revista de cultura # 66
fortaleza, são paulo - novembro/dezembro
de 2008






 

Luis López Nieves: la historia no existe

Julio Bolívar

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Luis López NievesLuis López Nieves (1950) es un escritor que irrumpió de manera espectacular en el ambiente literario en 1984 al publicar su relato histórico "Seva", el cual causó conmoción, hizo de su autor una celebridad inopinada y uno de los mayores éxitos literarios de Puerto Rico. Además, introdujo una nueva modalidad literaria conocida como la "historia trocada". Ha publicado Escribir para Rafa (relatos, 1987), La verdadera muerte de Juan Ponce de León (relatos, 2000) que incluye el afamado cuento "El conde de Ovando" con el que  ganó el Primer Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña (Premio Nacional de Literatura). En el 2005 el Grupo Editorial Norma de Colombia publicó su novela El corazón de Voltaire en la prestigiosa colección "Literatura o Muerte", que ha recibido importantes elogios en América Latina, Estados Unidos y Europa. En diciembre de 2006 el Instituto de Literatura Puertorriqueña establece un precedente al otorgarle el Premio Nacional a López Nieves por segunda vez, en esta ocasión por El corazón de Voltaire, proclamado el mejor libro de 2005. López Nieves es doctor en Literatura Comparada por la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook. En el 2004 fundó el primer programa de maestría en Creación Literaria de América Latina (en la Universidad del Sagrado Corazón, San Juan de Puerto Rico), el cual dirige. También es fundador y director de la Biblioteca Digital Ciudad Seva, en donde reúne más de 3200 cuentos clásicos. En el 2007 la Universidad del Sagrado Corazón lo nombró "Escritor Residente". Esta entrevista se hizo en Caracas a propósito de la presentación de El Corazón de Voltaire en el IESA, una escuela de negocios prestigiosa en donde trabajaba como director editorial. Sus obras han sido traducidas al neerlandés, alemán, inglés, islandés e italiano. [JB]

JB Si pudieras fijar la época en que decidiste ser escritor, el momento en que tomaste esa decisión?

LLN Desde los 12 ó 13 años yo escribía poemitas y otras cosas, pero no me lo tomaba en serio. Como leía mucho, siempre escribía mis cositas. Pero a los 20 años de edad tomé un taller de cuentos con un escritor muy conocido en Puerto Rico que se llama René Marqués, uno de nuestros clásicos. Tomé el taller y después me dije: ¡por fin encontré lo que quiero hacer el resto de mi vida! Después de muchos años dando vueltas, porque yo entré a la universidad y no sabía qué quería estudiar, con ese taller de cuentos ya no tuve dudas. Ese fue el momento, a los 20 años de edad.

JB Hay gente que la marcó la lectura de libros como El Quijote, Doña Bárbara, Cien años de Soledad o María de Jorge Isaac. ¿Qué lecturas te encaminaron y decidieron ese destino?

LLN Pues siempre digo que mi padre literario es Julio Cortázar; mi abuelo, Franz Kafka; mi bisabuelo, Stendhal; y mi tatarabuelo es Miguel de Cervantes. Con estos autores realmente siento que tengo una gran deuda. Pero también me formé en la época del boom, muchos libros que ahora son clásicos estaban saliendo de la imprenta. Es la época en que salió El otoño del patriarca, estaba saliendo la obra de García Márquez posterior a Cien años de soledad, estaban saliendo cuentos de Cortázar y de Borges, al igual que las novelas de José Donoso, Carlos Fuentes, Vargas Llosa, etcétera. Es decir, en gran medida me marcó el boom, pero también los franceses del siglo XIX. Me siento muy cercano, y regreso continuamente a Balzac, a Stendhal, a Zola, a toda la literatura francesa del siglo XIX.

JB En tu página Ciudad Seva, hay una sección de cuentos que es dedicada prácticamente al siglo XIX.

