revista de cultura # 44
fortaleza, são paulo - março de 2005






 

Carlos Poveda en dos tiempos

María Enriqueta Guardia Yglesias & Franklin Fernández

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1. Carlos Poveda: Cuarenta años después…
María Enriqueta Guardia Yglesias

Carlos PovedaEn una aventura existencial, Carlos Poveda vino al reencuentro de su pasado y a enfrentar su futuro. Ambos se amalgamaron en una exposición que vino a ser la síntesis de una visión totalizadora de su obra en un recorrido que empieza con el ser humano, surca los cielos, el paisaje y aunque no termina todavía, se sitúa actualmente en el paisaje de lo cotidiano, volviendo así a la presencia antropológica.

Su obra es sintética, de carácter individualista, introspectivo e íntimo, pero al mismo tiempo universal, ya que trasciende fronteras y hechos. La personalidad cálida y sincera del artista subyace en su obra. Tiene un fino sentido del humor que se manifiesta en algunos de sus trabajos. Su forma pausada de hablar y caminar apenas permite entrever el volcán creativo que se propaga:… es un artista inquieto, metódico y tenaz. Nacido en Costa Rica, afincado en Venezuela, y viviendo actualmente una aventura artística en París, Carlos Poveda es, sin duda, un ciudadano cosmopolita que ha sabido asimilar los procesos de transculturación.

Con propuestas innovadoras que buscan encontrar sus propios espacios, este creador se ha atrevido, a lo largo de su vida artística, a recrear con una mirada nueva, casi irreverente, los temas que le han interesado. Una vez más, en sus obras recientes, prevalece una tesis diferente para abordar lo cotidiano, que incluye tanto los aspectos conceptuales y formales, como la temática.

¿Moderno o contemporáneo?, el artista se ubica a sí mismo como un realizador contemporáneo, porque, a pesar de haber vivido en el último fragmento del modernismo, su trabajo siempre ha mostrado la espontaneidad de no obedecer a movimientos, modas o tendencias específicas y de estar en constante ebullición. En esa búsqueda, logra crear una obra independiente y sin ataduras Parte de la contemporaneidad, expresa el autor, “podría también radicar en el detalle de que yo utilizo cualquier soporte, o materia para los planteamientos, y más recientemente los 'platos', que por ser 'collage' y 'ready made', acercan mis 'paisajes domésticos' a ésa actualidad”.

Poveda ha vivido las últimas décadas en Caracas y ha sabido posicionarse de una manera muy personal ante la temática y técnicas tradicionales costarricenses, renunciando formalmente a la tradición del paisaje y del bodegón pero, a su vez revalorizándolos con una nueva forma de interpretar el mundo que lo rodea y, a su vez, elaborando una novedosa lectura plástica.

Un rasgo que define a Poveda es la libertad. El artista manifiesta que, desde niño, no soportaba, ni aún soporta, el encierro físico, ni psíquico, ni intelectual. Muy joven viaja a los Estados Unidos, posteriormente a Venezuela, donde asimila las nuevas tendencias artísticas, pero las incorpora de una manera muy propia. Rompe con la tradición costarricense y se asienta en un nuevo circuito plástico, abierto y global y es en ese ambiente donde madura como artista. No se preocupa por el problema de identidad nacional o de asuntos ideológicos, asume un espacio propio que le pertenece sólo a sus obras artísticas y que es parte de su inmediatez, encuéntrese en Costa Rica, Venezuela, o París. Sus creaciones son más universales.

Actualmente, en vez de retornar a sus cauces primigenios, el artista innova, busca nuevos caminos, transgrede, rompe con la forma y los materiales tradicionales como lo ha venido haciendo desde hace décadas. Sin embargo, se mantiene asido a la temática del paisaje, eso sí, ella evoluciona al ritmo que le impone Poveda.

El artista confiesa que ingresó al mundo del arte de una manera azarosa e informal y que se le permitió así el acceso al maravilloso universo de las realizaciones y los sueños. Narra que en los años sesenta, cuando tenía veinte años, durante la primera exposición que el ‘Grupo Ocho’ realizaba al aire libre en Las Arcadas, frente al Teatro Nacional, conversó con Harold Fonseca, uno de los fundadores, y le participó que él también dibujaba, y éste, de manera generosa, lo invitó a que le mostrara lo que hacía.

Entusiasmado, les dejó a los integrantes del Grupo 8 su carpeta de dibujos, y éstos le pidieron que se presentara en la oficina que les servía de sede en Las Arcadas, porque fue una casualidad que, aquel día, los estaba visitando José Gómez-Sicre, el Director de la División de Artes Visuales de la OEA. El crítico de arte se encontraba de paso en Costa Rica y quería conocerle, porque le interesaron sus dibujos.

Felo García, otro de los miembros de aquel grupo, lo invitó a realizar una exposición individual de sus dibujos en la Dirección General de Artes y Letras, institución que en ese momento presidía. Además, nos cuenta Poveda que aquél grupo le honró al incluirlo en dos de sus más destacadas exposiciones fuera de Costa Rica, una en el Museo Nacional de Bogotá, y la otra en la Unión Panamericana, en Washington D. C. Estas muestras y la inclusión de varios de sus dibujos en la Feria Mundial de Nueva York, fueron el puente para su proyección internacional.

