![]() |
|
revista de cultura # 52 |
|
artista convidado: rafael charco portillo |
|
Rafael Charco: escatología de la imagen José Ángel Leyva
Hay una cierta ironía en la manualidad de Charco, al procesar la complejidad visual de lo actual sin retirar el artefacto de la vida cotidiana, el aparato simple del cual se desprende la virtualidad del mundo, el instrumento fundacional de los sueños, a la manera fantástica y fantasmagórica de Leonora Carrington y de otros surrealistas que fueron capaces de recrear el horizonte onírico del siglo XX, entre fantasmas, duendes, atmósferas alquímicas y mágicas, caprichosas y grotescas, fieles a la imaginación de un niño, eclécticas, pero sin el desencanto de los derrumbes.
Los motivos que pueblan la obra de Rafael Charco mezclan al sujeto con el objeto. Lo objetal es sin duda la manifestación viviente del individuo y de las masas, y poco a poco aparecen más en escena los utensilios que las personas, pero esto es signo de que la naturaleza se comprime y se reduce, se diluye en la tecnología que la "domina". Tiene algo pues de utópico el discurso del artista que eleva a escultura un tenedor o un juguete, o los convierte en imágenes centrales en los ensambles y collages. El arte objeto o el objeto como hallazgo estético, el desecho como fundamento de lo nuevo, de lo que vuelve a ser después de perder la función pasada. Lo que nace de la muerte. El objeto es leitmotiv en la plasticidad rupestre del artista. La pistola y la rueda machacan su presencia como símbolos de lo moderno, del dominio y la fuerza. Armas que disparan letras, signos de apariencia inocua, pero que van directo a la cabeza del espectador. El reciclamiento es la naturaleza de este tiempo. Pero ¿que es la civilización en este discurso iconográfico? No es, curiosamente, el asombro ni el lamento, no es tampoco la apología del futuro, sino la deformidad festiva del tiempo, la sonrisa burlona de la realidad que se conjuga en lo medieval y lo apocalíptico. El humor infantil referido a las heces, a los desechos del cuerpo y de la sociedad. Pedacerías del tiempo, sintaxis de lo fragmentario.
El color en este artista se resuelve por lo general entre los tierra y los elementales incendiarios, pero siempre con su base de cienas. El color se despliega en las diversos materiales que emplea: lienzo, papel dupont, de textura muy gruesa que soporta el maltrato, la agresión de esgrafiado, esa mano del artista que aplica herramientas que pretenden crear un aspecto de descuido y de tráfago industrial en su obra. En cuanto al trazo, es de carácter grueso, la mancha es burda y la plasta gruesa, en donde el óleo se aplica en grandes cantidades. La escritura como fondo y como forma, es parte de su expresión intelectual, conscientemente primitiva. No sólo es un recurso decorativo, sino que tiene una intención claramente simbólica, pues la letra es dibujo, ornamento y palabra, caligrafía y sentido. A veces la escritura dice y obliga a la lectura, invoca, conjura al ojo, atrae a la vista para que escuche los murmullos de la civilización, el paso de la lengua. Charco puede ya moverse con libertad y soltura en diferentes planos de un mismo discurso, pues ha definido su expresión. Se le reconoce. Por ejemplo, en su serie Tierra Caliente, Charco hace alusión a una geografía y a una naturaleza social, tierra y sangre solar iluminan las superficies y los elementos que ensambla, pega o adhiere en sus obras. En algo viene a evocarnos a Rauchenberg y su ejercicio del collage.
Pero no sólo el paso de la industria es el acento con que se expresa Charco, existen también las atmósferas rurales, la musicalidad colorida en su paleta. Junto a los tenedores, cucharas, cafeteras, plasma figuras de árboles, sugerencia de paisajes en colores y formas que se escurren hacia la abstracción. Las figuras animales y humanas se difuminan en un mismo territorio cromático donde abundan los colores óxidos y negros, los pasteles y las aguadas. En sus miniseries de Historias breves, el artista no deja de insistir: el pasado no ha dejado de ser vigente. La historia se cuenta a partir de los escombros, de las piezas arqueológicas halladas en una pasarela de modas, en la mar de impresos, en las palabras y en las señales electromagnéticas. Charco nos hace la crónica de sus rastros. El tiempo fluye del fondo a la superficie en los cuadros de Rafael Charco. Junto a la imagen fotográfica de una persona, a su luminosidad presente, injerta o plasma las marcas de su primitivismo, de su paso por las cavernas. Lo elemental, lo incompresible, conforman la imagen de una sociedad posindustrial que aún permanece atada a los vínculos de sangre, que aún se mueve en tribus y se atrinchera en diferencias raciales, de color, de dogmas.
El artista dispone lechos que semejan terrenos áridos, ríos secos, zonas pedregosas, territorios fangosos o calles desiertas donde pueden emerger las expresiones balbuceantes de la modernidad, donde pueden leerse los registros de sus manualidades y de sus detritus, donde asoma la figura del hombre, desolada, en medio de sus signos y de sus fundamentos. Todo parece evocar la plasticidad cromosómica de los seres vivos, incluyendo a los humanos. El alfabeto genético, su composición dinámica, nos recuerda la escasa distancia que hay entre las formas zoológicas y las dotadas de conciencia, y sin embargo, esa pequeña diferencia biológica representa un salto formidable de la evolución, un trazo que modifica el destino de los personajes, que incorpora la voluntad en la naturaleza al mismo tiempo que la niega. La contradicción, la duda, el asombro, las interrogantes y las certezas, la memoria y los presentimientos del porvenir, las huellas y los rastros del ayer y del mañana. Es muy interesante observar la variedad temática y estilística de charco en las cuales dominan la experimentación y la búsqueda, engarzadas por una personalidad estética definida, madura. Si algo impone en la obra de Charco es su fuerza, la dignidad de artista que dice sin complejos y desata sin temor sus posibles lazos filiales. |
|
José Ángel Leyva (México, 1958). Poeta, ensaysta y editor. Es uno de los directores del grupo Alforja – revista e casa editorial. Ha publicado libros como: Botellas de sed (1996), El espinazo del diablo (1998), y La noche del jabalí (2002). Contacto: jangel_leyva@yahoo.com. Página ilustrada com obras do artista Rafael Charco Portillo (México). |
| RETORNO À CAPA | ÍNDICE GERAL | BANDA HISPÂNICA | JORNAL DE POESIA |
|