LLN La Biblioteca Digital Ciudad Seva es una biblioteca de cuentos clásicos. La empecé para que mis estudiantes pudieran leer cuentos que no podían conseguir con facilidad, que eran muy difíciles o casi imposibles de conseguir en librerías. En el proceso descubrí que ya había bastantes portales en Internet para cuentos modernos, y que la gran mayoría carecía de calidad porque exhibían anuncios que decían "Envíe su cuento". Es decir, cualquier persona manda un cuento y se lo publican. ¿Qué es eso? ¿Qué calidad puede tener una biblioteca semejante? Entonces, como soy profesor de literatura, doy talleres de cuento y dirijo un programa de creación literaria, me dije: vamos a hacer una biblioteca digital con los cuentos clásicos que yo quiero que mis estudiantes lean. Así nació la Biblioteca Digital Ciudad Seva en ciudadseva.com. Ya hemos recibido sobre 16 millones de visitantes.

JB Tú seleccionas los cuentos o tienes un equipo?

LLN La palabra final la tengo yo. Hay 17 colaboradores pero el director de la biblioteca soy yo, no se pone ningún texto sin que yo lo haya leído y aprobado. La selección responde a mis criterios.

JB Me gustaría conocer también si hay algún hito en tu vida, algún episodio en esa declaración del escritor que se decide a los 20 años, que te haya marcado un elemento vital. Como si fuera una novela, algún hecho novelesco en tu vida y si hay unos personajes que recuerdas.

LLN Quizás la lucha política, porque en Puerto Rico prácticamente toda la gente de la cultura es de izquierda. Yo era un muchacho enajenado de clase media, normal y sin ninguna conciencia política, que llegué a la política desde la cultura. Entonces, al empezar a convertirme en escritor, al empezar a leer y escribir en serio, comienzo a entrar en contacto con la izquierda y me convierto en independentista. Así comienza mi militancia política dentro y fuera de la universidad, que es parte fundamental de mi formación como escritor.

JB ¿La política o un partido?

LLN Primero en un partido, pero más que un partido era simplemente convertirme en un ser de izquierda, antiimperialista, que empieza a ver el mundo de una forma diferente al comprender lo que es el imperialismo. Los partidos pueden cambiar, y ahora mismo no pertenezco a ninguno. Lo importante es que nació en mí una perspectiva antiimperialista que siempre se quedó conmigo y que, a estas alturas de mi vida, me atrevo a decir que ya nunca me abandonará. Ya se me pasó la edad para convertirme, de pronto, en un derechista.

Franklin Fernández

JB ¿Algún otro hecho que recuerdes, que te marque en esa decisión literaria?

LLN Yo leía muchos clásicos, leía a Dumas, el Quijote, todo ese tipo de obras. Pero recuerdo que cuando empecé en el taller de cuento el profesor nos asignó a Cortázar y la impresión fue muy grande. Nunca lo olvido. De hecho, recuerdo dónde estaba sentado el día que agarré el libro Ceremonias, ¿recuerdas Ceremonias? Me senté y leí el primer cuento, "Continuidad de los parques", de página y media. Lo terminé y no entendí nada. Entonces me dije, ¿qué pasó? Yo nunca había leído algo así. Empecé a leerlo de nuevo y cuando iba por el segundo párrafo, como a mitad de la primera página, me empezó algo que nunca he vuelto a sentir, me empezó como una taquicardia. Era una emoción estética muy grande, como una alegría, ¡qué maravilla! Entonces, cuando lo terminé, fue con gran euforia porque había entendido el cuento y me había fascinado. Entonces devoré el resto del libro. Ahí está, por ejemplo, el cuento "La noche boca arriba". Desde ese momento me quedé para siempre en el mundo de la literatura. Recuerdo ese día como el que me transformó. Fue el día en que pasé de leer a Alejandro Dumas, las cosas que todo el mundo leía, a de pronto descubrir el boom, a Cortázar, a Borges, esos juegos literarios. Después descubrí a los surrealistas y otros movimientos estimulantes, y comprendí que ya no se trataba de una literatura académica ni de estatuas ni de brindis patrióticos. Empecé a descubrir que la literatura era ese humor de Cortázar que yo recuerdo de una forma tan agradable e impactante, al igual que esa lectura de "Continuidad de los parques".

JB En tus cuentos hay una especie de pasión por la realidad, pero también hay pasión por la transgresión, una especie de rebeldía que quiere transformar la realidad.