Desde que se inicia en la aventura plástica, Poveda hace una búsqueda muy propia de los materiales y reconoce que, por carecer de una enseñanza formal artística, su técnica fue producto de su iniciativa y, si se quiere, hasta de su desconocimiento de las técnicas de las artes plásticas. Lo cierto es que esta circunstancia lo convierte en un creador que constantemente va tras la búsqueda de nuevas materias primas y las posibilidades intrínsecas en ellas, considerándose a sí mismo como un ‘investigador de las artes visuales’. En sus últimas creaciones le asigna un papel protagónico a los materiales, los cuales interviene mínimamente, resaltando de esa manera sus prístinas cualidades.

“La mayoría de mis dibujos de la primera etapa de las 'figuras humanas' entre los años 1960 a 1975, los resolví con esmalte comercial por su gran resistencia y magnífica adherencia al entramado del papel, y porque éste no sufre con la humedad. Con el mismo esmalte logré texturas imposibles de lograr por otros medios, y la mayoría de críticos de arte que reportaron mi trabajo de aquellas décadas siempre destacaban este detalle del esmalte comercial que yo utilizaba para dibujar”

Entonces, el artista “despuntó en los años setenta con una obra enraizada temáticamente en el ser y su entorno” “Con este tipo de obras se impuso como un valor de la plástica joven latinoamericana. Ellas le permitieron obtener una Mención de Honor en Dibujo en la VIII Bienal de Sao Paulo y el Premio Nacional de Pintura en Costa Rica.” Su dibujo era de trazo fuerte, con mucha textura y de una composición cerrada. Poco a poco se libera, abriendo, no sólo la línea y la composición, sino también la temática. Después de un período no muy largo, su mirada se posa en el paisaje y, a partir de entonces, su obra se convierte en un largo peregrinar del cielo a la tierra.

El hombre, objeto de sus primeras obras y al que muestra, muchas veces, como un ser crispado y estrujado, se transforma. En obras posteriores logra que despegue hacia arriba y que pronto se convierta en ícaros que surcan los cielos en un acto de total libertad, en un vuelo existencial, “quizás por el intenso recuerdo de una pesadilla infantil que me perseguía, y que me presentaba a mi padre muriendo en un accidente de avión en la Guerra Civil de 1948”. Estos seres alados se trasmutan en aves con trazos libres y ligeros, logrando así el artista la síntesis plena en su dibujo. Su obra, desde entonces y por varias décadas, no abandona el paisaje del cielo, ya sean aves o nubes los que recorren el espacio celeste.

Y con estas obras nace, por fin, el color en la obra de Poveda que, hasta entonces, había propuesto la relación negro sobre fondo blanco. Las aves se esfuman así entre las nubes, ahora enseñoreadas en el “azul del cielo”.

Posteriormente, el artista se replantea el paisaje. Pronto aparecen las montañas, omnipresentes en su subconsciente: Talamanca, Chirripó, Tepuy o Avileña, Costa Rica o Venezuela. Da lo mismo, su obra va más allá de las fronteras, pero ellas son parte de su acervo cultural y del entorno que lo rodea. Logra mantener un rico diálogo con la naturaleza, tal vez en su preocupación por rescatar los valores espirituales y, a diferencia de la mayoría de los exponentes del paisaje, que utilizan una gran riqueza de color, Poveda lo restringe y logra, más bien, una síntesis de éste.

A continuación, su creatividad se apropia de la esencia y su obra paisajística se torna minimalista, casi abstracta, pero siempre con una figuración que niega ocultarse. El blanco siempre latente, desde sus primeros dibujos, toma el espacio, blanco sobre blanco…, el artista recurre entonces a las texturas, arenas y relieves.

Nos reafirma el artista que estos paisajes los “resolvía sobre materiales más resistentes, que iban del cartón a la madera, pasando por láminas metálicas y de metilmetacrilato (plexiglass). También continué utilizando esmaltes comerciales, dependiendo de si las obras eran para interiores o exteriores. Asimismo he utilizado pinturas acrovinílicas como base para algunos planteamientos, y todos mis trabajos de la serie 'Paisajes Silentes' están realizados con esmalte blanco mate”.

En un momento dado de su obra creativa, pinta las montañas que, en la lejanía, muestran su silueta, pero poco a poco se acercan a la retina de Poveda y se empiezan a destacar masas de verde hasta que su foco apunta al árbol que, como en el caso de sus figuras humanas o las aves, son solitarios, únicos, independientes, como si fueran reflejo de su creador.

Por fin le toca a la maleza el turno de ser objeto artístico en la creación de Poveda. Le llama originalmente ‘Otra Vegetación’ y, dentro de esta serie, se encuentran los Germinales. En un principio son pinturas con objetos adheridos en una suerte de collage, en los que introduce materiales de deshecho no nativos del mundo pictórico, pero de los que se apropia con una soltura inusitada. Sus paisajes, entonces, se pueblan de plásticos, hilos y metales.

Con respecto a los materiales usados por él en esa serie y que incluye también árboles, el artista manifiesta: “Esas vegetaciones las resolví con elementos corpóreos como fragmentos de aluminio, hierro y plásticos sobre soportes de madera, y continué trabajándolos con esmaltes comerciales”

Aunque ya había intentado las obras tridimensionales de nubes y otros elementos paisajísticos, éstas no logran separarse del férreo soporte de la pared. Sin embargo, en este período, la maleza germina y los paisajes se convierten en obras exentas. Por fin el artista se desprende de ese reducto que lo ata a la pintura. Se suceden entonces árboles y germinales. La evolución y revolución de su obra paisajística es plena, ya que ha logrado no sólo transitar en esta temática desde las alturas a la tierra, sino que trasmuta el soporte plano, siempre apegado a una pared, por la libertad del espacio tridimensional que lo libera definitivamente y se inicia su aventura escultórica.

