revista de cultura # 50
fortaleza, são paulo - março/abril de 2006






 

Tomás Saraví y Tiempo de Lobos, pionera en el género de la novela negra latinoamericana
[entrevista]

Alfonso Peña

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Tomás SaravíAnte la próxima aparición en San José de la segunda edición de la novela Tiempos de lobos, del escritor Tomás Saraví (amigo, colaborador y cómplice, desde 1980), lo hemos entrevistado especialmente para la revista Agulha. Mantenemos el estilo coloquial e informal de nuestra conversación (conversa que se da con frecuencia en el Café Versalles del Paseo de los Estudiantes, Manolos de la Avenida Central o caminando por entre las empedradas callejas de Barrio Amón).

Con motivo de este acontecimiento editorial, Ediciones Andrómeda y El Taller de la Imaginación, han invitado al grabador costarricense Rudy Espinoza, a crear una serie de “lobos”, una temática que desde hace dos décadas Rudy maneja con su proverbial maestría. Esa muestra vendrá incluida en el volumen y se presentará al público en una pulcra carpeta de Obra Gráfica. [AP]

AP Tomás, tu novela Tiempo de lobos se publicó en Madrid, bajo el sello de la Editorial Sedmay hace 27 años. En los próximos días saldrá de prensa, bajo el sello Ediciones Andrómeda en San José, la segunda edición. Para los lectores de Agulha, resultará muy interesante conocer en qué circunstancias escribiste la obra.

TS El libro apareció en marzo de 1979. La dictadura militar argentina, en el período de Videla, llevaba dos años y medio de existencia cuando escribí el libro, a finales de 1978. ¿Cómo surgió ese tema? Creo que vale la pena recordar ciertas circunstancias personales y sociales que yo vivía en esa época.

En el primer año de la dictadura de Videla, me salvé de la muerte; fueron a buscarme a mi casa, en Tandil, provincia de Buenos Aires, y por suerte no me encontraba allí. Mi mujer enfrentó con gran coraje la situación y huyó de la ciudad donde vivíamos, recorrió la provincia con nuestros cuatro hijos. La cosa iba en serio: cualquier descuido conducía a la muerte. Hay una situación que vale la pena recordar: en el 78 se realizó el Campeonato Mundial de Fútbol en Argentina y lo que a nosotros nos sucedió fue en el 76. Fuerzas revolucionarias antidictatoriales habían eliminado ese año al general Actis, que era el presidente del comité organizador del Campeonato; como represalia, el régimen militar decidió liquidar a algunos cuadros políticos, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, y esa jugada aparentemente me incluía a mí. Después de ese episodio decidimos abandonar el país; viajamos a España en barco (todo el grupo familiar) y nos instalamos en Madrid. Allí comenzó nuestro exilio. Mi lucha como militante político continuó en el exterior en campo de las publicaciones, la comunicación y las denuncias internacionales contra la junta militar. Madrid era un lugar ideal para eso; manejábamos información de primera mano. Las organizaciones políticas nos la proporcionaban y, a la vez, teníamos contacto permanente con la Argentina y podíamos trabajar eficazmente. No digo con tranquilidad, porque por todas partes se agazapaba el enemigo (se sabe que hubo asesinatos y secuestros en el exterior). En síntesis, yo manejaba en esa época muy buena información política en un equipo muy completo en el cual, apenas pasaba algo notable en la Argentina, lo hacíamos público y lo enviábamos a unos cuatrocientos medios de todo el mundo. La verdad que aquello era un “servicio de inteligencia” bastante completo.

Cuando llegué a Madrid, entre otras cosas trabajé en publicidad y colaboré con la editorial Sedmay con traducciones. Ellos me ofrecieron en determinado momento que publicara algo en una colección que estaban preparando en el 78 que se llamaba Club del Crimen. De inmediato acepté el desafío y decidí producir un material en donde el virtual asesino de esta novela negra fuera la Junta Militar Argentina, en alguna de las tantas formas de persecución y muerte. Utilicé como telón de fondo todo lo que estaba pasando dentro y fuera de la Argentina. De ese modo encaré la novela.

