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revista
de cultura # 43 |
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Vanguardismo, espacio y movimiento en la poesía moderna Juan Calzadilla
En
cuanto al movimiento mismo, su exploración en la modernidad nos conduce
necesariamente al futurismo y sobre todo, a su eximio y casi único teórico
y ex- ponente, el poeta italiano F. T. Marinetti (1876-1944). El futurismo
tiene un perfil más literario y es más cosmopolita que el cubismo, pero
no se podría explicar, es cierto, sin el precedente de éste, del cual es
como una extensión literaria, y tampoco, por supuesto, sin las
vanguardias que le preceden en la bulliciosa escena europea de comienzos
del siglo. A la audacia y severidad formal del cubismo, el futurismo añade
una preocupación proselitista por lo innovatorio, por los grandes temas
del momento, como el movimiento y la velocidad y, más aún, la presencia
de la máquina, como divinidad del vértigo multitudinario que caracteriza
a la vida moderna. Un
auto de carrera es más hermoso que la Victoria de Samotracia: esta frase dicha por
Marinetti en uno de sus manifiestos fue muy celebrada en su momento.
Pronunciada hoy parecería mera ocurrencia. Pero es así y el futurismo
tiene verdadero éxito cuando exalta los valores más optimistas de una época
en donde la máquina se erige pronto como símbolo y representación del
progreso humano. Su estética pretende pasar por altavoz de las novedades
e invenciones tecnológicas incorporadas a la civilización y convertirlas
en materia del discurso innovador de poetas y pintores.
La
poesía topología de Marinetti nunca nos llevará a pensar que nutrimos
con ella la posibilidad de estar en cada sitio donde lo indican las
palabras. Marinetti mismo no escapa a su propia contradicción: el haber
sido un gran teórico con un raquítico poder creativo. De allí que deba
su celebridad a los manifiestos del futurismo. Sus llamados a la revuelta
creativa, de signo subversivo o formal, en cuanto a dar primacía a los móviles
y objetos de la civilización industrial, su petición de un nuevo orden
gramatical capaz de reflejar las transformaciones de la nueva conciencia,
llegan a confundirse con la exaltación del populismo predicado por el
fascismo de Mussolini, del cual finalmente el futurismo termina haciéndose
su cómplice o por lo menos su adherente, con Marinetti a la cabeza. Pese
a ello, en vista de que nuestra época tiende a dar más importancia a lo
que se dice sobre el arte que a sus obras mismas, al Ffturismo se le ve
históricamente como una etapa vanguardista de la que no es fácil hacer
omisión; como uno de los momentos fundamentales en la escalada conocida
como la revolución del arte contemporáneo, y en la cual, según se dice,
aún vivimos. Tres
son los enunciados principales en los que, de acuerdo con Marinetti,
descansa la concepción poética del futurismo: Las palabras en libertad;
la invención de palabras y el dinamismo plástico. Por las palabras en
libertad la poesía va al encuentro de las nuevas realidades,
configurando, por vía imaginativa, una antitradición fundada en la
expresión de la vida contemporánea y su máximo símbolo, la máquina;
por la invención de palabras, la creación se constituye en realidad autónoma.
El dinamismo plástico indica que en la poesía las palabras ocupan el
lugar de lo que nombran, como si fueran cosas, de manera que el
significado pasa antes por la organización plástica de las palabras. Y
no es que se subordina a ésta, sino que es concomitante al nuevo sentido
aportado por esa organización. El lenguaje se objetiva como si fuera un
medio plástico; he allí un elemento común a todos los movimientos poéticos
que tienen su primer ancestro en el futurismo, desde los experimentos de
los poetas del constructivismo ruso, hasta el concretismo brasileño de
los hermanos De Campos, pasando por el letrismo de los años 50 y por el
intertextualismo de los experimentalistas de nuevo cuño.
A
fin estás cansado de este mundo antiguo Un
caso parecido al de Apollinaire es el de Blaise Cendrars (1886-1961),
protagonista de una de las más ins6litas y extrañas aventuras que poeta
moderno alguno, en plan de viajero, ha llevado a cabo a través del mundo.
Una aventura cuyo propósito pareciera haber sido describir de forma poética
todos los episodios y detalles, por insignificantes que fueran, vividos
diariamente por el poeta a lo largo de excitantes travesías por los más
apartados y exóticos lugares de la tierra. Nada más opuesto a este verso
de Baudelaire: Los
verdaderos viajeros son los que viajan sin viajar que
la exaltación del movimiento físico y los placeres visuales y
sensoriales a cuyo encuentro va Cendrars en sus incursiones informales a
territorios desconocidos o ya conocidos por él, a sabiendas de que el
sentimiento experimentado nunca podrá ser sustituido por el sentimiento
que se imagina. Baudelaire, como más tarde Pessoa y Lezama, pensaba que
la imaginación puede llegar a procurar un sentimiento de la experiencia
con la misma intensidad del sentimiento de lo imaginado. Es la misma fórmula
que inspiró a André Gide “Los alimentos terrestres”.
Ahora
hago correr todos los trenes a todo lo largo de mi vida Madrid-Estocolmo No vamos a entrar en las minucias de una descripción de los viajes de Cendrars por todo el mundo ni tampoco en el análisis de su poética. Nos basta con extraer la conclusión de que la modernidad es responsable de una alianza de pintura y poesía de la cual ésta extrajo, como excusa o mérito para oponerse a la tradición, esgrimiendo razones revolucionarias parecidas a las que cambiaron el curso de la pintura contemporánea, un experimentalismo minimalista que alcanzó su edad de oro en la segunda década del siglo XX, pero que aún alienta en el discurso de muchos poetas descontentos de hoy que encuentran que no hay motivos para que las cosas sigan siendo como han sido. Si esa alianza renace por momentos, sin mucha fuerza aquí y allá, si se dio por terminada, es de esperar que su eclipsamiento no sea definitivo. Quizás no están cerradas totalmente las puertas para continuar, cuando pase la marejada del linealismo gregario y del realismo chato impuestos por la T.V., los medios de comunicación y hasta las editoriales, la revolución iniciada por los poetas, cubistas, dadaístas futuristas y constructivistas. |
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Juan Calzadilla (Venezuela, 1931). Poeta,
arista plástico, crítico e ensaísta. Autor de livros como Principios
de urbanidad (1997), Diario sin sujeto (1999) e Aforemas
(2004). Contato: calzadillajuan@hotmail.com.
Página ilustrada com obras do artista Mario Maffioli (Costa Rica). |
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