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revista de cultura # 61 |
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El graffiti: diálogo roto, posibilidad infinita Benjamin González
Hace menos de un año fundamos en la delegación periférica de Tlahuac en la ciudad de México una escuela de artes y oficios y un centro cultural, nuestro trabajo en esa comunidad nos obligo a adentrarnos en las entrañas de quizá uno de los pocos territorios semi-rurales que aun existe en nuestra capital. En un recorrido por estos barrios un grupo de promotores culturales y yo encontramos una advertencia hacia los jóvenes que practican el graffiti que rezaba a la letra “no se responderá por tu vida de quien pinte esta pared”. En una delegación donde meses atrás se había linchado a policías federales que ingenuamente tomaban fotos a las afueras de una escuela, la amenaza era realmente escalofriante, pero lo que más nos sorprendió es que cuando vimos la advertencia en la pared, esta ya estaba intervenida por varios “tages y bombas”, alguien había tomado la decisión de desafiar la amenaza y por consiguiente jugarse la vida. Una lluvia de preguntas nos provocó este hecho y que las pongo a su consideración para reflexionar conjuntamente. ¿Por qué un joven adolescente es capaz de arriesgar su vida por pintar una pared? ¿Qué fuerza es tan poderosa que hace que se tomen riesgos extremos para retar a la autoridad o al poder? ¿De donde surge esta necesidad de rayarlo todo y de hacerlo justo ahí donde molesta, trasgrede y provoca? ¿En que pensaba aquel que escribió aquella leyenda macabra? ¿Se sentiría dueño de la vida de un joven que su único pecado era rayar aquella pared? ¿Acaso se percibía al joven grafitero como un criminal que merece morir antes de comprender el fenómeno que lo llevo a pintar?
Les platicaré una tercera, hace un par de años el hoy jefe de gobierno de la ciudad de México Marcelo Ebrard, en aquel entonces secretario de seguridad pública, a recomendación de Rudolf Guliani ex alcance de nueva york creo la policía “antigrafiti” la justificación para la creación de este cuerpo de elite era “que los grafitos en las paredes eran en realidad marcas de la delincuencia organizada para anunciar los puntos donde se vende droga”, muchos jóvenes grafiteros se mofaban de esta concepción e irónicamente comentaban que en cada esquina de la ciudad había un grafiti en clave que decía “se vende droga aquí, barata y buena, llévela, llévela, llévela” como en el tianguis. La idea de la autoridad sobre este fenómeno social y urbano delataba su ausencia de conocimiento y su alejamiento de la realidad, confundir a la delincuencia organizada con los jóvenes grafiteros lleva el análisis a un punto muy peligroso, pero lo que es peor es proponer una supuesta solución, la policía antigrafiti, que irónicamente no va a solucionar nada, la guerra contra el graffiti es una guerra perdida, por ello es tan importante que empecemos a mirar más y mejor este fenómeno. Que podemos concluir inicialmente sobre el tema que nos convoca. UNO. Que las autoridades y la mayoría de la sociedad no termina de comprender que motiva a los jóvenes a rayar las ciudades. DOS. Que la mayoría no conoce está forma de lenguaje y conversación, por lo que no puede entrar en dialogo con quienes lo practican. TRES. Que es una practica de resistencia, que molesta y trasgrede a quienes no pueden, ni quieren comprenderla.