Ivald GranatoAP Sería muy interesante que hablásemos ahora sobre la técnica de la novela. Ahondemos, en aspectos como la búsqueda de información, estructura, lenguaje del libro.

TS El hilo argumental, que inclusive comenté con gente del exilio con la que compartíamos actividades en Madrid, amigas y amigos de diversos signos políticos, pero antifascistas todos, fue el siguiente. Un joven no perteneciente a ninguna organización político-militar pero con ideas y actitudes muy arrojadas (Santiago), enfrentado a la dictadura, pierde a su compañera; ella es torturada y asesinada en la Escuela de Mecánica de la Armada. Por un cúmulo de circunstancias, en aquella época había mucha filtración de información de la Escuela hacia fuera. Santiago detecta que el hombre que eliminó a su mujer luego de torturarla bárbaramente (El Lobo), realizaría un viaje por Europa. En aquella época, algunos militares estaban al borde de la locura, por tanto asesinar, por tanto torturar, por tanto robar (porque todo eso iba junto: ellos no solamente mataban, sino que eran depredadores, devastaban las propiedades y casas, y en todo aquello había un oscuro comercio, era el “negocio de la muerte”). Al Lobo, sus superiores lo enviaron a Europa, no se sabía bien si a cumplir una misión concreta pero inicialmente con el pretexto de que descansara un poco. Por una serie de circunstancias, Santiago logra saber adonde va a comenzar su viaje el Lobo; va a llegar a Estocolmo, en esa ciudad va a iniciar su itinerario por Europa. Comienza entonces una etapa de seguimiento, y ese es el trasfondo de la novela; Santiago hace un rastreo del torturador que ha asesinado a su compañera en la Escuela de Mecánica de la Armada. Ese es un poco el hilo argumental; comienza en Estocolmo, continúa en Hamburgo, luego también en Alemania, a orillas del Rin, y culmina en París. Como me habían pedido compañeros del exilio que tratara de que la novela tuviera “elementos” cinematográficos, la escribí pensando subliminalmente que tuviera la capacidad de transformarse en un guión. Pero esa es otra historia. Luego la aventura cinematográfica no prosperó, aunque se dieron algunos pasos serios en ese sentido. Lo cierto es que avancé en la novela, en la cual no seguí cánones tradicionales de la novela negra, aunque en aquella época todos estábamos muy influidos por los maestros del género (Chandler, Hammet, etc.). Yo no seguí  conscientemente ninguna fórmula, más bien me propuse relatar como era el seguimiento que realizaba Santiago, que no sabía si lo movía realmente un motivo de venganza o un principio de justicia.

AP Tu novela se publicó hace 27 años en Madrid. Lo interesante es que cuando ahora se hace una relectura a fondo, queda la impresión de ser muy actual, tanto en el plano político como en el literario. Sabemos que actualmente el cuento y la novela negra hispanoamericana tienen mucha vigencia, con miles de lectores en América Latina y España. Tiempo de Lobos se inscribe como uno de los libros adelantados a la época.

TS Fue preciso que pasara todo este tiempo para que yo llegara a aceptar que sí, que tuvo algo de pionero. El clima de “novela negra” tiene que ver mucho con los acontecimientos políticos de aquella época, porque la persecución dictatorial era habitual en nuestros países. El período empieza con la caída de Allende en Chile, continúa con la dictadura argentina, la uruguaya, la del Paraguay, la brasileña. Con el tiempo se conocería el trasfondo del “Operativo Cóndor”, el papel preponderante, hegemónico de Pinochet. En aquel momento, mucha de la militancia más comprometida en esa lucha aceptó con resignación algo con lo cual nunca estuve de acuerdo: que habíamos sido “derrotados” Lo he dicho a lo largo del tiempo, siempre se lo reitero a mis hijos (recuerdo que los chicos tenían 5, 6, 7 y 8 años cuando comenzamos el exilio español): que no había sido una guerra perdida. Tuvo y tiene sentido esa lucha cuando analizamos todos y cada uno de los pasos que hemos dado quienes luchamos en aquella época y quienes, por razones de edad, se fueron plegando posteriormente, que algunas veces ignoraban lo que había sucedido y, cuando se esclarecían, se daban cuenta de que se trataba de una gesta histórica. Esto comenzó a comprenderse mejor con las sensacionales revelaciones que hace unos años se hicieron en torno al Operativo Cóndor y muchas de las investigaciones que se reflejaron en Radio Noticias del Continente a la cual deseo referirme más adelante: pasábamos listas enteras de los desaparecidos, de los asesinatos, de todo lo que estaba sucediendo en la Escuela de Mecánica de la Armada, y en los demás lugares clandestinos donde se torturaba.

