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revista
de cultura # 43 |
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Remedios Varo: pintora mágica de lo surreal Carolina Moroder
Su fascinación por la
alquimia, por lo oculto, por el medioevo y por las ciencias en general,
está siempre presente en su pintura y su literatura. Existe además una
relación entre los libros que leía y cómo éstos influían en la
narrativa de sus obras, por ejemplo, al expresar una teoría científica
que se estuviera trabajando en ese momento y que ella plasmaba en el
lienzo. Su obra -considerada
surrealista-es de carácter narrativo, siendo esta característica una de
las más atrayentes para el espectador, quien puede imaginarse todo un
relato con sólo observar un cuadro. 1. Perfil de una vida María de los Remedios Varo y
Uranga nació el 16 de diciembre de 1908 en Anglés, un pueblo al norte de
Barcelona. Su padre, Rodrigo Varo y Zejalbo, era ingeniero hidráulico,
mientras su madre, de origen vasco, Ignacia Uranga y Bergareche, era una
mujer de su época, dedicada a la familia y a Dios. El trabajo del padre
los llevaría a viajar por toda España e incluso al norte de África, por
lo que Remedios entra en contacto desde muy pequeña con otros mundos y
otros paisajes. De esto dice Edouard Jaguer: “Toda la infancia de
Remedios transcurrió en peregrinaciones terrestres y marítimas.” Y añade
que “en los cuadros de Remedios circulan, por montes y valles, los vehículos
más extravagantes que puedan imaginarse; y, de la bruma ligera a la ola
impetuosa, el agua desempeña en ella un papel primordial. El agua, ese
elemento cuyos caprichos domó antaño el padre de Remedios con el auxilio
de mil complejas maquinarias”. En este contexto, es necesario
hablar de sus padres, puesto que la influencia de ambos será decisiva en
su desarrollo como artista y mujer moderna. La madre era una ferviente católica,
quien inculcó a su hija a ser una mujer digna de Dios y a temerle al
demonio. Su padre, en cambio, era un librepensador, ateísta, muy moderno
para su época, quien hasta aprendió a hablar esperanto. Le inculcó a su
hija respeto por la razón, el amor a la ciencia y le enseñó desde muy
pequeña cómo hacer una perspectiva perfecta. De estas dos fuertes
influencias el escritor Peter Engel dice que “Remedios Varo vivió, como
murió, suspendida entre dos mundos...luchando por reconciliar lo mítico
con lo científico, lo sagrado con lo profano”. Fue así como su madre la dejó
interna en un colegio de monjas, de cuya experiencia dejó Remedios tres
cuadros (que ella consideraba como un tríptico) una de sus obras
autobiográficas más interesantes: “Hacia la torre”, “Bordando el
manto terrestre” y “La huída”. En el primer cuadro de la serie
(“Hacia la Torre”) un grupo de jóvenes idénticas (todas su
autorretrato), uniformadas de azul oscuro, van en bicicleta detrás de la
madre superiora, una mujer de cara aburrida y severa. Se las ve saliendo
de una torre que parece una colmena, ya que todas las habitaciones son
rombos de igual proporción, aparte de uno más grande, que parece el símbolo
de una capilla, superior a todos los otros espacios. También aparece un
hombre de aspecto sombrío, su perfil es Remedios de adulta, con una nariz
protuberante, (la que aparece en otras de sus obras, llenas de humor) y de
cuyo saco en la espalda salen pájaros que parecen acordonar esta femenina
procesión. El ambiente es lúgubre, el cielo es oscuro, los árboles están
desnudos, da la impresión de que hace frío, el pavimento ‑de
baldosas iguales‑ es monótono. En este lienzo de aspecto tenebroso,
hay un hálito de luz: una de estas niñas idénticas resiste la hipnosis
del ambiente y desafía mirando directamente al observador. Los medios de locomoción
creados a partir de la ropa de quien las usa, es otro tema que se ve
constantemente en la obra de Varo, como una nota humorística, vagamente
basados en los instrumentos y maquinarias que probablemente vio construir
o trabajar a su padre. 2. Exploración de las fuentes
del río Orinoco El segundo cuadro, “Bordando
el manto terrestre”, muestra otra parte de su estadía en el convento:
las largas y tediosas horas frente a un bordado, mientras alguien les lee.
