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revista
de cultura # 42 |
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Susana Wald: el mundo interior de la artista Martha Mabey
Es una condición de mi vida que he sido una afuerina
en todas partes, incluso en Budapest, la ciudad donde ha nacido. De hecho
tuve una vez un sueño en el que estaba explicando este fenómeno a
alguien, en húngaro: A hazám a hely ahol
vagyok és a lelki világom. Esto puede traducirse aproximadamente
como: Mi patria es el lugar en que estoy y el mundo de mi alma.
La cualidad universal del
trabajo de la artista, que es aparente en todo lo que ha producido en los
cuarenta años de su labor artística, fluye con naturalidad a partir de
este mundo, por lo que es imposible encasillarla como artista canadiense,
chilena o mexicana. Al trabajar desde este
campo interior, Susana siente ser una medium que sirve a otros así como a
sí misma, al transformar aquellos que miran, leen u oyen aquello que ha
sido creado. Según ella una imagen que emerge del inconsciente puede
convertirse en un texto si se es escritor, en melodía si se es
compositor, en una ecuación si se es matemático, una hélice doble si
uno es bioquímico, o una creación visual si uno trabaja en artes plásticas. Cuando se abandona a la chispa básica de la creatividad la artista siente que algo mayor que ella misma "la utiliza". Y ella cree que todo arte hecho de otra manera es tan sólo decoración o comentario. Lo que hagamos de la
chispa de la creatividad está condicionado por nuestras habilidades
innatas. Susana recalca la importancia de permitir que en la obra sucedan
"accidentes", que se mantenga ojo alerta a las
"coincidencias"; también considera importante escuchar música,
anotar los sueños, meditar, rezar, ver muchas imágenes, leer muchos
textos, escuchar a mucha gente y absorber lo más que se pueda de otras
culturas. A la luz del
involucramiento de Susana Wald con su mundo interior, no es sorprendente
notar la influencia preponderante que tuviera el surrealismo sobre su vida
y su arte. "Se trata de más que de relojes que se derriten",
nos dice. "Esto tiene que ver con la libertad." Su obra se inserta en el
surrealismo porque abraza las actividades tanto conscientes como
inconscientes de su mente. "El surrealismo propone un mundo en que la
libertad, el amor y la poesía son los elementos gobernantes", dice
Susana. Al decir poesía se
refiere al acto creador; en la libertad ve el abandono del control
de la razón y la inclusión de los contenidos inconscientes de la mente,
así como la posibilidad de amar de cualquier modo que se desee. Cuando
hace su arte no trata de ser "razonable" y sus imágenes tampoco
lo son. En Hungría, donde ha
nacido, Susana Wald vio su libertad abolida por los nazis y luego por los
comunistas. En otros países donde ha vivido su libertad como joven mujer
no fue reconocida. "Cuando se hablaba de los derechos de las mujeres,
en la época en que yo empecé mi labor de artista, a una inmediatamente
la tildaban de feminista; y cuando se hablaba de lo erótico la etiqueta
era de pornografía." A pesar de la repetida
aseveración de que el surrealismo está muerto y passé, resulta
ser cosa tenaz, perseverante. Está presente en toda obra que renuncia a
aferrarse a lo racional y que acepta lo "demente" como expresión
humana genuina. Hoy en día, en la
literatura, el teatro, el cine o las artes visuales, son casi rutinarios
los elementos irracionales que provienen de sueños o de la libre asociación.
La obra de "primitivos" está en las colecciones de arte públicas
y el arte creado por niños o las personas con enfermedades mentales es
reconocido como manifestación de elementos que surgen del inconsciente. Susana Wald ha sido
aceptada por surrealistas de París y otros lugares del mundo, ha
trabajado en colaboración con muchos de ellos y su involucramiento en el
surrealismo continúa. Durante el verano de 2002 hubo una exposición
sobre surrealismo en la Art Gallery of Ontario de Toronto, en cuyo catálogo
se mencionan obras suyas en la colección del Israel Museum de Jerusalén. Sin embargo el surrealismo dogmático de un movimiento oficial no le interesa a Susana aunque cree que es artista más completa por haber podido conocer la obra de Max Ernst, Dorothea Tanning, Remedios Varo, Leonora Carrington, Mayo, Wassily Kandinsky y Max Beckmann.
