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revista
de cultura # 44 |
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Duchamp Concentrado Juan Calzadilla
•
De Marcel Duchamp sólo se conocía hasta hace poco lo que comentaban críticos
y entendidos y lo que difundían los manuales de arte. Para muchos de
nuestros contemporáneos no pasaba de ser un apóstata genial del cubismo
que había renunciado a la pintura para dedicarse al ajedrez. Su actividad
de escritor era casi desconocida. Aparte de aquellos que lo consideraban
un teórico a ultranza de las posiciones de ruptura o un abanderado del
arte conceptual, habiendo sido él mismo un artista conceptual, eran pocos
los que, sintiéndose solidarios de su experiencia, se aventuraban en el
terreno de los hechos a una valoración en la que no estuvieran en juego
prejuicios de la época. Se le conocía mejor por sus obras cubistas
anteriores a su decisión, tomada en 1923, de no pintar más. Si bien
tales obras, juzgadas importantes pero exiguas en número, decían poco en
comparación con todo el pensamiento crítico que en torno a ellas generó
este lúcido apostador que fue Duchamp (y toda apuesta tiene por mesa al
azar). La actividad pensante le puso a resguardo de todo conformismo y le
mantuvo en una posición apartada que, lejos de prestarse para que
invadiera el espacio público, sirvió para preservar su imagen en un ámbito
de misterio y silencio que, paradojicamente, contribuyó en parte a
consagrarlo como uno de los mitos del arte contempóraneo. •
Cubista -con algo de previsión futurista- en sus primeros tiempos,
Duchamp juzgó hacia 19l3 que debía renunciar pronto a todo intento de
formular su obra dentro de patrones estilísticos o de sistemas de
producción orientados a la repetición de la experiencia y la consagración
del gusto establecido por el éxito de las mismas corrientes de
vanguardia. Pensaba que el oficio de pintor redunda en una acción automática
desprovista de conciencia crítica, contra la cual había que luchar.
Ataca el fundamento retiniano que subyace a toda la pintura en aras de la
actividad mental como eje de la formación de un pensamiento enteramente
librado de la idea de continuidad y tradición. Reniega de sus
antecedentes cezannianos y, por sobre ellos, pone en primer lugar las
influencias literarias que actuaron sobre él. •
En procura de vías inéditas para el arte, toma partido por la innovación
a toda costa y de un golpe descubre (19l3) el principio del arte cinético
al poner a girar sobre un taburete una rueda de bicicleta (Por simple que
parezca, este hecho tuvo enorme repercusión para el arte). La reflexión,
a menudo sin ser suficientemente explícita del objeto, va ganando terreno
en su obra y se torna independiente al punto de que ella se realimentará
incesantemente de sí misma para dar origen a propuestas en cuya base está
siempre el razonamiento teórico o el pensamiento poético. Desde
entonces, su experiencia visual y gráfica emerge simultáneamente con la
necesidad de expresar las ideas que acompañan a esa experiencia o en las
cuales se funda. Todo esto dará a Duchamp un papel de teórico cuya
relevancia, en principio entrevista y seguida atentamente por la crítica,
va en aumento, despertando el interés de nuevas y nuevas generaciones.
Precursor y adelantado o animador de varios movimientos en los que su acción
o sus ideas estaban involucradas, incluso militantemente, Duchamp
permanece sin embargo renuente aa cualquier intento de encasillamiento que
lo pudiera inscribir de otra manera que no fuera iconoclastamente en
corrientes y modas. Cubistas y futuristas se lo disputan y lo reinvidican
Los surrealistas y heredederos del Dadaísmo, lo elevan a figura capitular
y, de hecho, encuentran en sus escritos, más que en su obra plástica,
elementos afines al espíritu subversivo de su época. Cinéticos y
neo-retinianos encuentran para él un lugar especial en las ramas de su árbol
genealógico. Los experimentalistas de nuevo cuño, sin contar las huestes
de conceptualistas, le citan a cada momento y legitiman sus propuestas
invocando a tan profundo ancestro. •
Al final de todo esto hay que decir que Duchamp no se esforzó en hacer
ninguna previsión acerca de su futuro y ni siquiera tomó demasiado en
serio la gravedad con que la crítica comenzó a ocuparse de su obra a
partir de 1934, tras la publicación de su primeras reflexiones y luego de
su celebrada intervención en la primera internacional surrealista (1936).