LLN He llegado a la conclusión de que no existe una realidad. No tiene sentido decir "la realidad", para mí no existe, porque cada sociedad se crea su propia realidad.  Por eso creo que Puerto Rico tiene que empezar a crearse su realidad, que toda Latinoamérica tiene que empezar a inventarse su realidad. Creo en una Latinoamérica unida, soy independentista en Puerto Rico pero no quiero independizarme para que nos quedemos solos. Hoy día, con los grandes bloques mundiales, un país como Puerto Rico o incluso Venezuela, solos, ya es absurdo. Estoy hablando, por tanto, de un bloque de naciones que corre desde México hasta Argentina, que se llama Latinoamérica y que casi por ley natural tiene que unirse. El problema ha sido que hemos dejado que otra gente nos controle y nos defina, que otra gente nos diga quiénes somos y qué nos conviene. Hemos permitido que vengan con fórmulas del neoliberalismo, de esto y lo otro, y nosotros estúpidamente llevamos siglos haciéndoles caso. Ya lo dijo José Martí en su ensayo "Nuestra América": tenemos que crear nuevos gobernantes en América, crear nuestra libertad y convencer a nuestros pueblos de nuestra realidad que no es la realidad que quiso imponernos el rey de España y que ahora quiere imponernos el presidente de Estados Unidos, sino la realidad que nos conviene a nosotros.

JB Siempre la vocación del escritor es proponer realidades nuevas y sus relatos y novelas son un intento de escribir una versión de la  historia, se dice que la novela es otra historia. Eso ha pasado así, tal vez hay países donde no hemos visto esos movimientos o no conozcamos esas escrituras como el caso de Haití en donde se produjo una novela como Gobernadores del Rocío, no sé si la conoces, una novela fascinante sobre el mundo Haitiano, el mundo del creole ese francés que no es tan francés. Noto que los personajes tuyos están basados en personaje épicos o buscadores aventureros como Colón, conquistadores obsesos también. Viene obviamente de los libros de historia como confesabas en tu charla ayer o viene también de un afán tuyo como escritor nacionalista?

LLN Buena pregunta. Latinoamérica todavía se está definiendo. Cuando llegaron a Puerto Rico los primeros 42 españoles y se quedaron, para bien o para mal fueron los fundadores de Puerto Rico. Y cuando preñaron a las primeras indias, pues los primeros bebés que nacieron fueron los primeros puertorriqueños, porque antes sólo había tainos y españoles. Esos bebés fueron los primeros puertorriqueños y en sus historias están nuestros orígenes. Por eso me interesa mucho indagar en esa época, porque a veces escucho a los puertorriqueños hablar de la conquista y es como si estuvieran hablando de otro país, como si no se tratara de Puerto Rico. Se dice "cuando los españoles, cuando los españoles", pero es que esa gente se quedó y nosotros somos su descendencia, guste o no nos guste la idea. No hay que negar nuestras raíces españolas porque, carajo, ¿en qué idioma hablamos? A veces hay un intento de hablar con demasiada corrección política. Como resultado, se escuchan muchos disparates. Por ejemplo, por más presencia racial negra o indígena que haya en el Caribe, la realidad es que la tradición intelectual negra no forma parte de nuestra cultura. Esa influencia se perdió porque eran esclavos los que llegaron y les borraron, les robaron, les quitaron la cultura y el idioma. No llegaron con sus libros a América. Además, en el caso del Caribe, donde está Puerto Rico, la cultura indígena fue aniquilada. Entonces, no podemos hablar únicamente de raíces negras o indias, porque intelectualmente no las tenemos. Tampoco podemos hablar únicamente de las españolas. Somos algo nuevo que se llama Latinoamérica. Tenemos nuestras raíces y es importante conocerlas, de la misma forma que los europeos tienen raíces en Roma, en los musulmanes y en los vikingos, porque de esa mezcla fue que surgió lo que se llama la Europa moderna. Y de ahí también salen los orígenes nuestros y de la América Latina contemporánea como civilización. Por eso me interesa el tema.

JB Hay en todos lados la importancia de la historia en tu obra pero previamente hay una novela latinoamericana de corte histórico, no te escuché mencionarla en ningún momento. Cómo ves ese proceso antes?

