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revista
de cultura # 45 |
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Amuleto, de Roberto Bolaño: de la representación especular al rito sacrificial Carolina A. Navarrete González
“Deja
ya de temblar, cuerpo.” Este verano, las rosas son azules; el bosque de
cristal. La tierra envuelta en verdor me causa tan poca impresión como un
fantasma. Vivir y dejar de vivir son soluciones imaginarias. La existencia
está en otra parte. André
Bretón Yo
había descubierto un importantísimo secreto, algo así como una parte de
la “verdad absoluta”. Entonces me capturaron y me condenaron a muerte.
Remedios
Varo
Antes
de comenzar con el análisis propiamente tal conviene tener en cuenta los
antecedentes de esta obra. Amuleto,
novela dividida en catorce capítulos, los cuales giran en torno a la
figura de la exiliada uruguaya Auxilio Lacouture, desarrolla, por el
procedimiento de la reescritura[[4],
el espacio de diez páginas que la biografía de Auxilio ocupa en la
novela Los detectives salvajes[[5].
Amuleto mantiene como base el monólogo en el que se sustenta el
relato original[[6]:
una primera persona, una voz femenina que narra a veces para sí misma y a
veces para un explícito vocativo “amiguitos”, recuperado con una
frecuencia relativamente casual. Mantiene el carácter repetitivo,
obsesivo y redundante que se atribuye al discurso psicótico, pero también
lo expande en un juego de sueños, pesadillas y visiones al que el texto
se aproxima en un movimiento que el propio texto prefigura.[7]
Auxilio
Lacouture es el personaje elegido por Bolaño para narrar una de las
peripecias más insólitas ocurridas durante la ocupación militar en la
UNAM. Conviene tener en cuenta que se encuentran antecedentes de la
existencia histórica de una mujer uruguaya llamada Alcira que, al igual
que la protagonista de Amuleto,
habría permanecido encerrada en un baño de ciudad Universitaria en
septiembre de 1968 durante las jornadas de represión del movimiento
estudiantil decretada por Gustavo Díaz Ordaz. Al respecto, Elena
Poniatowska entrega datos sobre dicho episodio y sobre su encuentro con la
uruguaya: El
terror al Ejército Mexicano hizo a Alcira esconderse en los escusados de
mujeres y allí permaneció quién sabe cuántos días, aterrada, tomando
solo agua, esperando el momento en que ya no escucharía las botas
militares para salir de su escondite. A Alcira habría yo de verla dos o
tres años más tarde en el entierro de una gran escritora mexicana,
Rosario Castellanos. Bajo la lluvia, Alcira repartía, como sudarios,
poemas de Rosario que ella misma había pasado a máquina la noche
anterior.[8] Como
podemos apreciar existiría una correspondencia entre un hecho histórico
personal perteneciente al folklore universitario del DF y la biografía
imaginaria construida por Bolaño. En este sentido, pareciera que la práctica
de diseminación a través de la novela de la figura de Alcira /Auxilio
obedeciera a lo que José Promis ha llamado la responsabilidad de la práctica
literaria de Bolaño: “Su escritura posee dos direcciones encontradas:
nace en un ámbito próximo a la experiencia vivida para ingresar desde
allí en el territorio de lo imaginario y desde éste regresa a subvertir
sus propios fundamentos”. Ahora
bien, al adentrarse en el objeto de estudio que convoca este trabajo
resulta necesario precisar la importancia conferida a los sucesos
ocurridos en torno a la figura de Pedro Garfias y de Remedios Varo
respectivamente. En el primer capítulo de la novela Auxilio anuncia la
certeza de su llegada a México a la casa de dos poetas: “Lo único
cierto es que llegué a México en 1965 y me planté en casa de León
Felipe y en casa de Pedro Garfias y les dije aquí estoy para lo que
gusten mandar […] Y lo primero que hice fue coger una escoba y ponerme a
barrer el suelo de sus casas”. La protagonista, ya en las primeras páginas,
introduce su vocación servil que se dirigirá a lo largo de la novela no
sólo hacia estos poetas emblemáticos sino que también, a aquellas voces
marginales de una generación entera de jóvenes latinoamericanos. Ahora
bien, el episodio relacionado con Pedro Garfias que interesa desentrañar
guarda relación con la descripción de un objeto que tanto en Auxilio
como en Garfias concita una misteriosa atracción: Y don
Pedro Garfias, te miraba y luego desviaba la mirada (una mirada tan
triste) y la posaba, no sé, digamos que en un florero o en una estantería
llena de libros (una mirada tan melancólica), y entonces yo pensaba: que
tiene ese florero o los lomos de los libros en donde su vista se detiene,
para concitar tanta tristeza. […] Y a veces me ponía a mirar el florero
en cuestión o los libros antes señalados y llegaba a la conclusión (que
por otra parte no tardaba en desechar) de que allí, en esos objetos
aparentemente tan inofensivos, se ocultaba el infierno o una de sus
puertas secretas.
