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revista
de cultura # 44 |
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Carlos Poveda en dos tiempos María Enriqueta Guardia Yglesias & Franklin Fernández
1.
Carlos Poveda: Cuarenta años después…
Su
obra es sintética, de carácter individualista, introspectivo e íntimo,
pero al mismo tiempo universal, ya que trasciende fronteras y hechos. La
personalidad cálida y sincera del artista subyace en su obra. Tiene un
fino sentido del humor que se manifiesta en algunos de sus trabajos. Su
forma pausada de hablar y caminar apenas permite
entrever el volcán creativo que se propaga:… es un artista inquieto,
metódico y tenaz. Nacido en Costa Rica, afincado en Venezuela, y
viviendo actualmente una aventura artística en París, Carlos Poveda es,
sin duda, un ciudadano cosmopolita que ha sabido asimilar los procesos de
transculturación. Con
propuestas innovadoras que buscan encontrar sus propios espacios, este
creador se ha atrevido, a lo largo de su vida artística, a recrear con
una mirada nueva, casi irreverente, los temas que le han interesado. Una
vez más, en sus obras recientes, prevalece una tesis diferente para
abordar lo cotidiano, que incluye tanto los aspectos conceptuales y
formales, como la temática. ¿Moderno
o contemporáneo?, el artista se ubica a sí mismo como un realizador
contemporáneo, porque, a pesar de haber vivido en el último fragmento
del modernismo, su trabajo siempre ha mostrado la espontaneidad de no
obedecer a movimientos, modas
o tendencias específicas y de estar en constante ebullición. En
esa búsqueda, logra crear una obra independiente y sin ataduras Parte
de la contemporaneidad, expresa el autor, “podría también radicar en
el detalle de que yo utilizo cualquier soporte, o materia para los
planteamientos, y más recientemente los 'platos', que por ser 'collage' y
'ready made', acercan mis 'paisajes domésticos' a ésa actualidad”. Poveda
ha vivido las últimas décadas en Caracas y ha sabido posicionarse de una
manera muy personal ante la temática y técnicas tradicionales
costarricenses, renunciando formalmente a la tradición del paisaje y del
bodegón pero, a su vez revalorizándolos con una nueva forma de
interpretar el mundo que lo rodea y, a su vez, elaborando una novedosa
lectura plástica. Un
rasgo que define a Poveda es la libertad. El artista manifiesta que, desde
niño, no soportaba, ni aún soporta, el encierro físico, ni psíquico,
ni intelectual. Muy joven viaja a los Estados Unidos, posteriormente a
Venezuela, donde asimila las nuevas tendencias artísticas, pero las
incorpora de una manera muy propia. Rompe con la tradición costarricense
y se asienta en un nuevo circuito plástico, abierto y global y es en ese
ambiente donde madura como artista. No se preocupa por el problema de
identidad nacional o de asuntos ideológicos, asume un espacio propio que
le pertenece sólo a sus obras artísticas y que es parte de su
inmediatez, encuéntrese en Costa Rica, Venezuela, o París. Sus
creaciones son más universales. Actualmente,
en vez de retornar a sus cauces primigenios, el artista innova, busca
nuevos caminos, transgrede, rompe con la forma y los materiales
tradicionales como lo ha venido haciendo desde hace décadas. Sin embargo,
se mantiene asido a la temática del paisaje, eso sí, ella evoluciona al
ritmo que le impone Poveda. El
artista confiesa que ingresó al mundo del arte de una manera azarosa e
informal y que se le permitió así el acceso al maravilloso universo de
las realizaciones y los sueños. Narra que en los años sesenta, cuando
tenía veinte años, durante la primera exposición que el ‘Grupo
Ocho’ realizaba al aire libre en Las Arcadas, frente al Teatro Nacional,
conversó con Harold Fonseca, uno de los fundadores, y le participó que
él también dibujaba, y éste, de manera generosa, lo invitó a que le
mostrara lo que hacía. Entusiasmado,
les dejó a los integrantes del Grupo 8 su carpeta de dibujos, y éstos le
pidieron que se presentara en la oficina que les servía de sede en Las
Arcadas, porque fue una casualidad que, aquel día, los estaba visitando
José Gómez-Sicre, el Director de la División de Artes Visuales de la
OEA. El crítico de arte se encontraba de paso en Costa Rica y quería
conocerle, porque le interesaron sus dibujos. Felo
García, otro de los miembros de aquel grupo, lo invitó a realizar una
exposición individual de sus dibujos en la Dirección General de Artes y
Letras, institución que en ese momento presidía. Además, nos cuenta
Poveda que aquél grupo le honró al incluirlo en dos de sus más
destacadas exposiciones fuera de Costa Rica, una en el Museo Nacional de
Bogotá, y la otra en la Unión Panamericana, en Washington D. C. Estas
muestras y la inclusión de varios de sus dibujos en la Feria Mundial de
Nueva York, fueron el puente para su proyección internacional. Desde
que se inicia en la aventura plástica, Poveda hace una búsqueda muy
propia de los materiales y reconoce que, por carecer de una enseñanza
formal artística, su técnica fue producto de su iniciativa y, si se
quiere, hasta de su desconocimiento de las técnicas de las artes plásticas.