Para Susana Wald otro
aspecto significativo del surrealismo que ha calado en su obra es el
trabajo en colaboración, fundamental para los surrealistas, porque es una
reacción contra el extenso individualismo de Europa y las Américas, una
forma de rebelión que desafía la percepción de los compradores de arte
que coleccionan como modo de hacer una inversión. "El aspecto más
interesante de la colaboración", dice Susana, "es que surge una
nueva especie de personalidad; la colaboración es una experiencia muy
refrescante que rara vez se observa en sociedades individualistas." Tal fue la experiencia que
resultó en uno de los momentos definitorios en la vida de la artista. Un frío y húmedo día de
mayo de 1963, Susana Wald fue a una inauguración en la sala del Centro de
Estudiantes de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, en
Santiago. Desilusionada por su falta de éxito como ceramista, había
decidido abandonar su trabajo de artista y dedicarse a la medicina de
investigación. A causa del mal tiempo
poca gente llegó a la inauguración, ni siquiera fue el artista que exponía.
Pero estaba ahí un hombre joven con quien partió la plática. Él
preguntó el nombre de ella y cuando oyó que era "Susana" parecía
muy agitado, porque, según contó más tarde, había tenido algunos meses
antes un sueño en que aparecía una Susana. Cuando ella dijo que tenía
un diploma en cerámica, pero estaba dejando el arte por la ciencia, él
insistió en que quería ver su taller. Fueron a almorzar. Y entonces,
como la cosa más natural del mundo, el joven sacó del bolsillo unas
tijeras y un papel de aluminio y empezó a hacer unos recortes. Luego le
ofreció las herramientas y ella también hizo algunos. Para su sorpresa
descubrieron que los patterns o diseños que habían creado
conectaban como dos piezas de un rompecabezas que encuentran su ajuste. La visita al taller de cerámica
de Susana resultó en una oferta inmediata para una exposición individual
en la Galería del Ministerio de Educación de Chile, una de tres donde el
hombre joven que ella conoció era curador. Después de esa primera y
exitosa exposición Susana abandonó sus estudios científicos y permaneció
en las artes. Así conoció al compañero
de toda su vida, Ludwig Zeller, el hombre que le hizo conocer el
surrealismo. Al paso de los años la
conexión entre los dos se extendió a una vasta cantidad de
colaboraciones en el amplio campo de las artes. Se ajustaban de muchas
maneras; los recortes que habían hecho eran tan sólo el síntoma de esas
correspondencias. Cuando trabajan juntos en
lo que ellos llaman "mirages" (espejismos) Ludwig provee lo que
Susana llama los elementos salvajes, indómitos, convulsivos
mientras que ella provee los conectores, o las partes que dan
formas o espacios humanos. Aún cuando el
inconsciente domina cuando están creando, trabajan mejor cuando Ludwig
comienza la obra con sus collages. En ese momento Susana
"interfiere", como quien dice, con la imagen inicial de él.
Cuando comienzan a la inversa, con Susana como iniciadora de la imagen,
según nos dice, el resultado es chato. En vez de sentirse limitada por
este modo de trabajar, ella se mueve con soltura en los espacios y huecos
que están invitándola. "La obra resultante se ve como si fuera
hecha por una tercera entidad" dice ella. Susana cree que su obra es
más completa a causa de esta extraordinaria relación. Por ejemplo, en la
exposición By Four Hands, hecha en 1979, con Ludwig Zeller en la Art
Gallery of Hamilton, de Ontario, se exhibieron bastante más de cien
piezas hechas en colaboración. Sin embargo lo que ella ha podido lograr
en el campo visual trata de su persona pública, no la privada, aunque su
relación privada con Ludwig Zeller, su compañero de toda la vida, ha
ayudado a formar su personalidad pública y ciertamente su trabajo también. De entre toda su obra
Susana considera sus pinturas y dibujos eróticos los más cercanos a la
influencia de Ludwig. La insistencia en lo erótico está también
influido por su relación, porque son una pareja, amantes y compañeros en
aventuras de toda índole. Al mismo tiempo, firmes en su creencia de la
importancia de la libertad, han podido desarrollar sus propias identidades
sin demasiadas limitaciones.