LLN  Lo que pasa es que yo no hago novela histórica. Bueno, digamos que la hago y no la hago. La novela histórica tradicional pretende ser historia real. Por lo general cuando se escribe una novela histórica sobre Napoleón o Simón Bolívar, pues lo usual es tratar de recrear a estos personajes lo más fielmente posible. Se desea conocer bien y recrear lo que le pasó a Simón Bolívar o a Napoleón. Y el novelista, tan pronto Napoleón se encierra a hablar con Josefina en un cuarto, pues se inventa diálogos verosímiles porque nadie sabe en realidad qué hablaron, no quedan grabaciones. El novelista crea los diálogos con su imaginación, pero siempre con el mismo objetivo de ser lo más fiel a la realidad. Sin embargo, lo mío ha sido un juego con esa supuesta "realidad", por la que no siento mucho respeto. En Seva no intento recrear la historia sino cambiarla a mi antojo, de forma verosímil. En El corazón de Voltaire también cambio la historia. Y en mi libro La verdadera muerte de Juan Ponce León también llevo a cabo ese juego que llamo historia trocada. Por ejemplo, a partir de una historia archiconocida, como el primer cuento de este libro, que se llama "El gran secreto de Cristóbal Colón", pues a esa historia archiconocida de 1492 le doy un giro diferente, la trueco o cambio. Por eso te dije que hago y no hago literatura histórica. Utilizo los recursos de la narrativa histórica, pero no para reproducir la realidad, sino para trocarla.

Franklin FernándezJB Pero ese método que tu planteas que yo diría que es un método, que es poner en duda todo lo que está escrito en la historia, todo documento, vuelve toda historia, incluso toda novela, trocable de alguna manera. No sé si conoces un autor italiano llamado Gianni Rodari.

LLN No, lamentablemente no lo conozco.

JB Él propone a través de un libro que escribió llamado Gramática de la fantasía, un método para crear cuentos, para jóvenes, niños, pero también lo puedes aplicar a cualquier tipo de cuentos en donde  invierte situaciones más o menos lógicas y hace cambios en el esquema psicológico del lector o el recreador del cuento. Por poner un ejemplo, tocan la puerta, abren la puerta y está un cocodrilo pidiendo orégano, esto genera todo un cambio; claro, puede ser surrealista, puede ser todo lo que tu quieras, es un método. No sé por qué, esta mañana cuando redactaba estas notas para orientarme pensé en eso y lo relacioné. Si tú, cualquier documento simplemente por crear una historia nueva, tú cambias de fecha, de personaje, cambian situaciones, trocas la historia, es un método aplicable a cualquier situación.

LLN Bueno, el caso que mencionas, que obviamente es sólo un ejemplo, es de una situación absurda que en verdad es surrealista o pura fantasía. Es inverosímil. Un cocodrilo nunca ha pedido orégano ni lo pedirá. En el caso de la historia trocada se trata de posibilidades reales, alternas, que son verosímiles. Por ejemplo, en "El gran secreto de Cristóbal Colón" yo planteo que el viaje de 1492, el supuesto "descubrimiento", no fue el primero sino el segundo. Planteo que Colón ya había estado en América anteriormente. Por tanto, es una situación alterna, posible. No es una solución absurda, sino muy plausible. De hecho, hay teorías que sostienen este viaje anterior de Colón. Dicen que por eso fue a España y le exigió a los reyes el 10% de todas las ganancias, el titulo de almirante, etc. Por tanto, en mis libros sobre Ponce de León, Seva, Voltaire, no es que yo me invente un cocodrilo para pedir orégano; se trata de un cambio creíble de la historia. Y muchos de los que me invento están basados en datos concretos. Por ejemplo, es claro que los norteamericanos han tergiversado nuestra historia. En Puerto Rico nos dicen desde chiquitos que recibimos a los conquistadores gringos con los brazos abiertos. Nos adoctrinan, pero yo me niego a aceptar eso. Me parece una gran manipulación de la historia, una mentira, propaganda. Y hoy día tengo ejemplos que me apoyan. Fíjate que los periódicos norteamericanos decían en el 2003 que los iraquíes estaban locos de felicidad con la invasión, que se sentían liberados, que le daban la bienvenida a la supuesta "liberación". Pero hay que preguntarse por qué matan a unos diez soldados gringos todos los días si están tan contentos. Es la misma situación de Puerto Rico. Por tanto, yo lo que hago con mis pequeñas trocadas es corregir la realidad en el sentido de que yo digo no, ustedes me han mentido diciendo que nosotros los recibimos con los brazos abiertos y yo creo que no, yo creo que fue de esta otra forma, y eso es lo que escribo.