Lo cierto es que esta circunstancia lo convierte en un creador que
constantemente va tras la búsqueda de nuevas materias primas y las
posibilidades intrínsecas en ellas, considerándose a sí mismo como un
‘investigador de las artes visuales’. En sus últimas creaciones le
asigna un papel protagónico a los materiales, los cuales interviene mínimamente,
resaltando de esa manera sus prístinas cualidades. “La
mayoría de mis dibujos de la primera etapa de las 'figuras humanas' entre
los años 1960
a 1975, los resolví con esmalte comercial por
su gran resistencia y magnífica adherencia al entramado del papel, y
porque éste no sufre con la humedad. Con el mismo esmalte logré texturas
imposibles de lograr por otros medios, y la mayoría de críticos de arte
que reportaron mi trabajo de aquellas décadas siempre destacaban este
detalle del esmalte comercial que yo utilizaba para dibujar” Entonces,
el artista “despuntó en los años setenta con una obra enraizada temáticamente
en el ser y su entorno” “Con este tipo de obras se impuso como un
valor de la plástica joven latinoamericana. Ellas le permitieron obtener
una Mención de Honor en Dibujo en la VIII Bienal de Sao Paulo y el Premio
Nacional de Pintura en Costa Rica.” Su dibujo era de trazo fuerte, con
mucha textura y de una composición cerrada. Poco a poco se libera,
abriendo, no sólo la línea y la composición, sino también la temática.
Después de un período no muy largo, su mirada se posa en el paisaje y, a
partir de entonces, su obra se convierte en un largo peregrinar del cielo
a la tierra. El
hombre, objeto de sus primeras obras y al que muestra, muchas veces, como
un ser crispado y estrujado, se transforma. En obras posteriores logra que
despegue hacia arriba y que pronto se convierta en ícaros que surcan los
cielos en un acto de total libertad, en un vuelo existencial, “quizás
por el intenso recuerdo de una pesadilla infantil que me perseguía, y que
me presentaba a mi padre muriendo en un accidente de avión en la Guerra
Civil de 1948”. Estos seres alados se trasmutan en aves con trazos
libres y ligeros, logrando así el artista la síntesis plena en su
dibujo. Su obra, desde entonces y por varias décadas, no abandona el
paisaje del cielo, ya sean aves o nubes los que recorren el espacio
celeste. Y
con estas obras nace, por fin, el color en la obra de Poveda que, hasta
entonces, había propuesto la relación negro sobre fondo blanco. Las aves
se esfuman así entre las nubes, ahora enseñoreadas en el “azul del
cielo”. Posteriormente,
el artista se replantea el paisaje. Pronto aparecen las montañas,
omnipresentes en su subconsciente: Talamanca, Chirripó, Tepuy o Avileña,
Costa Rica o Venezuela. Da lo mismo, su obra va más allá de las
fronteras, pero ellas son parte de su acervo cultural y del entorno que lo
rodea. Logra mantener un rico diálogo con la naturaleza, tal vez en su
preocupación por rescatar los valores espirituales y, a diferencia de la
mayoría de los exponentes del paisaje, que utilizan una gran riqueza de
color, Poveda lo restringe y logra, más bien, una síntesis de éste. A
continuación, su creatividad se apropia de la esencia y su obra paisajística
se torna minimalista, casi abstracta, pero siempre con una figuración que
niega ocultarse. El blanco siempre latente, desde sus primeros dibujos,
toma el espacio, blanco sobre blanco…, el artista recurre entonces a las
texturas, arenas y relieves. Nos
reafirma el artista que estos paisajes los “resolvía sobre materiales más
resistentes, que iban del cartón a la madera, pasando por láminas metálicas
y de metilmetacrilato (plexiglass). También continué utilizando esmaltes
comerciales, dependiendo de si las obras eran para interiores o
exteriores. Asimismo he utilizado pinturas acrovinílicas como base para
algunos planteamientos, y todos mis trabajos de la serie 'Paisajes
Silentes' están realizados con esmalte blanco mate”. En
un momento dado de su obra creativa, pinta las montañas que, en la lejanía,
muestran su silueta, pero poco a poco se acercan a la retina de Poveda y
se empiezan a destacar masas de verde hasta que su foco apunta al árbol
que, como en el caso de sus figuras humanas o las aves, son solitarios, únicos,
independientes, como si fueran reflejo de su creador. Por
fin le toca a la maleza el turno de ser objeto artístico en la creación
de Poveda. Le llama originalmente ‘Otra Vegetación’ y, dentro de esta
serie, se encuentran los Germinales. En un principio son pinturas con
objetos adheridos en una suerte de collage, en los que introduce
materiales de deshecho no nativos del mundo pictórico, pero de los que se
apropia con una soltura inusitada. Sus paisajes, entonces, se pueblan de
plásticos, hilos y metales. Con
respecto a los materiales usados por él en esa serie y que incluye también
árboles, el artista manifiesta: “Esas
vegetaciones las resolví con elementos corpóreos como fragmentos de
aluminio, hierro y plásticos sobre soportes de madera, y continué trabajándolos
con esmaltes comerciales” Aunque
ya había intentado las obras tridimensionales de nubes y otros elementos
paisajísticos, éstas no logran separarse del férreo soporte de la
pared. Sin embargo, en este período, la maleza germina y los paisajes se
convierten en obras exentas. Por fin el artista se desprende de ese
reducto que lo ata a la pintura. Se suceden entonces árboles y
germinales. La evolución y revolución de su obra paisajística es plena,
ya que ha logrado no sólo transitar en esta temática desde las alturas a
la tierra, sino que trasmuta el soporte plano, siempre apegado a una
pared, por la libertad del espacio tridimensional que lo libera
definitivamente y se inicia su aventura escultórica. Luego
apuesta a un proyecto similar con la naturaleza muerta o bodegón, pero
esta vez, a manera de objetos y es así que su obra subsiguiente está íntimamente
ligada a este acontecimiento y a su afán de búsqueda de investigar con
materiales de índole diferente. Por una parte los aportados por la
naturaleza como semillas y arenas y por otro lado, los deshechos
industriales como símbolo de nuestra cultura. Nos
cuenta Poveda que él comenzó a interesarse en los desechos naturales e
industriales, por sus hermosas, absurdas y aleatorias texturas, para lo
cual se sumergía en depósitos y basureros de fábricas tras la búsqueda
de formas y objetos intrigantes pero factibles de utilización. Su
mirada se vuelve hacia el huerto. Por fin aparece en su obra lo que el
hombre cultiva, lo comestible. “Es más, ya en ése mismo período,
1995, aproximadamente, se me ocurrió inventar un ‘huerto’, y es
cuando comienzo a trabajar esa suerte de ‘arbustillos’.” Este huerto
imaginario, evidencia de cierta forma el origen costarricense del artista.
