revista de cultura # 66
fortaleza, são paulo - novembro/dezembro
de 2008






 

Madrasas de África, la visión de un artista

Luis López "Gabú"

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Luis López "Gabú"Este proyecto nace con el final de la guerra civil de 1998-99 en Guinea Bissau, y proyecta mi visión personal del complejo mundo de las escuelas coránicas (madrasas) africanas más remotas y olvidadas, así como las más rudimentarias en sus métodos de aprendizaje.

En aquellos años, estando en la zona fronteriza de Guinea Bissau y Guinea Conakry, concretamente en la zona de Gabú, una imagen se grababa para siempre en mis ojos, la de un niño portando una tabla gastada y rasgada con escritura árabe que regresaba a casa después de asistir a la madrasa. Era la primera vez que veía ese objeto y la primera comparación que vino a mi mente fue con una obra de Tápies. Aquella tabla gastada representaba para mí un fragmento de un cuadro de Tápies, o un cuadro de Tápies una tabla sobredimensionada, donde la pintura era sustituida por pigmentos naturales y manchas secas de sudor con escritura árabe, en unos casos ordenados y en otros desordenados y semiborrados. Curiosamente a mi regreso a España, en 1999, me sorprende que Tápies acabara de publicar un libro titulado “El arte y sus lugares”. En él se realiza un acercamiento al patrimonio cultural de las tradiciones no europeas desde un punto de vista poco ortodoxo, donde no trata de buscar las afinidades formales, sino los rasgos más interiores y complejos, matizando la importante deuda que el artista de hoy ha contraído con ese patrimonio cultural.

Teniendo como motivación principal las tablas coránicas, durante los últimos nueve años recorrí en solitario, y paralelamente a otros proyectos artísticos y testimoniales, diferentes países africanos de influencia islámica. Desde Guinea Bissau hasta el Magreb, pasando por Somalia, Etiopia, Mauritania, Senegal o Malí, trataba de captar el alma y la mirada de las escuelas coránicas donde se sigue utilizando la tabla coránica como elemento de aprendizaje y memorización del Islam. Escuelas coránicas que poco a poco están desapareciendo y las tablas son sustituidas por otros materiales.

Luis López "Gabú"Fue un proceso lento y paciente, y en algunos casos no exento de riesgo, por el hermetismo de las propias escuelas coránicas (madrasas) y los lideres religiosos de algunas zonas. En general, existe una gran dificultad para acceder al interior de las madrasas y aún más para hacer fotografías. En ese sentido, en muchos casos se precisa ganar la confianza del líder religioso o del marabout, y frecuentar la zona de forma repetida durante el transcurso de los años, aunque esta regla en algunos casos funcione a la inversa y te traiga más perjuicios que beneficios. En todo momento trate de pensar y ver este mundo como uno más de sus personajes, teniendo como conducta el respeto y la lealtad en lo máximo posible a estos lugares y sus normas.

En muchos casos, resultaba desmoralizante y agotador viajar días y días tratando de localizar madrasas para que posteriormente no te permitieran el acceso a las mismas, o cuando te permitían entrar, no te autorizaban para hacer fotografías. He de reconocer que en algunas ocasiones realice fotografías sin autorización asumiendo el riesgo de ser agredido o de ser desprovisto de mi equipo fotográfico.

El hecho de que sea un proyecto de largo recorrido en tiempo y en espacio, hace que te introduzcas en él con todos los sentidos, reflexionando sobre el mismo durante años y sintiéndolo en tu interior tanto en África como en España. Pero, siempre tratando de mantener mi mente al margen de los ingratos sucesos ocurridos a nivel internacional en los últimos años.

Desde el punto de vista artístico el trabajo se hizo muy complejo y con un escaso tiempo de creación, ya que si lograbas acceder a la escuela coránica, no te autorizaban la permanencia en su interior por mucho tiempo, principalmente por el hermetismo islámico hacia la fotografía, al que se unía al hecho de no perturbar a los alumnos con la presencia de una persona extraña haciendo fotografías. Eso implicaba que tenía que aprovechar al máximo cada segundo, y que mis ojos tenían que seleccionar con rapidez aquellos instantes robados al tiempo. Mi objetivo era que arte y testimonio se fundieran para captar una imagen que me saciase como artista, al mismo tiempo que dignificaba estos lugares y su gente, sin perturbar la atmósfera, esencia y sentimiento de los mismos.

En otros de mis proyectos artísticos, como “Vudú, el camino negro de Santiago” mi obsesión por el claroscuro nocturno de influencia barroca, definió la principal línea artística a seguir. En este caso, el claroscuro nocturno lo sustituí por las luces y sombras de la intensa luz diurna africana.

