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Revista de Cultura nº 4/5
 
Fortaleza/ São Paulo, novembro de 2000
 
MAROSA DI GIORGIO: DON Y RITUAL

Luis Bravo

ag4marosa1.JPG (27558 bytes)La obra de esta poeta salteña es un códice escrito sobre las hojas de una selva doméstica, o una huerta litoraleña. Flores comestibles, hongos soñantes al pie de un árbol en pie de vuelo. Árbol cuyas raíces se van afinando en cada entrega y cuyas ramas proliferan sosteniendo frutos, iguales en apariencia, pero de sabores infinitos. Quien le observa sentada, detrás de sus anteojos felinos, en una de las mesas del montevideano Café Sorocabana, asiste a la visión de una musa lautreamónica. Su presencia transmite una energía extásica que sólo estalla en sus poemas, con parsimonia salvaje. Sus personajes son testigos solitarios de lo que ocurre del otro lado del espejo, desde donde trafica un humus de misterio y delirio. En su obra se reúnen, con naturalidad, la perplejidad de la inocencia y la perversidad, en tanto corrupción de la costumbre de la literatura. La entrevista que ofrecemos fue realizada en 1996. (L. B.)
 
 

Empecemos por Dios. Te definiste una vez, en 1981, como de temperamento religioso, creyente en un Ser Superior pero "no atada a ninguna iglesia en particular". En 1995, en otra entrevista, dijiste "y estoy en la Iglesia Católica desde siempre" ¿Es que a través de los años tu reiterado interés por la teología te acercó a una iglesia en particular? ¿Cómo concilias ese panteísmo ultrasensitivo de tu escritura, con el monoteísmo católico?

No recuerdo qué dije en 1981, pero de seguro, me referí a ausencia de fanatismo. Conozco templos de otras religiones y en todos me sentí muy bien. Los caminos, ya se sabe, conducen al mismo Centro. Pero sí, nací dentro de la Iglesia Católica, con sus ámbitos casi siempre barrocos – según la época – ámbitos expresivos, sus bellos iconos, cargando lirios, rosas, panes mágicos. Lo visual abre también las puertas de la percepción.

Anduve, ando, por el jardín de esa Iglesia, ya lo dije, con un poco de miedo y con felicidad. Y el panteísmo de mi escritura y de mi ser se concilian perfectamente con el monoteísmo católico. El Dios de los católicos y el Yahveh de los hebreos del Antiguo Testamento, irradiándose a través de Cristo en forma humana, ese Dios trino. Además aparece, y se eleva cada vez más, la figura de una Princesa niña, María, de gran significado y resplandor. Y la larga sucesión de santos y santas, ligados a cada cosa y a cada hecho. Y las dinastías, las jerarquías de ángeles, querubes, serafines; cabrían miles de ángeles en la punta de un alfiler, se dice. Se trata de una creación visitada, poblada, asistida por un múltiple y potente Más Allá. Y dirán "todo eso es leyenda". Pero por algo aparece eso en el corazón del hombre. "Aparecer", significa "existir". El hombre ve el trasmundo.
 
 

Cuando se te ha preguntado por "parientes" literarios has dado siempre un selecto puñado de referencias: Lewis Carroll, la Ilíada de Homero (increíblemente no la Odisea), El Cantar de los Cantares, Las Mil y una Noches o el Quijote de Cervantes. En algún momento te mostraste entusiasmada por el pensamiento filosófico de Kierkegaard y Heidegger¿En qué medida la eterna niña-narradora de tus poemas, incorpora la preocupación metafísica del Ser en su testimonio alucinado del universo?

Lewis Carroll es uno de los más grandes poetas. De su Alicia y sus otras maravillosas niñas – la de los retratos – soy admirada amiga, mas no pariente. Quien atravesó el espejo es un ser infantil, encantado. La eterna narradora de mi escritura va por un camino más doloroso y dramático. Me inclino, me inclinaré siempre ante la Alicia de Carroll.

ag4marosa2.JPG (67074 bytes)Sigo contestándote. Sí, amo más La Ilíada; creo que se debe a esa guerra real o mítica, lo mismo da, desencadenada por la Belleza. Helena, mujer-diosa, con cabellos y sandalias de oro, y, seguramente, usando tal lo hacían las diosas, joyas "grandes como ciruelas". Y Aquiles y Héctor. La contienda veloz y la muerte de uno de ellos. Todo entre un humo dorado, fragancia de violetas sin dueño. "Así se celebraron los funerales de Héctor". Y El Cantar de los Cantares, Las Mil y una noches, La Divina Comedia, pero no veo que todo esto, y mucho más, entre en contienda con Kierkegaard y Heidegger, y sus jardines sombríos, sus vericuetos, sus ojos transparentes. No se contraponen sino que se ayudan. Todos soñamos y también preguntamos, aunque La Respuesta, la última, sea tan esquiva. Así debe ser su naturaleza. Provocar sin entregarse.
 
 

Hablando de la infancia ¿podrías describir la escena en que junto a tu hermana y tu prima jugaban a tomar el té adentro del tronco de ese gran árbol de Magnolia, "con flores blancas como de mármol", que "señoreaba" en la chacra donde vivías en Salto?

Tomábamos de verdad el té dentro de aquel tronco generoso, con algo de sillón. Cabíamos las tres. Subíamos y bajábamos como gatas. Nunca vi magnolia igual. Es mi emblema. En algún lado le digo: "te veré en el cielo. No puede ser la Eternidad sin ti."
 