Obras como ‘Quelite’ y ‘Pejivallera’ así lo reflejan. A su vez,
este tópico no sólo va a ser el vínculo entre lo vegetal y lo
alimenticio, sino también el lazo entre el tema del paisaje y el del
bodegón. “Y he aquí que trabajando aquellas vegetaciones fue que llegué
a los ‘Paisajes Domésticos’”. Ya
está servida la mesa de la culinaria y, de una manera poco ortodoxa, el
artista hace surgir una obra con una rica significación simbólica, el
paisaje doméstico, que denota, de nuevo en su trabajo, la presencia
antropológica, pero que también lo une a la temática del paisaje. Así,
en estas circunstancias, logra acoplar su obra de principio a fin y cerrar
el ciclo vital. El Museo Jacobo Borges de Caracas reconoce la importancia
de esta nueva tendencia en el artista y de esta manera sui géneris de
abordar el tema y, para 1998, realiza una exposición en sus
instalaciones. La
curadora e investigadora Ileana Alvarado expresaba en un simposio, que en
una curaduría en la que participó, se trató de plantear la tesis de que
las temáticas en el arte nunca mueren, ya que éstas pueden ser releídas
y adquirir vigencias diferentes, incluso en oposición a sus referentes
anteriores. Eso es, precisamente, lo que Carlos Poveda ha logrado con el
replanteamiento del bodegón, a lo que el llama ‘paisaje doméstico’. El
artista narra que estaba trabajando una obra de la serie del huerto,
cuando se le ocurrió la idea de los bodegones y que, un día, entró su
esposa Raquel al taller, para enseñarle
una hermosa bandeja negra Alessi que les habían
regalado, lo cual tomó en sentido de broma y le dijo: “prestámela para
hacer una obra de arte”, y de ahí surgió su primer paisaje doméstico…
Para
Poveda, proponer
el paisaje doméstico tiene como base destacar y valorar el detalle artístico
como acto creativo. Si bien sus primeros platos tenían una connotación
figurativa, a medida que ha avanzado, tanto la obra como la composición
se han ido tornando casi abstractas. “Al punto de llegar a pensar, a
manera de síntesis, que lo que he venido proponiendo en
mi culinaria es una abstracción sobre un soporte figurativo” ¿Y si se
plantea al revés?. “Mis
trabajos más recientes son sobre polímeros, polietilenos,
popipropilenos, resinas sintéticas, resinas preaceleradas, bakelitas,
etc., que se supone resisten los esmaltes comerciales, sin embargo, yo los
someto previamente a lijado, texturado, aplicación de otras materias, y
hasta el quemado, para lograr que algunos pigmentos (ésos
esmaltes) penetren sus estructuras externas, sin el problema de que se
desprendan”. Su
obra actual es innovadora, entre otras cosas, por la perseverante
experimentación que lleva a cabo el artista con materiales diversos y por
la exploración de las contradicciones de éstos, ya que logra crear una
tensión entre ellos. Pero, aún así, logra fusionar de manera orgánica
la base, que es un objeto “ready made” y los deshechos de carácter
industrial que interactúan entre ellos. Estos 'platos' generalmente
causan un impacto visual en la primera impresión de los espectadores que,
como narra el mismo artista, se convierte en suerte de admiración,
repudio, descubrimiento, ansiedad o risa, y que le despierta la otra incógnita
del qué será esto ?…. De donde sale todo ello ?… Algunos
rasgos le otorgan un carácter unitario a la exposición aquí planteada y
a este conjunto de obras. Por un lado la temática, por otro, la búsqueda
de la esencia junto a la restricción de elementos que es una constante en
su obra y por último la libertad en la utilización de los materiales
diversos y no tradicionales que el artista incorpora a sus trabajos y
logra asimilar como propios de la actividad plástica. A su vez, se puede apuntar que el desarrollo de la obra de este
artista, o sea todo su trabajo desde que comenzó a darse a conocer en los
años sesenta, continuó una secuencia evolutiva
y de investigación, y cada obra que el artista hace, tiene una vinculación
con respecto a la precedente y a la que continúa. Además
de un cambio de temática, el artista experimenta con diversos sustratos
por períodos más o menos regulares. De 1960 hasta 1975 se pueden ubicar
los dibujos sobre papel los cuales tratan la figura humana, los Icaros,
las aves en vuelo y algunas nubes. Le
corresponde al período que va desde1975 a 1985 la utilización de
pinturas sobre telas, cartones, maderas y otros soportes como plásticos.