Luego apuesta a un proyecto similar con la naturaleza muerta o bodegón, pero esta vez, a manera de objetos y es así que su obra subsiguiente está íntimamente ligada a este acontecimiento y a su afán de búsqueda de investigar con materiales de índole diferente. Por una parte los aportados por la naturaleza como semillas y arenas y por otro lado, los deshechos industriales como símbolo de nuestra cultura.

Nos cuenta Poveda que él comenzó a interesarse en los desechos naturales e industriales, por sus hermosas, absurdas y aleatorias texturas, para lo cual se sumergía en depósitos y basureros de fábricas tras la búsqueda de formas y objetos intrigantes pero factibles de utilización.

Su mirada se vuelve hacia el huerto. Por fin aparece en su obra lo que el hombre cultiva, lo comestible. “Es más, ya en ése mismo período, 1995, aproximadamente, se me ocurrió inventar un ‘huerto’, y es cuando comienzo a trabajar esa suerte de ‘arbustillos’.” Este huerto imaginario, evidencia de cierta forma el origen costarricense del artista. Obras como ‘Quelite’ y ‘Pejivallera’ así lo reflejan. A su vez, este tópico no sólo va a ser el vínculo entre lo vegetal y lo alimenticio, sino también el lazo entre el tema del paisaje y el del bodegón. “Y he aquí que trabajando aquellas vegetaciones fue que llegué a los ‘Paisajes Domésticos’”.

Ya está servida la mesa de la culinaria y, de una manera poco ortodoxa, el artista hace surgir una obra con una rica significación simbólica, el paisaje doméstico, que denota, de nuevo en su trabajo, la presencia antropológica, pero que también lo une a la temática del paisaje. Así, en estas circunstancias, logra acoplar su obra de principio a fin y cerrar el ciclo vital. El Museo Jacobo Borges de Caracas reconoce la importancia de esta nueva tendencia en el artista y de esta manera sui géneris de abordar el tema y, para 1998, realiza una exposición en sus instalaciones.

La curadora e investigadora Ileana Alvarado expresaba en un simposio, que en una curaduría en la que participó, se trató de plantear la tesis de que las temáticas en el arte nunca mueren, ya que éstas pueden ser releídas y adquirir vigencias diferentes, incluso en oposición a sus referentes anteriores. Eso es, precisamente, lo que Carlos Poveda ha logrado con el replanteamiento del bodegón, a lo que el llama ‘paisaje doméstico’.

El artista narra que estaba trabajando una obra de la serie del huerto, cuando se le ocurrió la idea de los bodegones y que, un día, entró su esposa Raquel al taller, para enseñarle una hermosa bandeja negra Alessi que les habían regalado, lo cual tomó en sentido de broma y le dijo: “prestámela para hacer una obra de arte”, y de ahí surgió su primer paisaje doméstico…

Carlos PovedaEste hecho denota un gran sentido de humor, muy carterístico de Poveda. Sin embargo él mismo reflexiona que no fue un acontecimiento tan azaroso lo que lo llevó hasta este planteamiento, sino un lento proceso de cambio que fue ocurriendo desde el paisaje. Además, cuenta que siempre mantuvo en su pensamiento el tema de los bodegones como algo intrigante, ya que como profesor de dibujo y pintura en Venezuela, siempre le había llamado poderosamente la atención el curioso detalle de que se planteara el 'bodegón' a los alumnos, solamente como un paso a otros temas o posibilidades expresivas. Esta fue una de las razones que lo motivó a replantearlo….

Para Poveda, proponer el paisaje doméstico tiene como base destacar y valorar el detalle artístico como acto creativo. Si bien sus primeros platos tenían una connotación figurativa, a medida que ha avanzado, tanto la obra como la composición se han ido tornando casi abstractas. “Al punto de llegar a pensar, a manera de síntesis, que lo que he venido proponiendo en mi culinaria es una abstracción sobre un soporte figurativo” ¿Y si se plantea al revés?.

Mis trabajos más recientes son sobre polímeros, polietilenos, popipropilenos, resinas sintéticas, resinas preaceleradas, bakelitas, etc., que se supone resisten los esmaltes comerciales, sin embargo, yo los someto previamente a lijado, texturado, aplicación de otras materias, y hasta el quemado, para lograr que algunos pigmentos (ésos esmaltes) penetren sus estructuras externas, sin el problema de que se desprendan”.

Su obra actual es innovadora, entre otras cosas, por la perseverante experimentación que lleva a cabo el artista con materiales diversos y por la exploración de las contradicciones de éstos, ya que logra crear una tensión entre ellos. Pero, aún así, logra fusionar de manera orgánica la base, que es un objeto “ready made” y los deshechos de carácter industrial que interactúan entre ellos. Estos 'platos' generalmente causan un impacto visual en la primera impresión de los espectadores que, como narra el mismo artista, se convierte en suerte de admiración, repudio, descubrimiento, ansiedad o risa, y que le despierta la otra incógnita del qué será esto ?…. De donde sale todo ello ?…

Algunos rasgos le otorgan un carácter unitario a la exposición aquí planteada y a este conjunto de obras. Por un lado la temática, por otro, la búsqueda de la esencia junto a la restricción de elementos que es una constante en su obra y por último la libertad en la utilización de los materiales diversos y no tradicionales que el artista incorpora a sus trabajos y logra asimilar como propios de la actividad plástica. A su vez, se puede apuntar que el desarrollo de la obra de este artista, o sea todo su trabajo desde que comenzó a darse a conocer en los años sesenta, continuó una secuencia evolutiva y de investigación, y cada obra que el artista hace, tiene una vinculación con respecto a la precedente y a la que continúa.

