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Oscar Sjöstrand: tejiendo lo Sagrado y lo Profano: presencias
de encarnado espejo
Milagro
Haack
El
absoluto no se distingue del mundo de la discriminación...
el absoluto está en el mundo de los opuestos
y no fuera de él.
Suzuki
El
desnudo desde los inicios en la plástica tiene un sentido vinculado hacia lo
espiritual. Mostrar el cuerpo sin atuendos, es ir comulgando con lo sagrado,
es ir hacia la mano de Dios con todo su resguardo en lo etéreo que se dilata
por la visión participativa sobre la cosmología y la estética evocándose a
su ideal: somos imágenes y semejanza del creador. El artista no se
limita, toma del tiempo histórico su condición que responde a esa imagen y
semejanza, ya enlazándose a la profundidad del ser humano por tierra:
Ella con su fuerza contenedora y a la vez el laberinto midiendo la
fortaleza del Hombre, al cual le da la vida por medio de la ceremonial
simbólica muerte, gemela, que se da por esa lucha de poderes cuando el
hombre es seducido por la belleza danzando con los procreados misterios,
saboreando desde lo materno sólo el fruto del bien y del mal:
alegórica fruta prohibida, tejiendo lo profano y lo sagrado: presencias
de encarnado espejo. Dos vertientes unidas a través del ritual
sacrificio que es la ofrenda, atrayéndole al hombre de ella, sólo el placer
de poseer la materia de lo femenino, y no esa sabiduría intuitiva que
trasluce el amor entre los opuestos como fe de unión, avivando tras la
barrera el sagaz desamor cuando se devuelve lo embestido de Salomé.
Oscar
Sjöstrand, delinea lo mitológico en su propuesta, abriéndonos ese diálogo
reflexivo mediante el complejo del arquetipo femenil. Lo respira y lo
transmite en su compromiso lineal, justificando el volumen por medio del
trazo muy marcado y preciso, que llega sólo para exhibirnos al personaje
palpado desde lo disimulado en las sagradas escrituras, ya sea por la razón
de firmeza, en Betsabé, o la inteligencia astuta de Dalila.
Ellas,
cumpliendo mandato, sólo espacio unificado a un específico Él,
transformándolos dentro de sus entrañas a ese otro ya sombra personalizada,
“ La nueva idealidad, la nueva “dimensión” espiritual descubierta a
través de la religión, no sólo presta a lo mitológico una “significación
distinta, sino que induce directamente en el campo del mito la antítesis
entre la “significación” y “existencia”. Así, como Ernst Cassirer lo
señala, Oscar, posee la dimensión y la existencia, ojeando lo circular que
se le manifiesta constantemente trenzando la vivencia contemporánea, el aquí
y el ahora, la cúpula del rito siendo equivalente a la realidad latente en
lo atemporal con un claro goteo de la savia que engendra su obra
regresándonos a un pasado muy íntimo en nosotros: retorno al viaje entre la
entrada al mundo y la muerte, acariciando antiguos trajes que respiramos
anudando aguas, habitándolas detrás del espejo que devela esa fuerza
creadora despertado por un sólo instante: Ananda, el goce interior, abrazo
de luz pidiendo pronto regreso a la esencia del Génesis.
Entonces se
cumple lo que llena un poco, participa lo creyente del rito visitando esas
fuerzas que se conjugan disociando lo espiritual, hacia una lucha del
doblego el poderío masculino, mediante la astucia ataviada de inocencia.
Oscar Sjöstrand, nos da la presencia de invocación continua, mostrándonos
ese encadenamiento entre Las dos Santas Marías: puertas que el hombre
abriéndolas, se desteje bordeando el indudable tránsito cíclico entre lo
Sagrado y lo Profano. Intercambio de esencias de encarnado espejo,
espiando las culpas bajo el tejido de la noche y la liberación de las mismas
al confesarlas en la entrada lámpara bajo la hebra del día. Regresando al
Génesis, que subsiste por su carga emblemática dejando pruebas de los
grandes combates del ser y su caída constante cumpliendo con su realidad, ya
como destino escrito. “La Biblia constituye el ejemplo supremo de cómo
pueden los mitos, bajo ciertas presiones sociales, agruparse para formar una
mitología”. Fuente de la palabra escrita que no oculta el libre
albedrío dejado por el ser supremo siendo intermediario del él, el
hombre creado a su imagen y semejanza, y es allí, donde están
latentes huellas para indagar lo disoluto cazando al hombre, que lo juzga al
mismo tiempo, lo señala como castrador y a su vez castrado al no poder
dirigir esa reconciliación de fuerzas conjugándose en sellado y virtuoso
cofre, aún siendo opuestas. “Por desgracia, siendo lo que es la
naturaleza humana, el hombre, en primer lugar, adquiere un universo
mitológico y pretende luego, mientras puede, que se trata de su universo
real”. Doble miramiento de Northrop Frye, desde su percepción de este
legado visto con un sentido Bíblico, sin embargo, personifica lo fabuloso
cotejando una afinidad históricamente vigente en la conducta del ser humano.
Oscar, reconoce y proyecta lo dual, plasma su época y demuestra con ello lo
visionario que puede ser un creador, sólo mirando conjunciones de universos
que se repiten, dejando abierta la obertura de anteriores juicios apuntando
la íntima promesa: avenencia entre fuegos opuestos, dentro del espejo
abrazando aguas.