Los paisajes silentes y los paisajes con vegetación pertenecen a este
grupo. En esta fase también comenzó el autor a trabajar con resinas, plásticos
y metales. De
1985 a 1990 el soporte de sus obras va a sufrir un cambio bastante
radical, ya que empieza a realizar una serie de los relieves escultóricos
que el artista llama ‘esculturas
de pared’. La temática gira en torno a las nubes, los sembradíos y los
zacatales… Por
fin en los años noventa Poveda independiza la obra respecto al soporte y
empieza a realizar lo que él llama ‘esculturas
y objetos volumétricos’
A partir de 1990 a 1995 se suceden los árboles, vegetaciones para un
huerto, y por último los platos. Su
trabajo, a través del tiempo, se caracteriza por una factura impecable y
por la certera combinación de materias primas, ya que Poveda tiene una
sensibilidad especial hacia los atributos y características del material Al
plantearse esta exposición, el artista insistió en que era esencial que
el público pudiera sentir que lo importante de su labor como artista no
es solamente la parte anecdótica de los temas, sino que, además, la
parte mágica de la investigación y el atrevimiento que subyace en ella a
través de sus propuestas. Con
una fuerza y una delicadeza inusitada, Poveda logra evidenciar, una vez más,
la temática tantas veces explotada a través de los siglos, en su
propuesta tridimensional del bodegón. La síntesis suprema alcanzada en
los aspectos formales, conceptuales y en el color de algunos de sus
paisajes, que inclusive llegó a crear en un blanco impecable, nuevamente
se amalgaman en el ‘Plato 88’, como lo ha hecho a través de toda su
creación artística. La
obra de Carlos Poveda de principios del nuevo siglo no solamente no ha
perdido terreno frente a los recientes lenguajes plásticos, sino que se
ha revitalizado y continúa en un constante proceso de trasformación. Entre
agosto y diciembre del 2004, el Museo de Arte Costarricense realizó una
magna exposición en la que le brindó un merecido reconocimiento a Carlos
Poveda. Fue la oportunidad no sólo de reencontrarse con su patria, sino
con su pasado y con su obra. Esta retrospectiva nos permitió recorrer en
una secuencia evolutiva más de cuatro décadas de sus trabajos y palpar
el proceso de búsqueda y renovación constante a la que se somete el
artista. Su aventura creativa parece, sobretodo, invitarnos a explorar el
futuro… 2.
Carlos Poveda: “La
autenticidad es para mí lo más importante en el arte” (entrevista)
FF
- Usted ha llegado a una etapa trascendental de su carrera, viene
de realizar una gran exposición en el Museo de Arte Costarricense
(Imaginario irreverente), además de recién otorgársele el premio
nacional de escultura en su Costa Rica natal. ¿Piensa que su obra a lo
largo de su trayectoria ha sido lo suficientemente valorada? ¿Qué opina
sobre eso? CP
- La verdad es que no me quejo de la aceptación o del rechazo que haya
podido tener mi trabajo a través de mi trayectoria. El arte, como todo en
la vida, es un riesgo que se corre, y la admiración o la indiferencia
hacia las cosas varían de un ser humano al otro, de un sitio al otro, y
de una cultura a la otra. Es cierto que algunas de las valoraciones
positivas devinieron reconocimientos, como el de la Mención Honorífica
para Dibujo de la 8ª Bienal de Arte de Sao Paulo en 1965, recién
comenzando mi carrera, y ése mismo año el Premio Nacional de Artes Plásticas
en Costa Rica, mención Dibujo, dada mi extensa participación en
exposiciones personales y colectivas fuera de mi país de origen en
aquella época. Y
ahora éste nuevo Premio Nacional de Escultura, que me fue concedido para
distinguir mi producción objetual actual. Es una distinción que he
aceptado con complacencia, toda vez que el jurado que me lo otorgó captó
la experiencia que me ha llevado del dibujo a lo volumétrico. De
todas maneras los hacedores, y creo que esto lo sabes muy bien porque tú
eres uno de ellos, dependiendo del tipo de trabajo que realizamos, tenemos
en algunos circuitos expositivos más o menos aceptación que en otros. FF
- Desde hace algunos años he visto el crecimiento de su trabajo, su
evolución plástica. Pasa por el dibujo, roza el paisaje y los objetos.
Su obra ha pasado por diferentes etapas, moviéndose por diferentes temas
y estilos. ¿Puede explicarnos eso?… CP
- Comencé mi carrera en arte exponiendo dibujos
en blanco y negro, que lograba realizar con esmalte comercial y la parte
posterior de un pincel, sobre papel y otros soportes afines, a principios
de la década del sesenta. Realizaba lo único que sabía hacer en aquel
entonces, que era dibujar unos 'personajes' salidos de mi imaginación, y
que comencé a exponerlos en galerías y museos del continente americano,
porque, precisamente, algunas personas e instituciones los valoraban. Estuve
por espacio de quince años exponiendo aquellas figuraciones hasta que, a
mediados de la década del setenta, viviendo en Venezuela, país al que
había seleccionado para seguir trabajando, decidí avanzar sobre lo que
ya había recorrido. Y con una serie de dibujos que denominé 'Icaros',
que evidenciaban mi angustia de aquel momento, porque estaba dejando atrás
a los personajes con los cuales se me reconocía en el continente
americano, tuve acceso a otras posibilidades expresivas y temáticas. Esos
alados ‘Icaros y Dédalos’ cayendo en el vacío me acercaron a otra
nueva idea, la de unas ‘Aves en vuelo' que solucioné como simples líneas
y frotados texturales sobre la superficie del papel. De
ésa manera dejé atrás las figuras otrora denominadas por Marta Traba
‘humunculus’, y me apasioné con algo mucho más simple y elemental,
como unos trazos que luego convertí en ‘Nubes’, y que
dieron cuenta de mi gran interés por la abstracción de los grafismos,
pero, ésa vez sobre soportes más firmes, como cartones, planchas de
madera y plexiglass. De ésa manera mi trabajo desembocó en el ‘paisaje’!