La mayoría de sus textos, pergeñados informalmente en toda suerte de
papeles sueltos, recortes, programas o catálogos impresos, fueron
reunidos y entregados a las prensas por sus amigos y biógrafos quienes,
en algunos casos, debieron ocuparse también de su transcripción y
reordenación. Revisada postumamente y aumentada con nuevos manuscritos
localizados, esta obra escrita, reivindicada y sucesivamente reeditada,
continúa despertando el interés del mundo artístico. •
En este ensayo, con miras a una aproximación a su obra, tratamos dar una
idea muy sumaria y, por lo mismo parcial, del pensamiento de Duchamp,
tomando como base una selección de textos de naturaleza aforística, poética
y reflexiva, extractada de sus principales escritos, y transcripta de
manera completa en el caso de los poemas atribuídos a su seudónimo Rrose
Sélavy, o fragmentariamente en los casos en que los textos tratan sobre
la experiencia artística. Nuestro ensayo introductorio se atiene en lo
fundamental a seguir la marcha de las ideas plásticas de Duchamp a través
del comentario de las principales propuestas de su obra, sin que dejemos
de lado una alusión a su actividad como poeta, en la cual se pone de
manifiesto la significación que su nombre tuvo y sigue teniendo para el
movimiento surrealista. •• •
Introducción. ••
El principio de economía visual en que se sustenta la obra de Marcel
Duchamp no parece ser la mejor credencial que una época dominada por el síndrome
de la productividad puede extender a alguien que sólo se ocupó en vida,
abierta y secretamente, de minar las bases de la modernidad en la cual él
mismo se había formado. La modernidad creó el mito de los movimientos
que, sucesivamente, como en una carrera de postas, se pasan de mano en
mano el pendón de la vanguardia, pero con ello fomentó el advenimiento
de un vicio peor que el del academicismo contra el cual se armó todo el
espíritu de revuelta: ese vicio era para Duchamp el gusto artístico,
bajo cuyas fórmulas repetitivas vuelve a materializarse la complicidad de
la sociedad y el artista, en el punto en que se luchaba para suprimirla. A
través de su gusto, el artista se dedica a complacer a la sociedad y con
ello renuncia a lo que le es esencial para mantener su capacidad de decisión:
la libertad de acción: "Hay dos clases de artista -dice Duchamp-:
los pintores profesionales que, al trabajar para la sociedad no pueden
evitar integrarse a ella, y los otros, los francotiradores, libres de
obligaciones y, por tanto, de trabas". ¿Qué es lo que permite esta
última posición, la del francotirador, elegida por Duchamp? Poder evitar
que la repetición de la experiencia alcance la aprobación de la sociedad
como para convertirla en gusto artístico de cualquier naturaleza: Bueno o
malo, no importa, la calidad apenas cuenta, lo que importa es el gusto. La
ley del gusto está así pues en oposición a la libertad del artista para
tomar la decisión de interrumpir cuando le venga en gana la producción
de su obra y permitir así que lo creado sea único y irrepetible y se
convierta en una cosa en sí. Si la experiencia se repite (digamos que
varias veces) pasa a ser gusto artístico (concibo el arte como un medio
de expresión, no como un fin en sí mismo).
•
Si el arte no es necesariamente visual entonces vale la pena que uno pueda
preguntarse: ¿Es qué pueden hacerse obras que no sean "de
arte"? Pues al trasladar la esfera de la realización al mundo
exterior susceptible de ser experimentado como arte, todo lo que importa
es que el artista decida, él mismo, lo que es arte. Pero con esto
entramos en otro punto. • • Las técnicas del Ready-made. A menudo se piensa que la originalidad de Duchamp se centra en la invención del Ready-made, cuando en verdad éste constituye sólo un aspecto de su obra. El ready-made (objeto encontrado, si se quiere emplear la acepción española más popularizada del término) objetiva la intención que obsedía a Dichamp de crear algo en lo cual no intervinieran las manos, es decir, un objeto antípoda del gusto artístico; intención expresada en la época en que consideró que su experiencia cubista, tras "infructuosos intentos", estaba agotada. En 19l3 tuve la feliz idea de fijar una rueda de bicicleta sobre un taburete y mirar cómo giraba. Feliz idea porque suponía por un lado la invención del objeto encontrado y, por otro, la intuición temprana del arte en movimiento que tendría más tarde, con los rotorrelieves y la máquina óptica, un papel fundamental para establecer los orígenes del Cinetismo. Pero no hay que llamarse a engaño: el Ready-made no tiene por fin abrirle caminos al arte, sino más bien cerrárselos, incluso cerrárselos al Ready-made mismo. Disímiles entre sí, no hay posibilidad de establecer una evolución formal entre todos los Ready-made; con frecuencia chocantes y contradictorios, obedecen a una elección caprichosa o, en todo caso, absurda, aunque legitimida por la intención de originalidad. Los Ready-made no repiten nada anterior. Tan pronto se amparan en el escándalo, tal el famoso orinal