En su eterna ironía y su sentido de la metafísica, Varo hace que de las
manos de estas niñas prisioneras salga un manto que es el mundo, un
paisaje con torres, lagos, árboles y barcos. La historiadora de arte
Janet Kaplan, quien ha escrito la biografía más completa sobre la
pintora, describe esta obra en los siguientes términos: “Las mismas niñas,
aquí cautivas en una torre, trabajan como en un scriptorium
medieval, bordando el manto terrestre de acuerdo a los dictados de una
“Gran Maestra”. Esta figura encapuchada lee el catecismo de
instrucciones mientras revuelve un caldo en ebullición en la misma vasija
alquímica de donde las niñas sacan el hilo de bordar. Cada niña trabaja
sola, bordando imágenes hacia una tela continua que sale de los
bastidores por una ranura hacia los costados de la torre”. Detrás de
esta “Gran Maestra” hay un personaje totalmente cubierto, a la usanza
islámica, tocando una flauta. Nuevamente, una de las niñas se rebelará
a esta situación y en un rincón del manto, el más cercano a la figura
de la izquierda, se ve que ha bordado su imagen junto a un hombre, besándose,
libre. La pareja está recién saliendo del bastidor, por lo que están de
cabeza, aunque también puede ser una forma de burlar a las guardianas.
Este cuadro es también una metáfora a la mujer-creadora, a la
engendradora de vida, a la que crea el mundo con sus manos. De esta obra dice Peter Engel
que “El proceso de creación artística y científica en el trabajo de
Varo, está relacionado a la creación ritual del mundo, un acto poderoso
y simbólico, en el cual los personajes toman el destino en sus manos
mientras simultáneamente afirman la omnipotencia del ser que lo creó”.
La tercera y última fase del
tríptico es “La huída”, la que muestra el éxito que tiene la niña
rebelde al huir con su amante. Ambos se ven escapando en otro aparato de
la imaginación de Varo: una especie de paraguas hecho de piel, montados
en la bruma de la montaña a la que ascienden, las capas de sus trajes
sirviendo de velas, empujados por el viento. La niña sigue vestida de
colegiala, pero esta vez mira atentamente hacia adelante, a su futuro, a
lo que la espera. En relación a estos modos de propulsión, dice Jaguer:
“Ruedas, velas, hélices, timones: todo un arsenal de mecánicas
irracionales se des-pliega ante nuestros ojos, un arsenal equipado para
todas las errancias”. Y Engel dice que los personajes de Varo son
“’aventureros que viajan a través de bosques y campos, por encima de
las nubes, sobre ríos y calles de ciudades abandonadas o desiertas -casi
siempre solitarios, de ojos almendrados y rasgos andróginos”, autobiográficos.
Son movidos por los aparatos más extraños, llenos de poleas y palancas,
alas y ruedas, vehículos “científicos en apariencia, pero de operación
mágica”. Se mueven con la energía sacada del polvo de estrellas, de la
música, de los rayos de sol o del éter celestial. Todos estos fenómenos
son también sacados de las ideas de la alquimia, de la metafísica y de
la magia de la imaginación.
Varo vive la etapa de la República
y parece ser una exponente de todos sus ideales: una mujer que logra
estudiar, es libre de cuerpo y mente, está involucrada en política, en
toma de decisiones, es vanguardista y tiene una posición más bien
universal y europea ante la política. Cuando estalla la Guerra Civil, se
encuentra con el poeta surrealista francés Benjamin Péret, quien fue a
pelear al lado de la República, y juntos se van a París. 3. El surrealismo y su
influencia en Remedios Varo El surrealismo es un movimiento
artístico que comienza después de la Primera Guerra Mundial con los
poetas franceses André Breton, Benjamin Péret, Louis Aragon y Paul
Eluard, basado en los trabajos de Rimbaud, Lautréamont y Apollinaire. Su
meta era expresar el pensamiento más puro, libre de los controles
impuestos por la razón y por los prejuicios sociales y morales imperantes
en la época (Waldberg). Aunque comenzó siendo un movimiento literario de
poetas, pronto hizo sentir su influencia sobre todas las formas artísticas. Los trabajos de Freud, primero,
y de Jung, después, tuvieron una fuerte influencia en los planteamientos
de este movimiento, ya que el poder de los sueños y del inconsciente, así
como la rebelión, formaron parte de su filosofía. “La originalidad del
surrealismo”, dice Patrick Waldberg, “y lo que la distingue de otros
movimientos artísticos y literarios que lo precedieron (con la excepción
de algunas fases del romanticismo alemán) es su determinación de
minimizar la fragmentación del consciente y llegar a la totalidad del ser
humano”. Es curioso apreciar que tanto
el surrealismo como el romanticismo fueron movimientos universales (a
diferencia, por ejemplo, del expresionismo
que fue básicamente alemán o el futurismo,
que se dió en Italia). “En su oposición a la
espiritualidad de la iglesia cristiana, así como al cartesianismo (el
que, de acuerdo con su teoría, paraliza el pensamiento occidental), el
surrealismo rehabilita la superstición y la magia, mientras se vuelca
hacia las tradiciones herméticas (Cábala, gnosticismo, alquimia), las
cuales se basan en el ejercicio de un pensamiento análogo” (Waldberg). Remedios Varo estaba en un
ambiente en donde se respiraba el surrealismo, como la alternativa más
moderna al cambio, y su propia vida tenía características de éste. Aún
antes de entrar en contacto directo con los miembros del grupo, ya era una
exponente del movimiento, según se sabe por las obras que presentó en
exposiciones en esa época. 4. Mujeres en el movimiento
surrealista Se debe hacer un aparte en este
tema, puesto que en la mayoría de los libros sobre el surrealismo existe
un gran vacío cuando se trata de hablar de las surrealistas. Según
algunos textos, estas mujeres sólo existieron como musas, amantes, compañeras
de los “verdaderos” artistas. En Surrealist Women. An International
Anthology, de Penelope Rosemont, se muestra la falacia de esta
percepción, al presentar a unas cien representantes de esta filosofía,
desde los principios del movimiento hasta hoy en día, abarcando casi
todos los contintentes. Esta es una época que fue
testigo de cambios sociales profundos, como el socialismo y el feminismo.