La lucha y el esclarecimiento continuaron y no es una casualidad que en este momento incluso alguno de los hijos de Pinochet hayan debido retirarse de escena cuando se supo a ciencia cierta en qué medida la corrupción económica había incidido en la actividad dictatorial de estos militares chilenos. Podemos decir que no hubo derrota, sino que se dio una lucha que todavía continúa y, podríamos añadir, tiene mucho que ver con la apertura democrática que se está dando en el continente.

Retomando lo que planteabas en tu pregunta: el clima de novela negra se da en coincidencia con algo que quizás no ha sido lo suficientemente subrayado últimamente, salvo algunos comentarios que se pueden leer en artículos insertados en algunas publicaciones, por ejemplo en un número de un número de Les Temps Modernes, la revista de Sartre, Simone de Beauvoir y sus amigos, que todavía continúa apareciendo, (debe andar caasi por la edición 500 o algo así). Esa revista preparó una entrega sobre la novela negra, hace unos 8 años, donde se daba a entender cómo las luchas políticas y sociales habían generado una novela negra política de gran impacto. Inclusive hacían referencia a novelas negras que argumentalmente giraban en torno a temas como la energía nuclear, las explosiones en el Pacífico, etc. Si alguien aún piensa que todavía es factible realizar el análisis de la novela negra a través de los fundadores del género, debe considerar que hay una gran cantidad de producción muy renovada, como muy bien se refleja anualmente en la Semana de la Novela Negra que se realiza en Gijón, en España. Ahí se analiza y discute una enorme producción de autores que han incorporado toda la temática contemporánea: el narcotráfico, la violencia, la marginalidad de las ciudades, el crimen político.

AP Entre los diversos personajes que desfilan en las páginas de Tiempo de lobos, hay uno que me llama la atención, por su estilo picaresco, por su humor y también por que representa, y es dibujado muy bien, al típico funcionario latinoamericano designado algunas veces con funciones en Europa, el Gordo,¿ podrías hablarnos de él?

TS Me alegra que hagas referencia al Gordo. Es un personaje típico en el clima de esa época, aunque podríamos afirmar que de todas las épocas. El Gordo, instalado en Estocolmo, está vinculado con servicios de inteligencia de la Marina y del Ejército, y con agencias de diversos países. Es un típico cosmopolita que hace sus pequeños y grandes negocios. Hay un momento que quiero recordar, en una de las conversaciones que el tuvo con el Lobo. El Gordo, con ingenuidad, como algo personal –como una inquietud, sin mala intención–, pregunta al Lobo, al torturador de la Escuela de Mecánica de la Armada, cómo funcionaba aquello de los cadáveres que eran arrojados al Río de la Plata. Si los lanzaban vivos o muertos, si les aplicaban alguna clase de inyección letal antes de lanzarlos al río, o no. Entonces, el Lobo piensa: “ya me habían dicho mis camaradas que el Gordo es muy preguntón, tengo que cuidarme mucho con lo que diga”; con total naturalidad le dice algo así como: “Bueno, yo no participaba mucho de los cuerpos que se tiraban al río, no estoy seguro si los inyectaban o los tiraban vivos al agua”. El Lobo se siente feliz, pues ha contestado la pregunta sin comprometerse. El Gordo, al tiempo que apaga muy cuidadosamente una grabadora que está escondida bajo su escritorio, se dice “esto es lo que yo necesitaba, un testimonio de que la Marina era la responsable de tirar cadáveres al Río de la Plata”. En aquel momento eso no estaba documentado, y el servicio de inteligencia del Ejército le había prometido cincuenta mil dólares por un testimonio directo sobre un tema que después le daría la vuelta al mundo.