Lo que
a mi juicio le puedo sugerir es que proceda en su trabajo desde la
superficie hasta el “centro vital interno”de la obra de arte; que
observe primero los detalles en el aspecto superficial de la obra
particular; […] que agrupe después aquellos detalles y trate de
integrarlos en un principio creador que pueda haber estado presente en el
alma del artista. En este
sentido, la fijación de Auxilio en el florero “si no el infierno, allí
hay pesadillas, allí está todo lo que la gente ha perdido, todo lo que
causa dolor y lo que más vale olvidar” y su posterior tentación y
miedo que en ella suscita, convertiría al florero en una pista decisiva a
la hora de entender a cabalidad el enigmático final de la obra,
introducido, como veremos más adelante, por el cuadro de Remedios Varo.
Así, se vuelve posible establecer un cruce de sentido entre el objeto
oscuro y el abismo al que se dirigen los personajes en el capítulo final.
Ambos espacios de la alteridad, constituyen esa“otra” dimensión donde
los elementos de la conciencia racionalista definidos como reales e
imaginarios entran en insólitas relaciones y donde los órdenes
establecidos adquieren una fisonomía distinta, de naturaleza
esencialmente poética: Pensé:
voy a meter la mano por la boca negra del florero. Eso pensé. Y vi cómo
mi mano se despegaba de mi cuerpo, se alzaba, planeaba sobre la boca negra
del florero […] y una vocecita en mi interior me dijo: che, Auxilio, qué
hacés, loca, y eso fue lo que me salvó, creo, porque en el acto mi brazo
se detuvo y mi mano quedó colgando, en una posición como de bailarina
muerta, a pocos centímetros de esa boca del infierno, y a partir de ese
momento no sé qué fue lo que me pasó aunque sí sé lo que no me pasó
y me pudo haber pasado. Como
podemos observar, el monólogo se encarga de develar el carácter
intuitivo de la protagonista quien a través de un objeto superficial es
capaz de aproximarse a dimensiones enigmáticas y desconocidas del mundo.
Su mano colgando en la boca del florero / infierno remite a un espacio poético
donde la racionalidad no tendría cabida, y donde un tipo específico de
temporalidad, convergencia entre el pasado y el futuro de Auxilio y de
buena parte de la historia de Latinomérica en los últimos tramos del
siglo XX develarían un trauma generacional. El encierro en el lavado de
la cuarta planta de la Facultad de Filosofía y Letras constituye una
imagen paradojal de un tiempo detenido en un espacio degradado pero también
de la fluidez de la mente en el tiempo: Y lo más
curioso es que la recuerdo desde mi mirador de 1968. Desde mi atalaya,
desde mi vagón de metro que sangra, desde mi inmenso día de lluvia.