La artista ha ilustrado
varios de los poemas de Ludwig, la mayor parte de los cuales tratan de lo
erótico, o contienen imágenes que aluden a ello; sin embargo lo que la
obra de la artista enfatiza es lo sensual, no sólo lo que atrae
sexualmente. Acariciar la piel o el barro puede evocar estas sensaciones,
así como el contacto con la seda. Incluso el proceso de pintar puede ser
sensual. Pero cuando Susana habla
de erotismo no se refiere a ello en el sentido abstracto o del deseo
reprimido. Sus pinturas de desnudos abiertamente involucran una sexualidad
que celebra la existencia humana más completa, más integral. Ella pinta
escenas sexuales claramente perceptibles de parejas haciendo el amor o del
sexo femenino abierto frente a un observador varón. Su amor al cuerpo desnudo
y su creencia de que los artistas necesitan verlo en diferentes
situaciones han llevado a Susana a usar modelos vivos en su propia obra y
durante los años cuando enseñó dibujo de desnudo a más de tres mil
alumnos en Sheridan College, en Ontario, Canadá. Los artistas pueden usar
el conocimiento adquirido al observar el desnudo, dice ella, para hacerlo
erótico. Susana dice sin embargo
que erotismo y sensualidad no son la misma cosa. "En lo último",
dice, "el impulso no necesariamente va en busca de una relación
sexual. Y las mujeres en particular pueden ser sensuales simplemente
porque aman el hecho de estar vivas." Visto en retrospectiva,
Susana ha estado pintando huevos hace mucho tiempo. Ella dice estar
"poseída" por el tema de los huevos porque las imágenes que le
llegan parecen tan fascinantes que no puede verse pintando ninguna otra
cosa. Todos los otros asuntos parecen menos importantes y menos
interesantes. Cuando le llega una
imagen, como en el caso de los huevos, ella no lo cuestiona. Se deja
llevar por la sensación, aún cuando el sentido del placer es a veces una
especie de agonía. El proceso de pintar
huevos ha sido largo y bastante misterioso. En su segunda muestra
individual en Santiago, en 1964, Susana exhibía esculturas de cerámica
de huevos grandes de unos cincuenta centímetros de altura. Se veían como
si hubieran sido quebradas, con fisuras y partiduras de las que emergían
formas como de raíces, o de pistilos o de gusanos, entrelazándose unas
sobre otras. Estas formas aparecían en su obra durante mucho tiempo. En Toronto, en los años
setentas Susana creó una serie de esculturas de cerámica, muy límpidas,
en su mayor parte blancas, formas grandes y redondas sobre las que sentaba
o colgaba huevos. Una de estas esculturas está en una colección en París;
tiene asentados tres huevos con hoyos de los cuales emergen mechones de
pelos. Un museo de España tiene
otra escultura que muestra un solo huevo con un hoyo mayor del que fluye
una sustancia verde brillante que forma un charco en el cual se asienta el
huevo. Un huevo negro metálico en un campo blanco es parte de una colección
de Toronto. Susana reprodujo el huevo
en el charco verde en una pintura reciente, la puso en un paisaje nevado
de Ontario. El cuadro se llama "Ontario hace treinta años y
ahora." Aparecen huevos en
pinturas hechas en los años ochentas, en su mayoría en la compañía de
mujeres solas; y en un caso, anidado en la mano de una mujer al lado de un
hombre que la sujeta de la cintura y el pecho y grita en su oído. En 1997, mientras Susana
construía la casa en que vive con Ludwig Zeller, hizo una pintura de un
desnudo que se titula "Noche de Huayapan". Cuando estuvo acabada
pensó que necesitaba algo cerca de la mano extendida de la mujer
reclinada. Un huevo verde fue el elemento justo. Ese diminuto huevo la
llevó a pintar imágenes mucho mayores en que el huevo ha sido el
componente principal. Entre encargos y otros
proyectos las pinturas de huevos han continuado apareciendo hasta estos días
en que ella ha creado más de cincuenta imágenes que contienen huevos. Lo que ella no sabe es por
qué pinta huevos. "Lo que me
llega," dice ella, "son estas visiones, a veces en semisueño, a
veces insertadas en cosas sin relación aparente, o mientras estoy a punto
de dormirme. Veo los huevos en su ambiente, la cosa completa, o lo que
siento que es la cosa completa. En algunos casos, cuando tengo algún
problema con la imagen, hago instalaciones, pongo paños y objetos bajo
luces y entonces los pinto. En este modo mi visión interior adquiere
credibilidad". Que los huevos se rompen,
es cierto, dice Susana, aunque las que ella ha estado pintando desde 1998
siempre se ven enteros. Y sin embargo no teme la idea de que los huevos se
rompan. En un momento de su vida los huevos rotos que ella esculpió tenían
relación con quiebras que todos tenemos en nuestras vidas, cosas que
duelen a todos los seres humanos. Recientemente Susana ha
empezado a mostrar figuras humanas en las pinturas de huevos. Para ella
esto representa otro movimiento, otro comienzo dentro de lo que comienza.
La figura humana hace que la presencia de los huevos sea más accesible. Es significativo que a
medida que Susana envejece y se acaban sus huevos físicos, comienza a
pintar los metafísicos. Estos huevos, siendo
portadores de vida, puestos en ciertas escenografías, abstraídos del
mundo de huevos que normalmente imaginaríamos como su lugar apropiado, se
convierten en mitos. Son expresiones de un arquetipo, en el sentido en que
C. G. Jung usa el término. Puesto que los huevos son
obviamente parte de lo femenino y diferentes del elemento masculino, este
arquetipo es el de la Gran Madre, el de la vida y la muerte, el de venir
de La Madre y el de volver a Ella.