Ivald GranatoAP Tiempo de lobos es editada en Madrid cuando aún no han transcurrido tres años de establecida la dictadura de la junta militar argentina. Tengo entendido que algunos críticos literarios y algunos especialistas en el tema asignan un mérito especial a la novela por ser un documento con matices propios de la ficción pero, al mismo tiempo, con los aspectos característicos del testimonio. Testimonio de cómo en el Cono Sur se había establecido una dictadura sangrienta y terrible. Se señala, asimismo, que Tiempo de lobos es pionera en el género de la novela negra latinoamericana.

TS Yo he recuperado indirectamente algo de esa sensación que hubo en el ámbito literario, no tanto por haberlo escuchado de una forma directa; por ejemplo, el escritor costarricense Alfonso Chase, en sendos viajes a México y a Cuba, en contacto con algunos escritores argentinos y cubanos escuchó comentarios sobre esta novela y, justamente, parece que ponían énfasis en el momento en que fue escrita, al comienzo de la dictadura militar. Es curioso, pero el mundo no estaba enterado plenamente del drama argentino… Tengamos en cuenta que en aquellos años aún no se contaba con la tecnología y los sistemas de información actuales. Todo era más lento. Cuando me trasladé a San José, a comienzos del 79, la verdad que conocí de lo que se comentaba en Madrid y Buenos Aires acerca del libro. Hace poco tiempo me enteré, estando en Argentina, en el año 2000, que en una obra sobre la novela negra latinoamericana, Mempo Giardinelli ( él mismo cultor del género, y difusor de las ideas referentes a la novela negra) había hecho un análisis de cuatro o cinco páginas sobre Tiempo de lobos, era un análisis realmente interesante, que pude conocer en aquel momento. Incluía algunas críticas que yo no compartí, pero que de inmediato respeté, pues la suya era una visión muy seria. Recuerdo que Mempo decía en su libro que era innegable que el autor de la novela manejaba con fluidez los elementos y la técnica narrativa de la novela negra. Eso me agradó mucho.

Otro comentario que me hizo Julio Escoto, el escritor y crítico hondureño, en alguna de las múltiples conversaciones que mantuvimos en San José a comienzos de los ochenta, fue que la novela “progresaba velozmente”; a él le gustaba el ritmo del libro, “que estaba siempre en movimiento”.

AP Tomás, como autor, ¿como situarías o ubicarías a los dos protagonistas, los dos ejes principales de Tiempo de lobos, Santiago y el Lobo. Percibo en los dos personajes un gran simbolismo. ¿Puedes agregar algo al respecto?

TS Claro que sí. Ante todo un comentario sobre el nombre de la novela, que en su primera edición se llamó Flores para el Lobo, aunque a mí originariamente me había gustado el título Tiempo de lobos, que es el que finalmente tiene en la segunda edición. Es una suerte de síntesis del torturador típico argentino. Como ya he dicho, nosotros manejábamos en el exilio (quienes estábamos en tareas de “inteligencia”), todos y cada uno de los detalles de una cantidad enorme de torturadores, información que se había filtrado lentamente y era recolectada por los grupos militantes en conversaciones con quienes habían huido, o que de algún modo habían sido testigos; muchos de ellos provenían de la Escuela de Mecánica de la Armada, por eso conocíamos muy bien el los entretelones de ese ámbito. Por ejemplo, cuando escapó del control de la Armada el compañero Jaime Dri y de inmediato se fue al exilio, cuando llegó a España le hice una extensa entrevista que se publicó en la revista Vencer, de la cual yo era responsable, Recuerdo que Jaime refirió en ese momento cómo era la vida cotidiana al interior de ese “templo del terror”, como ahora se lo conoce en el mundo entero. Esa información, sumada a muchos otros testimonios, permitía lograr una síntesis de los mecanismos de los torturadores. Sabíamos los nombres, conocíamos las maneras de actuar, sus “tics”, por los informes que poco a poco habían sido sistematizados. Como dije, antes de finalizar el tercer año de Videla, la información se podía conocer, aunque no fuese vox populi, porque la manejaba cuidadosamente la militancia antidictatorial.