Desde el lavabo de mujeres de la cuarta planta de la Facultad de Filosofía
y Letras, mi nave del tiempo desde la que puedo observar todos los tiempos
en donde aliente Auxilio Lacouture, que no son muchos, pero que son. En este
sentido, a través de Auxilio, el florero, boca abismal, y el baño de
mujeres, espacio infernal, se tocan y compenetran en un juego de
referentes que convergen al momento traumático de la masacre que liquidó
orgánica y espiritualmente al movimiento estudiantil mexicano, una
generación completa de cuadros universitarios que pudieron haber jugado
un papel muy importante en la dirección y en el desarrollo de México. Así,
el florero, representación especular del encierro de la protagonista,
develaría la privación de libertad sufrida por los intelectuales y
estudiantes universitarios que fueron arbitrariamente arrestados, en
septiembre de 1968. Otro
aspecto importante a destacar dentro de las posibles implicancias del
florero corresponde a la violencia que de él desprende la protagonista.
El objeto adquiere de pronto la potencialidad de una acción de
aniquilamiento justiciero que cada uno de los poetas debería llevar a
cabo: Y
entonces pensé: ¿Pedrito Garfias sabe lo que se esconde en el interior
de su florero? ¿Saben los poetas lo que se agazapa en la boca sin fondo
de sus floreros? ¿Y si lo saben por qué no los destrozan, por qué no
asumen ellos mismos esa responsabilidad? […] Por qué el poeta se
quedaba mirando el florero en vez de dar dos pasos y agarrar el florero
con ambas manos y estrellarlo contra el suelo. Esta
conciencia de destrucción que engendraría el objeto oscuro entraría en
la dinámica de cierta necesidad de enterrar de una vez por todas la
abultada carga de hechos históricos que habrían violentado los derechos
de libertad de un sinnúmero de poetas. De alguna manera Auxilio
representa la conciencia paradojal de un pasado que debiera ser destruido
pero que al mismo tiempo pulsa por aflorar a cada instante. Resulta
interesante establecer un puente entre esta pulsión de muerte, gesto
rupturista e irreverente de los poetas, con una percepción surrealista de
la realidad. El poeta y crítico francés André
Bretón en su Primer manifiesto del
surrealismo[[9],
señala: “El surrealismo os introducirá en la muerte, que es una
sociedad secreta. Os enguantará la mano, sepultando allí la profunda M
con que comienza la palabra Memoria”. Esta postulación rupturista de
Bretón unida a la aspiración de Auxilio: aniquilamiento de los floreros
de los poetas, en este contexto, destrucción de una memoria colectiva de
hechos traumáticos, confiere más sentido aún si lo conectamos con el
entusiasmo de Bolaño hacia los primeros vanguardistas hispanoamericanos
y, en particular hacia los estridentistas mexicanos, donde el autor
descubre una común actitud de rupturismo, irreverencia y desafío de los
cánones establecidos. En este sentido, la visión poético-criminal del
florero de Garfias y de los floreros de los poetas, podría conectarse con
lo que los personajes de Los
detectives salvajes denominan: “realismo visceral”, es decir, una
mirada interior que lucha por exteriorizarse sin ceder frente a órdenes
que no provengan de ella misma ofreciendo una construcción alternativa de
la realidad[[10].
Ahora
bien, ya analizada la visión del florero, interesa desentrañar la imagen
fuertemente alucinatoria de lo que presumiblemente corresponda a un cuadro
de Remedios Varo: Y
entonces Remedios Varo levanta la falda de la giganta y yo puedo ver un
valle enorme, un valle visto desde la montaña más alta, un valle verde
marrón, y la sola visión de ese paisaje me produce angustia, pues yo sé,
de la misma manera que sé que hay otra persona en la casa, que lo que la
pintora me muestra es un preámbulo, una escenografía en la que se va a
desarrollar una escena que me marcará con fuego […] Yo sé
que ese paisaje, ese valle inmenso con un ligero aire de fondo
renacentista, espera. ¿Pero
qué espera? Y
entonces Remedios Varo cubre la tela con la falda y me ofrece un café y
nos ponemos a hablar de otras cosas, de la vida diaria, por ejemplo,
aunque entre medio se cuelan palabras descontextualizadas, como parusía o
hierofania, como psicofármacos o electroshock. Y luego hablamos de
alguien que hace o hizo hace poco una huelga de hambre y yo me escucho
decir: después de una semana sin comer ya no tienes hambre, y Remedios
Varo me mira y dice: pobrecilla.
