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revista de cultura # 55 |
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Fernando Sosa: ritual a través del cultivo del fuego Milagro Haack
Elizabeth Schön
Tú
haces reinar la Philippe Jones
Yo voy
a cerrar con una piedra Juan Sánchez Peláez
Si en un principio la fe del ser está más allá de las contradicciones, buscando en las mismas, enigmas de toda forma que se manifiesta con el fugitivo tiempo. Siendo transformación de un pasado, un “no-ser”, en continuo movimiento por medio de la intuición custodiando anhelado paraíso perdido, pareciendo ausente isla, que invita a la oración arribando certera a propia costa, cuando se levanta dejándonos ver el desnudo estruendo de lo creado, al parirse de la Madre Tierra. Para Fernando Sosa, lo mismo sería abrirla y buscarse dentro de la gruta ancestral nacimiento de ella, rescatándolo, por medio ciclo lunar, presente desde lo alto, cual proceso del diálogo simbólico - creativo, y de su flujo interno allegado eco de lo cósmico: igual unión de esencias, intercambiando lo real por lo infinito muy arraigado en la naturaleza del creador. Todos nos reconocemos al pasar el umbral, cuando percibimos esa alegoría a un pasado que nos llama entre enraizadas raíces, indicándonos el universo lleno de símbolos contenido como diría Jung, en nuestro inconsciente colectivo, ya la piedra es líquida, desde el mismo instante que se purifica con otro entorno: Ritual a través del cultivo fuego.
Collar de tejidos se hacen uno, mediante el tratado legado que vierte sobre lo exterior de su obra, no hay distancia en lo arcano, más aún en lo presente, como citándonos el “aquí y el ahora”, fundidos por la mixtura de hieráticos en las diferentes civilizaciones reconocidas. De la Griega, su visión hacia la arquitectura dórica de piedra en el templo de Atenea, la belleza por medio de la sensible pureza. La Egipcia, lo espiritual y temporal en las entrañas de una sociedad con testimonio aún vigente dentro del mágico triángulo, entrada de luz. Su misterio filosófico cuando se manifiesta el principio del Tarot, que lo ha marcado desde sus comienzos, enriqueciéndolos, al darle cobijo al diálogo íntimo que propone con los arcanos menores en su creación pictórica: libres trazos que atraviesan medio círculo al extremo de la luz. Conjuro del filoso viento, invertido tres de espada, clavado en sellado cofre, aludiendo al rito de la cruz, que derrama separación, ya entrando al sepulcro esperando otro signo que lo seduzca a la consagración de lo dual: Templanza, unificación de cuerpo y espíritu, su cántaro, mismo dos de espada, donde Fernando intuye el equilibrio del dibujo quemado en mosaicos manuscritos. Resucitando incensarios de la piedra funeraria cual ceniza, el brote de otro elemento: preñada agua alzando señales superiores. Fuerte visión, como lo señalaría Bachelard, el rostro reflejado en el centro de la fuente impide a menudo huir al agua y la consagra a su función de espejo universal, cautivándola, cuando frecuenta sus orígenes anteriores sobre las rezadas culturas Orientales, y se detiene en la meditación del silencio. Mismo que cruza el Umbral, con la conciencia alquimista, y graba cimientos jeroglíficos sobre el aura del manto horizonte, reconociendo la unidad mediante la conjugación de herencias. Muestra el arquetipo de la casa, el volver que sobrepasa al destejido espacio: eje que provoca esa evolución interior. Es una no-casa, en su estilo metafísico habla de un no-yo. De la casa a la no-casa todas las contradicciones se ordenan fácilmente. Palabras de Bachelard, girando en la atmósfera que evoca Fernando, saliendo de sus ruinas, dando la sensación de un pasado, que esta enterrado, asomando solo pálpito, que sentimos espontáneo al “estar y no estar”, tras la apariencia de una fachada.