Ivald Granato De todos esos materiales yo elaboré “un Lobo”, que era un nombre que creo no aparecía en las listas de los “alias” de los torturadores argentinos. Al personaje le puse “Lobo” pues me pareció muy significativo. Al dar vida a ese personaje, sin proponérmelo, fui reflejando en la novela cómo era la formación de un torturador. Quizás no me corresponde a mí decirlo, pero creo que un cierto mérito en el bosquejo de esa personalidad fue que no es un hombre sin matices, ha tenido diversas épocas; forma parte de un mecanismo que deglute a sus propios hijos. Hay momentos en los cuales él va entrando en el plano de la información, del seguimiento de los grupos revolucionarios y se va formando de esa manera hasta que llega a convertirse en uno de los más despiadados torturadores. Para evitar caer en un esquema que estuviera artificialmente diseñado, en la novela aparecen diálogos entre diversos oficiales de la Armada argentina; discuten sobre política, sobre el papel del almirante Massera, sobre una cantidad de cosas, y se revela que, a pesar de la despiadada actividad de tortura , de robo, de crimen, desapariciones, secuestros, que cometía esa gente , ellos tenían determinadas estrategias. Inclusive algunos de ellos pensaban que estaban llevando a cabo una tarea política. Creo que ese fue un acierto, por que prácticamente no aparece el torturador típico, un Lobo en estado puro, salvaje, sino que aparece un Lobo que por momentos es pensante, que por momentos es irónico, que descubre poco a poco la enorme cantidad de negociados que sus superiores están realizando y comprueba, finalmente, sin decirlo y hasta quizá sin darse cuenta de ello, conscientemente, que esa estrategia que estaba basada en la mentira y en el robo.

Por su parte Santiago, el joven protagonista, no aparece en la trama de la novela como un militante típico. Él ha colaborado con el movimiento revolucionario sobre todo como consecuencia de la militancia de su compañera, que muere en la tortura a manos del Lobo. Santiago tiene mucha libertad de acción, posee la picardía popular. En algunos casos se comentaba en los grupos políticos –dice la novela– que él había evitado una situación muy riesgosa, que había salvado la vida de muchos compañeros en un episodio de enfrentamiento de la militancia con las fuerzas de la dictadura; para ello puso en práctica un ingenioso truco por el cual se lo recordaba como “el loco de la bocina”. Este personaje representa al pueblo en su estado puro: no es ni un ciudadano común despreocupado de la situación política, no es un militante juramentado y muy formado, sino un joven peronista argentino.

AP En efecto, la personalidad de Santiago llama mucho la atención, ya que sin ser parte formal del movimiento revolucionario protagoniza con gran precisión la persecución y el seguimiento que le hace al Lobo. En el desarrollo de la obra utiliza el oficio de vendedor de Biblias, en diferentes idiomas, para seguir la caza del torturador. ¿Podrías ampliar estos aspectos?