En este
contexto, la figura de Auxilio, madre de la poesía mexicana y estandarte
de la autonomía universitaria, se erige en un espacio poético-simbólico
como la observadora por excelencia: a partir del baño de la UNAM su
percepción se amplía hasta el valle de México, símbolo geográfico y
casi surrealista de la intemperie latinoamericana. Desde éste ve avanzar
a un sinnúmero de muchachos hacia el abismo, ya vislumbrado al principio
de la novela a través de la visión infernal al interior del florero,
precipicio hacia donde se dirige el canto colectivo de los jóvenes que
marchan al momento de su muerte y a la vez espacio imaginario salvífico
desde donde la poesía permanece por sobre todas las cosas: “ Los niños,
los jóvenes, cantaban y se dirigían hacia el abismo […] los niños más
lindos de Latinoamérica, los oí cantar y nada pude hacer para que se
detuvieran, porque aunque a ellos se los tragó el abismo el canto siguió
en el aire del valle. Así,
tanto el canto que se podría traducir como la poesía que brinda protección
como también el valor de los muchachos, prevalece por sobre las más
sangrientas escenas de terror y represión vividas en Latinoamérica. Con
esta caída al abismo se desprende la intención del autor por mantener el
arte de la rebelión y así, no entregarse a las fuerzas históricas que
dominan. En este
punto interesa comprender, a partir del estudio de los detalles del
florero y del cuadro, una propuesta que acerque al sentido de la obra.
Cabe
preguntarse si a través de la poesía y del sueño pueden encontrarse las
llaves de la tan perseguida conciliación humana. NOTAS
1.
Roberto Bolaño. Amuleto,
Barcelona: Anagrama, 1999. Todas las citas seguidas del número de página
entre paréntesis corresponden a esta edición. 2. Pedro
Garfias (1901-1967). Nació en España y murió exiliado en México. El
Ala del Sur, Poesía de la
guerra española, Héroes del
sur, Primavera en Eaton Hastings y Río
de aguas amargas son algunos de sus libros principales. Escribió además
reflexiones sobre la poesía y junto con Gerardo Diego, los textos
fundamentales del movimiento ultraísta. Su vida nómada, la sensación de
desarraigo, el menosprecio de algunos líderes de opinión del exilio y la
nostalgia fueron la materia de su trabajo poético emprendido por un
personalísimo humor negro, un profundo autosarcasmo y una idea
absolutamente original del ritmo y de los significados polivalentes de la
palabra. 3.
Remedios Varo (1913-1963). Nacida en Angles, Cataluña. Participó de las
actividades del grupo surrealista, y después de huir de la ocupación de
Francia y de la guerra civil española en compañía de Benjamin Péret,
se estableció de manera definitiva en México en 1941. Su obra entera está
marcada por el viaje y la errancia -tema surrealista por excelencia. Entre
sus obras destaca: "Música solar" (1955), "Vuelo mágico",
(1956), “Tejido espacio-tiempo" (1956), Naturaleza muerta
resucitando" (1963) y "Fenómeno de levedad" (1963). 4. Este
procedimiento Bolaño lo efectúa de una manera similar con la novela Estrella
distante (1996), la cual nace de una de las historias de La
literatura nazi en América (1996). 5.