que propuse, en un principio, idealizado en blancos sobre blancos, con
relieves y abultamientos producto del collage y del ensamblaje. Comencé a
investigar con pegamentos epóxicos, resinas, arenas, mecates, alambres,
cartonajes, etc. Sin
embargo fue tal la síntesis que logré en aquellos ‘paisajes’, que un
día me cuestioné nuevamente la relación de las sensaciones que emitían,
en comparación con mis dibujos del pasado, que habían sido mucho más
fuertes porque emitían emociones, mientras que mis paisajes, ‘a
capella’, de montañas y cordilleras insinuadas, eran líricos y
reposados. Dos comunicaciones radicalmente diferentes entre sí. Entonces,
a finales de los años 80s y principios de los 90s, sentí la necesidad de
plantearme ‘vegetaciones’ dentro de ésos reposados paisajes: ‘árboles’,
‘arboledas’, ‘germinales’, y hasta un ‘huerto’. Comencé
entonces a salirme de los soportes de pared para mostrar unas obras corpóreas
que a su vez me guiaron, inevitablemente, hacia el tema de los alimentos,
pero ésta vez, a través del ’bodegón’
de la culinaria, que denominé ‘Paisajes domésticos’. Otro universo
de sensaciones, también diferente a los dibujos y a los cuadros. FF
- ¿Su obra está inscrita en una línea conceptual, neo-conceptual?… CP
- Posiblemente conceptual, porque siempre he intentado ir a la síntesis
de las cosas: mis dibujos de ‘figuras humanas’ desembocaron en simples
trazos. Mis cuadros de ‘paisajes’, en sugerentes grafismos, y mis
‘paisajes domésticos’ también parecen ir hacia lo simple y
elemental. FF
- ¿Influencias?… CP
- Las que por ósmosis histórica pero sin conciencia se reflejen en mi
trabajo. FF
- Usted ha indagado insistentemente sobre el tema de la culinaria en el
arte a través de los siglos y con especial énfasis en lo que
consideramos "Bodegón". Es evidentísimo su interés por la
historia de la gastronomía en general, acumulando una cantidad de imágenes
imprescindibles. ¿Cómo se concreta esa búsqueda?… CP
- En el mismo instante en que comencé a trabajar sobre el tema gastronómico,
a través de obras que técnicamente lo que representaban, y aún hoy lo
representan, es una confrontación abstracta sobre un soporte figurativo,
de elementos azarosos sobre platos ‘ready-made’, me percaté que mi
vida estaba signada por una cierta evolución estética, por un
aprendizaje e investigación cuasi académica. Observa
que te he comentado en primera instancia la ‘figura humana’, luego el
‘paisaje’, pero hasta mediados de la década anterior, nunca se me había
ocurrido trabajar el tema de la ‘naturaleza muerta’. Entonces, aquello
me hizo recapacitar que el destino me había dirigido hacia lo
‘objetual’, y en éste caso hacia el tema gastronómico, y hacia una
de las características de las artes visuales más o menos tratada, según
los siglos, a través de la historia. Debo
agregarte que, en la década de los setenta y ochenta, cuando ejercí como
Profesor en las Escuelas de Artes Visuales Rafael Monasterios de Maracay,
Cristóbal Rojas de Caracas e Instituto Pedagógico, siempre me llamó la
atención que los Pensums de estudio, obligatoriamente indicaban iniciar a
los estudiantes en arte a través de ‘el bodegón’, lo cual,
evidentemente contrastaba con mi propia experiencia personal! toda vez que
yo había iniciado con la ‘figura humana’ que devino ‘paisaje’, y
desembocó en ‘naturaleza muerta’, quizás producto de mi propio
autodidactismo. Al
comenzar a trabajar éstos ‘paisajes domésticos’ también comencé a
estudiar y a recolectar imágenes a través de Internet, de todo lo que
tuviera que ver con arte y gastronomía, principalmente porque quería
cerciorarme de no estar haciendo algo que ya se le hubiera ocurrido a otro
artista antes que a mí, lo cual me ha dado como resultado una base de
datos sobre el amplio tema alimenticio, y como ha sido visto y tratado a
través de la historia. Esta base de datos me va a servir en el futuro
para ilustrar el tema en charlas y coloquios. Y
con respecto a la manera en que yo resuelvo y presento mis ‘naturalezas
muertas’, gracias a D-s no he podido encontrar a la fecha nada similar.