TS En primer término, en la época anterior al desarrollo de la novela, en la Argentina, en el año 1978, Santiago había colaborado intensamente con una movida muy interesante, que fue aprovechar durante el campeonato mundial de fútbol, la presencia –esto es histórico y real– de Julio Scherer García de la revista mexicana Proceso y también de un representante de la revista alemana Der Spiegel. En realidad, los periodistas se hicieron presentes en Buenos Aires invitados por los Montoneros para entrevistarse con sectores populares y conocer desde adentro las entrañas del monstruo; se aprovechó un clima de mayor apertura, porque muchos extranjeros llegaban en aquellos días a la Argentina. Ese grupo, guiado por militantes revolucionarios, (el poeta Juan Gelman, entre ellos, y también Norberto Hzgebber y Armando “Petete” Croatto, dos viejos amigos míos que fueron asesinados por la Junta Militar en 1979) se entrevistó en distintos momentos con sectores populares, sindicatos, habitantes de las “Villas Miserias” y con una buena representación de ese pueblo que era víctima de los estragos de la dictadura militar. Se intentó, y se logró, que los periodistas extranjeros tuvieran una visión más directa. En ese operativo, Santiago fue una figura importante; contribuyó con los revolucionarios en los desplazamientos con los periodistas extranjeros, que produjeron un material que le dio la vuelta al mundo. Desde ese momento se pone de relieve que Santiago se la jugaba; él participaba en la medida en que su presencia era requerida por amigos y compañeros que lo solicitaban. Era un revolucionario no encuadrado en la militancia ni en las organizaciones. Era un fiel representante del pueblo peronista, lúcido y crítico con respecto al proceso dictatorial.

Ivald GranatoLa personalidad de Santiago se refleja en el recorrido que hace por Europa tras las huellas del Lobo. Vos acabás de recordar que él vendía Biblias. Es un característico vendedor callejero, como tantos argentinos y argentinas, y latinoamericanos en general, que en el exilio sobrevivían en los distintos países europeos vendiendo diversos productos en las esquinas y calles de las ciudades. En Alemania, él fabrica su propia bisutería, la “biyuta” como se la llama, y la vende en diferentes lugares por donde él pasa. Esos son algunos de los rasgos de Santiago.

AP Tomás, cuando leo la novela, en muchos pasajes me parece encontrar vínculos entre Santiago y vos; muchas veces los escritores transitan por pasajes donde un personaje es reflejo de su propia personalidad. ¿Podríamos decir que Santiago tiene algo de autobiográfico? ¿Podrías contar cuáles fueron tus ocupaciones estando en España?

TS Justamente ahora me hacés pensar en eso. En realidad, todos los que estábamos en ese exilio “nos la jugábamos” como podíamos. A mí me tocó en Madrid, por razones de especialidad, trabajar profesionalmente más en el campo de la traducción. No era fácil encontrar trabajo. Colaboré en ediciones y traducciones con la gente que había publicado en América Latina la “Biblia Latinoamericana”, que fue perseguida por la inquisición militar. Colaboré un poco en el “Evangelio del Pueblo”, que era una adaptación, con notas, con un método muy parecido a la Biblia Latinoamericana, en Madrid. Después, merced a un contacto que tenía con Ediciones Paulinas, también me tocó trabajar en la venta de libros infantiles y del propio “Evangelio del Pueblo”. Esta última tarea era muy difícil. Era el comienzo de la etapa postfranquista, imperaba una mentalidad muy troglodita. Por ejemplo, en los colegios católicos, las ventas no eran muy buenas porque los curas olfateaban que eran unos evangelios demasiado “actualizados.”

 También entre los trabajos realizados en Madrid, estuvo la venta de publicidad para la revista Avión, una tradicional publicación del Real Aéreo Club Español. Este trabajo me sirvió para cobrar algunas pesetas y, lo más interesante, es que siendo un pobre de solemnidad, tuve la oportunidad de invitar a algunos integrantes del exilio a algunos exclusivos restaurantes madrileños, pues en mi trabajo recibía canje para restaurantes y tabernas. La vida era muy agitada, pero creo que a pesar del exilio en aquella época lo pasé muy bien al lado de mi familia. El trabajo más significativo, estando en España, fue en el verano de 1977, cuando me contrató la compañía Marsans, la gran empresa de turismo española, para acompañar a grupos que viajaban a la Unión Soviética. Estuve varias veces en Moscú, en Leningrado, hice dos viajes por el Volga; de todo ello se desprende que algunas veces la lucha por conseguir trabajo tiene resultados inesperados. Luego de eso, ya de retorno en Madrid, tuve la responsabilidad de la publicación de una revista (en entregas paralelas en español e inglés) que se llamó Vencer, en la cual tuve que organizar los números 0, 1 y 2. La revista, con el tiempo, continuó saliendo en México; se vendía en los pregones y librerías de ese país y se distribuía en todo el mundo, porque formaba parte de esa lucha a la cual me he referido, en el terreno de las ideas, de la difusión de la lucha contra la dictadura militar.