Creo que este movimiento fue el primero en el que la mujer estuvo al lado
del hombre no sólo como compañera sino que fue su igual a nivel
intelectual y creativo. Ha sido después, cuando los críticos e
investigadores han escrito la historia, que las mujeres fueron puestas a
un lado, pero no durante el movimiento en sí. No me cabe duda que habrá
habido un patriarcado dentro del grupo y la misma Varo reconoce que en su
juventud “Mi posición era la de una oyente tímida y humilde. No tenía
ni la edad ni la confianza necesarias para enfrentarlos. Sólo me sentaba,
boquiabierta, ante este grupo de gente brillante” (Kaplan). Hay que
recordar que la pintora contaba entonces con unos 29 años mientras Péret
y Breton tenían alrededor de 40, aparte de que Breton deseaba
conscientemente mantener este ambiente de intimidación hacia los demás. Fue en esta época que Remedios
entra de lleno al surrealismo en su parte intelectual, se empapa de teorías
científicas, de alquimia y todos los preceptos que este movimiento estudió.
Participa también de las nuevas técnicas que crean los surrealistas,
como los cadavres exquis,
(juegos plásticos en que varios artistas iban haciendo una parte del
dibujo, sin saber lo que hacían los demás) y el frottage.
A pesar de la cercana relación que tuvo con los surrealistas, ella no
considera su obra como tal. Dice Engel que “Aunque Varo no se considera
[a sí misma] surrealista, su trabajo y el surrealismo comparten muchas
cualidades: imágenes fantásticas, ilusión perceptual, humor, una
yuxtaposición inusual de objetos ordinarios para crear efectos
extraordinarios”. Y añade que “Los surrealistas disfrutaban dándole
una expresión libre a la imaginación y a las imágenes de los sueños.
Al poner de cabeza las leyes de la razón, esperaban liberar el
inconsciente y lo irracional de las restricciones impuestas por el
pensamiento consciente”. 5. La Revolución, la guerra y
el exilio Al estar involucrada con Péret,
huye de la revolución española hacia París, para caer al poco tiempo en
medio de la Segunda Guerra Mundial. Hay que recordar que Péret y los
surrealistas tenían un pensamiento de izquierda -en un principio se
involucraron con los comunistas- por lo que fueron puestos en campos de
concentración durante la ocupación nazi. Varo tenía en su contra el ser
la compañera de un hombre comunista y el ser española. O la deportaban a
España o la llevaban a un campo de concentración. Finalmente, pasa
varios meses en un campo de concentración y luego un tiempo largo en
Marsella junto a un grupo de surrealistas que esperaban ser transportados
a América. Muchos de ellos lograron exiliarse en Estados Unidos, pero
otros fueron rechazados por estar más involucrados con el comunismo. Este
fue el caso de Péret y por ende de Varo, pero México no tenía las
mismas restricciones y fueron aceptados por este país. Después de difíciles trámites
para lograr salir de Europa, Varo y Péret se ven finalmente en México,
en donde una vida de paz les espera. Aunque es una vida de paz, no es de
prosperidad. Varo trabajará haciendo ilustraciones, como decoradora,
restaurando objetos precolombinos, siempre en condiciones tan precarias
que a veces su alimentación sería una taza de café con leche en todo el
día. En el año 1942 Péret y Varo
se casan y en 1947 regresan a Francia. Pero Varo ya no siente que
pertenece al Viejo Mundo, sino al Nuevo y regresa sola a México, de donde
no volverá a salir, convirtiéndose en una gran exponente de la España
peregrina.
