídas por algo,
imposible decir qué", "Noche, mar o distancia",
"Aserrín Aserrán", "¿El aleteo de una mariposa puede
provocar un tifón en Pekín?", "La trucha que se agita entre
las piedras me recuerda tu vida", y "Nochevieja". Dos de estos relatos tienen
un personaje en común, misterioso, se diría antiguo: Tadeus. En el
primer cuento aparece esfumado, es su voz la que escucha el protagonista;
el narrador escribe en segunda persona, a un tú, que bien puede ser el
lector o narratario, o Tadeus dirigiéndose al protagonista. Por momentos
se aprecia una suerte de poética que sirve para componer la narración:
son retazos de frases escuchadas por ahí durante el periplo ciudadano,
entre la gente, y que guardan un misterio que le permitiría al narrador
componer una obra: "... basta una frase y decides que es esa, la
extraes de la conversación como un cirujano que coge con las pinzas un
jirón de tejido y lo aísla, por ejemplo: Mi difunto marido, cuando
celebramos las bodas de plata ..."
Sin embargo en "Noche,
mar o distancia" reaparece Tadeus pero como un poeta veterano reunido
con cuatro jóvenes admiradores. El título alude a una de las tantas
frases enigmáticas que el poeta suelta en sus discursos, como un extraño
leit motiv de la conversación entre los personajes. Este cuento se
desarrolla en Portugal, Tabucchi es catedrático de lengua portuguesa y
especialista en la obra de Ferando Pessoa. El momento histórico en el que
se desarrolla el cuento delata un estado de sitio donde un policía
facista detiene a los jóvenes que salen de la casa de Tadeus; la
prepotencia, la violencia física y psicológica se despliegan en un
torbellino de humillaciones por parte de este siniestro personaje: "Primera
regla de lección política: amar al propio país. Y para amar al propio
país, ¡sabéis lo que hace falta? No lo sabéis porque sois tres piojos
comunistas, o demócratas, da lo mismo. Pues bien, yo os voy a decir qué
os hace falta. Hace falta odio. Odio para defender nuestra civilización y
nuestra raza. ¿Y sabéis cómo se reconoce una verdadera civilización y
una verdadera raza? Se reconoce si sabe dominar otra raza (...) Es
menester, en primer lugar, dominarla sexualmente (...) Y mientras decía
esto se abrió los pantalones y mostró el sexo". El poeta, no esta vez
Tadeus, reaparece como personaje en "La trucha que se agita entre las
piedras me recuerda tu vida"; quizás sea un alter ego de Pessoa o
uno de sus heterónimos. Este personaje recibe a una joven crítica y
estudiosa de su obra en departamento; mientras ella aguarda, el viejo
poeta en su habitación visita planos temporales a través del sueño o de
un estado particular del alma, y es así cómo vuelve a momentos pretéritos
donde lo esperan sus remotas amantes - musas: Lucrezia, con quien hace el
amor en tanto la joven intelectual le recuerda un verso famoso de él, homónimo
del título del cuento. El juego de epacio-tiempo se produce en la mente
del poeta, en su ensueño, ventanas que lo llevan a la nostalgia amorosa.
Hacia el final del relato, la joven desde el portero eléctrico le recita
ese extraño verso que encierra una clave, un misterio desde las palabras.
Tadeus había hecho lo mismo; es la palabra poética con su polisemia la
que abre universos semánticos. Tabucchi deja claro el misterio del
lenguaje poético, lo que no quiere decir que el misterio se devele. El tópico del
"mal" se hace presente en los relatos: el despotismo facista, más
concreto y real, pero también se incorpora por medio de la presencia de
un ángel roñoso y deforme que lleva a la protagonista de "Aserrín
Aserrán" al dolor y a una anagnórisis que no podrá olvidar:
"Se deslizó fuera de la cama y se arrodilló en
la alfombra. Juntó las manos, con los codos apoyados en la cama. Era una
plegaria que pertenecía a un pasado remotísimo, y al pasado de una niña
de ojos grandes y de trenzas oscuras. "Angel de la Guarda, dulce
compañía, no me dejes sola ..." No sabía continuar, no recordaba
nada más. Giró la cabeza y se miró en el espejo del armario. Fue
entonces cuando lo vio.Era un pequeño ángel de la guarda que, detrás de
una mujer desnuda arrodillada, tenía las alas abiertas de par en par en
señal de protección. Y aquel ángel tenía el rostro de una niña de
ojos grandes y trencitas oscuras. Pero el rostro era el de una niña vieja
y las alas no tenían plumas sino un pelaje oscuro y raso como el de una
rata". El aspecto fantástico
dentro de las narraciones es común en el estilo del autor y en su
consecuente punto de vista sobre la realidad. Un cuento de cariz policial
("El aleteo ...") muestra la sucia conciencia de un mafioso que,
ante un personaje misterioso, quizás otro ángel, cuenta su complicidad
en un asesinato. Este relato es el que más se envuelve con el ropaje de
la alegoría, abre lecturas simbólicas desde la escritura literal. Sin
embargo lo extraño y sobrenatural del personaje que interroga al reo
arrepentido queda fluctuante, en suspenso. De esta misma manera los
cuentos de Tabucchi, sus historias narradas, dejan la impronta de una
realidad paralela donde lo fantástico y sobrenatural tienen cabida entre
los hombres. |
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Federico Rivero Scarani (Uruguai, 1969). Prof. de Literatura y de Lenguaje y Comunicación en el Instituto de Profesores "Artigas". Contato: fscarani2@yahoo.com. Página ilustrada com obras do artista Ernesto Leon (Venezuela). |
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