Vivimos en tiempos cuando
peligra la vida. Estamos arruinando nuestro planeta viviente. Quizás las
pinturas de los huevos hablan también de esto. Quizás esta es una de las
razones de por qué el mito posee a Susana a tal grado. Quizás sus
pinturas de huevos son una manera de protestar contra la destrucción que
nos rodea. Y sin embargo, más que a un mensaje político, las pinturas de
huevos apuntan a una resurrección, un nuevo comienzo. Entre 1982 y 1988 Susana
creó una muy exitosa serie de pinturas que ella llama "Las
mujeres..." en que ella inconscientemente protestaba el rol de lo
femenino -y no sólo en las mujeres- dentro de la cultura actual y por
extensión en su propia vida. En la pintura "La
mujer del albañil", 1983, un torso femenino desnudo es visto contra
un muro de ladrillos. Adonde corresponde que estuviera su cabeza hay un
hoyo en el muro. En ese hoyo se puede ver un gran sexo femenino. En "La mujer del
alfarero", otra pintura de la serie (exhibida en la XLII Bienal de
Venecia, 1986), se ve una forma femenina con muchos senos y sin cabeza,
como gran olla de barro sobre un torno de alfarero, con una taza en la
mano, como quien hace una pausa para tomar el café. Recién cuando Susana
concluyó esta obra se dio cuenta de que había pintado a la Gran Madre,
según la descripción de Erich Neumann. Ella piensa que si bien lo que la
inspira no son los arquetipos en sí, ciertamente aparecen o entran a
hurtadillas en su obra. En contraste con la serie
de "Las mujeres", ella atribuye el origen de las pinturas de
huevos a un estrato más profundo. "Son manifestaciones de algo de
que no tengo consciencia," dice ella. Sin embargo tanto la serie
de las mujeres, como la de los huevos están irrevocablemente conectados a
su rol como mujer en las artes. Aunque Susana Wald
prefiere ser conocida como persona que pinta y no como pintora femenina,
ella reconoce que lo que pinta son temas relacionados con preocupaciones
femeninas que en último término afectan las vidas tanto de hombres como
de mujeres. "Junto con otras
artistas mujeres yo soy una quebradora de moldes," dice, "una
molestia, algo que es difícil aguantar." Aunque sus pinturas artísticamente
son íntimas y personales, su asunto puede ser difícil de digerir.
Algunas obras pueden considerarse "no muy bonitas", no
apropiadas para la sala de una abuelita, no apropiadas para gente que no
se siente cómoda con las ideas que ella pinta. Y sin embargo justamente
de eso se trata. La obra de Susana Wald está
hecha para ser contemplada y para provocar que se piense. Es en las artes
-y en obra como la suya- donde comienzan los cambios en nuestro modo de
pensar. Así, en cierto modo,
Susana enfrenta un doble prejuicio: ser pintora femenina en un mundo
predominantemente masculino combinado con los asuntos a menudo difíciles
que ella trata. Debido a que durante
muchos siglos nuestra visión de lo que es Femenino ha sido formado por
artistas varones cuya obra parte desde su visión interior de la mujer,
hemos tenido poca oportunidad de ver qué sucede cuando esta combinación
es invertida. Sus pinturas y de hecho su
vida entera de mujer artista han sido un fragmento minúsculo en la
formación de una nueva realidad que junto con otras mujeres, ella cree,
contribuirá a algo mucho mayor que lo que podemos describir en este
momento en el tiempo. Sin embargo las artistas
mujeres no están solas y no están creando separadamente de los varones.
Se trata tan sólo de que las mujeres son finalmente parte de un proceso y
de su enfoque surgirá una nueva realidad, una realidad que emerge del
inconsciente. Un mural que Susana Wald
pintó por encargo de 1994, de la Universidad Michoacana de San Nicolás
de Hidalgo puede dar un indicio de esta nueva realidad. La imagen central
es la de una figura femenina rodeada por otras figuras cuyos gestos
expresan anhelo, admiración y veneración. La obra es significativa no sólo
porque presenta lo que es Femenino desde el punto de vista de una artista
mujer, sino también porque ha sido pintada por una mujer que no le ha
tenido temor a lo erótico, al inconsciente, a lo surreal -a la vida
misma. El mural que se titula Luz vertiginosa trata, apropiadamente de La Sabiduría/Sofía. |
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Martha Mabey (Estados Unidos). Crítica de arte. Autora de Rodolfo Morales: El Señor de los Sueños.
O
presente ensaio foi originalmente publicado como prólogo do catálogo Susana
Wald. Celebration (El Colegio de Oaxaca, México, 2003), e sua publicação
foi gentilmente autorizada pela artista. Contato: waldzeller@terra.com.mx.
Página ilustrada com obras da artista Susana Wald (Hungria). |
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