revista de cultura # 49
fortaleza, são paulo - janeiro de 2006






 

Auguste Rodin: las sombras moduladas

Jorge Leal Labrín

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Auguste RodinEl incomparable escultor francés no imaginó nunca que una de sus esculturas cautivaría a un joven chileno de 20 años, al punto de hacerle perder la cabeza, en un acto entre la pasión y la “naïveté”. La fuga con ella en brazos parece un acto más bien compulsivo que se despierta, ayudado mucho por las condiciones otorgadas por el propio Museo. La exposición, abierta hasta tarde en la noche, en un día de inauguración, una seguridad casi inexistente y un director de museo ausente, es lo que se reportó en la prensa. Adèle es entonces víctima de un alboroto. Afortunadamente para el patrimonio del Museo Rodin, todo salió “bien”, salvo nuestra vergüenza por la poca seguridad y responsabilidad de sus organizadores. A esto se le agrega la extraña omisión que se hizo del nombre de la traductora [1] en el catálogo, lo que deja de ser un simple percance (gente acostumbrada a este trajín no descuida un detalle tan importante), puesto que, hasta hoy dicho error no se ha enmendado, y deja una duda sobre el propósito (¿apropiación del derecho de propiedad intelectual?). Vale decir que esta exposición de Rodin pone en evidencia aquello que debe ser de todas maneras corregido. No deja de ser insólito tratándose de un Museo. Hago saber mi protesta por los contubernios y despropósitos del director del Museo Nacional de Bellas Artes.

Para entrar directamente en el ámbito del S. XIX, y en particular en la obra de Rodin, son varios los elementos a considerar. El año 1800 inaugura una sensibilidad diferente, claramente opuesta al pasado. Un sentimiento no común, un ser nuevo en su profundidad viene de nacer más libre, lo cual permite al artista indagar en parajes hasta entonces insospechados. Lo oculto será puesto en evidencia. El corazón será su radar; latirá más fuerte; creará un temperamento nuevo. O sea, en gran medida, su trabajo cuenta más con el corazón que con la mente, con el alma más que con la razón y con la casualidad más que con la certeza.

Auguste RodinNace Rodin en 1840, en el apogeo del Romanticismo y cuando tiene sólo 8 años Baudelaire proclama: “Quien dice Romántico dice Arte Moderno, o sea, intimidad, espiritualidad, color, aspiración al infinito”. El poeta se explica la creación como “un bosque de signos”; una multiplicidad de sugerencias frente a la valorización de la realidad. Es así que Rodin se dejará invadir, más tarde, por la intimidad natural y no por la técnica. Ni el movimiento realista sucesivo disipa su interés por el sentimiento y la expresividad del cuerpo. Para él, su arte será una suerte de enfrentamiento con aquello esencial de la vida: la corporalidad compartida entre lo material y lo espiritual. Sus esculturas revelan lo que digo: contorsiones de un cuerpo en ebullición, expresividad y tensión máxima de cada músculo; los cuerpos que parecen fijos tienen un movimiento permanente, contenciones de explosiones internas, expresadas en el estremecimiento de la carne viva.

Su infancia en el barrio de la calle “Mouffetard” marcará su aproximación sensible y la observación de la apariencia de lo real. Su modesta infancia es gratificada por la comprensión y el apoyo de su madre, quien entiende la inclinación de su hijo por el arte. Fue en la época de su más temprana adolescencia que quiso entrar a la llamada pequeña Escuela de Arte, para jóvenes de escasos recursos, en donde la enseñanza era gratuita y financiada por el estado. La escuela para jóvenes talentos competía con la academia de Bellas Artes que seguía el modernismo. En cambio, allí Rodin aprenderá el rigor de una enseñanza clásica, lo que derivará más tarde en su pasión por la figura humana. A los 15 años comienza a trabajar en un taller de “albañilería”; en donde realiza diversos trabajos para un escultor y orfebre. Se define así su interés por la escultura.

Cuentan que Rodin a la hora de almuerzo dejaba su trabajo y atravesaba el puente que lo llevaba al Louvre, para estudiar las obras antiguas. Su conocimiento por los artistas del Renacimiento, su curiosidad por la pintura y la escultura de Miguel Ángel, lo llevan a admirar al gran maestro por la robustez y monumentalidad de sus obras, (homenajeado en su escultura “El esclavo”). El mismo sentimiento comparte por Dante, quien desde el medioevo marcó la temática y poética de sus sucesores. Rodin que no es indiferente a aquello, sabrá tomar su propio camino o sea una expresividad mayor de los cuerpos y un conocimiento más interior del sujeto, sea éste hombre o mujer, bañados siempre en un clímax -si así se requiere- más sensual, vibrante, corporal y erótico.Esto queda demostrado en la realización de la Puerta del Infierno destinada al Museo de Artes Decorativas, (encargo del estado),obra cuya temática alude a la “Divina Comedia” del Dante,distanciándose Rodin del neoplatonicismo de los cuerpos y belleza Renacentistas.

