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revista de cultura # 67 |
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8ª bienal internacional do livro do ceará | encarte especial |
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Influencias indígenas en el castellano regional de Loreto Alberto Chirif
El castellano hablado en gran parte de la Amazonía peruana es probablemente uno de los castellanos regionales más ricos y diversificados del país, y encierra un particular atractivo para los foráneos que lo escuchan con la distancia y objetividad que les permite establecer comparaciones con los de otras regiones y destacar su valor expresivo. Ese castellano es producto de antiguos y complejos procesos de intercambio entre sociedades de diversas regiones, algunas de las cuales forman parte del Perú actual y otras de países vecinos. En otras palabras, sin este flujo continuo de influencias recíprocas, la lengua y otras creaciones culturales no serían lo que hoy son. No obstante estos procesos de gran dinamismo, en el Perú la historia oficial enseña que existen tres regiones geográficas (costa, sierra y selva) y que, dentro de ellas, residen (o residieron en el caso de algunas que ya fueron barridas de la faz de la tierra) sociedades indígenas cerradas en sí mismas. Se trata de una geografía y de una historia separada en espacios estancos. Esta visión, elaborada sobre todo desde una mirada urbana y dominante, encuentra, desde el punto de vista de sus gestores, su confirmación empírica cuando constatan que, en efecto, existen dificultades de comunicación entre localidades que carecen de infraestructura vial y de transporte. No obstante, estas dificultades no son absolutas como se pretende y tienen que ver más bien con un estilo de desarrollo que ha impuesto necesidades de comunicación de una determinada manera, pero que no corresponden a la realidad de otros momentos históricos. Así, hoy día sabemos de redes de intercambio que conectaban pueblos indígenas situados en lugares muy alejados entre sí. La presencia de motivos y materiales amazónicos en sociedades preincaicas e incaicas de los Andes y de la costa son indicadores de estos contactos. El mismo tipo de influencias se observa en la otra dirección, a través de determinadas técnicas, como el tejido, muy desarrolladas en sociedades amazónicas próximas a los Andes; o la presencia de instrumentos musicales, o de utensilios de piedra en la llanura amazónica que no ofrece este material; o de divinidades compartidas entre sociedades de estas dos grandes regiones, como el sol. Al respecto, un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Científica (CNRS, por sus siglas en francés), de Francia, ha realizado y publicado importantes investigaciones. Hallazgos de granos de achiote (Bixa orellana) procedente de los bosques amazónicos en sitios arqueológicos de los Andes, dan testimonio de estos contactos interregionales, que se remontan a una antigüedad de 7000-6000 a.C. En un periodo situado entre de 5000-4000 a.C., en la cuenca de Ayacucho, “…están presentes el ají, el achiote, la lúcuma y la coca de origen selvático al mismo tiempo que las calabazas de origen costero”. La lúcuma y el maní, que es también de origen amazónico, aparecen en la costa en el periodo situado entre 3900-2000 a.C. y la yuca, en el cuarto milenio (Renard-Casevitz et al 1988 I: 19).
Un conocimiento que recién comienza a abrirse a la luz es el del origen de muchos pueblos hoy conocidos como amazónicos, pero que en algún momento de su historia estuvieron en otras regiones. Una investigación llevada a cabo por el colega Richard Smith, con el concurso de sabios indígenas, sitúa el origen de los antepasados del pueblo Yanesha en las islas frente a la costa de Lima. Desde allí, durante el estudio, ellos hicieron el recorrido que siguieron sus ancestros para asentarse en Oxapampa y Villa Rica, al otro lado de los Andes, en la vertiente amazónica, que constituyó su territorio tradicional hasta que fueron forzados por la colonización a desplazarse más hacia el noreste, a ríos tributarios del Ucayali. Una prueba no exenta de valor poético de que el viaje de los ancestros constituye una riqueza auténtica de ese pueblo, es el conocimiento que los mencionados sabios demostraron al nombrar en su propia lengua los diferentes elementos del paisajes (nevados, cochas, cerros, ríos) y referir los hechos primordiales asociados a ellos. Como se puede ver, la globalización no es una creación reciente ni occidental, sino algo que se practica desde hace muchos siglos. La gran diferencia es que ahora el mayor volumen de la circulación está compuesto por diversas formas de chatarra (mentiras de políticos, productos de mass media, comida, gustos y mal gusto), mientras que antes el intercambio correspondía sobre todo a instrumentos, ideas y conocimientos. El aislamiento de los pueblos indígenas es, por el contrario, una consecuencia del sistema colonial implantado por la Conquista y continuado por la República, como también lo es la reducción a la categoría de minoría étnica de pueblos que, además de numerosos, fueron antiguamente soberanos. Hoy, en cambio, se considera que se trata de características inmutables de los pueblos indígenas, sin tener en consideración que ellas son producto de la usurpación de sus territorios, de su sometimiento a condiciones laborales regidas por el autoritarismo y, en muchos casos, la esclavitud, de las epidemias que diezmaron su población, de las destrucción de sus propios conocimientos y tecnologías y, en fin, de un proceso de “civilización armada” ejecutado de manera brutal. Transcurridos cinco siglos de dominación y de frustración de los antiguos procesos de globalización que permitieron el intercambio entre las antiguas civilizaciones indígenas, hoy día nuevos procesos, apoyados por vías y medios de comunicación, principalmente al servicio de agresivas dinámicas económicas que buscan poner en valor los recursos de la región, han vuelto a poner en contacto zonas que habían quedado aisladas. Mediante esta “globalización interna” se han transmitido tanto elementos culturales (en especial, los referidos a la culinaria y a las festividades), como los problemas derivados de la destrucción del medio ambiente y de la contaminación.