Además de un cambio de temática, el artista experimenta con diversos sustratos por períodos más o menos regulares. De 1960 hasta 1975 se pueden ubicar los dibujos sobre papel los cuales tratan la figura humana, los Icaros, las aves en vuelo y algunas nubes.

Le corresponde al período que va desde1975 a 1985 la utilización de pinturas sobre telas, cartones, maderas y otros soportes como plásticos. Los paisajes silentes y los paisajes con vegetación pertenecen a este grupo. En esta fase también comenzó el autor a trabajar con resinas, plásticos y metales.

De 1985 a 1990 el soporte de sus obras va a sufrir un cambio bastante radical, ya que empieza a realizar una serie de los relieves escultóricos que el artista llama ‘esculturas de pared’. La temática gira en torno a las nubes, los sembradíos y los zacatales…

Por fin en los años noventa Poveda independiza la obra respecto al soporte y empieza a realizar lo que él llama esculturas y objetos volumétricos A partir de 1990 a 1995 se suceden los árboles, vegetaciones para un huerto, y por último los platos.

Su trabajo, a través del tiempo, se caracteriza por una factura impecable y por la certera combinación de materias primas, ya que Poveda tiene una sensibilidad especial hacia los atributos y características del material

Al plantearse esta exposición, el artista insistió en que era esencial que el público pudiera sentir que lo importante de su labor como artista no es solamente la parte anecdótica de los temas, sino que, además, la parte mágica de la investigación y el atrevimiento que subyace en ella a través de sus propuestas.

Con una fuerza y una delicadeza inusitada, Poveda logra evidenciar, una vez más, la temática tantas veces explotada a través de los siglos, en su propuesta tridimensional del bodegón. La síntesis suprema alcanzada en los aspectos formales, conceptuales y en el color de algunos de sus paisajes, que inclusive llegó a crear en un blanco impecable, nuevamente se amalgaman en el ‘Plato 88’, como lo ha hecho a través de toda su creación artística.

La obra de Carlos Poveda de principios del nuevo siglo no solamente no ha perdido terreno frente a los recientes lenguajes plásticos, sino que se ha revitalizado y continúa en un constante proceso de trasformación.

Entre agosto y diciembre del 2004, el Museo de Arte Costarricense realizó una magna exposición en la que le brindó un merecido reconocimiento a Carlos Poveda. Fue la oportunidad no sólo de reencontrarse con su patria, sino con su pasado y con su obra. Esta retrospectiva nos permitió recorrer en una secuencia evolutiva más de cuatro décadas de sus trabajos y palpar el proceso de búsqueda y renovación constante a la que se somete el artista. Su aventura creativa parece, sobretodo, invitarnos a explorar el futuro…

 

2. Carlos Poveda: “La autenticidad es para mí lo más importante en el arte” (entrevista)
Franklin Fernández

Carlos Poveda

FF - Usted ha llegado a una etapa trascendental de su carrera, viene de realizar una gran exposición en el Museo de Arte Costarricense (Imaginario irreverente), además de recién otorgársele el premio nacional de escultura en su Costa Rica natal. ¿Piensa que su obra a lo largo de su trayectoria ha sido lo suficientemente valorada? ¿Qué opina sobre eso?

CP - La verdad es que no me quejo de la aceptación o del rechazo que haya podido tener mi trabajo a través de mi trayectoria. El arte, como todo en la vida, es un riesgo que se corre, y la admiración o la indiferencia hacia las cosas varían de un ser humano al otro, de un sitio al otro, y de una cultura a la otra. Es cierto que algunas de las valoraciones positivas devinieron reconocimientos, como el de la Mención Honorífica para Dibujo de la 8ª Bienal de Arte de Sao Paulo en 1965, recién comenzando mi carrera, y ése mismo año el Premio Nacional de Artes Plásticas en Costa Rica, mención Dibujo, dada mi extensa participación en exposiciones personales y colectivas fuera de mi país de origen en aquella época.

Y ahora éste nuevo Premio Nacional de Escultura, que me fue concedido para distinguir mi producción objetual actual. Es una distinción que he aceptado con complacencia, toda vez que el jurado que me lo otorgó captó la experiencia que me ha llevado del dibujo a lo volumétrico.

De todas maneras los hacedores, y creo que esto lo sabes muy bien porque tú eres uno de ellos, dependiendo del tipo de trabajo que realizamos, tenemos en algunos circuitos expositivos más o menos aceptación que en otros.

FF - Desde hace algunos años he visto el crecimiento de su trabajo, su evolución plástica. Pasa por el dibujo, roza el paisaje y los objetos. Su obra ha pasado por diferentes etapas, moviéndose por diferentes temas y estilos. ¿Puede explicarnos eso?…

CP - Comencé mi carrera en arte exponiendo dibujos en blanco y negro, que lograba realizar con esmalte comercial y la parte posterior de un pincel, sobre papel y otros soportes afines, a principios de la década del sesenta. Realizaba lo único que sabía hacer en aquel entonces, que era dibujar unos 'personajes' salidos de mi imaginación, y que comencé a exponerlos en galerías y museos del continente americano, porque, precisamente, algunas personas e instituciones los valoraban.