que con el seudónimo R. Mutt presentó Duchamp en 19l7 en la exposición
Armory Show, en Nueva York, como se cargan de sentido humorístico, como
en el caso del Hierro de planchar con piso de clavos; o sencillamente
absurda, como en el caso del vulgar peine restituído a una nueva función
(¿cuál otra función que no sea ninguna?) merced a llevar en su canto la
inscripción surrealista: Tres o cuatro gotas de altura nada tienen que
ver con el salvajismo. Respecto a este objeto, Duchamp agregó años más
tarde: El peine no es particularmente feo ni bello, nada en él es estético…
ni siquiera lo han robado en 48 años! •
En vista del éxito creciente de sus métodos, dispuesto a no hacer
concesiones al gusto, como la que suponía producir obras en serie,
Duchamp enfatizó que el Ready-made no está dictado por el deleite estético:
La elección que implica hacer un objeto encontrado se basa en una reacción
de indiferencia visual, adecuada simultaneamente a una ausencia total de
buen o de mal gusto: se subraya con ello la intención de transportar al
espectador a un esfera distinta a la del objeto. Duchamp estampaba, a modo
de títulos, inscripciones que nada tienen que ver con la decripción del
Ready-made, aunque sí con la literatura, a un nivel poético. Son a
menudo frases que, por la dislocación de sentido que se produce entre
ellas y el objeto, constituyen un anticipo de los métodos asociativos del
Surrealismo. La actitud de Duchamp era ya bien dadaísta antes de que el
Dadá se prununciara en Zurich, en 19l6. Por esto, cuando el Dadaísmo se
estableció en París, en 1919, Duchamp ya instalado por su parte en
Norteamérica, es invitado a participar en el movimiento, y crea para éste
su famoso Ready-made de la Mona Lisa con mostachos: Esta Gioconda con
bigotes y perilla -refirió el artista- es una combinación de Rady-made y
dadaísmo iconoclasta (Redundancia: pues el dadaísmo ya era en sí mismo
iconoclasta). •
Duchamp no se limitó a la elección de un objeto de cualquier naturaleza,
puesto que el nuevo sentido que éste adquiere por la elección misma no
está dado por lo que el objeto es, sino por la forma en que es asociado a
un concepto, a una intención trasformadora. Entonces ¿qué importa
modificarlo o combinarlo? De este modo surgieron los Ready mades ayudados
(Ready-made aided) como el titulado Con rumbo secreto, y el cual consiste
en un ovillo de cordel apresado entre dos plachas de cobre mediante cuatro
largos tornillos esquineros. •
Uno de sus más
exitosos objetos fue el que títuló en 1923. ¿Why
do not sneeze, Rrose Sélavy? Se
trataba de una jaula para pájaros, pero llena en este caso por cubos de mármol
que imitaban exteriormente terrones de azúcar. La impresión real que
recibe el espectador al levantar la jaula no concuerda con su idea previa
del peso, pues piensa que, por imaginar que son terrones de azucar, la
jaula debería pesar menos. El termómetro de la jaula -dijo Duchamp- era
para medir la temperatura del mármol. He allí una manipulación
conceptual atipicamente surrealista. Estetrompe l'oeil (trampaojos) que
muestra la desproporción entre lo real y la creencia pasó desde entonces
a los trajinados recetarios de mucho arte conceptual de las décadas 50 y
70. Su origen está sin embargo en Duchamp. •
Lo que se trata de decir con el Ready-made es que el artista está en
libertad de decidir que lo que elige como forma de arte es arte por el
hecho de que es el artista el que decide. Pero el elegir supone que la
cantidad de opciones es infinita si consideramos, según Duchamp, que no
hay obra que no sea de arte (¿Es que pueden hacerse obras que no sean
"de arte"?) He allí su apuesta fundamental. Duchamp no tarda en
comprender el peligro que, en aras del gusto y la productividad, implica
producir Ready-mades, y por ello decide cortar con esta experiencia,
limitando su obra a este respecto a múltiples de los ya hechos.