En 1953 se casa con Walter
Gruen, otro exiliado europeo, quien la incentiva a dedicarse por completo
a pintar. Gruen tiene éxito a nivel económico y le da la posibilidad de
dedicarse por completo a su pasión. Varios críticos comentan que Gruen,
como el padre de Remedios, ve el talento que tiene y la apoya para que lo
desarrolle. Es en estos años de su período mexicano que la pintora española
desarrollará su lenguaje, su voz, y su arte tan característico. Pero serán pocos los años que
puede hacerlo. Quedan sólo unas 100 obras de esta etapa productiva, ya
que en 1963, Remedios muere de un fulminante ataque al corazón. Hacía sólo
un mes había tenido una exitosa exhibición y por fin estaba logrando
vender todo lo que pintaba. La crítica y el público la habían
descubierto y la aclamaban como a una gran pintora. 6. Narrativa científica o teorías
algo demenciales Ver la obra de su etapa madura
es fascinante. Cada una es una cápsula, una verdadera narración visual,
llena de humor, locura y un sentido metafísico profundo. “Este mundo se
halla regido por leyes físicas distintas de las nuestras: en él seres y
objetos son presa de curiosos fenómenos de levitación y de atracción...
o, como dice Roger Caillois, ‘lo que era sólido se licúa, lo que era líquido
se evapora y se ausenta’” (Jaguer). Por ejemplo, “El flautista”. Aquí se observa a un joven
que, como el flautista de Hamelín, con su mágico instrumento logra mover
piedras que van construyendo un edificio. La autora lo describe así:
“El flautista construye esa torre octogonal levantando las piedras con
el poder e impulso del sonido de su flauta, las piedras son fósiles. La
torre es octogonal para simbolizar (algo vagamente, debo decir) la teoría
de las octavas (teoría muy importante en ciertas enseñanzas esotéricas).
La mitad de la torre es como transparente y sólo dibujada porque está
imaginada por el que la va construyendo” (Varo). En el catálogo “Science in
Surrealism. The Art of Remedios Varo”, el historiador en ciencias Peter
Engel hace unas relaciones muy curiosas sobre la obra de esta pintora, así
como unas observaciones muy interesantes, porque están consideradas desde
el punto de vista de las ciencias y no de las artes. Varo en realidad vive
siempre entre dos mundos: el mundo del padre y el de la madre, el de la lógica
y el de la fe, el de la filosofía y el de la religión. Engel propone que
en muchas de sus pinturas, Varo recurre a teorías medievales, porque éste
fue el último período histórico en que “lo racional e irracional, lo
científico y lo espiritual se mezclaron tan profundamente.” Es el
tiempo “en que harmonices mundi, la armonía del mundo, se podía ver en todos los
objetos, por muy mundanos que fueran; cuando la ciencia no era considerada
antitética a la religión y cuando la diversidad y plenitud de la
naturaleza era evidencia no de una lucha por la sobrevivencia pero de una
cadena aún más grande, establecida por un Creador benevolente”. Dice
Engel que si se ve la obra de Varo bajo esta concepto de un orden
universal medieval, “puede entenderse que [ella] trata de restaurar para
el mundo moderno, esa armonía, que parece perdida”. En el caso de “Fenómeno de
ingravedad”, dice Remedios que “La tierra escapa de su eje y su centro
de gravedad, al grandísimo asombro del astrónomo que trata de conservar
su equilibrio encontrándose con el pie izquierdo en una dimensión y con
el derecho en otra” (Varo). Jaguer comenta que “Aquí lo maravilloso
es que procediendo de manera totalmente intuitiva Remedios acierta con la
mayor exactitud. “Fenómeno de ingravedad” fue el cuadro escogido por
un eminente físico para la cubierta de su tratado sobre la teoría de la
relatividad”. Otra de las obras que tiene
magia y ese sentido circular, sempiterno de la creación, se da en su
“Creación de las aves”. Jaguer expresa que: “El mundo
es un prodigio perpetuo, los espejos son nidos y todo se transforma en
todo. De paso, Remedios no desdeña evocar los sortilegios ligados a su
arte: un pájaro de verdad nace de la conjunción de su imagen y el rayo
luminoso de una estrella lejana. Pero este pájaro que crea pájaros es la
propia Remedios”. Y Engel cree que: “Su
proliferación de imágenes de creación y fertilidad incluyen a la mítica
mujer-búho, quien pinta pájaros que cobran vida...A un tiempo mujer,
científica y artista, el búho es el arquetipo creador de Varo. Su vasija