Lo opuesto
esta dentro de nosotros, proporcionando luminaria raíz, donde se consagra
una conciencia profunda, hacia lo universal ilimitado, a la vez, también se
concibe lo festejado al encontrarse con otras puertas de lo limitado. Todo
lo marca esa constante búsqueda: gesto del espíritu, el espíritu vigilante
que se cuida incluso de quedarse inanimado. Para Oscar, no es desconocido
ese libre albedrío, entregándonoslos su vestigio aroma a través del
dibujo, sin apartarse de su tendencia Zen que asume desde sus inicios,
permanente en la depuración de la línea, expresando lo gozado: una lectura
limpia comunicativa en un mismo plano viéndola desde adentro. Sin apartarse
de su entorno cotidiano, partiendo de las experiencias vivénciales
afectivas, rodeando la pasión mediante el planteamiento de lo erótico, como
tema, para plasmar en esta muestra, sentimientos muy internos y ocultos en
el ser, porque él sabe que lo humano no puede ser eternamente fuerte:
meditación, engendrado equilibrio dialogando con lo histórico metafórico de
nuestros mediadores ancestrales, que así lo han demostrado.
El diálogo
poético que atraviesa toda la obra de Oscar, siempre esta la sorpresa como
un haiku, entrando por el paisaje donde también se percibe al hombre. “Lo
poético constituye así el mecanismo más importante de valoración de lo
espiritual y de acceso a un estado superior del hombre, en el que se afirma
como experiencia auténtica y como libre”. Oscar Sjöstrand comparte este
pensamiento de Samuel Wolpin, por ello lo trasmite cual saneado respiro en
cada fragmento proponiendo la profundidad metafórica sobre el plumazo de
libre aliento comprometido con el arte pictórico.
Por ello
Ananda, es, la meditación impresora de la imagen que nos observa, moviendo
esponsales con la vida y la muerte, cerrando el anillo de andar todos hacia
lo trascendente: meta de este artista, sublimado a la pureza frente a lo
inarmónico creado por lo humano. Oscar Sjöstrand, asume el amatorio manto,
lo distingue brotando del germen de su propia esencia, partiendo de esa
natural cruzada liberadora, nos ofrece otro semblante comunicando traslúcido
con los aires rodeando este ineludible planteamiento, que se intuye
cultivando caminos de aguas: espacio donde se atina la paz, trasmutada hacia
el placer espiritual uniendo al hombre con lo divino y lo divino esta íntimo
en el mismo. Reflexión, cuando llegamos a yo soy la resurrección y la
vida, que lo libera pactando con lo creativo – sensitivo, habitando en
su formado lenguaje plástico: Cuerpo privativo sobre el bordado amoroso
trazo, que retoña al tener esa libertad de pensamiento identificando la
sabiduría del sentimiento, elevándolo a esferas superiores, a lugares de
remoto indicio. Continuidad poética en intensivas expresiones tapizando
habitantes paredes con el descarnado vestido por el espejo abrazando aguas,
paralelo espacio del velado velo, seduciendo el suelo transparente de mismo
espejo: “rompe la tela de este dulce encuentro”, la Reina de Saba.
Oscar
Sjöstrand
Nace en
Puerto Cabello, Estado Carabobo. Vive y trabaja en Caracas. Dibujante,
pintor e ilustrador. Individualmente ha expuesto: Dibujos. Galería Viva
México, Caracas 1980; Galería de Arte Tupi-Nambá, Maracay, Edo. Aragua 1982;
Galería de Arte, Universidad Simón Bolívar, Sartenejas, Edo. Miranda 1994;17
Artistas Venezolanos en Mallorca,España. Ananda, el gozo interior. Sala
Nueva Galería, Fundación CELARG, Caracas 1999; Ministerio de Educación,
Caracas 2000; Ángeles y arcángeles , Centro Cultural Pomaire, Caracas 2000;
Ananda , Galería Acuario, Puerto Vallarta, México 2001. En 1980 y 1982
expone en el Salón de Jóvenes Artistas (Museo de Arte Contemporáneo de
Caracas). Participa en el XVIII y XXII Salón Nacional de Arte de Aragua
(Museo de Arte Contemporáneo de Maracay Mario Abreu, Edo Aragua), XL, LIII y
LVI Salón Arturo Michelena (Ateneo de Valencia, Edo. Carabobo, 1982,1995 y
1998. En 1982 concurre a la I Bienal Nacional de Dibujo y Grabado con
Virginidad y en 1983 participa en la VI Bienal de San Juan del Grabado
Latinoamericano (San Juan de Puerto Rico). Participa como Artista invitado a
la VI Bienal de Dibujo. Museo Alejandro Otero, Caracas, 1992. Ha intervenido
en los performances Espaciales I, II y III como pintor al lado de la
coreógrafa y bailarina Sonia Sanoja 1991 y 1992. Entre 1970-75 realiza
cursos dictados por el Conac, Ateneo de Caracas y la Dirección de Cultura de
la Universidad de Venezuela. Ha tomado parte en muchas exposiciones
colectivas, algunas de ellas son: en el 2000, artista invitado en la muestra
Los doce mejores papeles, para los doce mejores artistas, Museo de la
Estampa y del Diseño Carlos Cruz Diez y Embajada de Francia. También en el
2000 dicta un taller a los niños damnificados de la tragedia de Vargas, en
la Ciudadela, proyecto auspiciado por el Museo Jacobo Borges, Caracas. Ha
sido merecedor del Premio Antonio Edmundo Monsanto en el 56 Salón de Artes
visuales del Ateneo de Valencia y del primer premio en el Salón
Universitario de Arte, Facultad de Ingeniería, Universidad Central de
Venezuela. Caracas, entre otros.
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