El quechua en el castellano regional La lengua con mayor peso en la formación del castellano de gran parte de la región amazónica peruana es el quechua. Sobre la estructura base de castellano y quechua se han adicionado otras lenguas con diferente grado de influencia, la principal de éstas son la de origen tupí. Es verdad que para una comprensión más completa del tema necesitaría ahora exponer sobre las modificaciones mismas del castellano, pero eso sería apartarme del tema central de este debate, que trata sobre influencia indígenas en la cultura actual. Sobre la influencia del quechua en el castellano quiero decir que ésta no se limita a la región amazónica peruana, sino que ha ingresado también al castellano de otras regiones del Perú y al de otros países, sean o no andinos. Aunque no se trata de una influencia decisiva, el quechua está incluso presente en el portugués brasileño. En una rápida revisión del diccionario de Buarque de Holanda (1980) me encuentro con tres palabras de origen quechua incorporadas al portugués brasileño: chacra (campo cultivado), cancha (terreno plano) y charque (carne seca y salada).
En la región de Loreto basta mirar el mapa para darse cuenta de que las zonas donde el quechua ha arraigado están ubicadas a lo largo de ríos que tienen su origen en Ecuador, es decir, en áreas ocupadas por población que tiene esa lengua como principal medio de comunicación. De noreste a suroeste ellos son: Putumayo, Napo, Tigre y Pastaza. La población indígena de esos ríos, que originalmente pertenecía a diversas tradiciones culturales, ha sido homogenizada lingüísticamente por el quechua, a consecuencia del flujo de población que ha circulado por esos corredores fluviales. La época del auge de explotación de gomas, que se inicia en la segunda mitad del siglo XIX, parece haber culminado este proceso de expansión del quechua. En el caso de la región de San Martín, la población de habla quechua se concentra en dos provincias (Lamas y Tabalosos). El origen de esta lengua en esas zonas es también anterior a la Colonia y parece estar relacionada con la presencia de los Incas que conquistaron la vecina Chachapoyas durante la segunda mitad del siglo XV. La influencia de los Incas en la zona del Huallaga también es puesta de manifiesto por la extensa red de caminos antiguos, que más tarde fueron usados por la expedición de Ursúa y Lope de Aguirre, en el siglo XVI, en búsqueda de El Dorado. [1] Los estudios lingüísticos indican que las características del quechua de San Martín son semejantes al de Chachapoyas. En este sentido, el quechua en la antigua región de Maynas ha tenido dos vías de entrada: por un lado, por los ríos que descienden la Cordillera desde Ecuador hacia el Perú y, por otro, desde San Martín, a raíz de las migraciones de pobladores de esta zona hacia el bajo Amazonas durante la época del caucho, que es también la del poblamiento de Loreto. La presencia del quechua en el habla amazónica se presenta de varias maneras. Una es a través de la incorporación directa de palabras quechuas: ayahuasca (planta alucinógena -yagé en Brasil-), chiri (frío), yacu (agua) capi (maní), ucchu (ají), pucacuro (hormiga colorada), Chullachaqui (“pies desiguales”, personaje mitológico de los bosques –corresponde al curupira en Brasil-), cususapa (de cusu, tos, y el aumentativo sapa: persona afectada por fuerte tos), cachi (sal), allpacuru (de allpa, tierra, y curu, gusano: tipo de gusano de tierra); angocaspi (de ango, duro, y caspi, palo: árbol de madera dura), y muchas más. No obstante, también se encuentra en palabras combinadas con castellano: buchisapa (de buche y el aumentativo sapa: “panzón”); avispa uma (de uma, cabeza; designa a una persona con el cabello crespo o ensortijado); ushpa gallo (ushpa, gris, cenizo; gallo cenizo –usada para designar a alguien canoso y de cierta edad-); capasapa, literalmente “capa grande”, que alude a una persona importante; platasapa (de plata y el aumentativo, para calificar a alguien adinerado); capuruna (de capo y runa –hombre- que alude a alguien notable); huarmi lluvia (literalmente “lluvia de mujer”, para referirse a esas precipitaciones no muy fuertes pero sí duraderas y fastidiosas); lagarto caspi (palo o árbol parecido al lagarto); bolsa uya (alguien de cara –uya- arrugada “como bolsa”); casha barba (literalmente “barba con espinas o espinosa”, es decir, barba hirsuta); caucho curo (alude a un gusano –curo- que habita los árboles de caucho); sachavaca (vaca silvestre o del monte: tapir o anta); tabla siqui (literalmente alguien con el “culo –siqui- como tabla”); huarmi manda (hombre dominado por su mujer –huarmi-), y así muchas más.