JB Bueno siguiendo la línea de trasgresión, tú sabes perfectamente que la historia es esencial para una comunidad, para tener referencia simbólica y bueno se convierten en patrimonio de la vida cultural de una comunidad, de la vida pues, de la sociedad y funda sociedades. Tú no crees que con tus historias, eso que es ficción y también puede ser historia, estas versiones por más ficción que sea no están fundando nuevos referentes que contradicen hechos confirmados con documentos.

LLN Esa es la idea. Estoy creando una nueva historia porque mi planteamiento es que toda historia es inventada. Creo que toda historia es literatura. Para mí, la historia objetiva no existe. Por eso cada país debe crear su propia historia, la épica que le sea favorable. Los españoles crearon un Cid sobrehumano; los franceses crearon la figura de Juana de Arco, una virgen de 19 años que los liberó de los ingleses gracias a la inspiración divina; los ingleses tienen al rey Arturo; los norteamericanos tienen a un Jorge Washington que supuestamente nunca dijo una mentira, aunque era político. Pues nosotros los latinoamericanos, y yo como puertorriqueño, tenemos que crearnos nuestra propia épica. De eso se trata. De no creer en el estereotipo que nos están mandando desde afuera, porque eso es lo que hemos estado haciendo: creyendo estúpidamente todo lo negativo que nos dicen de nosotros mismos. Los gringos, por ejemplo, han creado este estereotipo del político latinoamericano corrupto, cuando es evidente que los políticos de Estados Unidos, empezando por el presidente, son los más corruptos del mundo. Sin embargo, nos han convencido de que nosotros somos más corruptos.

JB Y qué hacemos con el historiador que investigaba los documentos, los analiza, los explica, trata de comprender los fenómenos políticos, sociales y religiosos por un tiempo en archivos que a veces no pueden ni abrir. Los archivos eclesiásticos por ejemplo, son dificilísimos. Qué hacemos con ese investigador, ese historiador que no pretende escribir ficción sino tratar de comprender momentos históricos?

LLN Todo eso es interpretación. Cualquier hecho que ocurre en estos momentos en Venezuela, la oposición la interpreta de una forma y los bolivarianos de otra. Eso es inevitable. Lo que estoy diciendo es que la historia normalmente está dividida, no hay una "realidad". Entonces, uno lo que hace es escoger un partido. Te daré un ejemplo: eres juez y vienen hasta ti rescatadores de terreno, como decimos en Puerto Rico. Hay unos millonarios que desde hace 100 años tienen terrenos sin usar y están viviendo en París. Entonces en Puerto Rico, un país pequeño con poca tierra, hay gente miserable que vive en la orilla de los ríos porque no tiene dónde vivir. Deciden invadir el terreno, se meten y cada uno coge un pedazo para vivir. Ahora el juez escucha a los invasores: "Señor Juez, no tenemos donde vivir. Pero esa gente tiene esa tierra sin usar desde hace 100 años y viven en París. No necesitan esa tierra, por eso la cogimos". Al juez le parece que ese argumento es razonable. Pero ahora le corresponde escuchar a los abogados de los dueños: "Señor Juez, desde hace 100 años somos dueños de esa tierra. Aquí están los títulos de propiedad. En este país existe el derecho a la propiedad privada. Esa tierra es nuestra". Al juez le parece que los argumentos de los abogados también son razonables. Entonces, ¿a cuál darle la razón? ¿Cuál es la "realidad"? Pues creo que no hay una, sino dos realidades, porque los ricos tienen la suya y los pobres tienen otra. Ante este hecho, el juez tiene que escoger la realidad de los ricos o la de los pobres. Yo escojo la de los pobres.

JB Pero esa es una decisión política

LLN Una decisión existencial, ante todo. Dos universidades de Nueva York me han ofrecido trabajo pagándome muchísimo dinero. Pude haber dicho que sí, como muchos latinoamericanos que han escogido el bando de Estados Unidos. En estos momentos eso suele ser muy beneficioso; el que se alía con Estados Unidos casi siempre sale ganando. Pero yo escogí el bando de combatir al imperio, y no soy rico ni lo seré. Es una decisión personal. También una decisión intelectual, artística: la de escoger una visión del mundo, un bando. Hace muchos años que mi suerte la eché con la realidad latinoamericana, según la concibo yo, por supuesto.