La decisión de mantener ese lenguaje artístico principal de luces y sombras, no solo obedece a mi interés artístico por la composición, el color y el tono, sino que también simboliza mi reflexión sobre lo que representan las religiones en general, y que no es otra que dar una explicación a dos polos opuestos que luchan entre sí, “la luz y la sombra”, el bien y el mal, la vida y la muerte, la verdad y la mentira…

En este sentido, ese lenguaje artístico de “luz y sombra” que retrata estos lugares y sus diferentes personajes, también retrata mi visión personal de lo que son las madrasas africanas, y que no es otro que “luces y sombras” en el más amplio sentido de las palabras.

Luis López "Gabú"II

La islamización de África se manifiesta en las escuelas coránicas (madrasas) que se reparten por todo el territorio desde el norte hasta el África Subsahariana, donde el Islam mantiene el pulso vital y espiritual de millones de personas, junto a las antiguas creencias animistas de la población autóctona.

Los musulmanes consideran al Corán, su libro sagrado, objeto de veneración, por lo que no es tratado como un libro más, sino con el máximo respeto tanto desde el punto de vista físico como del espiritual. Se lavan las manos antes de su uso y se le protege con toda dignidad.

Los musulmanes memorizan al menos una parte del Corán en su idioma original, ya que consideran que el Corán es perfecto únicamente en la versión árabe en la que fue revelado. Las traducciones contaminan la escritura original y merman la inspiración poética que se encuentra en el Corán. Esto se debe principalmente a la dificultad que históricamente se ha tenido para traducir perfectamente el árabe, y que provoco que muchas escuelas musulmanas prohibieran la traducción del Corán.

Por esta razón, la llegada del Islam a África provocó el nacimiento de escuelas donde se enseñaba el Corán en su forma más pura, en árabe, independientemente del idioma propio de los alumnos. En la actualidad, las escuelas coránicas siguen manteniendo el mismo criterio, y los alumnos lo aprenden y memorizan en árabe. En este sentido, las escuelas coránicas (madrasas) son un elemento del Islam de gran respeto y de suma importancia para los musulmanes africanos, dado que es el pilar básico del Islam, donde nace y se forma un buen musulmán, y si no se cuida y se supervisa su correcto funcionamiento, se incurre en una deslealtad imperdonable. Existe tanto mimo y cuidado en las madrasas, que en muchas de ellas no esta permitido el acceso a otras personas que no tengan el nivel de dignidad y respeto que merecen estos centros. El acceso a una persona ajena implica un conocimiento del mismo y de su sensibilidad hacia el Islam.

La prescripción islámica de no utilizar la figuración en el arte, unida al deber de embellecer la palabra de Allah, hace que la escritura del Corán se convierta en un gesto de belleza y armonía que trasmita la dignidad, nobleza y espiritualidad de la palabra de Dios. En este sentido las madrasas se constituyen en centros no solo de enseñanza religiosa sino también, en cierto modo, en centros artísticos, donde el aprendizaje con soltura y belleza de la escritura del Corán es fundamental en la formación del alumno.

Mientras el Islam ortodoxo afirma que cada creyente tiene acceso directo con Alá, en muchas zonas de África, principalmente la subsahariana, la fe suele canalizarse a través de intermediarios santos llamados marabout, los cuales dirigen sus propias escuelas coránicas, siendo además el “líder” religioso en su área, y gozando de respeto y reconocimiento, y con gran influencia desde el punto social, político y económico. Los marabout son más característicos dentro del sufismo, o lo que podríamos entender como la forma islámica de la mística.

Luis López "Gabú"La escuela coránica (madrasa) ejerce la enseñanza del Corán desde un punto de vista noble e integrador pero también se convierte en un centro donde los niños y niñas a partir de los 3 y 5 años pueden pasar parte del día, dedicando otra parte al trabajo en el campo o a recoger la ayuda económica que les permita pagar a su profesor o tutor, como sucede en diversos países del África Subsahariana.

En algunas escuelas coránicas, a los niños y niñas que el marabout envía a recoger la limosna que les permita costear su educación se les denomina en árabe tâlib o murîd (aunque en cada zona de África tienen su propio nombre). La escuela en la que estudian puede estar a cientos de kilómetros de su casa, de modo que los padres encomiendan al marabout la protección de su hijo y su educación conforme al Corán, de modo que estos ejercen de profesores y tutores. Las clases se interrumpen en un momento del día para que los niños y niñas salgan a las calles con unos pequeños cuencos para recoger limosna y así obtener dinero para el marabout. Esta no es una práctica establecida ni promovida por todas las madrasas, pero es relativamente frecuente en las zonas más remotas o en las rurales. En este sentido, los niños y los adultos conocen a la perfección para qué es esta tarea que, en cierto modo, esta dignificada socialmente dentro de la comunidad.