Estuve por espacio de quince años exponiendo aquellas figuraciones hasta que, a mediados de la década del setenta, viviendo en Venezuela, país al que había seleccionado para seguir trabajando, decidí avanzar sobre lo que ya había recorrido. Y con una serie de dibujos que denominé 'Icaros', que evidenciaban mi angustia de aquel momento, porque estaba dejando atrás a los personajes con los cuales se me reconocía en el continente americano, tuve acceso a otras posibilidades expresivas y temáticas. Esos alados ‘Icaros y Dédalos’ cayendo en el vacío me acercaron a otra nueva idea, la de unas ‘Aves en vuelo' que solucioné como simples líneas y frotados texturales sobre la superficie del papel.

De ésa manera dejé atrás las figuras otrora denominadas por Marta Traba ‘humunculus’, y me apasioné con algo mucho más simple y elemental, como unos trazos que luego convertí en ‘Nubes’, y que dieron cuenta de mi gran interés por la abstracción de los grafismos, pero, ésa vez sobre soportes más firmes, como cartones, planchas de madera y plexiglass. De ésa manera mi trabajo desembocó en el ‘paisaje’! que propuse, en un principio, idealizado en blancos sobre blancos, con relieves y abultamientos producto del collage y del ensamblaje. Comencé a investigar con pegamentos epóxicos, resinas, arenas, mecates, alambres, cartonajes, etc.

Sin embargo fue tal la síntesis que logré en aquellos ‘paisajes’, que un día me cuestioné nuevamente la relación de las sensaciones que emitían, en comparación con mis dibujos del pasado, que habían sido mucho más fuertes porque emitían emociones, mientras que mis paisajes, ‘a capella’, de montañas y cordilleras insinuadas, eran líricos y reposados. Dos comunicaciones radicalmente diferentes entre sí.

Entonces, a finales de los años 80s y principios de los 90s, sentí la necesidad de plantearme ‘vegetaciones’ dentro de ésos reposados paisajes: ‘árboles’, ‘arboledas’, ‘germinales’, y hasta un ‘huerto’. Comencé entonces a salirme de los soportes de pared para mostrar unas obras corpóreas que a su vez me guiaron, inevitablemente, hacia el tema de los alimentos, pero ésta vez, a través del ’bodegón’ de la culinaria, que denominé ‘Paisajes domésticos’. Otro universo de sensaciones, también diferente a los dibujos y a los cuadros.

FF - ¿Su obra está inscrita en una línea conceptual, neo-conceptual?…

CP - Posiblemente conceptual, porque siempre he intentado ir a la síntesis de las cosas: mis dibujos de ‘figuras humanas’ desembocaron en simples trazos. Mis cuadros de ‘paisajes’, en sugerentes grafismos, y mis ‘paisajes domésticos’ también parecen ir hacia lo simple y elemental.

FF - ¿Influencias?…

CP - Las que por ósmosis histórica pero sin conciencia se reflejen en mi trabajo.

FF - Usted ha indagado insistentemente sobre el tema de la culinaria en el arte a través de los siglos y con especial énfasis en lo que consideramos "Bodegón". Es evidentísimo su interés por la historia de la gastronomía en general, acumulando una cantidad de imágenes imprescindibles. ¿Cómo se concreta esa búsqueda?…

CP - En el mismo instante en que comencé a trabajar sobre el tema gastronómico, a través de obras que técnicamente lo que representaban, y aún hoy lo representan, es una confrontación abstracta sobre un soporte figurativo, de elementos azarosos sobre platos ‘ready-made’, me percaté que mi vida estaba signada por una cierta evolución estética, por un aprendizaje e investigación cuasi académica.

Observa que te he comentado en primera instancia la ‘figura humana’, luego el ‘paisaje’, pero hasta mediados de la década anterior, nunca se me había ocurrido trabajar el tema de la ‘naturaleza muerta’. Entonces, aquello me hizo recapacitar que el destino me había dirigido hacia lo ‘objetual’, y en éste caso hacia el tema gastronómico, y hacia una de las características de las artes visuales más o menos tratada, según los siglos, a través de la historia.

Debo agregarte que, en la década de los setenta y ochenta, cuando ejercí como Profesor en las Escuelas de Artes Visuales Rafael Monasterios de Maracay, Cristóbal Rojas de Caracas e Instituto Pedagógico, siempre me llamó la atención que los Pensums de estudio, obligatoriamente indicaban iniciar a los estudiantes en arte a través de ‘el bodegón’, lo cual, evidentemente contrastaba con mi propia experiencia personal! toda vez que yo había iniciado con la ‘figura humana’ que devino ‘paisaje’, y desembocó en ‘naturaleza muerta’, quizás producto de mi propio autodidactismo.

Al comenzar a trabajar éstos ‘paisajes domésticos’ también comencé a estudiar y a recolectar imágenes a través de Internet, de todo lo que tuviera que ver con arte y gastronomía, principalmente porque quería cerciorarme de no estar haciendo algo que ya se le hubiera ocurrido a otro artista antes que a mí, lo cual me ha dado como resultado una base de datos sobre el amplio tema alimenticio, y como ha sido visto y tratado a través de la historia. Esta base de datos me va a servir en el futuro para ilustrar el tema en charlas y coloquios.