El tema en sí es el mismo que se ha planteado el arte a través de los
tiempos, pero mi concepción es otra allende los mismos. FF
- ¿Cuál es la importancia de lo gastronómico como tema artístico?… CP
- Para mí es sencillamente fundamental. El arte plantea cosas cercanas, o
lejanas de la vida. Y un arte que plantea una cotidianidad tan evidente,
como mis ‘Paisajes domésticos’, proyecta algo de nuestra propia
existencia. FF
- ¿Haces dibujos o bocetos previos antes de realizar una obra, hay una
forma ya preconcebida mentalmente?… CP
- No, jamás he hecho bocetos. Nunca los hice. Trabajo directo con los
elementos que tengo a mano. Así continúo con algo que supongo era bueno
con respecto a mi dibujo inicial, que era un trabajo directo. Los mismos
elementos aleatorios y los diferentes platos que consigo, me sirven para
jugar con ellos, y tantear, experimentar, analizar si ésta pieza de
polietileno va bien o no con éste o con aquel otro soporte. De repente es
la o las piezas que quiero utilizar las que me obligan a buscar
determinado soporte, o por el contrario, puede ser el soporte el que me
pida en exigencia los materiales. FF
- ¿Qué materiales utiliza para sus obras?… CP
- El profundo afecto que siempre he tenido por las texturas, que me viene
del dibujo, descubre mi interés por la incógnita de puntos, signos, líneas,
goteados, manchas, frotados, trazos, abstracciones al fin y al cabo, que
también se encuentran por todas partes: nubes, paredes, accidentes geográficos,
etc., hasta llegar a las incongruencias producto de los accidentes y
desechos de la industria contemporánea de los plásticos, metales y otras
aleaciones. Mi
interés por expresarme sobrepasa el aspecto académico, para descubrir en
lo aleatorio y en lo inverosímil, una interesante posibilidad expresiva y
comunicativa, captadora de la atención visual, a través de lo cual
siento estar colaborando a que la obra se observe, en lugar de solamente
enseñar a que se vea, porque aún arrastro el placer de la pedagogía de
mis años de educador, y me alegra que mis obras sean analizadas más que
sólo percibidas, pues creo que de ésta manera aporto más que distraigo.
Durante
el período de mis ‘paisajes’ ensamblados de finales de los ochenta y
principios de los noventa hice uso de cuanto material podía encontrar,
como desechos de tejidos, de maderas, plásticos y metales, muchos de
ellos encontrados y seleccionados en fábricas. Estos materiales,
sometidos en mi taller a nuevos tratamientos como el quemado, texturado, y
otros agregados, cobran vida en ‘vegetaciones’ y ‘alimentos’ que,
al principio, tenían mayor parecido con algo de la vida real, por la
parte humorística del planteamiento, pero que, a medida que avanzo en la
proposición, me han ido llevando a que no lo tengan, porque sencillamente
me parecen más interesantes, más cuestionadores, más misteriosos, y
porque me da pavor acercarme al ‘pop-art’, característica del arte
que respeto pero que no comparto porque tiene mucho de imitación. Soy
un asiduo visitante de los depósitos de reciclaje industrial, donde
consigo la materia prima para mis obras, y sus dueños son mis cómplices
en la aventura, porque me permiten seleccionar formas y materias de
desecho aleatorias que al re-trabajarlas y disponerlas, en éste caso
sobre soportes como los platos, se convierten en una proposición
culinaria, con otra poética que es la de su lectura ambivalente. Esas
materias también las había utilizado previamente, y se convirtieron en
su momento en nubes, troncos de árboles, follajes, etc.
CP
- Creo que la autenticidad es lo que da valor al arte universal. Los
museos más importantes del mundo muestran y destacan la obra de artistas
auténticos en un proceso de decantación histórica de ésa valoración. La
autenticidad es para mí lo más importante en el arte, es lo que
determina a un artista, y la intuición es una sinceridad que conduce a la
verdad de lo auténtico. Eso siempre ha sido para mí una premisa. Cuando
dibujaba y comenzaba mi trayectoria, me dejé llevar más por mis
emociones y sinceridad que por patrones o indicativos estéticos. No hice
ni expuse jamás dibujos realizados de la manera convencional, porque no
me interesaba en la copia, sino de manera subversiva con la parte de atrás
de un pincel, a través del cual logré texturas imposibles de lograr por
otros medios. Cuando
ingresé al mundo de la ‘pintura’ lo hice de la única manera que sabía
hacerlo, con mi sinceridad de no saber pintar, pero sí de collagista,
adhiriendo cosas a otras, porque, te repito que no tuve acceso a educación
artística alguna, y nunca he sido colorista, me guío por éste instinto
que te comento, y ahora, con mis ‘vegetaciones’ y con mis ‘platos’
me sigo dejando llevar por la misma intuición de antes, que para mí es
el equivalente a la autenticidad de hacer las cosas. Pero
hay algo que no te he comentado, y que tiene que ver con el aspecto técnico
de mi propia investigación. Se trata de que yo trabajé por muchos años
sobre soportes cuadrados y rectangulares, pero jamás se me había
ocurrido trabajar sobre algo tan difícil como un soporte circular u
ovoidal! De manera que eso también me representó otro gran reto. Y el
resultado fue la disposición de elementos sobre ésas formas de soporte. De
tanto andar en el mundo del arte, algo o mucho debe uno absorber del
mismo, somos permeables, entonces, la sinceridad cobra la mayor
importancia: si yo llegara a enterarme que mi trabajo se parece al de otro
artista, como para que alguien pueda pensar que se trata de una imitación,
dejaría lo que estoy haciendo y lo haría de otra manera. Por eso mismo
es que hace unos instantes te comentaba lo del ‘pop-art’, que para mí
es una imitación de la naturaleza, una copia moderna de la misma, que yo
siento como un retroceso histórico. No un reto hacia algo diferente. FF
- Entre sus numerosos platos, comienzo a evidenciar su interés por la
comida tradicional venezolana. Recientemente he visto un par de hallacas y