En otros Estados africanos esa enseñanza puede estar financiada por países árabes con mayor nivel de desarrollo. Ese es el caso de Somalia, donde si no sabes recitar el Corán no obtendrás el respeto de la sociedad. Los padres pueden, incluso, llegar a considerar más importante que sus hijos sepan cómo hacer las abluciones y rezar, que leer, escribir o contar.

En muchos casos estos profesores de escuelas coránicas son consultados casi como hechiceros, y en cierto modo practican un sincretismo religioso, ya que dan consejos o protección mediante la elaboración de sus propios remedios de influencia animista, elaborando amuletos para sus fieles, que en el caso de las mujeres es una cuerda con unos pequeños saquitos de cuero que atan a la cintura debajo de la ropa y que ni estando desnudas se desprenden de el. En el caso de los hombres suele ocurrir que los pequeños saquitos se sujeten también por una cuerda, pero en este caso lo habitual es a la altura del brazo, en la zona del bíceps, o en el cuello. Como se puede ver, el profesor de las escuelas coránicas goza de gran prestigio, y sus órdenes y decisiones son aceptadas no solo por los alumnos, sino por toda la población de la zona en la que viven.

En general los alumnos de las madrasas son niños y niñas, excepto cuando superan la adolescencia y entran en un proceso que podríamos denominar de perfeccionamiento, casi exclusivamente reservado a los hombres.

La complejidad, en el más amplio sentido de la palabra, de toda el África islámica, le confiere a cada madrasa unas características propias de cada país o zona, siendo diferentes en la forma pero semejantes en el fondo. Las madrasas pueden ser desde grandes edificios localizados en importantes centros religiosos, acogiendo alumnos internos, hasta pequeños y austeros espacios en zonas más remotas o sin recursos.

En las madrasas, el Corán se aprende y memoriza en un elemento muy peculiar: la tabla coránica de madera, denominada en muchas zonas Alluha (“la tabla”, en lengua árabe), sobre las que se escribe y que es uno de los elementos físicos fundamentales en el aprendizaje espiritual y artístico de la escritura. Escrito en árabe clásico, en muchas zonas de África resulta incomprensible para los niños que tienen otro idioma. Aunque los alumnos aprendan a memorizar los versos del Corán y a copiar los mismos en las tablillas de madera, en muchos casos no alcanzan a entender perfectamente su significado, aunque constituyan un medio para el aprendizaje y difusión de la fe islámica.

Luis López "Gabú"La memorización del Corán se realiza copiando el profesor o el propio alumno sobre las tablas un texto escrito en papel, para posteriormente recitar en voz alta hasta que se memoriza. En muchas madrasas resulta hipnótico este recital desincronizado de los niños estudiando. No se borrará una escritura para poder escribir otra sobre la misma tabla si no se ha aprendido antes de memoria la anterior. Todas tienen una misma función, desde Guinea Bissau hasta Somalia, pasando por el Magreb.

En la forma, las tablas coránicas de madera mantienen grandes diferencias en sus características, y principalmente en su estética, la cual oscila mucho dependiendo del país o de la zona donde se localiza la madrasa. En países como Guinea Bissau, Malí, Senegal o Mauritania las tablas suelen ser por lo general rectangulares, pequeñas y con forma de arco en su parte superior, aunque también las hay con asa en la parte superior y curva en la inferior. En Nigeria o Níger la forma suele ser rectangular con arco invertido en la parte inferior y con un asa en forma de arco en la parte superior. En el norte de África las tablas son casi cuadradas y sin arco, mientras que en otros países, como Somalia, son de gran tamaño, rectangulares y alargadas, con un asa en su parte superior. En el tamaño de la tabla no solo influye la zona, sino también la edad del alumno. Como es lógico a menor edad, la tabla será más pequeña.

El prolongado uso de las tablas, su escritura con tintes naturales, y su posterior borrado manual, confiere a estas tablas un aspecto de gran belleza y emotividad, dignas de ser el soporte de la palabra de Allah, y que desde el punto de vista de la estética actual en Occidente, tendrían mucho en común con el arte contemporáneo, de hecho muchas de estas tablas coránicas, nos pueden recordar la obra de Tápies o la de otros artistas contemporáneos occidentales.

Luis López “Gabú” (Galiza). Pintor y fotógrafo artístico. Su obra artística y fotográfica recoge las influencias de 4 continentes, recorriendo en solitario países como Birmania, Vietnam, Laos, Tailandia, Somalia, Etiopia, Guinea Bissau, Senegal, Magreb, Mauritania, Malí, Haití, Cuba, Santo Domingo, Colombia, Brasil, Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra e Italia. El texto que publicamos pertenece a la muestra expuesta en el Museo Nacional de Antropología de Madrid (http://mnantropologia.mcu.es). Visite www.luisgabuarte.com. “Gabú” fue artista invitado de Agulha # 53 (septiembre de 2006). Contacto: luislopezgabu@hotmail.com. Página ilustrada con obras de Luis López “Gabú” (Galiza).

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