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revista
de cultura # 44 |
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Entrevista con Antoni Tàpies Miguel Ángel Muñoz
MAM -
En estos días cumple ochenta años, ¿sigue estando seguro de sus ideas
sobre el arte, de su forma de entender el mundo, o hay cambios importantes
en su vida? AT -
Siempre he dicho que soy un poco como esos autores que se dice que sólo
han escrito un libro en su vida. Yo he pintado un cuadro con muy pequeños
cambios; en mi camino, con todas las matizaciones necesarios, pero siempre
con una constante muy particular en mi carrera, que es guiarme siempre por
la filosofía de Oriente. MAM - En estos tiempos tan “vanguardistas” e “individuales” del arte, ¿ cree todavía en esa luz que el artista aporta a la colectividad del hombre? AT -
Ahora soy más escéptico. Puede que esa idea de artista que aludes sea un
artificio, que el artista no sirva para nada. Pero tengo una ilusión y
cierta esperanza en la cultura. Ésta me ha ayudado durante todo mi
proceso creativo, me ayuda a seguir viviendo, y desde luego, a pintar
constantemente mi mundo. A los ochenta años estoy trabajando con la misma
inquietud de cuando era joven. Hay individuos que hacen salir la luz de su
interior con ejercicios de yoga; yo lo hago con una meditación profunda
delante de una imagen. Si a mí me ayuda a tener una cierta concentración
mental y a encaminarme hacia una cierta visión más auténtica de la
realidad, tal vez también pueda ser útil para los demás. Esta actitud,
posiblemente, responde a una desconfianza de los procesos y procedimientos
racionalistas. Intuyo la importancia de todo aquello emanado del
inconsciente y que puede tener una dimensión humana. Freud lo denominaba
subconsciente que, connotando algo inferior, era como el saco donde se
depositaban todos los despojos o basura humanas. Ahora el mensaje del
inconsciente -gracias en parte a las lecturas de Jung- puede aportarnos
una visión positiva y útil para comprender nuestra realidad cotidiana.
AT -
Busco más bien algo divino-, lo pongo entre comillas -, pero lo busco en
las cosas materiales o en mi vida cotidiana. Soy un “espiritualista
materialista”. Y en este sentido me siento próximo a ciertas ideas de
la ciencia y me intereso por libros de divulgación científica. Me acompañan
lecturas - que en realidad son relecturas - de este tipo. La ciencia tiene
algo de espiritual y algunos científicos coinciden con una visión del
mundo que también me interesó y me sigue interesando: Oriente y su
filosofía. Bertrand Russel ya decía que la ciencia es más espiritual y
la materia menos material de lo que comúnmente se piensa. En mí existe
una especie de gusto o sentimiento por lo trascendente, pero en el sentido
de buscar la transcendencia en lo inmanente. La realidad material es
extremadamente profunda y refinada, tan bella que uno experimenta un gozo
religioso cada vez que se atiende a lo más pequeño: una piedra, una
hojita…. MAM -
¿ Cree que esa espiritualidad tiene un diálogo constante con el arte? Se
lo pregunto, porque siempre he creído que su universo pictórico esta
lleno de una cierta luz espiritual. AT -
Ese diálogo se da en el sentido en el cual la obra de arte puede provocar
una transformación en la conciencia del espectador. Yo hago como trucos
de magia. Curiosamente los monjes no utilizan la palabra “truco”, pero
provocan una suerte de estímulos con la misma intención. Ellos hablan de
“medios hábiles” para provocar también un cambio en la conciencia:
una suerte de paradojas, unas propuestas muy chocantes o absurdas
dirigidas a los estudiantes para motivarles una respuesta o explicación
Ahora bien, en mí, esta operación es muy instintiva. No busco el truco
intencionadamente, sino que surge de forma espontánea. MAM -
En otras conversaciones que hemos tenido, siempre me habla de la
continuidad en la obra y su proceso. Pero, observo que en sus últimas
piezas hay una dimensión dramática y trágica, pero también un signo de
amor y de dolor que abrasa otras voces. ¿ lo cree? AT -
Ese mensaje último que mencionas está muy presente. En mi obra, el dolor
es perceptible como todas las cosas en la vida. Pero también hay maneras
de aliviar este dolor: he estado sereno, y en ciertos momentos amoroso.