hasta un sin numero de caraotas o salchichones. ¿Tiene algún plato
realizado con arepas o empanadas?… C.P.-Sí,
uno de mis primeros trabajos tiene un cierto parecido con una arepa sobre
un servilleta!. Pero te respondía que mi norte no es la imitación de
algo conocido o reconocido, es más bien producto de la investigación,
que deviene invención. Para reconocer mis dibujos del pasado, los
nombraba de manera humorística, porque no eran ‘retratos’ de nadie. Si
bien es cierto que algunos de mis cuadros tenían nombres como ‘Avileña’,
‘Tepuy’, ‘Talamanca’, o mis vegetaciones como ‘Merecure’,
‘Dividive’, ‘Caobo’, etc., nunca han sido producto de imitación
de la naturaleza como tal. Y en el caso de mis ‘paisajes domésticos’,
las ‘hallacas’ son producto de mi investigación con las resinas sintéticas,
y si ésas obras se pueden apreciar, en cierto sentido algo realistas, no
fue ésa la intención. El fin no era plantearme la hallaca como tal, sino
saber que emociones podría generar dentro de un contexto de otras obras
irreverentes y abstractas. De todas maneras, éstas obras que comentas
fueron las de mis primeros intentos con el tema culinario. Y en el caso de
las caraotas, bueno, se trata en realidad de unas paraparas, que cumplen
una función afín al lado de un objeto aleatorio, un accidente de
polietileno negro que rememora una rama con frutos como semillas, o algo
así, relación que me pareció interesante al agregarle al plato soporte
muchas más de ésas semillas. Y en el de los salchichones, bueno, ésa
pieza es producto de un desecho tubular de extrusora, totalmente
aleatorio, rojo, de polietileno, que al yo cortarlo en forma de rodajas lo
hacen ver en su disposición sobre una bandeja, como si se tratara de unos
embutidos cárnicos!, pero mejor observado el objeto, descubrirás que es
el mismo planteamiento abstracto sobre el soporte figurativo. Y
cómo todos estos trabajos son evidencia de mi aprendizaje, mis obras más
recientes las he seguido trabajando con menos referencia a lo real, para
descubrir en ellas mayores incógnitas y nuevos placeres visuales. FF
- ¿Cuál es su interés por los árboles, las plantas y las semillas?… CP
- La vegetación en mi trabajo obedece al anhelo por acercarme nuevamente
a lo humano, que había dejado no tan distante desde mis dibujos
iniciales. La vegetación también ha sido el recurso para acercarme a lo
volumétrico, a lo escultórico, a través de los ‘árboles’. Las
semillas a lo que evoluciona, como creo que ha sido mi vida. FF
- ¿Me gustaría saber qué diferencias hay entre sus paisajes y sus
bodegones?… CP
- Más bien creo que están muy vinculados entre sí. Mis ‘bodegones’
provienen de mis ‘paisajes’ en cuanto a que son continuación de la
investigación con materiales, y se pueden diferenciar en que éstas
‘naturalezas estáticas’ son más íntimas y cotidianas que los
‘paisajes’, y en que se ven no sólo con la vista, sino como me dijo
en una ocasión Sofía Imber: con las entrañas! Y eso también es
cotidiano, razón por la cual los catalogo como ‘Paisajes domésticos’.
FF
- Sus almuerzos o cenas son contundentes para la vista ¿También lo serán
para el olfato? Sus platos son "gustativos" para los ojos ¿Y la
boca? ¿También lo serán para los sueños?… CP
- Como jamás he hecho bocetos previos a mis trabajos, incluídos éstos
‘platos’, éstos reúnen un gran factor sorpresa, inclusive para mí
mismo. He ahí la alegría y el placer que me produce realizarlos.
Algunos, como ya te respondía, me hablan de una sensación de sutileza,
mientras que otros, fuertes sensaciones. Pero aún no se me ocurrió un
happening olfativo! En realidad cocinar no es mi especialidad, aunque
admiro profundamente a quienes se destacan en tan sofisticada, cotidiana y
grata labor vivencial. Es gracioso que en algunos círculos de las artes
plásticas se habla de cocina estética, aplicable a la buena o a la mala
factura de las obras. Para mí cada plato que realizo, debería poseer una
carga expresiva diferente a la de otros, que cada uno me resulte un
descubrimiento y un planteamiento diferente, que de hecho no repita
soporte ni materiales en su conformación. Posiblemente porque siempre he
tenido animadversión a lo serial repetitivo. A cambio, me gusta el reto
de lograr cada uno diferente al otro, y definitivamente son gustativos a
la visión, aunque también me gustaría que lo sean para la mente. Que
cada quien y a su manera perciba la emoción que me produjo hacerlo. FF
- La comida es vital para el organismo: nos mantiene vivos. Sin embargo
usted se plantea, directa o indirectamente, el plato servido como desecho
y despojo, como desperdicio humano. Sus platos y bodegones son repulsivos,
producen náusea… CP
- No todos Franklin. Es
cierto que algunos pueden resultar fuertes, ya que son producto de mis
emociones, que varían como mi gusto por la música, unas veces apto para
sutilezas otras para algo más dramático. Como nuestra cotidiana vida,
llena de contrastes, mi trabajo se caracteriza por matices que van de lo
sublime a lo intenso, por la misma razón que los realizo con sinceridad,
tal y como me siento ser. Puede que también algunos se proyecten enigmáticos
porque plantean interrogantes, o paradójicos, porque invitan a comparar
entre cosas concretas y cosas ilusorias, entre lo real y lo ficticio,
entre lo grato y lo chocante, entre lo extraño y lo placentero. Mis
trabajos están cargados de humor y contienen un elevado grado de
provocación, porque comunican sensaciones. FF
- Su obra no es decorativa, mejor dicho: no cae en el kitsch. ¿Cómo
mantiene el equilibrio entre la fealdad y la belleza?… CP
- No tengo un patrón establecido para trabajar, me guío de la manera
instintiva que antes te comentaba. No todo objeto, materia, o elemento
compositivo de mis ‘platos’ funciona perfecto con todos los soportes,
para ello me remito a un análisis de observación que puede variar de
minutos a días y meses inclusive, tratando de sorprenderme a mí mismo.