Y con respecto a la manera en que yo resuelvo y presento mis ‘naturalezas muertas’, gracias a D-s no he podido encontrar a la fecha nada similar. El tema en sí es el mismo que se ha planteado el arte a través de los tiempos, pero mi concepción es otra allende los mismos.

FF - ¿Cuál es la importancia de lo gastronómico como tema artístico?…

CP - Para mí es sencillamente fundamental. El arte plantea cosas cercanas, o lejanas de la vida. Y un arte que plantea una cotidianidad tan evidente, como mis ‘Paisajes domésticos’, proyecta algo de nuestra propia existencia.

FF - ¿Haces dibujos o bocetos previos antes de realizar una obra, hay una forma ya preconcebida mentalmente?…

CP - No, jamás he hecho bocetos. Nunca los hice. Trabajo directo con los elementos que tengo a mano. Así continúo con algo que supongo era bueno con respecto a mi dibujo inicial, que era un trabajo directo. Los mismos elementos aleatorios y los diferentes platos que consigo, me sirven para jugar con ellos, y tantear, experimentar, analizar si ésta pieza de polietileno va bien o no con éste o con aquel otro soporte. De repente es la o las piezas que quiero utilizar las que me obligan a buscar determinado soporte, o por el contrario, puede ser el soporte el que me pida en exigencia los materiales.

FF - ¿Qué materiales utiliza para sus obras?…

CP - El profundo afecto que siempre he tenido por las texturas, que me viene del dibujo, descubre mi interés por la incógnita de puntos, signos, líneas, goteados, manchas, frotados, trazos, abstracciones al fin y al cabo, que también se encuentran por todas partes: nubes, paredes, accidentes geográficos, etc., hasta llegar a las incongruencias producto de los accidentes y desechos de la industria contemporánea de los plásticos, metales y otras aleaciones.

Mi interés por expresarme sobrepasa el aspecto académico, para descubrir en lo aleatorio y en lo inverosímil, una interesante posibilidad expresiva y comunicativa, captadora de la atención visual, a través de lo cual siento estar colaborando a que la obra se observe, en lugar de solamente enseñar a que se vea, porque aún arrastro el placer de la pedagogía de mis años de educador, y me alegra que mis obras sean analizadas más que sólo percibidas, pues creo que de ésta manera aporto más que distraigo.

Durante el período de mis ‘paisajes’ ensamblados de finales de los ochenta y principios de los noventa hice uso de cuanto material podía encontrar, como desechos de tejidos, de maderas, plásticos y metales, muchos de ellos encontrados y seleccionados en fábricas. Estos materiales, sometidos en mi taller a nuevos tratamientos como el quemado, texturado, y otros agregados, cobran vida en ‘vegetaciones’ y ‘alimentos’ que, al principio, tenían mayor parecido con algo de la vida real, por la parte humorística del planteamiento, pero que, a medida que avanzo en la proposición, me han ido llevando a que no lo tengan, porque sencillamente me parecen más interesantes, más cuestionadores, más misteriosos, y porque me da pavor acercarme al ‘pop-art’, característica del arte que respeto pero que no comparto porque tiene mucho de imitación.

Soy un asiduo visitante de los depósitos de reciclaje industrial, donde consigo la materia prima para mis obras, y sus dueños son mis cómplices en la aventura, porque me permiten seleccionar formas y materias de desecho aleatorias que al re-trabajarlas y disponerlas, en éste caso sobre soportes como los platos, se convierten en una proposición culinaria, con otra poética que es la de su lectura ambivalente. Esas materias también las había utilizado previamente, y se convirtieron en su momento en nubes, troncos de árboles, follajes, etc.

Carlos PovedaFF - Usted me escribió en una oportunidad que su norte era la "autenticidad" y que su guía siempre había sido la "intuición". ¿Cree en la autenticidad de su obra? ¿Cree que la intuición sea un acto de libertad?…

CP - Creo que la autenticidad es lo que da valor al arte universal. Los museos más importantes del mundo muestran y destacan la obra de artistas auténticos en un proceso de decantación histórica de ésa valoración.

La autenticidad es para mí lo más importante en el arte, es lo que determina a un artista, y la intuición es una sinceridad que conduce a la verdad de lo auténtico. Eso siempre ha sido para mí una premisa. Cuando dibujaba y comenzaba mi trayectoria, me dejé llevar más por mis emociones y sinceridad que por patrones o indicativos estéticos. No hice ni expuse jamás dibujos realizados de la manera convencional, porque no me interesaba en la copia, sino de manera subversiva con la parte de atrás de un pincel, a través del cual logré texturas imposibles de lograr por otros medios.

Cuando ingresé al mundo de la ‘pintura’ lo hice de la única manera que sabía hacerlo, con mi sinceridad de no saber pintar, pero sí de collagista, adhiriendo cosas a otras, porque, te repito que no tuve acceso a educación artística alguna, y nunca he sido colorista, me guío por éste instinto que te comento, y ahora, con mis ‘vegetaciones’ y con mis ‘platos’ me sigo dejando llevar por la misma intuición de antes, que para mí es el equivalente a la autenticidad de hacer las cosas.

Pero hay algo que no te he comentado, y que tiene que ver con el aspecto técnico de mi propia investigación. Se trata de que yo trabajé por muchos años sobre soportes cuadrados y rectangulares, pero jamás se me había ocurrido trabajar sobre algo tan difícil como un soporte circular u ovoidal! De manera que eso también me representó otro gran reto. Y el resultado fue la disposición de elementos sobre ésas formas de soporte.