Nos señala esa presencia que estuvo allí, con sus fuerzas cultivando el adobe para cumplir con el mito de Adán, cuando se vio desprotegido por su padre y lo vuelca hacia la madre haciendo alabanza propia de ella, y se cumple lo que llena la copa: reencuentro con ese paraíso perdido, labrado con propias manos, sintiendo orgullo de haberse encontrado por medio del segundo nacimiento. Sentir que el bien y el mal, son estados temporales del ser y que lo importante fue salir a conocer todos los misterios que le ofrece suya desplegada madre en tierra. Por ello, la obra de este creador, emana lo femenino y se percibe en la presencia Daga: tierra cosida desenfundando el contenido perfil de la espada, el fuego purificador, volviendo la alquimia, por medio de la contemplación. Y cabe destacar lo que analiza Schneider, la espada es la contrapartida del huso, símbolo femenino de la continuidad de la vida, en la cultura megalítica. La copa Séptima: bebiendo de lo que recibe, forma medio lunar, menguante y creciente, signo constante en su trabajo. Igual cáliz que vierte el sacrificio, ritual de la sangre que se mezcla con el fuego. El Prometeo, que regresa con otras vestimentas para regresarles a los mortales lo conquistado por Adán, aludiendo al mito del héroe, cuando los mismos mitos se arrullan bajo milenarios rostros, provocando la revolución de ser uno entre tanto trajear al tiempo: conquistador por mandato y no regocijo del ser supremo. Regreso sin justificaciones, ya que el universo creativo de Fernando Sosa, da para entrar en esas reconciliaciones con muchos hombres y no dioses, labradores de un pasado mítico - místico. Más al salir de ellas, sabes, que de alguna forma eres espejo de múltiples espacios, sin esa fría angustia que trasmiten otros artistas, por tanto, buscar la perfección técnica de una pieza. Por ello es conocido su transito metafórico, tan solicitado y trasmitido a lo largo del regreso, cual lectura de alma: etéreo diálogo, al dejarnos elevado gemelo espejo percibiendo lenguajes en arcos superiores. Y es allí, en ese espacio, donde se cumple la metáfora, poética de la vida: la Metamorfosis. Cualidad del artista, al poetizar con una vasija, vuelta cáliz en la que puede representar, presencias, por el acabado inacabado conscientemente, trasmutando renacida entidad al darle una percepción enlazando grabado parentesco, desde el arte Grecolatino, hasta llegar al Precolombino, por medio del tratamiento en la superficie de la pieza.
El carácter predestinado al destiempo latente, dibujando siempre su obra, es el sentimiento del paso por la aérea puerta, ritual deteniendo un eterno instante donde se tejen y destejen los mismos dioses, desdibujado en otra parte, al trasmitirnos que su dios es la naturaleza: vasija, copa, espada, huella de la caverna desvelada, hogar de lo cosechado, la paz interna, ensortijada tres rosas, religioso vuelco hacia la Gran Madre, cuando asume, que todos nacemos de la tierra y es allí, donde siento y percibo, más al rito con toda la connotación de su simbólico diálogo que marcan su obra, y como ser, al artista consagrado a ella: su Madre, la Prometida Tierra. El discurso que nos ofrece Fernando Sosa a través de su experiencia artística, ya sea, como dibujante, ceramista, grabador, muralista perfilando lo escultórico, origina muchas relecturas con aliento participativo, ya que, el espectador puede alojarse en los Pasillos de Altos Tejidos, presintiéndose imagen cabalgando dentro de su espiral espacio. Devolviéndonos, al germinado centro solar, posteridad arraigada al origen, que unirse al esplendor de los mesoamericanos, llegando al fin al dotado imperio de caminos en Suramérica: Puerta del Sol: encadenado morada tejiendo dioses, sobre el pedrusco círculo fragmento en despejado recinto. Íntimo libre albedrío, cavando ese silencio muy suyo en Cruzada resonancias antediluvianas, situando hallazgos funerarios junto al visible albo santuario que posee el laberinto fuego en matriz tierra: Umbral Propio de Fernando, vinculado siempre hacia lo ofrendado, retornando a esos espacios sagrados muy arraigados a él. Liberando el valor de la comunicación a través de su combinado Peso de Herencia: El Fénix que renace una y otra vez del retorno al origen con un estado de conciencia y existencia natural de lo colectivo, en venidero ritual enlosado a su vocación de continuidad, atesorado en la reflexión subjetiva, que alienta lo siempre trascendente. |
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Milagro Haack (Venezuela, 1954). Poeta, ensayista, artista visual. Son libros suyos: Puertas que no me Pertenecen (1991, Mención Honorífica Bienal Latinoamericana José Rafael Pocaterra 1987-1988); Cinco mañanas juntas (2003); y Lo callado del silencio (2004). Contacto: haackmilagro@hotmail.com. Página ilustrada con obras del artista Fernando Sosa (Venezuela). |
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