alquímica recoge gotas de vapor del aire y las distila en la paleta”. 7. Otro lenguaje visual en la
obra de Remedios Varo Un ejemplo de la influencia del
incosciente en su obra se puede leer en un cuento que creó a partir de un
sueño y que luego plasmó en el cuadro “Tejido espacio-tiempo”. Así lo narra en un cuaderno:
Entonces me capturaron y me
condenaron a muerte. El verdugo me llevó a un lugar
que parecía como la muralla de una ciudad, de cada lado de la muralla
bajaba una pendiente muy inclinada de tierra. El verdugo parecía muy
satisfecho, yo sentía un miedo y una angustia muy grandes. Cuando vi que
se disponía a decapitarme empecé a llorar y a suplicarle que no me
matase, que todavía era pronto para morir y que reflexionase en que yo
tenía por delante muchos años de vida. Entonces el verdugo empezó a reírse
y a burlarse de mí, me dijo: “¿por qué tienes miedo a la muerte si sabes
tanto?, ¡teniendo tanta sabiduría no debías temer a la muerte!” Entonces me di cuenta de
repente que lo que él decía era cierto y mi horror era no tanto hacia la
muerte sino por haber olvidado hacer algo de suma importancia antes de
morir. Le supliqué que me concediese unos momentos más de vida para
hacer algo que me permitiese morir tranquila, le expliqué que yo amaba a
alguien y que necesitaba tejer
sus “destinos” con los míos, pues una vez hecho este tejimiento
quedaríamos unidos para la eternidad. El verdugo pareció encontrar
muy razonable mi petición y me concedió unos diez minutos más de vida.
Entonces yo procedí rápidamente y tejí a mi alrededor (a la manera como
van tejidos los cestos y canastos) una especie de jaula de la forma de un
huevo enorme (cuatro o cinco veces mayor que yo). El material con que lo tejí
eran como cintas que se materializaban en mis manos y que sin ver de dónde
venían yo sabía que eran su
substancia y la mía. Cuando acabé de tejer esa especie de huevo me sentí
tranquila pero seguía llorando, entonces le dije al verdugo que ya podía
matarme porque el hombre que yo quería estaba tejido conmigo para toda la eternidad.” (Varo). Este cuadro parece estar basado
en un pasaje de una obra de Aldous Huxley, uno de los autores predilectos
de la pintora. Ella leía a Ray Bradbury, Isaac Asimov, Fred Hoyle y a
Robert Heinlein, de los cuales pudo sacar la idea de “las nociones de la
curvatura del espacio y la deshomogeneidad del tiempo” (Engel). Esta obra -de corte medieval-
está llena de simbolismo, uno de los cuales es muy científico: la única
línea recta del cuadro pasa por el reloj: “el axis de tiempo” (Engel) 8 ¿Es Varo surrealista? A lo largo del artículo he ido
explicando las propuestas surrealistas y en cierto modo he dejado
establecida la ambigüedad del surrealismo en Remedios Varo. Después de
su muerte, el mismo André Breton la consideró como una de las más
grandes surrealistas, escribiendo un artículo en una de las revistas del
grupo. Pienso que intelectualmente sí es surrealista, sobre todo si se
considera el bagaje filosófico requerido para ser parte del movimiento.
En lo que no la veo como parte de este grupo es en el sentido de lo onírico,
de lo espontáneo. Sus trabajos eran muy cuidadosos, según Kaplan y todos
los que la rodearon en su creación, ella planeaba detenidamente sus
narraciones pictóricas, a veces hacía un dibujo perfecto de éstas y
luego se sentaba frente al lienzo por meses, hasta dejar un trabajo
impecable. El concepto surrealista era de crear algo espontáneo, salido
del inconsciente, sin barreras de ningún tipo. En ese sentido la
encuentro una exponente del arte fantástico y no del surrealismo. El
problema de esto es que el término arte
fantástico está estigmatizado y se considera de baja calidad. Como
una opción se podría usar, tal vez, arte mágico o metafísico. Pienso que su obra se destaca
dentro de la historia del arte por varios motivos: la combinación que
hace de las ciencias y el arte (en una hermosa armonía), su técnica
minuciosa, como de miniaturista y la cualidad narrativa de sus lienzos. A pesar de su muerte prematura y de su carrera relativamente corta, ha quedado en la historia del arte como una de las mayores exponentes del surrealismo. |
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Carolina Moroder (Estados
Unidos). Crítica de arte. Contato: morodercarolina@aol.com.
Página ilustrada com obras da artista Remedios Varo (Espanha/México). |
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