Es preciso aclarar que esta composición de vocablos nuevos a partir de la fusión de una palabra del castellano y otra del quechua o de la derivación de palabras de esta lengua siguiendo la lógica del castellano, es un aporte del castellano regional amazónico. Dicho de otra manera, si bien estas combinaciones de palabras serán entendidas por quechua-hablantes de los Andes, no se conocen en el quechua de esta región. Lo mismo sucede con muchas de las palabras puramente quechuas, pero que corresponden a una realidad cultural amazónica, desconocida en el mundo de los Andes, como algunas de las ya mencionadas: pucacuro, Chullachaqui, angocaspi y allpacuro. Se trata así de un quechua reelaborado para adaptarse a la realidad geográfica y cultural de la región, y también a la necesidad de que esta lengua responda a las exigencias expresivas de la sociedad que la produce. Es común encontrar la repetición de palabras para acentuar un efecto, que puede ser de significado o simplemente onomatopéyico. Esta repetición se da ya sea que se trate de palabras sólo en quechua o sólo en castellano o que combinen las dos lenguas. Así, en el caso del quechua: chulla chulla sería limpio limpio (muy limpio) y miski miski, dulce dulce. En el caso del castellano, llevo llevo designa un tipo de vehículo que transporta pasajeros y peke peke alude a la onomatopeya de un tipo de motor estacionario adaptado para el impulsar canoas. Por ultimo, susto manchari es una expresión en la que las dos palabras indican lo mismo, una en castellano y otra en quechua: susto.
Fonética Una característica del castellano regional también heredada del quechua tiene que ver con la fonética. De esta manera, palabras de otras lenguas han sido recompuestas y dotadas de la fonética que las hace parecer al quechua. Por ejemplo, palabras como huacapú (tipo de árbol de madera dura) y huasaí (una palmera), que al oírlas dan la falsa sensación de tener origen quechua, provienen en realizad del tupí: açapú y açaí, ya que de quechua sólo tienen el sonido. Por otro lado, sólo en el castellano regional amazónico del Perú se encuentra el fonema /sh/, que está presente en algunas variedades del quechua, específicamente la de Ancash (zona central del Perú) y la quiteña. [2] Dicho fonema se encuentra tanto en posición inicial como intermedia. Algunos ejemplos del primer caso: shacapa (manojo de hojas secas o ramas que los shamanes agitan en el aire cuando cantan), shambo (variedad de aguaje –buriti en Brasil, del tupí mburi’ti-, fruto de una palmera regional), shamiro (loro pequeño), shapaja y shebón (tipos de palmera), Shapra y Shipibo (nombres de pueblos indígenas), shapshico (personaje mitológico del monte), shapumba (helecho invasor), shicshi (comezón, escozor), shinela (tipo de calzado), shirui (pez) y sho, sho, sho (voz onomatopéyica para ahuyentar a las aves domésticas) En algunos casos, este fonema cumple también la función de apropiarse de palabras foráneas imprimiéndoles la fonética del castellano regional amazónico y, al mismo tiempo, endulzándola al oído del oyente. Esta apropiación puede ser de palabras de origen quechua, como sonqo (corazón), que ha devenido en shungo. Pero también se da en el caso de palabras de origen portugués (algunas con influencia del tupí), como xaruto (cigarro), se convierte en el castellano regional en sharuto; xerete (enamorador) da origen a sheretero; xeretar a sheretear (cortejar); cheiro (olor) a shero; chibe (del tupí xi’bé) a shibé y xicra (también del tupí: bolsa de fibra vegetal) a shicra. Algunos ejemplos del fonema en posición intermedia son: cushma (tipo de vestimenta usada por algunos pueblos indígenas), patarashca (forma de preparar pescado asado envolviéndolo en hojas de bijao), posheco (término del quechua que designa una persona pálida), Ashaninka y Yanesha (nombres de pueblos indígenas), añashúa (pez), pandisho (fruto del árbol de pan), tamshi (tipo de bejuco), ishanga (tipo de ortiga), besheco (ternero), bebeshos (bebe) y bolansho (persona con la cabeza pelada, calva).