Quizá cuando empecé a trabajar se vivía una época más oscura: ya
sabes cuál era la situación en España en la segunda mitad de los
cuarenta. También, después de la Segunda Guerra Mundial, como a otros
artistas de mi generación, especialmente los expresionistas abstractos y
algunos pintores del círculo de París, se apoderó de mí una depresión
y un sentimiento de crisis en relación a la cultura occidental. Por la época
que me tocó vivir, y quizás, por mi propio temperamento, es posible que
haya dominado esa oscuridad, no sé sí exageradamente. Ahora los tiempos
que le tocan a tu generación son otros. Tal vez la edad te proporciona
una cierta perspectiva y una cierta objetividad que explica la observación
que haces. Pero también te digo que en toda mi obra, aunque no es
evidente, hay también centelleos de esta idea de amor. Quizás una idea
ya madura, que sólo los años te puede dar.
AT - Un
hecho que me marcó mucho fue la enfermedad de mi juventud. Esta marca ha
sido y es fecunda. He vivido “fenómenos” muy extraños parecidos a
los que dan carta de naturaleza los chamanes. Un chaman ha de tener la
experiencia de una enfermedad muy grave o la sensación de morirse. Pues
bien, yo he experimentado este proceso; de joven cuando se me descubrió
que tenía una lesión tuberculosa en un pulmón coincidió con un ataque
cardiaco que me provocó una sensación de asfixia tremenda. Tuve la
sensación de morir; se me enfriaron los miembros. MAM -
¿ Sintió el miedo de morir en ese instante? AT -
Desde luego. Mi madre, que era muy religiosa, avisó a un cura que me dio
la extremaunción. Tal vez sea una pedantería por mi parte situarme al
mismo nivel que los chamanes. Pero los chamanes son gente sencilla y
corriente como cualquiera, aunque tienen esta hipersensibilidad. Y la
enfermedad produce esta hipersensibilidad. Hoy tengo como sabes otros
problemas de salud: la sordera que me causa una situación de aislamiento.
También padezco un problema en la vista que puede transformarse en
ceguera. Se trata de unas lesiones en la mácula, justo en el centro de la
visión. No veo las cosas diminutas; por ejemplo, para leer necesito una
lupa y a distancia no veo con precisión. Ahora parece que ese proceso
irreversible se ha estabilizado, como cicatrizado. Con todo, no me impide
pintar; porque cuando se mira un cuadro, uno no concentra la mirada en un
punto determinado, sino que hace un recorrido con la vista y este me
compensa las manchas de visión vacías. Este estado de salud, me provoca
como te decía antes, una hipersensibilidad privilegiada. MAM -
Esa búsqueda constante de un lenguaje inédito y único desde varios
frentes, ¿ tiene un límite o es más bien interminable?
AT -
Después de tantos años de estudiar te encuentras que la realidad sigue
siendo un misterio. El misterio persiste, por lo menos en el hecho que no
tenemos creencias demasiado claras. Hay religiones - como el cristianismo
- que dan unas esperanzas más definidas, más concretas, pues te dan la
esperanza de alcanzar “el cielo”. No es que no crea que debemos
mantener ciertas ilusiones, pero hay un momento insuperable, un misterio
total e insuperable: la muerte, que no tiene ninguna respuesta. MAM - Usted ha hablado de hacer una realidad auténtica. Pero, ¿ considera que la belleza tiene un papel importante o no? AT - Jamás he pensado en realizar obras bellas. Marià Manent me hizo una pregunta parecida y cuando le respondí se quedo casi muda. . ¿ Cómo es posible - me replicaba- que un artista no intente hacer cosas bellas?. Nunca he sabido exactamente qué es la belleza. En momentos digo que es como un premio que me ofrecen cuando alguien dice: ¡Qué bello es lo que pintas! Aunque en el fondo, y te lo digo muy convencido, nunca he ido tras la belleza plástica, poética y artística. Es algo que no va de acuerdo con mi vida. Pero bueno, si a alguien le gusta lo que uno hace, pues ¡vale! , sea cumplido la belleza, aunque uno no este de acuerdo ni como artista ni mucho menos como autocrítico de la obra propia. |
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Miguel Ángel Muñoz (México, 1972). Poeta, historiador y crítico de arte. Es autor de los libros de ensayos: Yunque de sueños. Doce artistas contemporáneos; La imaginación del instante. Signos de José Luis Cuevas; Ricardo Martínez: una poética de la figura. Es director de la revista Tinta Seca. Contato: miguelangelmunoz@prodigy.net.mx. Página ilustrada com obras do artista Antoni Tàpies (Espanha). |
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