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revista de cultura # 53 |
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Alfonso Peña: Labios pintados de azul o el paso
invisible entre realidad y ensoñación Tomás Saraví
AP La escritura supone un proceso que muchas veces no está del todo en las manos y la mente del escritor. En algunos momentos puede ser un intervalo monocorde del lenguaje; en otras oportunidades se convierte en un cuarteto de jazz, con piano, saxo, bajo, percusión… En este caso tuve algún chispazo, una especie de luz, que me indicó el camino para trabajar y construir estos textos. Como vos lo sabés mucho tiene que ver ese tema con las lecturas. Pienso que, en mi caso, ahí se inicia el proceso creativo. Fui un lector anárquico. Recorrí Poe, Blake, Joyce, los autores góticos, Rimbaud, Baudelaire, Isidoro Ducasse, los surrealistas; también algunos de los escritores esótericos. Me apasiona la literatura latinoamericana y la estadunidense. Principalmente me identifiqué con los autores que asumían el compromiso con la literatura urbana, llena de cotidianeidad pero con una alta dosis de imaginación. No me interesó quedarme en los linderos del realismo ni en el costumbrismo. Ese era un campo que me hacía sentir incómodo. Siempre me impresionó el paso que hay de la literatura de Allan Poe a la de Cortázar, Felisberto Hernández, Borges o Dabove, (sin olvidarnos del mundo de Onetti, o las novelas de Arlt). Era algo que daba pie para tratar de crear un modelo, como el que elegí: el San José secreto y misterioso. A partir de esa decisión me animé a escribir una serie de textos… TS Primero está Noches de celofán, luego La novena generación. ¿Podrías comentar algo con respecto a esos dos volúmenes? AP Noches de celofán es un canto a la noche. Ahí se entrecruzan la poesía y la narrativa, la ruptura de la forma, el lenguaje muchas veces reinventado y puesto de nuevo a circular. Tiene una estructura complicada, el ritmo por momentos sincopado a la manera del bramido de un solo de saxo o el desgarramiento de la guitarra eléctrica. No son cuentos, ni historias, ni relatos. Tiene mucho de celebración. Muchos lectores y críticos han apuntado que se “salta” los géneros. Recuerdo que en ese momento estaba empezando a convencerme de que había que desechar los géneros literarios… El personaje central podría ser el lenguaje o, como te dije, La Noche, con todos sus matices, sus abstracciones, sus aventuras, las desventuras… la bipolaridad amor/desamor… La novena generación me parece un libro intermedio. Siempre con elementos experimentales, en el lenguaje, en la estructura. Sin dejar de lado algunos elementos sorpresivos de la intriga y la ficción. En ese libro me interesó explorar algunos laberintos de la infancia y la juventud. Acuden muchos elementos autobiográficos, está lleno de símbolos de la ciudad, la zoología urbana. En un apretado desfile alucinante verás pasar a Julio Jaramillo, Kid Chocolate, el Gato Barbieri, fantasmagóricos bailarines danzando en un oscuro salón de baile al ritmo del fox-trot, los chicos del barrio que toman por asalto un antiguo cine… Heterogéneos recitales poéticos… La novena generación está configurado de todos estos elementos. Considero que Labios pintados de azul, es un proyecto más consolidado, más estructurado en torno al uso del idioma. No tan experimental sino, como vos dijiste hace un rato, pareciera que cada texto tiene su propia medida, su propio universo literario. Los temas son recurrentes, en torno a la ciudad y sus mitos, y mucho tiene que ver la memoria colectiva. Es el paso invisible entre realidad y ensoñación. TS Cuando decís “autobiográfico”, me parece rastrear en tu literatura algunos textos conectados entre sí. Pareciera que existe como una corriente subterránea que los mantiene unidos. En los libros que hemos mencionado podemos rastrear cierta preocupación por hechos aparentemente “inofensivos” que, poco a poco, se convierten en pavorosas alucinaciones, en extrañas metáforas o epopeyas citadinas. Por ejemplo, en La Novena generación hay un texto que me llama la atención: “Como si fuera hoy” que, de una u otra manera, se conecta con otro de Labios pintados de azul, “Corre, corre Xaravé”. AP Es curioso lo que decís. Ese tipo de conexiones se dan por la vía inconciente. La inmersión en las aventuras infantiles y juveniles es un tema de todos los tiempos y lugares. Esos textos se pueden agrupar en lo que conocemos como mitos literarios. Esos textos, como el de “la toma del cine Líbano”, es una pequeña “epopeya urbana”. Ese texto al que te referís, en su relación simbólica, con los muchachos del barrio, que se reúnen para asistir a un cine y deciden apoderarse de él, quizás es la descripción, por medio de un recurso literario, de la etapa en que, en nuestra cultura latinoamericana, a los “muchachos” se les cierran las oportunidades, no existe apertura. Ahí es donde ellos cumplen un rol protagónico, ante la admiración y estupor de los “mayores”… Esto tiene sesgos simbólicos y juego literario. No olvidemos que al texto lo antecede un epígrafe de Jean Cocteau, de los Enfants Terribles. Es una especie de clave para el lector.