El graffiti callejero podemos abordarlo desde muchos puntos de vista, es antes que nada un fenómeno social asociado a la necesidad de expresión, de reconocimiento y afirmación social, el grafitero gana reconocimiento y presencia en su crew o colectivo mientras más osado, audaz y atrevido sea, mucho tiene que ver los lugares donde realiza su trabajo,, no es lo mismo grafitear una barda sola y abandonada que una patrulla de policía o un espectacular, cada lugar marca las pretensiones del artista y lo coloca frente a los demás, otro aspecto importante es la necesidad de hacerlo con o sin permiso del dueño del lugar, últimamente se ha desatado un debate acerca de los llamados grafiteros legales, que son aquellos que solicitan permiso para pintar y que trabajan con instituciones públicas y privadas, y los llamados grafiteros ilegales que no reconocen a la autoridad como interlocutor y su accionar es clandestino. A mi juicio ambos bandos son interesantes y necesarios para ilustrar un movimiento cultural como lo es el graffiti, los legales son un pieza importante en la difusión y comprensión del fenómeno para darle visibilidad social y relacionarlo con otras iniciativas estéticas, y los ilegales mantiene este movimiento como un acto de protesta y reivindicación, situación refrescante frente a una sociedad cada vez menos rebelde y participativa. Otro aspecto que debemos abordar de este movimiento es su relación con la actividad artística de una ciudad, siempre surge la pregunta si el “grafitti ¿es arte o no?” y podemos debatir por horas esta difícil encrucijada, pero creo que no es lo más importante, aunque tengo mi opinión al respecto, creo que lo verdaderamente importante es que tenemos a miles de jóvenes que quieren pintar, que quieren hacer stikers, serigrafía y esténcil, que quieren usar estas formas de expresión con la firme intención de inundar todo con nuevas y novedosas ideas, este fenómeno, esta circunstancia no puede ser ignorada por quienes nos dedicamos a la promoción y difusión de la cultura desde el ámbito público o privado, lo que si podemos hacer es aprovecharlo e impulsarlo, incluso debemos provocar a este movimiento para que tenga la necesidad de encontrarse con otros movimientos artísticos y se ponga a prueba. En el Faro de Oriente, una escuela de Artes y Oficios popular y social en el corazón de uno de los barrios más violentos de Iztapalapa en la ciudad de México, la experiencia con los jóvenes que pintan graffiti es muy reveladora, aprovechamos sus inclinaciones por la plástica para literalmente “entrar al mundo del arte” los jóvenes comienzan haciendo serigrafía o estikers, pero pronto descubren otros soportes igual de poderosos como el grabado, el video o la instalación, se dan cuenta que el graffiti solo es uno de varios lenguajes para decir y expresar las cosas que uno desea aportar y someter a discusión, podemos decir que tenemos en los miles de grafiteros existe un potencial y latente un movimiento plástico en México y en el mundo.
Meses después el grabador y artista plástico Emilio Payan quien ha trabajado con José Luis Cuevas, Alberto Castro Leñero o Aceves Navarro entre muchos otros, visito el Faro, quedo muy impresionado al ver aquellos grafitis-grabados-murales de Pablo López, lo invitó a su taller con la intención de realizar impresiones de tamaño monumental en un tórculo especial a la medida de aquellas placas gigantescas. Nuevamente el resultado fue reconfortante y aquella primera obra callejera se había convertido ya en otra obra. Actualmente Pablo López es tallerista en el Faro de Oriente, pasaron 4 años antes de que aquel joven pudiera convertirse en instructor, ahora habla y trabaja con nuevos grafiteros en la búsqueda de enriquecer esta propuesta estética e indagar nuevos caminos para la expresión y el arte. Comienzo a concluir con algunas reflexiones sobre el parel del Estado y de los gobiernos en relación a este movimiento y algunas recomendaciones. ● Tenemos que acostumbrarnos al graffiti, llego para quedarse, de nada sirve criminalizarlo o amenazarlo de muerte. ● La autoridad pública debe interesarse mucho más en los motivos y fundamentos que procuran este movimiento, debe preocuparse de su comprensión y comunicación con él y dentro de lo posible su negociación. ● Es necesario abrir espacios de expresión para jóvenes con la finalidad de diversificar y multiplicar los lugares de conversación y encuentro.
● Invitemos a las crew y colectivos a desarrollar nuevas formas de expresión callejera, quizá de una forma más organizada y sistemática para recuperar el espacio publico, demos color a nuestras grises ciudades, los grafiteros deben contribuir a la transformación de las calles y a la nueva significación de los espacios para los vecinos y transeúntes, procurando un nuevo sentido de pertenencia del barrio y considerarlos espacios creativos y propios. ● Promovamos encuentros entre las crew y colectivos de graffiti con las comunidades de artistas locales e internacionales. Este movimiento es forma de expresión y fenómeno social en las ciudades más importantes del mundo, su vitalidad y rebeldía es un activo para la sociedad y no un problema, cada forma nueva de expresión conlleva una critica y un mecanismo de renovación y vitalidad para la sociedades, el graffiti es sin lugar a dudas una expresión de la vida contemporánea, que debemos apreciar y promover, este movimiento hace mas fuerte a la sociedad y no la debilita, la energía juvenil que trastoca las formas tradicionales de comprender el mundo es nuestro principal valor social. |
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Benjamín González (México, 1973). Ensayista y productor cultural. Ensayo originalmente publicado en UIC # 6 (Revista de la Universidad Intercontinental, México, Octubre de 2007). Contato: Itzamna1999@hotmail.com. Página ilustrada com obras do artista Felipe Ehrenberg (México). |
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