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revista
de cultura # 49 |
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Osip Mandelshtam: la pedrada en la historia Víctor Toledo
No hay traducciones de su lírica, completas al español. [1] Más que poeta de la simple libertad (como cuando se habla de memoria y de Memoria –en el sentido platónico, por ejemplo: “cuando leemos sólo recordamos”– esta Memoria mayor, “el hondo canto de la tribu”, la fundación de la época fraternal, ya relacionada íntimamente con la musa que sopla al oído el viento divino), es el poeta de la Libertad Absoluta, me refiero a su búsqueda de la trascendencia del hombre, al intento preciso de las ruptura de los límites humanos, a la superación de la historia, aunque asumiendo cabalmente, poéticamente, el contexto de su tiempo, dramático y heroico. En nuestro escaldante scald, en esta ardiente llaga de “ternura estigia”, de la plenitud vital; Original, clásico, y recóndita, brillantemente romántico, el sentido y la música van unidos: en los poetas más altos el significante y significado más fino y rotundo, más agudo y revelador, se da a través de la música, introducida por el ritmo: música pura la de Mandelshtam, música honda del Leteo y del Renacimiento, música de las Aónides, cósmica o terrible, imágenes pensantes, prístina memoria colectiva, ritmo de lo sagrado, profunda esencia de la cultura occidental y del iluminante mito: Mi asombro y descubrimiento es aún mayor al traducirlo: es de las poesías más bellas, entrañables y profundas que he leído. Mandelshtam es un verdadero gran poeta universal.
Mandelshtam nació en Varsovia en 1891 pero en su infancia se traslado con sus padres a San Peterburgo, es uno de los más grandes poetas rusos y universales de este siglo, para algunos como Joseph Brodsky, es el más grande poeta de su tierra, para mí, junto con Barís Pasternak, lo es, en lo que corresponde a la primera mitad de este siglo. Perteneció a la escuela acmeísta de San Peterburgo, junto con Ana Axmátova y Nicolaí Gumiliov, entre otros. El penetrante reflejo de la poesía del Báltico se forjó en los preceptos de esta escuela formalista de Leningrado, hoy, otra vez Sankt Peterburgo (la más formalista del universo creo yo), que exigía la mayor profundidad filosófica y el más alto rigor conceptual unidos a la forma más transparente (los akmeístas o acmeístas, del griego akmé: punta. En medicina es el periodo de mayor intensidad de una enfermedad; los acmeístas reaccionaron contra el simbolismo “decadente” de Soloviov, Annesky, Ivanov, Briusov, Sologub, Bieli y Balmont, entre otros. Buscaban un mayor compromiso con la historia y la sociedad, y pusieron más atención al estilo y a la claridad de la expresión; como Mandelshtam era también “el poeta de la civilización”, definió a este movimiento fundamental como “la nostalgia de una cultura mundial” y Brodsky –que tuvo a éste como su principal maestro– como “una versión rusa del helenismo”, “en cierto sentido”).
Difícil de leer (no da concesiones al lector), establece con él el diálogo de la eternidad, es uno de los más grandes poetas de este siglo. Del primer libro de Mandelshtam, Kamen’ (Piedra), Pasternak escribió: “En mi vida hubiese podido lograr un libro semejante... Hace tanto tiempo que ya se había escrito, pero cuántos descubrimientos contiene, todos ellos realizados en silencio y sin escándalo. Descubrimientos que se repetirán posteriormente, y con tanta ostentación, por otros, tan sólo porque se originaban en medio de un errar sin dar con el objetivo, acompañados de naufragios en los mares de los sargazos...”
La obra de este gran poeta –como señalamos– está prácticamente sin traducir, por las dificultades que entraña la lengua rusa y por la complejidad poética y cultural de los poemas, además por la consecuencia obvia de la marginación de la dictadura: hasta hace poco, con la Perestroika, se comenzaron a publicar y difundir sus obras completas en su país. Con su traducción, “se llenaría unos de los huecos más penosos de la poesía universal”. Es la obra de un enorme poeta clásico –y paradójicamente, por lo mismo, contemporáneo enorme–, desconocido fuera de Rusia.
NOTAS
1.
Conozco breves trabajos de José Vento Molina (traductor español ya
fallecido) en Dos siglos de poesía rusa, edit. Ráduga, Moscú, 1991;
del poeta cubano Eliseo Diego (publicadas en la revista Nexos 215,
noviembre 1995, versiones tomadas de Poesía soviética, Arte y
Literatura, La Habana, 1987) y otras de Tatiana Bubnova (unos 20 poemas) en
Contrapunto a cuatro voces en los caminos del aire (pequeña antología
de cuatro poetas rusos), UNAM, 1991. |
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Víctor Toledo (México, 1957). Poeta, filósofo e ensaísta. Autor de livros como A la memoria del demonio, Itinerario de poesía rusa (1999), Poética mexicana contemporánea, antología–ensayo (2000), e Abla o nadA (2002). Ensaio integrante do livro La luna y el lobo (Ensayos y traducciones de poesía), gentilmente cedido pelo autor. Contato: vtoledo22@yahoo.com.mx. Página ilustrada com obras da artista Isabel Meyrelles (Portugal). |
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