Franklin FernándezJB Tú eres un escritor básicamente de cuentos, tu primera fase ¿no? Hay una fase de la novela, cuéntame las diferencias en ese trance.

LLN Yo había escrito dos novelas que no publiqué porque no me satisfacían; realmente no veo tanta diferencia técnica entre ambos géneros. La diferencia principal es que es muy difícil escribir una novela por las noches, unas horitas por las noches, porque hay que retener mucho en la mente. Si tienes un personaje que en la página 10 dice algo, en la página 250 tienes que tener presente que este personaje habla así, actúa así, etc. En un cuento eso es sencillo, en un cuento de 10 páginas tienes todo muy fresco. En una novela de 200 ó 300 páginas es mucho más complicado, así que tuve que coger cuatro meses y simplemente decirle a mi esposa encárgate del mundo, de la vida y de la casa. Yo me levantaba por la mañana a escribir todo el día, sin hacer otra cosa, hasta que caía muerto por la noche.

JB Cómo es tú método, cómo seleccionas los materiales como con Voltaire? Tú contaste la historia de Juana de Arco que es una motivación, pero seleccionas los materiales. Cómo trabajas, planificas la novela? Como por ejemplo, Vargas Llosa decía en estos días que hacía todo un plan para la obra

LLN Cada autor tiene su método. La idea de esta novela nació cuando me imaginé el final. Yo quería crear una novela sobre Voltaire y estaba dándole vueltas al asunto. Finalmente, un día me dije: caramba, Voltaire no vio la Revolución Francesa, murió once años antes, qué lástima. Pero al otro día me dije: ya, resuelto el problema, vamos a regalarle a Voltaire once años más de vida para que vea la Revolución... y ver qué pasa. Entonces empecé a escribir la novela para llegar a ese final. Yo tenía una ruta trazada, tenía que armar toda la novela para llegar a ese punto. Así nació la novela.

JB Pero descríbeme un esquema.

LLN Yo tenía ese final: Voltaire moriría once años después de la fecha real de su muerte. Empecé a escribir casi como si fuera un juego de ajedrez. ¿Juegas ajedrez?

JB Sí.

LLN Bueno, pues sabes que cuando haces una jugada, pues ya tienes las próximas seis o siete jugadas pensadas, pero no las próximas 200. En la mente tienes una especie de bosquejo del juego; no tan metódico como A, B, C y D, pero ya tienes unos hitos a los cuales necesitas llegar. Entre un hito y otro, entre A y B, quizá haya unas 100 páginas. Entre C y D quizás sólo hay 15 páginas. Son diferentes escalones que uno va trabajando hasta llegar al final.

JB La selección, bueno la selección es una motivación personal obviamente. De esos personajes que están allí en tus cuentos, en Seva, el muchacho que se escapa de la selva demuestra al historiador obsesivo, ese personaje obsesivo que es Seva. Con qué clase de personaje te sientes identificado?

LLN Absolutamente con personajes como Víctor Cabañas, porque cuando escribí ese cuento yo tenía la misma edad que le asigné a Víctor. Él es doctor en Historia y yo soy doctor en Literatura. Ambos somos profesores universitarios con mucha curiosidad. Así que en ese cuento el protagonista era prácticamente un clon mío.

JB qué descubre tú cuando lees tus libros, que has descubierto de ti cuando los vuelves a leer. Los lees de nuevo?

LLN No, uno nunca los vuelve a leer, a menos que sea una edición nueva que hay que corregir para verificar que esté todo bien. Pero una vez publicada hay que despegarse de la obra; de lo contrario, uno se pasaría toda la vida con un mismo libro. Cada vez que leo un texto mío, arreglo algo que no me gusta. Si me pusiera a leer mis libros publicados, querría hacerles cambios y cambios y cambios. Por eso es necesario desconectarse de ellos. La forma en que sí descubro muchas cosas interesantes sobre mi obra es leyendo buena crítica sobre mis libros. Aprendo mucho cuando leo cosas inteligentes. Por ejemplo, una profesora de la Universidad de Georgetown, la Dra. Estelle Irizarry, escribió un libro sobre mi narrativa que se llama El arte de la tergiversación en Luis López Nieves. Lo he leído como seis veces y cada vez aprendo algo nuevo. También aprendo cuando doy conferencias o charlas. Recuerdo que una vez un estudiante me preguntó por qué todas las madres que salían en un cuento mío estaban solas, sin maridos. Yo no me había dado cuenta de ese detalle. Pues resulta que mis padres se divorciaron cuando yo sólo tenía diez años, así que prácticamente me crié en un hogar en que no había una figura paterna. Por tanto, al momento de escribir un cuento no me hacía falta esa figura para sentir que un hogar estaba completo. Antes de que me hicieran esa pregunta, era un acto inconsciente. A partir del día de la pregunta, me he ocupado de poner un padre si hace falta; es decir, aprendí a estar pendiente de las composiciones familiares.