 

Siempre has defendido el origen visionario de tu poesía. Has hablado de entrar en una "zona / habitación / bosque / comarca encantada"; has hablado de un hada / ángel que te susurraron tu destino de poeta ¿Considerás que esa familiaridad con el inconsciente, con lo "invisible" que se te revela, es un don, un atributo?¿Te parece posible que pueda accederse a ese "resplandor" a través de otras vías: meditación, conocimiento científico, uso de drogas específicas?

En mi caso es un don, anunciado por un ángel con una frase nítida. Imposible creer que sólo la meditación o el conocimiento científico, tan valiosísimos, basten para crear poesía o cualquier otra forma de arte. No probé ninguna droga, pero en Las puertas de la percepción de Aldous Huxley, y en otros tantos libros, se cuenta de experiencias, visiones extraordinarias, bellísimas y a la vez aterradoras. Al tornar de esa especie de "visita", de viaje, si no se posee el "don" ¿cómo se hace para convertir lo experimentado, en hecho artístico, en algo válido, duradero?
 
 

Volviendo a lo cotidiano. Tienes una vida ascética. No tenés un equipo de audio, acaso tampoco televisor; tu vestimenta es colorida pero no te imagino con un gran guardarropa. En Salto ibas mucho al Café "Los Pingüinos" y ya en Montevideo los diferentes sitios del "Sorocabana" han sido parte de muchas horas de tu vida…

Lo cotidiano es mágico. De niña era protagonista como testigo. Seguía a mi abuela, madre, tías, en su trajinar, mientras entrecruzaban los hilos, hacían la malla de oro de cada hora, de cada día. Llevo una vida ascética por elección y por designio. No poseo ningún ser electrónico. No tengo nada. Mi vestimenta no es colorida. No lo es mucho. Debe ser el pelo rojo, y el aura, eso que todos llevamos. La mía, tal vez, sea tornasolada, y me hace aparecer en colores.

Sí, ambulo un poco por los Cafés, estoy en ellos pero a mi manera. Siempre hay como una separación, un no estar. Sólo a veces, un poco de alcohol me da la vaga sensación de que me integro.
 
 

ag4marosa3.JPG (65392 bytes)Tu vocación de actriz, la forma en que realizas tu performance Recital Diadema (editado por Ayuí en cassette, 1995) te convierten en una poeta que da un lugar muy destacado al contacto directo del texto con el público. ¿La trasmisión oral de la poesía te resulta tan atractiva como la escritura de la misma? ¿Te parece que los poetas debieran atender más esa faceta artística de su quehacer?

Yo creo que el poeta debe escribir; y que la poesía debe conocerse en el silencio y la soledad. Eso es lo primordial. Pero nací recitadora. Es un ritual. No quiero ni puedo sustraerme. Es como construir frente al público, construir con la fe, rosas, clavelinas, y repartirlas.
 
 

Cuando te han señalado el carácter de prosa de tus textos has reafirmado que esta elección formal no desplaza el hecho poético. Incluso has hecho hincapié en una sintaxis que cuida los ritmos. ¿Corriges más la sintaxis y el sonido que los breves argumentos de lo que escribís?

En realidad es muy poco lo que corrijo. Estos textos podrían definirse como apariciones. Apariciones de mi alma. Mi alma puesta en lo visible porque creo que el alma va más allá de todo. Es una lamparilla diminuta que contiene todos los universos.
 
 

Tu segundo apellido, Médici, nos podría remontar a Catalina, la evocadora de espíritus. Has dicho que lo que hay en tu obra de referencias celtas lo recibiste en la sangre. En un poema se dice "yo fui a la escuela, siendo la última dríade de este mundo". Marosa: ¿que significa para ti ese nombre?

Estuve unas horas en un castillo francés que perteneció a Catalina de Médici. Espié sus retratos, el armario de los filtros, otros muebles, la escritura, el jardín donde ella dibujó su laberinto, señalado con plantas que parecen de tul. No sé, la perseguía como a una pariente remota y cercana, en aquel insondable bosque de un recodo del Loire.

Marosa es el nombre de una planta italiana, fantástica; cada tanto da una flor sumamente abrillantada. Parece ser que esta flor fue traída de las Galias, o no: pero formó parte de los rituales druídicos. Así decían siempre en mi casa. A lo mejor inventaron todo. Inventaron el nombre Marosa.
 
 

Si pudieras elegir vivir o haber vivido en otra época ¿cuál sería tu elección?

Construyo, reconstruyo gentes de otras épocas. Las recreo y al mismo tiempo las sigo, las espío. Para contribuir a su resurrección. Vivo y trabajo en todas las épocas. Modestamente.
 
 

NOTA

Marosa Di Giorgio Médicis (Salto, Uruguay). Ha publicado: Poemas (Salto, Uruguay 1954); Humo (Santa Fe, Argentina, 1975); Druida (Caracas, Venezuela, 1959); Historial de las violetas (Montevideo, Uruguay, 1965); Magnolia (Caracas, Venezuela, 1965); Gladiolos de luz de luna (Caracas, Venezuela, 1974); Clavel y tenebrario (Montevideo, Uruguay, 1979); La liebre de Marzo (Montevideo, 1981); Mesa de Esmeralda (Montevideo, 1985); La Falena (Montevideo, 1987). Con el título Los papeles salvajes se recopilan sus obras completas. El tomo I (Arca, Montevideo, 1989) incluye sus libros mencionados hasta 1979, agregando dos inéditos La guerra de los huertos y Está en llamas el jardin natal. El Tomo II (Arca, Montevideo, 1991) incluye sus libros publicados desde 1981 en adelante, incorporando el inédito Membrillos de Lusana. Misales, relatos eróticos, se publicó en Montevideo y Francia (1993); Camino de las pedrerías, (relatos eróticos) (Montevideo, 1997); su primera novela recientemente publicada se titula Reina Amelia (Buenos Aires, 1999).

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