AP Con algunos amigos, poetas y escritores, constantemente le damos vueltas a los que vos decís en relación con la ciudad y las sectas. Un día escuché, o quizá la vislumbré, una idea que puse en boca de uno de mis personajes en Noches de Celofán: “San José, ciudad pequeña, con los vicios de las grandes”. Con el paso del tiempo otros amigos han incorporado ese tema a sus creaciones, y en la actualidad nos damos cuenta de que es así. Esa sentencia determina a toda la ciudad con sus males, vicios, la corrupción de los políticos, lo extravagante de sus religiones, el pasaje invisible de lo cotidiano al semisueño, la constante formación de pequeñas sociedades secretas que giran en torno a personajes que se instalan en una serie de nichos. A partir de esa premisa, aceptamos que sí, que en San José, a diferencia de otras ciudades más grandes, con más bagaje cultural, se presenta una diversidad de elementos que la constituyen en una ciudad difícil de penetrar. No es fácil captar todo lo que sucede en su territorio y en la periferia. Algunos amigos y conocidos que pasan por aquí hacen preguntas y consultas sobre este tema; pero no resulta tan fácil ubicarlos, como si existiera un manual. A ello se suma la parquedad y reserva de los habitantes, que no dicen nada, que nunca comentan, aunque todos están tras la pista. Eso convierte a la ciudad en algo misterioso, casi mítico. TS Es muy cierto lo que estás diciendo. Para ampliar ese concepto, recordemos que yo llevo 27 años en San José, soy un muchacho de 27 años, como alguna amiga me ha caracterizado. Son increíbles las conversaciones que escucho, escuché y escucharé en las sodas, en los cafetines, en las farmacias, en los templos, en lugares semipúblicos de la ciudad, sobre temas religiosos. Ahora está de moda conversar sobre el Código Da Vinci, la gente se enrola en determinados temas, algunos leen con avidez todo lo referente a la vida secreta de Cristo. Todo eso existe, existió y existirá en la ciudad. Te pongo un ejemplo: tengo una amiga sumamente católica, no le toques a la iglesia católica, pero durante diez años, perteneció al movimiento gnóstico cristiano universal; su mayor aspiración, aún hoy, es conectarse un poco más con los mormones; a su vez, da vueltas en torno a una sociedad que podemos caracterizar como “los amigos de Sai Baba” y, a pesar de eso, tiene una ortodoxia católica inconmovible. Y es un caso que se repite por centenares. AP Hace unos pocos años, hubo un movimiento secreto que captaba la atención de los incautos. Era una secta neofascista, aunque esto parezca una exageración. El asunto era real y grave. Como suele suceder en estos casos, un conocido me convidó a asistir a uno de sus rituales. Estaba ubicada en un edificio nuevo y lujoso, por el actual Escazú. El amigo me presentó como un probable adepto. Recuerdo que en la entrada del piso, (era un tercer o cuarto piso), había unos custodios jóvenes y atléticos, con esvásticas tatuadas en sus cráneos rapados y vestidos a la manera de los integrantes de la Gestapo. Parecía que entrabas a una sala de teatro del absurdo; pero no, era la realidad. Cuando ingresamos el asunto era más aterrador. Todos los ventanales del local estaban cubiertos con sábanas negras. Dentro del recinto varios hombres y mujeres se deslizaban con sus uniformes nazis. Pude distinguir un tipo al que llamaban “Adolph”, era un símbolo, o parodia del Führer. Cuando la iniciación de los nuevos adeptos se dio, reinaba un clima de solemnidad. En el fondo de la sala había una enorme esvástica y se escuchaba una banda sonora con marchas del Tercer Reich; de vez en cuando se escuchaban en idioma alemán las arengas del Führer. Aquello parecía una secta paramilitar neofascista. A los días le comenté a un amigo lo sucedido. La reacción fue instantánea: “¿Es uno de tus cuentos…?”.