Auguste Rodin Al igual que Miguel Ángel y Delacroix, el escultor Rodin se focaliza en temas religiosos como esta puerta, que resuelve con profunda maestría y una sinceridad sin limite. Esta obra se acerca más a las ideas de “rareza” postuladas por Baudelaire y acciona una estética en plena concomitancia con el Simbolismo -cuerpos en contorsiones y tensiones diversas, que manifiestan un acto genésico, hasta mostrar en su plena vivacidad lo obsceno natural. Seguramente cuando Rodin -a los cuarenta años- se inicia en este desafío, tuvo en su memoria lo visto y visitado tantas veces en sus paseos de juventud al Louvre: [2] las pinturas de Rubens y Delacroix y ciertamente las de Fragonard. Captó en ellos el movimiento de los cuerpos, el temperamento y la pasión interior que exhalan y la emanación una sensualidad erótica que posteriormente plasmó en sus obras.

A medida que el artista avanzaba en edad, se acentuaba su pasión por la belleza de los cuerpos femeninos, por los surcos y los pliegues de la carne. A las mujeres las “desviste”, les exhibe su sexo, su candor y deseo; a los hombres los humaniza despojandolos de su postura de severidad y arrogancia. A los amantes los hace exaltar su ardor en las más atrevidas posturas y tanto más si son parejas lésbicas, como es el caso de su escultura “Mujeres condenadas”.Es curioso que esta temática del lesbianismo sea recurrente a lo largo de la historia del arte, en obras muchas veces realizadas por artistas anónimos.

En complicidad con la obra de Baudelaire - están sus ilustraciones para “Les Fleurs du Mal”, trabajada en la misma libertad temática que su contemporáneo Toulouse-Lautrec. Las afinidades de ideas son múltiples entre el escultor y el poeta Charles Baudelaire: marcan su tiempo vivido y lo expresan en obras que darán vertiente a un sentido más vulnerable de la vida y el arte.

Lo humano es tratado en Rodin con soltura e interioridad, hasta ser despojado de investidura, la temática de la sexualidad es claramente más libre y atrevida (como se aprecia en sus esculturas, croquis y acuarelas), rechazando la vulgaridad realista y proclamando una fantasía expresada por altos matices de sentimientos, sin autocomplacerse en las apariencias externas. Rodin hace prevalecer el siquismo al momento de ejecutar cada uno de sus personajes. En rigor, su arte no es de límites ni opta por la comodidad.

Le costó mucho a Rodin imponer su estilo frente a la critica y los salones pero su particular sentido de la belleza y manera de hacer arte perseveraron, logrando provocar la atención del público de su tiempo. Hará valer aquello que para Baudelaire era importante: “La reina de todas las facultades, !la imaginación!”, cuyo espíritu no tiene regla ni timidez ni es obediente a la realidad…

Es aconsejable, al aproximarse a la obra de Rodin, hacerlo desde el discurso filosófico de Baudelaire; por ser quien desencadenó las ideas de lo moderno, germinando así nociones de lo nuevo y lo diferente en el ámbito de la creación artística.

Baudelaire fue el gran maestro indiscutible para muchos pintores y escultores; fue quien generó la corriente francesa que marcó la diferencia con las posturas filosóficas alemanas respecto al discurso de la belleza armónica.

 Anterior a Baudelaire la carga moral está siempre implícita en lo bello, hasta en el mismo sublime natural. Luego se acciona esta idea, la que estará magnificamente expuesta en los artistas del S. XX: lo “bizarre”; entendido esto como algo que deja de ser pasivo para ser explosivo y convulsivo, conteniendo también algo indeterminado. Dicha experiencia remite a esas zonas de semipenumbras en que se retocan e inventan maravillosamente un mundo de “bizarreria”, desplegando en los hombres otro sentimiento que no deja de sorprenderlo. “Lo bello es siempre “bizarre”. No quiero decir que sea voluntariamente, friamente “bizarre”, ya que en este caso sería un monstruo salido de los rieles de la vida. Digo que contiene siempre un poco de “bizarrerie”, de “bizarrerie naive”, no buscada, inconsciente y que es esta “bizarrerie” la que lo hace particularmente Bello”. [3] En Rodin su nerviosidad al momento de ejecutar sus piezas hace que éstas se parezcan a un “tourbillon” entre la fluidez de la materia y el aire, proyectando partículas de una belleza bizarre.