•
Desdén, indiferencia, ironía, convencimiento de la limitada capacidad
del artista moderno para hacer uso de la libertad, Duchamp extiende sobre
el arte la más mortífera de sus trampas: el Ready-made total, que le
facilita, por un acto de azar, apropiarse mentalmente de todo el universo
de la pintura que se quiere dinamitar: Del mismo modo que los tubos de
pintura empleados por el artista son productos manufacturados y ya hechos,
debemos concluir que todas las telas del mundo son ready-made ayudados. •
•
Desnudo descendiendo una escalera. Como casi todos los innovadores de
comienzos de siglo, Duchamp experimentó la influencia del Cubismo, pero
le atrajo de éste sólo su "línea intelectual", es decir, los
conceptos revolucionarios de esta tendencia Quise vivir el presente, y el
presente de entonces era el Cubismo, o al menos la infancia del
Cubismo" -confesó en una célebre entrevista que le hiciera James
Johnson Swenney. Yo quería encontrar -escribió después- un camino
propio y no limitarme a ser intérprete de una teoría" Esa búsqueda
propia comenzó por su deseo de ir más allá del Cubismo: empezó con la
descomposición y facetamiento en partes fijas del movimiento de los
cuerpos, tal como pudo comprobarlo en su polémico Desnudo descendiendo
una escalera, con el cual estaba creando una de las formulas del futurismo
pictórico. Pintada en 19l2, se trata de una de las obras destinadas a
revolucionar la pintura, especialmente en Norteamérica, destino final de
casi toda la obra y la fama del artista francés. Ya el tema mismo es una
provocación literaria que invoca la insolencia con que nos hiere ese
objeto con aspecto de máquina en el cual la apariencia humana ha sido
desmontada y alevosamente diseccionada. •
En el Desnudo los distintos momentos de la composición representan la
vivisección mecánica del movimiento de la figura humana para desglosarla
y reunificarla tal como si se tratara más bien de una máquina. Es en
este sentido que la obra de Duchamp fue asociada al Futurismo, movimiento
en ciernes para el momento en que, sin haberse enterado de él, Duchamp
produjo una serie de de desnudos, entre 1911 y 1912, que responden al
mismo procedimiento. El Desnudo descendiendo una escalera -dijo- fue la
convergencia en mi mente de diversos intereses, entre el cine, aun en pañales,
y la separación de las posiciones estáticas en las cromofotografías de
Marey en Francia y de Eakins y Muybridge en los Estados Unidos. •
•
El desnudo no era muy ortodoxo a la vista de sus amigos cubistas que, poco
interesados en el planteamiento, trataron de convencer a Duchamp de que le
cambiara el título antes de exhibirlo en el Salón de Los Independientes,
en París. Duchamp rehuso hacerlo y retiró el cuadro de la exposición.
En octubre de 19l2 lo remitió al Salón de la sección de Oro, también
en París, donde pasó desapercibido. Esta obra sin éxito en Francia,
cuna del arte moderno, iba tener proyección incalculable en los Estados
Unidos, y de pasó cambió la fortuna de Duchamp, quien si se hubiera
quedado en Francia. •
Tal vez hubiera
estado destinado a ser una figura de segunda importancia del Cubismo.
Empero, aconsejado por dos pintores norteamericanos, decidió entonces
enviar cuatro de sus telas cubistas a la Exposición Armory Show, en Nueva
York, al año siguiente. Durante una o dos semanas el Desnudo provocó aquí
un escándolo parecido al que habían armado con su primera exposición en
París los cubistas. Un osado periodista, como ganado por la intención
provocativa de Duchamp, bautizó el cuadro con el título de "Explosión
en un depósito de tejas", connotación despectiva que fue del total
agrado del autor, pues si el título de la obra era importante, no lo era
tanto por lo que el artista pensaba acerca del tema como por su reto a la
imaginación del espectador. •
Lo que guiaba todos los actos de Duchamp no era la adhesión a un
principio o regla, sino todo lo contrario: presentar como regla la opción
de cambio y la dinámica interna, en términos absolutos, de la obra de
arte. La idea de no repetirse está en la base de la transformación que
plantea. El Cubismo de Duchamp no representó, por consiguiente, sino la
plataforma para una explosión, no de tejas en este caso, sino de
conceptos. Sus amigos, entre tanto, se acogían a fórmulas exitosas y las
repetían hasta la saciedad. •
Duchamp tenía demasiados amigos entre los cubistas para pensar acerca de
éstos lo que ya pensaba del Futurismo: eran proyecciones automatizadas
del Impresionismo. Olían demasiado a trementina. En parte debido a estas
creencias, en parte atraído por su repentino éxito se marchó a Nueva
York. Sólo volvió a Francia para contribuir a la instalación del
Surrrealismo en París, en 1919. •
•
La potencia del azar en el aparato celibatario. Le marie mise á nue par
ses celibataires, même, es el título que Duchamp dio a esa obra (¿maestra?)