De tanto andar en el mundo del arte, algo o mucho debe uno absorber del mismo, somos permeables, entonces, la sinceridad cobra la mayor importancia: si yo llegara a enterarme que mi trabajo se parece al de otro artista, como para que alguien pueda pensar que se trata de una imitación, dejaría lo que estoy haciendo y lo haría de otra manera. Por eso mismo es que hace unos instantes te comentaba lo del ‘pop-art’, que para mí es una imitación de la naturaleza, una copia moderna de la misma, que yo siento como un retroceso histórico. No un reto hacia algo diferente.

FF - Entre sus numerosos platos, comienzo a evidenciar su interés por la comida tradicional venezolana. Recientemente he visto un par de hallacas y hasta un sin numero de caraotas o salchichones. ¿Tiene algún plato realizado con arepas o empanadas?…

C.P.-Sí, uno de mis primeros trabajos tiene un cierto parecido con una arepa sobre un servilleta!. Pero te respondía que mi norte no es la imitación de algo conocido o reconocido, es más bien producto de la investigación, que deviene invención. Para reconocer mis dibujos del pasado, los nombraba de manera humorística, porque no eran ‘retratos’ de nadie.

Si bien es cierto que algunos de mis cuadros tenían nombres como ‘Avileña’, ‘Tepuy’, ‘Talamanca’, o mis vegetaciones como ‘Merecure’, ‘Dividive’, ‘Caobo’, etc., nunca han sido producto de imitación de la naturaleza como tal. Y en el caso de mis ‘paisajes domésticos’, las ‘hallacas’ son producto de mi investigación con las resinas sintéticas, y si ésas obras se pueden apreciar, en cierto sentido algo realistas, no fue ésa la intención. El fin no era plantearme la hallaca como tal, sino saber que emociones podría generar dentro de un contexto de otras obras irreverentes y abstractas. De todas maneras, éstas obras que comentas fueron las de mis primeros intentos con el tema culinario. Y en el caso de las caraotas, bueno, se trata en realidad de unas paraparas, que cumplen una función afín al lado de un objeto aleatorio, un accidente de polietileno negro que rememora una rama con frutos como semillas, o algo así, relación que me pareció interesante al agregarle al plato soporte muchas más de ésas semillas. Y en el de los salchichones, bueno, ésa pieza es producto de un desecho tubular de extrusora, totalmente aleatorio, rojo, de polietileno, que al yo cortarlo en forma de rodajas lo hacen ver en su disposición sobre una bandeja, como si se tratara de unos embutidos cárnicos!, pero mejor observado el objeto, descubrirás que es el mismo planteamiento abstracto sobre el soporte figurativo.

Y cómo todos estos trabajos son evidencia de mi aprendizaje, mis obras más recientes las he seguido trabajando con menos referencia a lo real, para descubrir en ellas mayores incógnitas y nuevos placeres visuales.

FF - ¿Cuál es su interés por los árboles, las plantas y las semillas?…

CP - La vegetación en mi trabajo obedece al anhelo por acercarme nuevamente a lo humano, que había dejado no tan distante desde mis dibujos iniciales. La vegetación también ha sido el recurso para acercarme a lo volumétrico, a lo escultórico, a través de los ‘árboles’. Las semillas a lo que evoluciona, como creo que ha sido mi vida.

FF - ¿Me gustaría saber qué diferencias hay entre sus paisajes y sus bodegones?…

CP - Más bien creo que están muy vinculados entre sí. Mis ‘bodegones’ provienen de mis ‘paisajes’ en cuanto a que son continuación de la investigación con materiales, y se pueden diferenciar en que éstas ‘naturalezas estáticas’ son más íntimas y cotidianas que los ‘paisajes’, y en que se ven no sólo con la vista, sino como me dijo en una ocasión Sofía Imber: con las entrañas! Y eso también es cotidiano, razón por la cual los catalogo como ‘Paisajes domésticos’.

FF - Sus almuerzos o cenas son contundentes para la vista ¿También lo serán para el olfato? Sus platos son "gustativos" para los ojos ¿Y la boca? ¿También lo serán para los sueños?…

CP - Como jamás he hecho bocetos previos a mis trabajos, incluídos éstos ‘platos’, éstos reúnen un gran factor sorpresa, inclusive para mí mismo. He ahí la alegría y el placer que me produce realizarlos. Algunos, como ya te respondía, me hablan de una sensación de sutileza, mientras que otros, fuertes sensaciones. Pero aún no se me ocurrió un happening olfativo! En realidad cocinar no es mi especialidad, aunque admiro profundamente a quienes se destacan en tan sofisticada, cotidiana y grata labor vivencial. Es gracioso que en algunos círculos de las artes plásticas se habla de cocina estética, aplicable a la buena o a la mala factura de las obras. Para mí cada plato que realizo, debería poseer una carga expresiva diferente a la de otros, que cada uno me resulte un descubrimiento y un planteamiento diferente, que de hecho no repita soporte ni materiales en su conformación. Posiblemente porque siempre he tenido animadversión a lo serial repetitivo. A cambio, me gusta el reto de lograr cada uno diferente al otro, y definitivamente son gustativos a la visión, aunque también me gustaría que lo sean para la mente. Que cada quien y a su manera perciba la emoción que me produjo hacerlo.