AP Tomás, después del peregrinaje europeo te viniste de Madrid a San José. ¿A qué se debió ese movimiento, ese traslado con tu familia?

TS Me ofrecieron participar de una experiencia novedosa: la instalación en San José de Radio Noticias del Continente. Era una emisora de onda corta pensada para contribuir de alguna manera a la lucha contra todas las dictaduras del continente. Por eso me trasladé a San José en abril del 79; mi familia me siguió en junio del mismo año. La radio comenzó a transmitir en julio. Actuó como una virtual fuente noticiosa del Frente Sandinista y produjo un gran escándalo en Costa Rica, porque los enemigos de la radio (y de la democracia) se hicieron sentir de inmediato. Eran, evidentemente, gente de los servicios de información de Estados Unidos, de la Cia; aquello desencadenó mucho malestar. Hasta nos pusieron algunas bombas; no exagero, esto es muy conocido. El Chigüín, uno de los hijos de Anastasio Somoza, como represalia porque algunos grupos revolucionarios latinoamericanos había eliminado a su padre en el famoso ajusticiamiento de Asunción de Paraguay, mandó bombardear Radio Noticias del Continente, con una bomba similar a las de napalm, pero con tanta mala suerte para ellos, pero buena para nosotros, que el percutor no funcionó. El pesado tanque cayó en la planta de transmisión, en Alajuela. Milagrosamente no explotó. Todo esto provocó un escándalo en Costa Rica. Para un pequeño país, resultaba un grave problema la presencia de una radio de este tipo, razón por la cual finalmente fue clausurada por el gobierno costarricense. Con motivo de mi trabajo como director de programas de la Radio, y con mi familia radicada en Costa Rica, los chicos estudiando, en el país, etc, decidimos quedarnos por un tiempo. Pero ese tiempo se transformó para mí en un período muy prolongado y todavía estoy aquí, dado que yo me sentía muy a gusto en San José por la amistad y cordialidad de su gente. En 1983, luego de mi separación matrimonial, mi exposa se trasladó con los niños a la Argentina.

AP En el momento en que vos trabajás la novela en 1978, Europa es un lugar de residencia y de tránsito; en algunas ciudades se da una lucha de inteligencia y contrainteligencia. En esa atmósfera se ubica Tiempo de lobos. Como te decía antes la obra está considerada por algunos especialistas en el tema como una de las primeras novelas argentinas referidas a esa etapa.

TS Cuando la Editorial Sedmay me ofreció integrarme a la lista de colaboradores de su colección policial, yo decidí escribir sobre ese momento histórico argentino; contaba con todo el material que se había acumulado sobre lo que sucedía en Argentina y sobre la acción de la junta militar en el mundo entero como ya te expliqué Así lo decidí, no en forma de “novela negra”, yo no pensaba exactamente en esos términos, pero sí busqué la manera de utilizar como telón de fondo todo lo que sucedía en Argentina, con las acciones homicidas, delictuosas y corruptas de la junta militar que se proyectaban en el exterior con persecuciones y atentados que eran muy notorios. 

Alfonso Peña (Costa Rica, 1950). Narrador, ensayista y editor. Autor de libros como Noches de celofán (1996), La novena generación (1991), y Labios pintados de azul (2004). Actualmente dirige las Ediciones Andrómeda y la revista Matérika (www.materika.com). Entrevista realizada em fevereiro de 2006. Contato: andromeda@amnet.co.cr. Página ilustrada com obras do artista Ivald Granato (Brasil).

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