en la que invirtió ocho años seguidos de investigación, entre 19l5 y
1923, mientras vivía en Nueva York. Título indescifrable que Carlotta
Hesse tradujo para la publicación de los escritos de Duchamp en una edición
de Gustavo Gili, en Barcelona, como La novia desnudada por sus solteros,
mismamente. El Gran Vidrio, como también, para simplificar, se ha llamado
a esta obra, quedó inconcluso, lo que sólo quiere decir que toda obra,
incluído el hombre, queda sin terminar. Lo inconcluso consiste en el
punto en el cual se detiene el proceso de darle término. Duchamp puso en
esta obra una atención obsesiva que sobrepasó lo meramente procesual
para retar facultades teóricas inusuales, y así, como parte de la
preparación del Gran Vidrio, efectuó gran número de esbozos y diseños
y redactó una suma impresionante de apuntes, notas y silogismos con tal
propósito. Por primera vez la reflexión sobre una obra de arte se hace
tan o más importante que la realización de ella, al punto de que lo que
se documenta sobre la obra es también parte de ella. ¿Quién sirve a quién?
Obra imposible, el Gran Vidrio mide 270 x l71 cms. Como se ve, unas
dimensiones ínfimas en comparación con el esfuerzo y el tiempo invertido
en realizarla, y también con su fama. Lo que significa que ni siquiera
tiene un formato mural (y encima quedó en ella la huella de una
quebradura ocasionada cuando la obra fue transportada al Museo de
Filadelfia). •
Podría verse en esta obra (y es curioso que Breton no lo haya advertido
al redactar un famoso estudio sobre el Gran Vidrio) una paráfrasis o
anamorfosis de la Odisea de Homero. La travesía de Ulises es el tema homérico
cuyo final presentido y anunciado a cada momento se centra en la promesa
de un feliz retorno a Itaca, es decir, al hogar. La novia de Duchamp es
una Penélope tan casta como la de la historia. Pero el trayecto por las
sutiles peripecias de la aventura mental establece en la obra del artista
francés reglas de juego según las cuales a lo que se llega, finalmente,
es a los procesos de llegar. Duchamp inicia el regreso pero las
circunstancias que lo vinculan a las operaciones del pensamiento le hacen
sucumbir a las redes mismas de la operación de pensar. El tiene que
renunciar; el renunciar está implícito en su apuesta. Apuesta de juego,
que, en suma, es el arte, así sea el arte de desbancar a la ruleta de
Montecarlo. Tal como lo previó, los procesos de el Gran Vidrio son
intelectuales por oposición a un arte meramente manual, retinal y
consagrado por el gusto, que Duchamp cuestionaba. El Gran Vidrio puede ser
comparado con un engranaje ciego; es algo así como unos tiempos modernos
metidos en una vitrina y listos para su examen. Los contrayentes y la
novia, como tales, no existen para nada a menos que los descubramos bajo
las formas híbridas de unos peones, un rey y una reina de ajedrez, un
simulacro de cafetera, un molinillo de chocalate: formas ordenadas en el
espacio según la perspectiva geométrica. O sea, el tema son imágenes de
las obras cubistas anteriores de Duchamp.
•
El origen del Gran Vidrio se remonta a un recuerdo de la juventud de
Duchamp, contado por él mismo: Un día vi en un escaparate un molinillo
de chocolate en acción y este espectáculo me fascinó tanto que cogí
esa máquína como un punto de partida. Lo que me interesaba no era tanto
el aspecto mecánico del aparato, como el estudio de una nueva técnica.
Obra audaz, con el Molinillo de Chocolate Duchamp no perseguía una
expresión de originalidad, sino una innovación de orden técnico. •
•
Duchamp no escribió manifiestos ni fungió de lider de un movimiento, no
dejó escuelas ni seguidores, todo lo cual contradecía su filosofía.