JB Qué opinión tienes sobre la crítica literaria en Latinoamérica?

LLN Hay de todo. Hay crítica muy buena, con la que uno aprende. Y hay crítica literaria floja, sobre todo cuando te da la impresión de que se trata meramente de una moda. Por ejemplo, desde que empecé a estudiar literatura en los años 70 ha habido varias modas: el estructuralismo, el marxismo, el posmodernismo, etcétera. Algunos de estos críticos, no todos, pues se crean una jerga propia muy hermética, que sólo ellos entienden; por tanto, la lectura para el que no pertenece a esa "secta" de críticos es inteligible. Peor todavía: a veces, al leerlo, uno más bien lo que percibe es un ejercicio de puro exhibicionismo intelectual que no cumple con la función principal de todos los escritores: comunicar. Sin embargo, cuando la crítica está bien hecha, como es el caso del libro de la doctora Irizarry que te acabo de mencionar, pues se aprende muchísimo y la crítica cumple su función primaria, que es ayudar al lector a comprender mejor una obra.

JB Ahora, Escribir para Rafa es un libro que se sale de tu línea de trabajo, Fue escrito en qué momento?

Franklin FernándezLLN Los primeros cuentos míos fueron Escribir para Rafa y Seva, los escribí simultánemente. Seva es un cuento histórico; los cuentos de Escribir para Rafa están en una línea muy diferente. Son historias que transcurren en un medio urbano, actual, con personajes de clase media. A veces son medio fantásticos y tienen humor. Como sabes, primero publiqué Seva en un periódico. Ocurrió el gran lío, el cuento se dio a conocer y se me pidió que lo publicara en forma de libro. Pero Seva era mi único cuento histórico en ese momento y no tenía sentido estético publicarlo junto a mis otros cuentos. Por tanto, se publicaron dos libros: uno con el cuento histórico, otro con los relatos contemporáneos. Pero aclaro: Seva era mi único cuento histórico listo para publicar. Tenía otros en camino, pero estaban sin terminar. Ya me estaba sumiendo por completo en la literatura histórica, y allí llevo varios años. Mis próximo libro, La verdadera muerte de Juan Ponce de León, fue narrativa histórica. Mi cuarto libro, mi novela El corazón de Voltaire, une ambas vertientes. Hay una parte histórica, que transcurre en el siglo XVIII con Voltaire, y una parte moderna, con Roland de Luziers e Ysabeau de Vassy. La novela es una fusión de los dos estilos.

JB Cómo ves el panorama latinoamericano después de esta gira con El corazón de Voltaire?

LLN Realmente no sé. Para serte sincero, mis contemporáneos realmente son los franceses del siglo XIX. Sólo leo clásicos, leo muy poca literatura contemporánea, casi ninguna. No se debe a que la desprecie. En su momento comenzó por mi afán por la originalidad. Yo veía que mis amigos en la universidad tenían peñas, eran amigos, estaban todo el día juntos, y luego escribían igual. Leías sus cuentos y eran todos lo mismo. Y yo, como autor, le tengo horror a eso. Por ejemplo, cuando me di cuenta de que Cortázar me estaba influyendo demasiado, dejé de leerlo. También dejé de leer a García Márquez y a Kafka, porque me absorbían. Ha habido escritores que me han tragado durante un par de años porque me han gustado demasiado. Pero siempre he sabido que para ser un escritor original no puedes escribir como tu maestro. Si escribes como Kafka no eres López Nieves, eres un "Kafquito". Como resultado, un día tomé la decisión radical de no leer a mis contemporáneos, para no contagiarme con ninguno de ellos. Y creo que fue una buena decisión, porque me han dicho que he escrito algunas cosas originales y nunca, en las críticas, me señalan que escribo como nadie. En resumen, no sé mucho lo que ocurre por ahí, porque sólo leo clásicos. Y en cada uno de ellos encuentro grandes novedades. Son clásicos precisamente porque se mantienen frescos y nos siguen sorprendiendo.