AP Creo que son de los temas “prohibidos” para los escritores lineales. Ellos consideran que sus personajes tienen que ser “lógicos”. Después de una cierta investigación, me propuse acercarme a esta temática. Naturalmente, debe haber muchos antecedentes. Muchos escritores han sido “subyugados” por el tema de los maniquíes, de los muñecos de plástico. Conozco algunos escritores norteamericanos, rioplatenses, brasileños. Entre los nacionales, Alfonso Chase y Guillermo Fernández, cada uno a su manera, se ha sumergido en el tema. Después de sondear las posibilidades, tuve un grato encuentro. Fue una tarde, vagabundeando por alguna de las avenidas de San José. De pronto me encontré con un restaurador de maniquíes que estaba en plena labor. Después de que conversé con él, tras un diálogo no muy prolongado, me dio a entender que los maniquíes hablaban con él. Incluso llegó a darme nombres y me habló acerca de sus “enamoramientos” con alguna de aquellas muñecas de plástico. En ese momento me di cuenta que ahí estaba la clave. No se trata de trabajar un texto ortodoxo sobre un maniquí. Más bien la intención es darle hálito vital, convertir ese objeto inanimado en “algo vivo”, con la facultad de que “ella” cuente la historia. TS En este caso, “ella” cuenta la historia y, digámoslo sin ambages, “ella” es también protagonista de la historia… AP Claro, es la protagonista y narra la historia con gran propiedad. Da cuenta de sus amores y desamores con una serie de personajes vivos, en su mayoría son hombres que le confieren a la maniquí propia identidad y vitalidad. TS Lo gracioso es que el dueño del anticuario, Don Fabio, no quiere venderla a David (el muchacho que finalmente adquiere el maniquí), pues está perdidamente enamorado de “ella” Rachel… Todo es sumamente divertido. Don Fabio tiene muchos y serios problemas con su esposa por la maniquí… Es puro humor negro… AP Algunos lectores sacan sus propias conclusiones del relato. Han hecho enfoques sutiles de la trama. Algunos me han dicho que es una metáfora del hálito retorcido y vouyerista de los latinos. Estas muñecas plásticas, glamorosas, con prendas íntimas provocadoras, las puedes ver en Bogotá, Sonora, Montevideo, Río Bamba, Santa Cruz de la Sierra o en San José, en vitrinas y escaparates, en los pórticos de las tiendas y en las boutiques, ellas, hacen que los hombres las miren deseosos, con miradas ígneas y lascivas. TS Ya nos referimos al Affaire Bernard Ginger. Me parece que es un relato que se puede enfocar desde muchos ámbitos. A mi me atrae porque describe algo así como la génesis, el crecimiento y la eclosión final de una secta que realmente se eclipsa y de la cual el autor del cuento dice que parece que tiene ramificaciones en Cairo, en Antigua y en otras ciudades. A mí me ha parecido un tema apasionante. Te confieso que, igual que con los otros relatos, he tenido que leerlo varias veces, pues siento que está lleno de enigmas y claves. AP Vivimos en una ciudad, en un país que es muy abundante en sectas. No solo se puede estudiar sectas, sino, como te sucede a vos actualmente: estás estudiando quiénes son los que participan en estas actividades y a quienes los estudian. Uno no se imagina todas las personas que participan en esto. Encontrás profesionales, académicos, políticos, saltimbanquis, estudiantes, hombres de negocios, nuevos ricos, tontos útiles, etc. El relato está “armado” a base de algunos hechos reales, investigación e invención literaria. En una primera parte el narrador es conducido por “Alicia” a un ritual de iniciación. Después de sacar sus conclusiones, el narrador, en una especie de “acta sumaria” presenta sus averiguaciones y reflexiones. Recordemos que ocurre un suicidio. Para que el texto fuese digerible incluye segmentos muy poéticos, a pesar de la densidad del relato. Se entretejen la ficción, la intriga y algunos elementos del género policial. TS “Corre, corre, Xaravé” es una especie de radiografía de la ciudad. Da la impresión de que se trata de desentrañar la vida marginal. Tiene una especie de “paneo” por calles, callejuelas, avenidas, puertas misteriosas, en un alucine de tiempo y espacio… Como apuntó Alfonso Chase en un comentario reciente: “Ese equilibrio entre lo externo y lo interno hace que el autor vaya narrando lo que ocurre como si un invisible lente nos dimensionara las historias”.