FF - La comida es vital para el organismo: nos mantiene vivos. Sin embargo usted se plantea, directa o indirectamente, el plato servido como desecho y despojo, como desperdicio humano. Sus platos y bodegones son repulsivos, producen náusea…

CP - No todos Franklin. Es cierto que algunos pueden resultar fuertes, ya que son producto de mis emociones, que varían como mi gusto por la música, unas veces apto para sutilezas otras para algo más dramático. Como nuestra cotidiana vida, llena de contrastes, mi trabajo se caracteriza por matices que van de lo sublime a lo intenso, por la misma razón que los realizo con sinceridad, tal y como me siento ser. Puede que también algunos se proyecten enigmáticos porque plantean interrogantes, o paradójicos, porque invitan a comparar entre cosas concretas y cosas ilusorias, entre lo real y lo ficticio, entre lo grato y lo chocante, entre lo extraño y lo placentero. Mis trabajos están cargados de humor y contienen un elevado grado de provocación, porque comunican sensaciones.

FF - Su obra no es decorativa, mejor dicho: no cae en el kitsch. ¿Cómo mantiene el equilibrio entre la fealdad y la belleza?…

CP - No tengo un patrón establecido para trabajar, me guío de la manera instintiva que antes te comentaba. No todo objeto, materia, o elemento compositivo de mis ‘platos’ funciona perfecto con todos los soportes, para ello me remito a un análisis de observación que puede variar de minutos a días y meses inclusive, tratando de sorprenderme a mí mismo. Voy adquiriendo platos soporte por todo sitio donde transito, y a veces pasa mucho tiempo antes que consigan los elementos compositivos apropiados para cada uno de ellos.

FF - La metáfora en su obra es indispensable: nubes de madera, volcanes de aluminio, platos sintéticos, hallacas de resina, trozos de carne plástica. Vemos como las cosas se transforman en otras cosas. Contemplamos objetos que ocultan otros objetos; adquieren vida, se mimetizan en algo más o distinto, o diferente…

CP - Sí, ésa es una bella palabra: metáfora, me gusta, obras metafóricas, claro, mis trabajos pueden ser así!…

FF - ¿Su taller es un huerto, un lugar de descanso o estimulo?…

CP - Nada me gustaría más que fuera un huerto con centenares de vegetaciones, de diverso tamaño, pero sobre todo de plantas, flores y hortalizas que jamás haya visto!, que las pueda yo inventar. Me haría feliz un huerto que no se parezca a nada de lo conocido, pero que pudiera mantenerlo y enriquecerlo de acuerdo a mis propios anhelos. Mi taller no es de descanso, porque cada vez que estoy en él, por aquí y por allá hay obras en proceso por todas partes. Algunas esperando comunicarse conmigo, o yo descubrirlas hasta que me digan: listo, así voy a ser!. Entonces, mi taller revierte en sitio de estimulación.

FF - ¿Artista plástico o cocinero?…

CP - Realizador, hacedor de cosas, y profundo admirador de la clave más importante de la vida que es la alimentación y de quienes nos educaron y educan las papilas con su cotidiana labor.

FF - ¿Se ha planteado establecer un diálogo entre su obra y la de otro artista venezolano, francés o costarricense (vivo o muerto)?…

CP - No me lo he planteado, pero quizás con respecto a la ubicación de la misma dentro de otros contextos podría experimentarse.

FF - Su trayectoria es sólida. Miro hacia atrás y observo a un artista integral, disciplinado, con aproximaciones y distanciamientos temáticos, estéticos…

CP - Gracias por tus conceptos, los aprecio en cuanto a tu sensibilidad con respecto a mi trabajo y al arte, del cual formas parte. Sin embargo, déjame decirte que a mí me parece que podría exigirme más a mí mismo. Creo que aún puedo intentar avanzar más sobre lo que he realizado. Que debo retarme a mí mismo, porque siempre he pensado que la vida no es estática, y que si D-s nos legó el cerebro es para que lo alimentemos con su permanente ejercicio.

FF - ¿Cree que existe una estrecha correspondencia entre todas las artes?…

CP - Sin lugar a dudas. Para mí hay obras pictóricas, escultóricas, fotográficas, cinematográficas, etc., que se perciben poema, otras que te invitan a meditar como si de literatura se tratara, y otras que se idearon para que sean tan solo silencio. La contemporaneidad ha traído pareja la multiplicación de emociones, y en ésta se funden variantes sensoriales.

FF - Espero algún día me invites a cenar…

CP - Con gusto te invito a una cena virtual! La que no excluye invitarte a degustar algo real alrededor de la misma!… Voilá!

María Enriqueta Guardia Yglesias (Costa Rica, 1947). Crítica de arte e investigadora. Ha sido curadora de varias exposiciones como la del pintor Carlos Poveda, quién ganó el premio nacional de artes plásticas del 2004 por Imaginario Irreverente. Ha publicado Particularte: Hitos del arte costarricense en manos particulares (2002), Max Jiménez [Libro-film] (2003), y Revista al Arte Costarricense del S. XX (2004). Contato: mguardia@cariari.ucr.ac.cr. Franklin Fernandez (Venezuela, 1973). Artista plástico y poeta experimetal. Licenciado en Artes Plàsticas (I.U.E.S.A.P.A.R). Tallerista del C.E.L.A.R.G. (Centro De Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos). Actualmente se dedica a la realización de un sin número de Poemas-objetos y a la investigación sobre el género. Ha publicado Breves (1998), y próximamente Simples (2005). Contacto: brossamadoz@hotmail.com. Página ilustrada com obras de Carlos Poveda (Costa Rica).

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