Voy adquiriendo platos soporte por todo sitio donde transito, y a veces
pasa mucho tiempo antes que consigan los elementos compositivos apropiados
para cada uno de ellos. FF
- La metáfora en su obra es indispensable: nubes de madera, volcanes de
aluminio, platos sintéticos, hallacas de resina, trozos de carne plástica.
Vemos como las cosas se transforman en otras cosas. Contemplamos objetos
que ocultan otros objetos; adquieren vida, se mimetizan en algo más o
distinto, o diferente… CP
- Sí, ésa es una bella palabra: metáfora, me gusta, obras metafóricas,
claro, mis trabajos pueden ser así!… FF
- ¿Su taller es un huerto, un lugar de descanso o estimulo?… CP
- Nada me gustaría más que fuera un huerto con centenares de
vegetaciones, de diverso tamaño, pero sobre todo de plantas, flores y
hortalizas que jamás haya visto!, que las pueda yo inventar. Me haría
feliz un huerto que no se parezca a nada de lo conocido, pero que pudiera
mantenerlo y enriquecerlo de acuerdo a mis propios anhelos. Mi taller no
es de descanso, porque cada vez que estoy en él, por aquí y por allá
hay obras en proceso por todas partes. Algunas esperando comunicarse
conmigo, o yo descubrirlas hasta que me digan: listo, así voy a ser!.
Entonces, mi taller revierte en sitio de estimulación. FF
- ¿Artista
plástico o cocinero?… CP
- Realizador, hacedor de cosas, y profundo admirador de la clave más
importante de la vida que es la alimentación y de quienes nos educaron y
educan las papilas con su cotidiana labor. FF
- ¿Se ha planteado establecer un diálogo entre su obra y la de otro
artista venezolano, francés o costarricense (vivo o muerto)?… CP
- No me lo he planteado, pero quizás con respecto a la ubicación de la
misma dentro de otros contextos podría experimentarse. FF
- Su trayectoria es sólida. Miro hacia atrás y observo a un artista
integral, disciplinado, con aproximaciones y distanciamientos temáticos,
estéticos… CP
- Gracias por tus conceptos, los aprecio en cuanto a tu sensibilidad con
respecto a mi trabajo y al arte, del cual formas parte. Sin embargo, déjame
decirte que a mí me parece que podría exigirme más a mí mismo. Creo
que aún puedo intentar avanzar más sobre lo que he realizado. Que debo
retarme a mí mismo, porque siempre he pensado que la vida no es estática,
y que si D-s nos legó el cerebro es para que lo alimentemos con su
permanente ejercicio. FF
- ¿Cree que existe una estrecha correspondencia entre todas las artes?… CP
- Sin lugar a dudas. Para mí hay obras pictóricas, escultóricas, fotográficas,
cinematográficas, etc., que se perciben poema, otras que te invitan a
meditar como si de literatura se tratara, y otras que se idearon para que
sean tan solo silencio. La contemporaneidad ha traído pareja la
multiplicación de emociones, y en ésta se funden variantes sensoriales. FF
- Espero algún día me invites a cenar… CP - Con gusto te invito a una cena virtual! La que no excluye invitarte a degustar algo real alrededor de la misma!… Voilá! |
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María Enriqueta Guardia Yglesias (Costa Rica, 1947). Crítica de arte e investigadora. Ha sido curadora de varias exposiciones como la del pintor Carlos Poveda, quién ganó el premio nacional de artes plásticas del 2004 por Imaginario Irreverente. Ha publicado Particularte: Hitos del arte costarricense en manos particulares (2002), Max Jiménez [Libro-film] (2003), y Revista al Arte Costarricense del S. XX (2004). Contato: mguardia@cariari.ucr.ac.cr. Franklin Fernandez (Venezuela, 1973). Artista plástico y poeta experimetal. Licenciado en Artes Plàsticas (I.U.E.S.A.P.A.R). Tallerista del C.E.L.A.R.G. (Centro De Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos). Actualmente se dedica a la realización de un sin número de Poemas-objetos y a la investigación sobre el género. Ha publicado Breves (1998), y próximamente Simples (2005). Contacto: brossamadoz@hotmail.com. Página ilustrada com obras de Carlos Poveda (Costa Rica). |
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