TS El dulce sortilegio de los ascensores es un cuento que he leído varias veces. Es de los textos que tienen muchas “claraboyas” para navegar en él. No es lineal, en apariencia no es complejo, solo superficialmente, pero está dotado de una estructura bastante intrincada. Con cambios de tiempo-espacio. Con una especie de complicidad entre diversas disciplinas artísticas… AP La idea de trabajar con ese material era construir un texto que tuviera muchas variantes, desdoblamientos y fraccionamientos. Tiene muchos modos de que el lector se enfrente con él, de avanzar en su propuesta. Se puede hablar de literatura psíquica o aliteratura; podés enfrentarlo desde la perspectiva musical, pues está cargado de símbolos musicales, tiene elementos de fotografía, la imagen visual, la plástica… TS Por supuesto: hay sonidos, música, color, fotografía, palabra escrita… AP Marcy Schwartz, amiga y crítica de Nueva York, tiene un ensayo sobre la Rabdomancia artística, una especie de teúrgia, ella califica así este tipo de textos, que tienen todos esos componentes, donde se entrecruzan la música, el color, la fotografía, la imagen visual, la palabra escrita. Es una especie de celebración llena de color, sonidos musicales, palabra escrita, imagen visual. Sin perder de vista el objetivo primordial, que es un constante diálogo entre el artífice/lector. TS Felizmente es un texto complejo; qué haríamos en un mundo donde no existiera la laboriosidad. AP Su primera publicación fue en la revista de Estocolmo, El artefato literario, en Internet. Mónica Saldías y Américo Ferrari, los directores, me enviaron una nota, donde me decían que El artefato literario se especializaba en la difusión de poesía y crítica latinoamericana, pero tratándose de un texto que a ellos les interesaba sobremanera, pues danzaba entre los deslindes de la poesía y la narrativa, me iban a incluir en la publicación como “narrador invitado”. Desde aquel momento, me di cuenta, que iba por buen camino, pues uno de los objetivos era lograr esa fusión que los amigos del Artefacto percibieron. TS Lo anterior nos lleva a pensar que estos textos permiten conectarse de una manera fidedigna y auténtica con el mundo contemporáneo, pues están llenos de esos cambios vertiginosos, de niveles, desniveles, lo multimedia, parecería que esta literatura, flota en un mar tempestuoso, está permanentemente en movimiento y el texto sigue justamente el ritmo de las olas. Ingresemos en La Amatista perfecta.
TS El apogeo de la Condesa, es el apogeo de la “diva contemporánea” (podríamos hallar un parangón entre este texto y otros de escritores latinoamericanos, por ejemplo, los del realismo mágico; claro, en otra dimensión… en la medida en que hay un segmento en que el narrador cuenta que la Condesa inicia un viaje por San José para llegar al aeropuerto y viajar a Europa , pero ese viaje dura algunos días, ocho para ser más precisos. Esto es una maravilla, porque se experimenta el lento avance del tiempo; la reciben en casas, le hacen fiestas, los almuerzos, los tragos, las celebraciones, el pausado recorrido del MG deportivo…). Hay que celebrar a la “diva”, de alguna manera todos nosotros, no debemos excluirnos, en el fondo de nuestro pensamiento la hemos visto en Marylin Monroe, Jackie Onassis, María Félix, María Callas, y todas esas grandes figuras que ansiamos conocer y de las cuales somos “sus adoradores”, como se afirma en el texto. El final del cuento es sorpresivo y sorprendente, no lo cuento porque los finales no se cuentan. Para concluir, pasemos a Labios pintados de azul. AP El propósito de este cuento va por diversos caminos. Reafirmar más o menos el hilo argumental del libro, la literatura urbana con los diferentes visos, los perfiles psicológicos de los personajes, la ficción, lo misterioso y, finalmente, lo negro. Al estilo de lo que se ha trabajado en las últimas décadas en torno a la literatura policial. No al estilo de la literatura policial convencional, donde hay un detective y donde se desarrolla una trama más o menos predecible; no, más bien con los elementos que te dan las sociedades latinoamericanas, con sus problemas sociales, políticos, la corrupción campeante, la violencia que genera el subdesarrollo y la marginalidad de los pueblos, la alienación, lo grotesco. Todos esos elementos que se sumergen en esa franja nada complaciente, difícil de distinguir. Pues bien, Labios pintados de azul, parece que tiene elementos de la literatura negra. El tema es tratado siempre con el hálito de intriga que tienen los otros relatos que conforman el volumen. Todo esto, en síntesis, les queda a los lectores de la entrevista como una invitación a bailar el “bolero de la ciudad”. |
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Tomás Saraví (Argentina). Editor e romancista. Autor de Flores para el lobo (2002). A entrevista se deu em função da publicação de Labios pintados de azul (Ediciones Andrómeda, San José, 2006), de Alfonso Peña (Costa Rica, 1950). Contato: manija05@yahoo.es. Contato com Alfonso Peña: andromeda@amnet.co.cr. Página ilustrada com obras do artista Luis López Gabú (Galiza). |
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