Auguste RodinEn la época de Rodin, las opciones estaban dadas para los artistas. Algunos se conformaban con reproducir el mundo exterior y otros indagaban en las convulsiones de un mundo interior. Es así que entre el impresionismo o una reanimación de un espíritu encantado, optará por el Simbolismo, movimiento que se apega más a su impulsivo carácter. Frecuentemente dirá que su viaje a Italia y la posibilidad de apreciar en directo la obra de Miguel Ángel lo hacen liberarse de lo aprendido en la escuela y de la influencia de Ingres que expresan para el una frigidez en la emoción. En su etapa de mayor madurez, al momento en que realiza la Puerta del Infierno, busca distanciarse radicalmente del academicismo, de las simetrias en la composición y también de toda lectura del purgatorio y poemas de Dante. Pero este infierno es totalmente distinto al del poeta, de la misma manera que el inconsciente de su epoca es distinto de aquel del siglo XIII. Rodin rompe con la rigidez monumental de la escultura, dotándola de una plasticidad que se nota en su particular forma de plasmar un “torbellino”: acto de representación que logra como acción, un diálogo con el público, esto lo podemos también observar en los Burgueses de Calais.

El merito de este genio es sin duda su postura de la modernidad que lo hace visionario. Se siente persuadido frente al nacimiento de la fotografía, casualmente contemporánea a él, que determinará en alguna medida el quehacer de los artistas de su época. Se pensó y se escribió muchísimo sobre este nuevo fenómeno. Algunos críticos comentaban que ésta reemplazaría la pintura, obviamente el dibujo y el grabado, pero era más que nada una placa o un cliché distinto. Rodin supo bien congeniar con ella desde su trabajo. La foto entra en la intimidad de la vida más friamente; no logra la atmósfera, ni el color, ni las variantes tonales que el pigmento otorga. La intimidad de la pintura como la escultura no es dañada; la intencionalidad y causa de este nuevo arte es distinta. Rodin se sirve de la fotografía, se acompaña de ella y ésta se transformará en un documento de su vida y una lectura permanente de su obra. Es así que reestudia los originales de la Puerta del Infierno, su obra inacabada y recurrente a lo largo del tiempo, desde donde rescata permanente temas.

El escultor es verdadero en su vida y su trabajo, llevado siempre por un incesante imaginario que se ajusta a su determinante convicción en su usanza creativa. Nadie pudo variar lo que él consideraba su “verdad de la escultura”, ni los salones de pintura, ni aquellos funcionarios que le hacían los encargos.

Su originalidad fue defendida por quienes le admiraron. Fue así como Emile Zola, en el periodo que presidió la Sociedad de Escritores, en 1891, logró a su favor el encargo del monumento-escultura de la figura de Balzac. Rodin se esmera con pasión, trabajará afanosamente 14 horas diarias, realizando diversos estudios de cabeza y cuerpo, llegando a soluciones de una alta imaginación como el estudio de la “Bata”. No descuidaba detalles. Era minucioso al extremo, llegando a localizar en la ciudad de Tours al sastre del escritor, con el fin de saber detalles de sus medidas y sus preferencias en el vestuario. Ello demuestra lo maniático que era el escultor al momento de dar solución a cada uno de sus personajes; como cuando realiza la escultura de Victor Hugo.

Auguste RodinSu peculiar manera de ser le otorgó una fama que atravesó los continentes y muchos escultores se sintieron poseídos por su virtuosismo. Es el caso de Rebecca Matte, quien se interesó desde sus comienzos en su obra y adhirió al mismo sentimiento escultórico. Ella buscaba, también, una mayor vehemencia al esculpir, un manejo de la nerviosidad al modelar las figuras, aplicando los volúmenes disparejos a la manera de algunos pintores como Cezanne.

La escultura de Rodin se acerca más a la pintura y la fotografía, su obra es de advenimiento a las técnicas, más escenificada de fibra y corpulencia humana; logró así una presencia única en “El Pensador”; obra que la hace diferente en la escena de la representación histórica de figuras asimiles, las que miraban habitualmente el cielo. Aquí la idea de Rodin es otra; su escultura está meditando profundamente, mirando hacia la tierra de manera serena.

 

NOTAS

1. Françoise Morel, quien realizara la traducción de los textos del catalogo Rodin 2005. Titulada del Institut Supérieur d’Interprétariat et de Traduction - ISIT - de Paris, realizó traducciones de diversas revistas internacionales entre las cuales Connaissance des Arts y obras literarias.

2. Como: “La muerte de Sardanapale” de Delacroix (Tela: 395x496cm), “Las Bañistas” de Fragonard (Tela: 164x80cm), “La felicidad de Regencia” de Rubens (Tela: 394x295cm).

3. Baudelaire, “Ecrits Esthétiques”, Christian Bourgois Editeur, Paris, 1986 “bizarre”: usado por Baudelaire para definir lo “raro”, lo “extraño”.

Jorge Leal Labrin (Chile, 1953). Crítico de arte, profesor de Historia del Arte de la Universidad Andrés Bello. Contato: leallabrin@hotmail.com. Página ilustrada com obras do artista Auguste Rodin (França).

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