JB ¿No te tienta escribir una historia de Puerto Rico?

LLN ¿Una historia de Puerto Rico?

JB Una nueva historia de Puerto Rico?

LLN ¡Pues ya la escribí, se llama Seva!

JB Tu no sientes, no sé si estás de acuerdo conmigo que El corazón de Voltaire podía ser un cuento largo?

LLN Sí, yo la veo casi como una novela corta. Sabes que en español tenemos ese problema que no tienen en francés, que no dicen novela sino roman. Y tienen otra palabra para novela corta, que en italiano le dicen novelleta. Pero en español nunca hemos resuelto ese problema, se nos confunden los términos cuento largo o novela corta. Yo creo que sí, está más en la categoría de novelletta que de novela; es decir, novela corta.

JB Fíjate que no es algo que tiene una estructura totalmente novelesca, una estructura más compleja de personajes sino de situaciones, de hecho la ubicación de novela negra me pareció muy extraña a la que hizo Norma, no termina tampoco de ser una novela negra.

LLN En Ciudad Seva ya hay dos análisis de críticos literarios que han hecho estudios. Uno de ellos dice que mi novela tiene todas las características de la novela negra, excepto el crimen (risas). Podemos decir que es una renovación del género, una forma diferente de jugar con el género de la novela negra porque uso la estructura, uso la técnica, pero no quise hacer mi novela según la fórmula. La novela negra tiene una fórmula, pero yo, como artista, siento repugnancia por las fórmulas. Por tanto, me dije voy escribir el libro a mi manera. Cuando se lee una novela negra se sabe más o menos lo que va a pasar, siempre es más o menos lo mismo. Yo no quería que eso ocurriera en mi novela.

JB Ha significado toda una renovación, este método de historia trocada en Puerto Rico y en Latinoamérica también. No ha tenido un pacto más allá de Puerto Rico, más allá de la circunstancia o de su intención histórica, ha generado seguidores, tienes seguidores en la juventud puertorriqueña?

LLN Bueno, sería inmodesto de mi parte afirmar algo así. Uno se entera de que han publicado un cuento o una novela jugando con la historia en un estilo parecido al mío. Uno se entera de que hay nuevos cuentos escritos por medio de correos electrónicos. Uno escucha o lee comentarios en esa línea.

JB No temes iniciar una moda, que eso se convierta en una moda?

LLN Bueno, no será por culpa mía. Dirijo un programa de maestría en Creación Literaria, pero nunca asigno mis libros porque creo que es antiético. Los estudiantes los leen porque quieren, pero no creo que un profesor deba asignar sus libros. No impongo mi método ni mi estilo. De hecho, no es sino hasta el último semestre que doy un par de semanas de cuento histórico. No estoy tratando de formar escuelas, al contrario, siempre enfatizo mucho a los estudiantes que busquen su propio estilo. Lo único que impongo es la necesidad de rechazar lo ya hecho. Por ejemplo, si me presentan un cuento realista tipo años 40 ó 50, les digo: mira, eso hay que rechazarlo porque ya se hizo en los 50. No les digo lo que tienen que escribir, pero sí les digo lo que no pueden escribir, porque no estamos formando cortazaritos ni garciamarquecitos ni borgecitos. Queremos formar autores originales.

Julio C. Bolívar (Venezuela). Escritor y gerente cultural. Fue Director Ejecutivo de la Fundación Museo de Barquisimeto (1997-2001), Director Editorial de la Biblioteca Ayacucho, y en los últimos dos años Gerente Editorial de Ediciones IESA. Actualmente dirige junto con Juan Carlos Morón la nueva editorial Sellos de Fuego Editores. Ha publicado Literatura y censura en los libros para niños y Jóvenes (ensayo), y Catálogo (poesía). Contacto: undiaunviajero@gmail.com. Página ilustrada con obras del artista Franklin Fernández (Venezuela).

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