Tupí El tronco lingüístico Tupí ha estado representado en la Amazonía peruana por cuatro lenguas: kukama, kukamiria (muy similares entre sí), omagua y yurimagua. Estas dos últimas han desaparecido por completo. Las dos primeras, en cambio, aunque no son usadas para la comunicación cotidiana, sí se conservan en espacios reducidos, compuestos especialmente por las personas de más edad y de algunos jóvenes que han aprendido de ellas. En la actualidad existe un movimiento social, con influencia no sólo en comunidades sino también en el medio urbano de ciudades como Nauta, que impulsa la recuperación del kukama como segunda lengua. Las palabras de origen tupí del castellano regional se refieren principalmente a la flora y fauna. Así, tenemos acarahuazú (de acará, pez), arazá (de ara’sá, árbol y su fruto), aradú (de ara’bu, masa preparada de fariña y huevo de la tortuga taricaya –de taraka’yá-), beshú (de mbe’yu, especie de cazabe), casho o cashu (cajú en Brasil, de aka’yu, árbol y su fruto, conocido también en Perú como marañón), copaíba (de kupa iwa, árbol maderable), copoasú (de kupua’su, árbol y su fruto) y muchas otras más. Lo que resulta difícil es señalar si estas palabras han entrado al castellano regional directamente de las lenguas tupí habladas en el Perú o a través del portugués de Brasil, que también las ha incorporado a su habla, ya que los pueblos de este tronco lingüístico son numerosos en ese país.
Otras lenguas Estoy seguro que una investigación detenida llevaría a descubrir otras influencias en el castellano regional amazónico del Perú, no sólo en lo que se refiere al léxico, sino también a formas de expresión y construcción lingüística. Mi hipótesis es que la forma verbal pasiva en que se expresa el posesivo es influencia de alguna lengua indígena: “De Pedro su esposa” o “de Juana su tía”, por ejemplo. Pero hay que comprobarla. Y esto último que voy a anotar se sale del tema, porque se refiere a la influencia del portugués, en especial, del hablado en Brasil, en el castellano amazónico peruano y no a una lengua indígena. Lo hago como anotación al margen, sólo para indicar las dinámicas a las que me refería al inicio de estas líneas, que en este caso se definen por la presencia de inmigrantes portugueses en Loreto y, sobre todo, brasileños, además del tránsito obligado de los barcos que comunican a Loreto con Brasil y otros países del Atlántico desde el siglo XIX. Algunas de las palabras del portugués encontradas en el castellano regional son: defumar, someter a humo los jebes líquidos de origen vegetal con el fin de endurecerlos; fariña (de farinha), harina de yuca tostada; bucilar (de fuzilar), tronar y también parpadear los ojos; cabaciña (de cabaça y cabacinha), globo de jebe lleno de aguas que se arrojaba a la gente en carnavales; cashuera o cashuela (de cachoeira), catarata o rápido en el río; machadito (de machadinho), pequeño cuchillo para sangrar árboles; pacote, paquete; shiringa (de seringa, jeringa), árbol productor de goma; bico, que en portugués nombra el pico de las aves, es posiblemente el origen del nombre de un tipo de pan que se vende en Iquitos de forma alargada, como un pico; y tishela (de tejela), pequeño recipiente en el que se recibe el látex que fluye de árboles llamados genéricamente como “caucho”. Es un trabajo pendiente investigar otras influencias lingüísticas en el castellano regional amazónico del Perú, no sólo en lo que respecta al léxico, sino también a la sintaxis.
NOTAS 1. Agradezco a mi colega. Françoise Barbira Freedman, que ha realizado importantes investigaciones entre el pueblo Lamista, las precisiones sobre la antigüedad del quechua en San Martín. 2. El lingüista y quechuólogo Fernando García, quien generosamente colabora conmigo para definir vocablos del quechua presentes en el castellano amazónico, así como para otras precisiones referidas a esa lengua, me indica que el fonema /sh/ está presente en algunas variedades del quechua. Específicamente me menciona la de Ancash y la variedad quiteña, presente en el Perú en varios de los ríos que se originan en Ecuador. |
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ALBERTO CHIRIF
(Peru, 1943). Há 40 anos sua vida está centrada em temas amazônicos,
especialmente aqueles que dizem respeito aos direitos coletivos dos
povos indígenas. Antropólogo e escritor. Dirige o Programa Integral de
Desenvolvimento e Conservação Pacaya Samiria. Representa no Paraguai a
Nouvelle Planète, instituição suíça que apóia projetos no Peru e outros
países sul-americanos.
Contato:
alberto.chirif@gmail.com. |
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