Roberto Bolaño. Los detectives
salvajes. Barcelona: Anagrama, 1998. El fragmento 4 de la parte II,
“Los detectives salvajes (1976-1996)”, se titula “Auxilo Lacouture,
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México DF, diciembre de 1976”
(190-199). 6. En lo
que respecta a la diferencia entre el capítulo 4 de Los
detectives salvajes y la novela Amuleto,
el ensayista húngaro Mihály Dés señala la existencia de una diferencia
radical en cuanto a forma, función, estrategia y enfoque no sólo entre
el capítulo de una novela y la novela misma, sino entre dos formas novelísticas:
“Los detectives salvajes es
una obra épica y de construcción coral, en tanto que Amuleto,
de concepción poética, está escrito para una sola voz. La diferencia no
es simplemente la que media entre una sinfonía y un solo musical, sino la
que existe entre una composición de irresistible fuerza melódica y otra
basada en la virtuosidad del ejecutor”. (172-173) 7.
Celina Manzoni. “Reescritura como desplazamiento y anagnórisis en Amuleto”.
En: Roberto Bolaño: La escritura como tauromaquia. Buenos Aires:
Ediciones Corregidor, 2002. 8. Elena
Poniatowska. “Soldados de Salamina de Javier Cercas”. México.
D.F: La Jornada Lunes
7 de julio de 2003. 9. El
Primer Manifiesto del surrealismo de André Bretón, publicado en el año
1924 constituye el documento capital del movimiento surrealista. 10.
Estas características del real visceralismo, movimiento introducido en Los
detectives salvajes, corresponden a las características del
movimiento fundado por Bolaño y su amigo Mario Santiago: el
“infrarrealismo”. Según Miguel donoso Pareja, el presentador de la
antología de los poetas infrarrealistas publicada por Bolaño en 1979,
sostiene que el infrarrealismo correspondería a un término ya existente
en el vocabulario de Mariategui para referirse a Philippe Soupault (uno de
los fundadores, junto a André Bretón, del surrealismo). Según Donoso,
no hay que buscar los rasgos característicos del infrarrealismo en
manifiestos teóricos sino en el modo como los infrarrealistas practican
la literatura. La aceleración es el ritmo preferido. Su interés se
dirige al movimiento de las cosas, no a su desenlace; de aquí que el
acontecer puede adquirir un sentido confuso, sin metas, que tiende a
agotarse en sí mismo. Todo esto produce una visión desesperanzada de la
realidad circundante que encuentra en los motivos del amor y del crimen
sus mejores caminos de expresión, y que a la vez genera discursos líricos
de carácter narrativo y narraciones fuertemente indiciales. Aunque Bolaño
concibió el período de su actividad “infrarrealista” principalmente
como una diversión o entretenimiento poético de juventud, es indudable
que en esos años se empiezan a configurar los rasgos fundamentales de una
poética y una consecuente construcción imaginaria de la realidad que
legaliza hasta hoy su práctica literaria. (Promis,
53) 11. Schleimermacher, Sämtl. Werke, III, 3, pág. 343: “Über den Begriff der Hermeneutik mit Bezug auf F.A. Wolfs Andeutungen und Arts Lehrbuch”, discurso pronunciado en 1828. Schleimermacher distingue entre método “comparativo” y método “adivinatorio” cuya combinación es necesaria en la hermenéutica; y dividiéndose la hermenéutica en dos partes, una “gramatical” y otra “psicológica”, ambos métodos deben emplearse en ambas partes de la hermenéutica. De los dos métodos es el adivinatorio el que exige el “Zirkelschluss”. Para Leo Spitzer el “Zirkelschluss”es empleado en la adivinación de la psicología del autor; como también en lo que atañe a la adivinación gramatical: pasando continuamente de las partes al todo de la frase y del todo otra vez a sus partes. |
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Carolina A. Navarrete González (Chile, 1978). Ensaísta, inédita en libro. Ha publicado una serie de artículos en revistas nacionales e internacionales donde ha enfocado su interés, principalmente, en el género de la novela chilena e hispanoamericana. Contato: canavarr@puc.cl. Página ilustrada com obras do artista Nicolau Saião (Portugal). |
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