Quiso permanecer solo, pues sabía ya que su actitud no se podía
compartir y, ni siquiera, seguir. El Molinillo es un antecedente del
Cinetismo, como lo es, además, el Ready-made con la rueda de bicicleta,
pero es también la obra con la cual Duchamp se aparta radicalmente del
Cubismo, en 19l3, para abrir el camino de un arte antípoda a su momento.
Y si bien es cierto que el Gran Vidrio constituye plasticamente hablando
una recreación de las obras cubistas anteriores a ese año, en el fondo
podemos interpretar esta recreación como un cuestionamiento al Cubismo
mismo y a los procedimientos tradicionales que venían sirviendo a los
fines del Cubismo, cuestionamiento fundado en la literatura y en su poder
de asociación poética que concede a la maquina, tomada como metáfora
humana, el rol protagónico de los nuevos tiempos. Sólo que la maquina de
Duchamp tiene que ver más con la invención patafísica del doctor
Faustroll, de Alfred Jarry, que con el optimismo defraudante de futuristas
y constructivistas. Un rol que adjudica a la máquina la potencia del
absurdo. •
•
Marcel Duchamp y el surrealismo. Marcel Duchamp ha sido visto por la
posteridad como el primer artista conceptual en hacer aparición y también
como el fundador de una estética basada en el juego de ideas para las
cualesas imágenes visuales ya no son lo esencial. Esta función relevante
ha sido escamoteada, sin embargo, al rol subversivo que los surrealistas,
y especialmente André Breton, revindicaron en él con un ardor que
contrasta con la actitud distanciada, fría y escéptica que Duchamp
mantuvo frente a cualquier movimiento artístico que se dijera consecuente
consigo mismo. Fue surrealista a su modo, es decir, del único modo que
resultaba compatible con su actitud antigregaria y con los dogmas que a
fuerza de expulsiones y anatemas mantuvieron la cerrada unidad de acción
de un grupo entendido casi como una secta literaria. Duchamp fue entre los
miembros de la primera vanguardia surrealista uno de los pocos que no fue
objeto de excomunión, y el único cuyo espíritu era ya de por sí tan apóstata
de todo que no podía menos que encarnar, a los ojos de Breton, al
surrealismo mismo. Nombrado "Generador-arbitro" de la Primera
Exposición Internacional del Surrealismo, organizada en París por el
grupo, Duchamp demostró una vez más la originalidad de sus ideas: colgó
del techo de la sala 1200 sacos de carbón vegetal. Por simple que
parezca, esta intervención de 1936 tuvo enorme consecuencias para el arte
conceptual, tanto como parecía poco en aquel momento lo que aportaba un
surrealismo pictórico enfrascado en las clásicas imágenes del mecanismo
simbólico de los sueños pintados. La década del 6O, con sus pisos de
alquitrán, sus salas sin cuadros y sus exposiciones de marcos, no hacen más
que seguir accionando el disparador montado por Duchamp para probar así
el poder emergente de sus ideas. Las instalaciones, en las que tanto cifra
su prestigio gran parte de la vanguardia de hoy, no se explican
conceptualmente sin remitirlas a aquel ilustre antecedente que Marcel
Duchamp volvió a retomar cuando, en la exposición Primeros papeles del
Surrealismo, organizada por Breton, esta vez en Nueva York, tejió en la
sala una red de dos kilómetros de cordel. • Con todo, cabe preguntarse si no fue su formación literaria lo que dio a Duchamp considerable ventaja sobre los artistas de su tiempo, Sus lecturas, sus ídolos, sus primeros Influencias recibidas, casi las mismas que inspiran simultaneamente a los surrealistas, son determinates en su posición ante la vida y el arte y marcan el curso de una actividad que no puede entenderse, a despecho de las interpretación formalistas y equívocas que hoy se dan a sus propuestas, fuera del espíritu surrealista. En el fondo, Duchamp, que se sentía orgullo de haber tenido más influencias de Raymond Roussel, Apollinaire, Laforgue y Lautréamont que de Monet, Cézanne o los cubistas, fue esecialmente un poeta. Y así lo ha revindicado para la historia su más formidable creación literaria: la intensa y condensada obra de su brillante seúdonimo literario: Rrose Sélavy. |
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Juan Calzadilla (Venezuela, 1931). Poeta, artista plástico e crítico de arte. Autor de livros como Minimales (1993), Voces Y demonios de Armando Reverón (2004), e Aforemas (2004). Uma antologia de sua poesia, A condição urbana, está sendo editada no Brasil este ano. Contato: calzadillajuan@hotmail.com. Página ilustrada com obras de Marcel Duchamp (França). |
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